«La causa victoriosa complació a los dioses, mas la vencida a Catón» (Lucano, Farsalia, I.128-9).
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sábado, 23 de abril de 2016
A Tracción Fatal
Hay un viejo refrán chino que reza "ojalá que vivas tiempos interesantes". Y vaya si nuestra época es interesante. En efecto, nunca antes como en nuestro tiempo han proliferado tanto las teorías acerca de la corrupción. No hace mucho discutíamos la oscilación entre la posición de Mempo Giardinelli, para quien si Cristina cometió un delito debe ser castigada, y la de Luis Bruschtein para quien es imposible que Cristina haya cometido un delito ya que la acusa el contexto, pasando por la de Julia Mengolini, para quien, en el fondo, es directamente irrelevante si Cristina cometió un delito o no: lo que importa es su legado, si se nos permite la expresión (click). La posición de Verbitsky no es tan fácil de catalogar y por eso no abundamos al respecto (click).
Por suerte, Horacio González ha decidido sumarse al ruedo con una muy interesante contribución de índole fundamentalmente conceptual en ocasión de una "fenomenología del bolso" (http://www.lateclaene.com/#!horacio-gonzlez/ctn2). En verdad, en esta época en la cual, como dice Discépolo, los conceptos están hechos "un merengue, en el mismo lodo, todos manoseados", el aporte de González es, para variar, una bocanada de aire fresco y sobre todo clarificador.
Conocido por su rigurosidad conceptual, González sostiene que, a pesar de lo que se suele creer, "el concepto de corrupción no es del mismo rango que el concepto de plusvalía y otros tantos de la teoría política". Mientras que el primero es "un tipo de concepto-mácula", el segundo pertenece al género de los "conceptos-proposicionales". La distinción viene a cuento no solo porque González no soporta las imprecisiones conceptuales sino porque "la conversación política más productiva trata de basarse en conceptos proposicionales". Bienvenida sea esta distinción, como todas aquellas que nos ayudan a separar la paja del trigo.
Sin embargo, González agrega inmediatamente que los "conceptos-proposicionales" como la plusvalía, i.e. aquellos conceptos de los que sí vale la pena hablar, están "siempre" acompañados por nociones tales como "conspiración", la cual pertenece a su vez al género de "conceptos mácula" del cual habíamos deseado alejarnos porque no valía la pena tratarlos en primer lugar (no deja de ser irónico que González se pronuncie contra el pensamiento conspirativo, pero no vamos a abundar en este punto).
Lo que salta la vista, así y todo, es la cornucopia lingüística de la que hace gala González siempre en aras de la precisión conceptual. En efecto, González podría haber dicho simplemente que los "conceptos proposicionales" (v.g. "plusvalía") son "determinados" y no que "los conceptos proposicionales tienen otra idea de la presentación de lo real y del tipo de acuerdo lingüístico que se reclama para invocarlos, pues siempre se refieren a hechos que usualmente se conceptualizan con la facultad de definir de una manera asertiva, no invariable, una situación. Pero siempre aproximativa, según las inflexiones personales o de época, que no le hacen perder el componente mínimo de rigor".
Asimismo, González podría haber dicho de modo no menos lacónico que los "conceptos mácula" (v.g. "corrupción") son "indeterminados" y no que "el supuesto y oscuro 'encanto' de conceptos como corrupción, (concepto-mácula, como dijimos), es el hechizo de su ausencia total de rigor, contrapuesto a la sobreabundancia de sus significados indeterminados. Su carácter de mancha viscosa en el lenguaje lo exime de consecuencias en cualquier reflexión que se exija algunos pasos demostrativos y ciertas bases de prudencia, alguna lógica probatoria".
Sin embargo, González alcanza el cenit de la claridad conceptual al sostener que la corrupción es "un significante vacío –por emplear estos términos- que traccionan –por emplear también este término- un conjunto subordinado de entidades semánticas que componen una escena de control social". Nos tomamos el atrevimiento de parafrasear a González para emplear estos términos y aventurar la hipótesis según la cual la plusvalía—para emplear este término—es un significante lleno—para emplear este término—que no tracciona, o en todo caso si tracciona, lo que arrastra es un conjunto autárquico de entidades semánticas que componen una escena de liberación social. Queda por dilucidar (a) si se trata de un concepto 4 x 4 o si solamente tiene tracción trasera y, de paso, (b) (dado que González habla de "engorde de la idea") si es cierto el refrán según el cual significante limpio nunca engorda.
En pocas palabras, se podría decir que González practica un keynesianismo lingüístico, empleando entre cuarenta y sesenta palabras (diáfanas todas ellas) promedio para desempeñar una tarea que podría haber sido realizada por una sola palabra. La razón parece ser que en el capitalismo las palabras, al igual que los seres humanos, si pierden el empleo corren el riesgo de perecer. El razonamiento es absolutamente correcto.
Como decía el General, hasta aquí somos todos peronistas. Quedan solamente dos grandes dudas. La primera es por qué González está tan seguro de que mientras que la corrupción es un concepto que por razones de espacio vamos a llamar indeterminado, la plusvalía es un concepto que (otra vez por razones de espacio) vamos a llamar determinado, al menos en comparación. En efecto, dado que tanto la corrupción cuanto la plusvalía son conceptos valorativos, ambos pueden estar afectados por polémicas acerca de su caracterización. En efecto, González no podría decir que la plusvalía es descriptiva, a diferencia de la corrupción, ya que la plusvalía invoca una crítica de la realidad social. Por lo demás, tampoco podemos estar seguros de que las descripciones por definición son más determinadas que nuestras indicaciones normativas.
La otra duda gira alrededor de por qué la corrupción, a diferencia de la plusvalía, pertenece a los "conceptos que se usan a partir de una teología política encubierta y tienen resultados aparentemente ligados a hechos específicos, pero envueltos siempre en una lógica inquisitorial moralizante. Involucran el problema moral en política". Después de todo, no pocos han advertido una teología política subyacente incluso al discurso marxista.
Nuestras dudas se acrecientan cuando González afirma que Maquiavelo "no apela a los actos corruptos como espacio indefinido de la acción política, pues no los contempla como categoría de análisis. Simplemente, habla de asesinatos y engaños como si se tratara de una 'arena política' donde simplemente se movieran fichas de cartón". Por alguna razón, González se expresa como si solo hubiera leído la obra compuesta por Maquiavelo en su calidad profesional de asesor o justificador de gobernantes, ya que omite el gran tratado político de Maquiavelo, sus Discursos sobre la primera década de Tito Livio, en donde da a conocer su defensa del republicanismo y por lo tanto le dedica una cantidad significativa de espacio a la corrupción como "categoría de análisis". En realidad, para Maquiavelo la virtud es la base de la república y la corrupción lo que explica el colapso de esta última (de paso, incurrimos en una descarada publicidad no convencional al remitirnos al cap. 2 de Razones públicas. Seis conceptos básicos sobre la república de Katz Editores: Harry Potter).
Quizás el punto de González sea que, para citar al inimitable Ricardo Forster, la plusvalía descansa sobre una "una impresionante maquinaria comunicacional, una fábrica de sueños, de imágenes y de ficciones trabaja sin descanso para determinar nuestros hábitos y nuestras 'necesidades' que, siendo una invención del mercado, acaban por convertirse en imprescindibles para nuestras vidas aunque antes nos arreglábamos muy bien sin esos objetos artificiales" (click). Semejante consideración vendría muy al caso si a algún presidente se le ocurriera inaugurar fábricas de lavarropas o embotelladoras de bebidas refrigerantes comercializadas a escala planetaria. Quedamos debidamente advertidos.
domingo, 15 de noviembre de 2015
No es lo mismo
La Causa de Catón, tal como lo muestra su nombre y su muy modesta trayectoria de un breve tiempo a esta parte, es un blog que defiende la causa republicana, esto es, la causa perdida. Sin embargo, en esta ocasión, en vísperas del primer debate presidencial de nuestra historia y a una semana de la segunda vuelta que definirá estas elecciones, nos complace enormemente anunciar públicamente que el candidato que apoyamos sin reservas no solamente representa acabadamente los ideales republicanos sino que tiene muchas probabilidades de triunfar.
Por si hiciera falta decirlo, ese candidato es Daniel Scioli. Nadie mejor que él representa decíamos el ideario republicano: el anti-personalismo y el combate contra la dependencia de las personas, la virtud cívica, la guerra contra la corrupción, la transparencia en la administración de los bienes públicos, el Imperio de la Ley, en fin, en una palabra, el principismo que no claudica aunque vengan degollando: siempre la misma posición.
Hace tiempo que queríamos hacer público nuestro apoyo, sobre todo debido a la insidiosa campaña llevada adelante por gente que se considera de izquierda, como por ejemplo el trotskismo, que trata de instalar maliciosamente en la opinión pública la idea según la cual Scioli y Macri, políticamente hablando, son básicamente lo mismo, y por lo tanto el voto en blanco es la mejor opción. Hablamos de “gente que se considera de izquierda” obviamente porque en nuestro país al menos la “ultra-izquierda”, como es de público conocimiento, es la posición de la Presidenta de la Nación.
Nuestra decisión de salir del clóset fue tomada esta misma mañana gracias a la nota que publicara Hernán Brienza, este modelo de intelectual comprometido, de integridad y desinteresado apego por las ideas. Nuestros lectores conocen nuestra debilidad por Brienza (dos botones de muestra: la Ley de Brienza y la Ontología de Brienza) y es por eso que, como se suele decir en inglés, vamos a sacar una hoja del libro de Brienza, por no decir que vamos a reproducir casi textualmente sus irrebatibles argumentos no tanto en contra de Macri, sino directamente a favor de Scioli.
Dicho sea de paso, nos permitimos inquirir acerca de por qué Brienza dice “Por qué no voto a Macri” (por qué no voto a Macri) en lugar de sostener a voz en cuello: “Por qué voto a Scioli”. Algún purista de la lógica podría sostener que del hecho que alguien no vote a Macri no se sigue necesariamente que deba votar a Scioli. Sin embargo, vamos a concederle esa premisa a Brienza y vamos a reformular sus argumentos a favor de Scioli.
1. “La primera razón es estrictamente afectiva”. “Todos los votos son de tipo afectivo, a no engañarse”. Los que votan a Scioli, entonces, “lo hacen o porque son como él o porque les gustaría ser como él”. Que nos perdone Horacio González, pero a nosotros “nos gusta lo que Scioli significa en términos sociales, culturales, económicos y políticos”. Además, los "funcionarios y seguidores" de Scioli nos representan personalmente.
2. A diferencia de lo que sucede con Macri y su familia, jamás un miembro de la familia Kirchner generó su riqueza "a costa del Estado argentino”, ni se benefició del régimen económico de la última dictadura militar.
3. La de Scioli en la Provincia de Buenos Aires ha sido la mejor gestión de la rica historia que tiene la Provincia (como bien dijera Hebe de Bonafini: "hizo mierda la provincia, pero hay que votarlo sí o sí"; no entendemos el "pero" en esta proposición, aunque estamos totalmente de acuerdo con ella). De hecho, precisamente debido a sus administraciones, el peronismo jamás ha sido derrotado en dicha Provincia en elecciones libres y democráticas y no lo será, al menos en la medida en que no tenga lugar un cataclismo como una dictadura militar.
4. A diferencia de lo que sucede con el macrismo, el kirchnerismo jamás estuvo infectado por economistas liberales ni por miembros de la así llamada “Alianza”, verdadero símbolo del fracaso a finales de los noventa, a los que no nadie quiere volver.
5. En cuanto al plan económico, quizás sea nuestra única duda. No tenemos idea de si Scioli va a llevar adelante un plan menemista, kirchnerista, o sciolista, quizás más sciolista que nunca como le gusta decir a nuestro candidato.
La cuestión es que Scioli no es lo mismo que Macri: "hay gente que trata de confundirnos pero tenemos corazón que no es igual, lo sentimos... es distinto".
sábado, 31 de octubre de 2015
Entre la República de Weimar y Alberto Olmedo
La República vive horas decisivas. El kirchnerismo grita a voz en cuello que si gana Macri vuelven los años noventa. Es más, para algunos como el insigne artista Gerardo Romano, Macri asimismo es un nuevo Hitler. De hecho, en twitter algunos no descartan que en caso de que gane Macri, los—para usar la terminología del Senador Pichetto (click)—“argentinos de religión judía” deberán usar una estrella amarilla, aunque, irónicamente, para manifestar de este modo su adhesión al nuevo régimen. Aparentemente, y para seguir con la terminología del Senador Pichetto, los “argentinos argentinos” no tienen nada que temer.
Nos llama la atención, sin embargo, cómo puede ser que el nacrismo, parafraseando a Gerardo Romano, pueda siquiera competir legalmente en elecciones democráticas. El propio Carl Schmitt, hasta muy poco antes de afiliarse al nazismo, advertía sobre la necesidad de prohibir que el nazismo se presentara a elecciones.
Lo que nos interese discutir, sin embargo, no es el nacrismo en sí mismo, sino que, émulos que somos de la Presidenta y su curiosidad intelectual, nos preguntamos precisamente cómo es posible que el nazismo, en la forma del nacrismo, podría llegar al poder nuevamente en las próximas elecciones presidenciales. Después de todo, es un fenómeno que no sucede frecuentemente, y cuya relevancia moral hace inevitable que nos preguntemos por quiénes son los responsables.
Para ser más precisos, podríamos concentramos en el fait accompli del reciente e histórico triunfo del nacrismo en la Provincia de Buenos Aires. ¿Cuál es la explicación de que dicha Provincia haya caído en manos del nacrismo? Después de todo, se trata de un bastión peronista (al menos bajo regímenes plenamente democráticos), que solamente cayera en manos ajenas merced a la dictadura militar en 1983. En efecto, el triunfo de la fórmula radical Armendariz-Roulet solamente puede ser atribuido a que había tenido lugar una dictadura militar.
Decíamos que somos émulos de la Presidenta, porque así como ella le atribuye el advenimiento del nazismo al Tratado de Versailles, y por lo tanto a la conducta de los aliados, nos da la impresión de que hay dos explicaciones posibles del advenimiento del nacrismo en la Provincia de Buenos Aires. La primera es que lisa y llanamente la gente no sabe votar, o se deja llevar por los medios corporativos enemigos de los intereses del pueblo.
La segunda explicación podría formularse del modo siguiente: "es el kirchnerismo, estúpido", el cual primero seleccionó a su candidato preferido, Aníbal Fernández, y luego se aseguró de que compitiera y perdiera, lo cual posibilitó a su vez el triunfo de la Gobernadora electa, la “joven mujer” María Eugenia Vidal. Además, nos imaginamos que así como el kirchnerismo politizó incluso una multa de tránsito, no va a dejar de politizar las causas que llevaron a esta histórica derrota peronista ante el nacrismo. Así como Versailles entró en la historia como la causa del nazismo, el kirchnerismo entrará suponemos en la historia como la causa del nacrismo, por ahora en la Provincia de Buenos Aires y, Dios no lo permita, en el país entero. Las lecciones de Weimar saltan a la vista: de te fabula narratur.
Párrafo aparte merece la posición de Horacio González, quien, a las puertas de un triunfo del nacrismo en las elecciones presidenciales y aparentemente en nombre de Carta Abierta, exhibe un purismo que sería digno de encomio en otros momentos, pero que ahora nos parece irresponsable. En efecto, mientras que la cosmovisión clásica creía que la ética podía tener una dimensión estética (de ahí el uso de la misma expresión, to kalon, para hacer referencia a lo que es moral y admirable a la vez), Horacio González toma el camino inverso de inferir una ética a partir de los gustos estéticos de una persona, razón por la cual ha manifestado en estos momentos su disconformidad por algunos de los gustos estéticos de Scioli. Sin entrar en el debate sobre el esteticismo quizás paranietzscheano de González, no pocos creen que en estos días en los cuales el nacrismo puede llegar al poder, y encima por medios democráticos, no es momento de ser tan exigentes para decidir el voto. Hebe de Bonafini, en cambio, siempre sutil aunque incisiva a la vez, hizo pública su posición, la cual quizás represente uno de los argumentos más convincentes a favor del candidato del pueblo: "Scioli hizo mierda la Provincia pero hay que votarlo sí o sí" (click).
En verdad, es muy revelador que Horacio González haya tolerado estoicamente una inusitada corrupción sistematizada en las más altas esferas gubernamentales (incluso para los estándares nacionales), la pobreza generalizada en nuestro país a tal punto que el INDEC ha decidido ni siquiera dar cifras apócrifas al respecto, hasta la muerte de militantes a manos de algunas policías provinciales, etc., y sin embargo ha hecho público que su límite es Ricardo Montaner. La inmoralidad puede ser tolerable, pero el mal gusto, eso jamás.
Por alguna razón, la actitud de Horacio González nos hace acordar a aquel sketch de Alberto Olmedo en el que sentado junto a Javier Portales en la antesala del despacho de un productor de televisión, su personaje proponía ciertos guiones de películas. Para ser más precisos, nos hace acordar del guión sobre aquel taxista que iba a pasar un domingo con su familia a la Costanera. Mientras disfrutaba la familia del mate, cómodamente sentados en sus reposeras, irrumpe una banda de malvivientes en moto y comete todo clase de actos contra dicha familia, desde homicidio hasta violaciones, ante la conducta impertérrita del taxista, hasta que uno de los malvivientes se acerca al taxi y lo raya con una llave. El taxista en ese mismo pierde el control, monta en cólera y se juramenta vengarse de todos y cada uno de los malvivientes. A partir de ese momento, el taxista lleva a cabo su venganza, matándolos uno por uno hasta que terminar con la banda.
La moraleja del sketch de Olmedo, como la de la actitud de Horacio González, es que todos tenemos un límite. La única cuestión es cuál es ese límite.
sábado, 24 de octubre de 2015
Neurociencia del Voto
Cuando todavía no se han apagado los ecos de la fascinante
tesis de Mempo Giardinelli sobre la naturaleza del voto (que no hace mucho, de
hecho, hemos examinado en este blog: MG y el voto peroísta),
el caso de Horacio González muestra que la tesis de Giardinelli está lejos de
ser un fenómeno aislado, como sí lo son, por ejemplo, las muertes por
desnutrición en el Chaco. En efecto, González acaba de hacer público su voto
desgarrado, a desgano, por Daniel Scioli (el voto desgarrado).
En nuestra entrada sobre Giardinelli, nos habíamos
preguntado qué diferencia puede hacer el estado de ánimo del votante al momento
de contar su voto. La escuela anglosajona de ciencia política, en efecto, siempre
pragmática y desencantada con el mundo, cree que cada voto vale igual, con
independencia del ánimo del votante. Quizás Giardinelli y González, más afectos
a los matices de la cultura continental, puedan invocar ejemplos en los cuales
las emociones, o la falta de ellas, sí hacen una diferencia. Por ejemplo, es
muy común ver que los jugadores de fútbol no gritan los goles que marcan contra
sus equipos anteriores, en señal de respeto por estos últimos, quizás incluso
con lágrimas en los ojos. Claro que semejante ejemplo nos lleva a preguntarnos
cuál es la razón por la cual estos jugadores precisamente juegan en contra de
sus anteriores equipos por los que sienten tanto cariño, y la respuesta es que
le tienen más cariño todavía al dinero. Evidentemente, la metáfora deportiva es
un arma de doble filo.
En realidad, la reticencia de Giardinelli y de González se debe a que ambos desconfían de la candidatura de Scioli, como si se tratara del proverbial caballo de Troya. Sin embargo, ellos mismos sugieren que quien le abre la puerta al caballo de Troya, a sabiendas de que se trata del caballo de Troya, pero avisa que lo hace renuentemente, entonces su acción, si bien no está completamente justificada, al menos no es digna de reproche, o no hay razones para exigirle otra conducta, como suelen decir los penalistas. El que avisa no traiciona, bien podría ser el eslogan de esta tesis.
En realidad, la reticencia de Giardinelli y de González se debe a que ambos desconfían de la candidatura de Scioli, como si se tratara del proverbial caballo de Troya. Sin embargo, ellos mismos sugieren que quien le abre la puerta al caballo de Troya, a sabiendas de que se trata del caballo de Troya, pero avisa que lo hace renuentemente, entonces su acción, si bien no está completamente justificada, al menos no es digna de reproche, o no hay razones para exigirle otra conducta, como suelen decir los penalistas. El que avisa no traiciona, bien podría ser el eslogan de esta tesis.
Sin embargo, esta misma mañana hemos visto una nota en
Infonews que explica precisamente qué es lo que sucede en el cerebro al momento
de elegir (qué pasa en el cerebro a la hora de votar).
Allí nos enteramos de que los miembros de Carta Abierta se han sometido
gentilmente a un experimento neurocientífico. Después de todo, no
hay que olvidarse de que los cerebros de Giardinelli y de González no son los
únicos involucrados, sino que todos los cerebros entendemos de Carta Abierta
comparten la preocupación de estos dos intelectuales. Precisamente, un equipo
de neurocientíficos ha dado con lo que se suele llamar en la jerga “el dilema de
Scioli”.
En efecto, a los intelectuales kirchneristas se les
presentan dos escenarios distintos. En el primero (denominado en la jerga “Sciolivp+gobpciabsas”
o “Scioli bueno”), Scioli se presenta como candidato a vicepresidente y luego
como gobernador durante un período que abarca en total doce años. El 99,75 % de los intelectuales kirchneristas que se sometió
al experimento decidió votar por “Scioli bueno” no solamente con ganas, sino agitando diferentes estandartes,
incluso soltando globos y palomas. En el segundo (denominado en la jerga “Sciolipresidente” o “Scioli
malo”), Scioli se presenta como candidato a presidente. Los neurocientíficos se
asombraron al comprobar que en el caso de “Scioli malo” el 99,75 % de los
intelectuales kirchneristas consultados manifestaron que lo votarían pero
solamente a desgano, desgarrados, tal como González y Giardinelli lo han hecho público
recientemente.
Los neurocientíficos en primer lugar aventuraron la curiosa
hipótesis de que a estos intelectuales kirchneristas no podría interesarles menos la Provincia de Buenos Aires y/o que Scioli fuera presidente pero como resultado de haber sido vicepresidente, i.e. a raíz de la indisposición de quien fuera presidente a la sazón.
Sin embargo, después de todo se
trata de neurocientíficos, detectaron que en realidad la diferencia es
cerebral. En efecto, habiendo escaneado el cerebro de los participantes en
estos estudios, percibieron la diferente reacción del cerebro en ambos
escenarios. Quienes votan con ganas a Scioli (lo que la jerga científica llama “Sciolivp+gobpciabsas”
o “Scioli bueno”) evidentemente han sufrido un daño en la corteza prefrontal
ventromedial. Este comportamiento es típico en el caso de psicópatas de baja
ansiedad (conocidos por sus déficits socio-emocionales), que tienden a tomar
decisiones utilitaristas, como también lo hacen quienes sufren de alexitimia,
un desorden que reduce la conciencia de nuestros propios estados mentales (cf. Joshua Greene, Moral Tribes. Emotion, Reason, and the Gap between Us and Them, Nueva York, Penguin, 2013, p. 125). En cambio,
quienes votan a Scioli a desgano (lo que la jerga científica llama “Sciolipresidente”
o “Scioli malo”), lo hacen porque su cerebro funciona correctamente. Como bien decía Hobbes, paulatim eruditur vulgus. El vulgo aprende lentamente, pero aprendemos.
Podemos entonces concluir que, afortunadamente, los miembros de Carta Abierta se han
recuperado afortunadamente del daño cerebral sufrido antes de votar por Scioli bueno y es por eso que hacen público su
rechazo y su apoyo a la vez a la candidatura de Scioli malo. Enhorabuena.
sábado, 24 de enero de 2015
Muerte lacónica
En estas horas en las que el país, y por qué no decir el mundo, están sumidos en el desasosiego por la muerte del Fiscal Nisman, Horacio González publicó ayer una nota en la que despeja varias dudas sobre esta verdadera "muerte lacónica" (Sobre las Autorías).
No hace falta recordar que aquella primera oscilación entre suicidio y asesinato demostraba que los conceptos en juego, tal como reza el tan festejado bon mot de Nietzsche, tienen historia y por lo tanto son indefinibles. En efecto, se han escrito varias historias del homicidio y otras tantas reflexiones sobre el suicidio, y sin embargo, o precisamente por eso, hasta la mismísima Presidenta osciló entre una calificación y la otra. Después de todo, se trata de una abogada exitosa, pero no necesariamente en derecho penal. Para el futuro, quizás convenga cambiar el nombre de "homicidio" por el de "otricidio" para evitar la confusión, siempre y cuando tomemos, por supuesto, como paradigma al "suicidio".
En esta nota González toma el toro por las astas y despeja las dudas al sostener que “El suicidio es el momento de la voluntad final”. Semejante afirmación implica que si luego de haberse suicidado la persona en cuestión tuviera una voluntad posterior de escribir, por ejemplo, la carta que había olvidado dejar, entonces deberíamos revisar nuestra creencia según la cual estábamos en presencia de un suicidio.
Ciertamente, a veces González en lugar de tomar el camino simplista de la enunciación directa coquetea con lo que alguien cuyo pensamiento careciera de coordinación podría denunciar como una contradicción. En efecto, por un lado, denuncia al “mero racionalista” por creer que “Si alguien pensara ‘en sus cabales’, no se suicidaría”. Por el otro, González cree que “Un suicidio siempre es absurdo”. Es muy fácil denunciar un texto de difícil comprensión como contradictorio para ahorrarse precisamente el trabajo de pensar.
Si abandonáramos sin embargo el terreno del suicidio para entrar en el del homicidio (e insistimos en que no seríamos los primeros, y probablemente tampoco los últimos), el caso del santo patrón de París, San Denis haría pensar a más de un kuhniano ya que pone en duda la noción de “voluntad final” a la que se refiere González. En efecto, no es la primera vez que en este blog hacemos referencia a la reacción de Madame Du Deffand, amiga de Voltaire, ante la extática narrativa del Cardenal de Polignac sobre San Denis. Una vez que el Cardenal le hubo contado a Madame Du Deffand que San Denis luego de haber sido decapitado (en el siglo XXIV antes de Kirchner), recogió su cabeza y se puso a recorrer varios kilómetros de París con la cabeza bajo el brazo, ella comentó inmediatamente: “¡Ah Monseñor! Es sólo el primer paso el que cuesta”.
A primera vista, González también parece abonar una tesis conspirativa cuando afirma que “Esa muerte, sea suicidio o asesinato, ¿acaso tendría enrollado el papiro que señalaría a esa máxima autoridad como culpable?”, ya que el iniciado rápidamente podría entender que la referencia al papiro es una mención oblicua de la responsabilidad del grupo Clarín. Con tan sólo pensar en este caso en cualquier otra máxima autoridad, se nos hiela la sangre.
Sin embargo, se trata de una mera apariencia, ya que González sostiene con todas las letras que “producir una muerte cuya contundente o ensordecedora autoría obedecería a un poder innominado, que deposita un cadáver como si fuera una pirámide conmemorativa en un parque, un cuerpo que cuando era portador de vida inculpaba al máximo poder público nacional”, “revista una apariencia de verosimilitud sólo en enfermizas tramas conspirativas”. En otras palabras, semejante afirmación duda de la salud mental de quienes sospechan que detrás de la muerte de Nisman hay una conspiración. González sabe que con esto se aparta tajantemente de la posición oficial en la materia, y no le importa; al contrario, quiere dejar en claro su saludable espíritu crítico. Dicho sea de paso, nada le habría gustado más a Víctor Hugo Morales que sumarse a la denuncia de un asesinato ciertamente orquestado por Magnetto, acercándose de este modo a la posición oficial. Sin embargo, se mantuvo firme urbi et orbi con la tesis del suicidio. Respect.
Probablemente tan cansado como nosotros (Libertad o Dependencia) de quienes contextualizan actos moralmente aberrantes para diluir la responsabilidad merced a un determinismo socio-económico, González aprovecha la oportunidad para sostener que “Renovar los pensamientos políticos en los movimientos populares, sobre todo los que vienen de legados de las izquierdas, implica volver a una idea de los acontecimientos que reconozcan el libre albedrío del ser político”.
Finalmente, nos permitimos llamar la atención de los productores de concursos de preguntas con suculentos premios, al estilo de de “¿Quieres ser millonario?”, sobre la frase siguiente: “El autor oculto, en su maniobra perversa, parecería triunfar en llevar las culpas hacia un lado de la incisión nacional ya creada por ostensibles autorías”. Nos parece que sería una frase ideal para interrogar a un eventual participante acerca de su significado. Quien la entendiera merecería cada centavo del premio final.
domingo, 8 de junio de 2014
¿Un Secretario borgeano?
Modestamente, nos atribuimos al menos una pequeña parte del mérito por la
designación de Forster como Secretario de Coordinación Estratégica para el
Pensamiento Nacional. Después de todo, muy pocos blogs se habían tomado tan en
serio sus apreciaciones sobre la política nacional, quizás abusando de la paciencia de nuestros lectores pero revelando a la vez un "alma profética", como dice Hamlet. Y a tono con la buena nueva, hemos engrosado nuestra
lista de etiquetas con una nueva cuyo nombre es, reveladoramente, “Forsteriana”. Por otro lado, nos invade un sentimiento de culpa ya que quizás seamos asimismo moral y jurídicamente responsables por la designación de Forster.
En esta ocasión quisiéramos destacar ciertos aspectos borgeanos de Forster. En primer lugar, algunos como Horacio González, han ensayado una defensa de la nueva Secretaría, y de ese modo del nombramiento de Forster, concediendo que el nombre de la misma es inapropiado, como si el nombre fuera arquetipo de la cosa, tal como reza “El Golem”. Es más, Forster mismo aseguró que habría preferido que la especificación del pensamiento a su cargo fuera “latinoamericana” antes que “nacional”, lo cual sugiere que no se trató de un cargo hecho a medida. Hernán Brienza cree que "argentino" sería más apropiado que "nacional".
Sin embargo, aunque el adjetivo que acompañara al
pensamiento fuera “internacional”, los problemas serían exactamente los mismos.
Imaginemos, si no, el rótulo de “Secretaría del Pensamiento” simpliciter, por excelencia. Sonaría aún
más ridículo, contraproducente o redundante que “Secretaría del Pensamiento
Nacional”, tal como ya lo hemos discutido (Secretaría pythonesca).
Dicho sea de paso, quienes creen que la nueva Secretaría a cargo de Forster es nazi se equivocan totalmente por una muy sencilla razón: ni los nazis tenían una Secretaría del Pensamiento, nacional o de cualquier otra índole.
Dicho sea de paso, quienes creen que la nueva Secretaría a cargo de Forster es nazi se equivocan totalmente por una muy sencilla razón: ni los nazis tenían una Secretaría del Pensamiento, nacional o de cualquier otra índole.
En segundo lugar, es muy difícil no asociar la existencia del imitador de Forster en twitter (@RicarForster) con “El Otro”:
Forster tiene un encuentro con otro Forster. Es más, la imitación es tan buena
que por momentos es imposible distinguir la copia del original, lo cual por supuesto nos remite a su vez inevitablemente a “Pierre
Menard, Autor del Quijote”.
Ahora bien, la reacción de Forster ante tal
imitación es reveladora de su intelecto. En efecto, para Forster “quien lo hace... es un poco tonto”, se trata de un pensamiento “mezquino, pequeño, ... pigmeo”. Sin
embargo, es muy extraño que el Secretario para el Pensamiento no se dé cuenta
de que si el contenido proposicional de la imitación es tan parecido que a veces es imposible
distinguir quién dice qué, entonces, merced al principio de identidad, su
propio pensamiento tiene que ser tan tonto, mezquino, pequeño o pigmeo como el
de su imitador. Después de todo, Forster no puede alegar diferencia alguna en
el tiempo y/o en el espacio, como la que sí existe en “El Otro” y en “Pierre
Menard”, que le impida caer en semejante absurdo.
Forster podría responder que no se refería al contenido de
la imitación—el cual reconoce que es muy fidedigno—sino a la intención, ya que
trata de ponerlo en ridículo. Sin embargo, semejante pensamiento sería aún más
extraordinario que el anterior. ¿Por qué la repetición de lo que dice lo
pondría en ridículo? Si Forster fuera coherente, debería sostener que quienes lo citan, las grabaciones de su voz, y los videos de sus apariciones en TV lo ridiculizan.
Quizás, finalmente, Forster cree que la verdad o falsedad de una proposición no depende de su contenido sino de su fuente, como sugiere el propio Borges en "Los Teólogos".
Un Secretario del Pensamiento, para pensar.
sábado, 22 de marzo de 2014
Una Cuestión de Estilo
Muchas veces el Gobierno ha sido acusado de hipocresía, desde su uso idiosincrático de los derechos humanos hasta su muy declamada abjuración de toda devaluación y/o ajuste económico, pasando por su preocupación por un poder judicial democrático. Sin embargo, en el caso del pabellón argentino en el Salón de Libro de París, el Gobierno se ha mostrado tal cual es, en toda su transparencia.
En efecto, en lugar de haber intentado cumplir con las formas de la corrección política de tal forma que los escritores invitados reflejaran el amplio espectro de discusión que muestra la realidad política hace años (gracias al kirchnerismo ciertamente), el Gobierno ha decidido que la lista de escritores incluya sólo a funcionarios, obsecuentes, y escritores reconocidos que no están a favor del Gobierno pero que no nos lo hacen saber a voz en cuello. Un requisito necesario entonces para ser parte de esta delegación era no haber hecho públicas las críticas contra el Gobierno.
Ahora bien, dada la repercusión que ha tenido precisamente la delegación, llama la atención que el Gobierno haya decidido seguir fielmente a sus principios sectarios. En efecto, el problema en el fondo no es sólo normativo, una cuestión acerca de lo que correspondía hacer, sino de conveniencia. Habría sido mucho más racional disponer la mesas sobre cultura y política de tal forma que estuvieran representadas por escritores opositores.
Horacio González, el Director de la Biblioteca Nacional, muy recientemente ha tratado de explicar, v.g., la ausencia de Martín Caparrós. En efecto, en declaraciones a Radio Francia Internacional, González lamentó la ausencia de Caparrós, con lo cual sugirió que Caparrós debería haber sido invitado y de hecho quisieron invitarlo. Pero según González "La forma en que él [Caparrós] desarrolla sus opiniones políticas es muy áspera”. Por supuesto, dice González, “Eso no quiere decir que por eso una persona no deba venir acá, pero esa aspereza termina interviniendo en decisiones a las que vos les adjudicás un carácter político que quizá se refieran a ciertos estilos regidos por una aspereza evidente, que en el momento de hacer las invitaciones tiene cierto peso por parte de la persona que hizo las invitaciones” [aunque las declaraciones de González terminaran siendo inventadas por el periodista que escribió la nota, nadie en su sano juicio podría negar el talento de este periodista para la falsificación, ya que se trata de declaraciones que sólo González podría hacer y que sólo un perito de Sotheby's podría identificar] (click).
Suponiendo que González haya dicho esto en serio y no de modo pythonesco, no debemos sucumbir a la tentación de creer que González se contradice, como si estuviera diciendo (tal como parece ser el caso) algo así como: debimos haberlo invitado a Caparrós y no lo hicimos (y está bien que no lo hayamos hecho), o debimos haberlo invitado y no debimos haberlo invitado. En realidad, González no se contradice ya que su opinión es que la culpa la tiene Caparrós: debieron haberlo invitado, pero su estilo áspero intervino en la decisión de quienes hacían las invitaciones. Fue el estilo el sujeto de la acción, a la sazón, una intervención en la decisión "de la persona que hizo las invitaciones".
Caparrós ya sabe entonces lo que tiene que hacer para que lo inviten: tiene que suavizar su estilo tan áspero, y su estilo podría de tal modo intervenir de modo diferente en la decisión de las personas que hacen las invitaciones. Dejamos a nuestros lectores las reflexiones acerca de la ironía, por así decir, de que González, alguien cuyo estilo merecería la pena de los infames traidores a la Patria o una Corte Marcial, critique el estilo de Caparrós.
Quienes creen que la discusión sobre el Salón del Libro es algo exagerada, tienen razón. El Gobierno ha hecho muchísimas cosas mucho peores. Quizás lo que parece ser entonces una cuestión de principios no sea sino una maniobra de distracción, que está saliendo bastante bien.
lunes, 17 de marzo de 2014
París es una Fiesta
No es ninguna novedad que Argentina es país invitado de honor en el Salón del Libro de París 2014. Tampoco lo es que la delegación integrada por "46 autores nóveles y consagrados, exponentes de las letras y el pensamiento nacional", suscitó cierta polémica, tanto por las inclusiones como por las exclusiones de la delegación. Sin embargo, lo que nos llama la atención son dos de las mesas que forman parte de la Programación del pabellón argentino de dicho Salón (click).
Por un lado, el domingo 23 de marzo a las 15.30hs María Pia López, Eduardo Rinesi, Hernán Brienza y Mempo Giardinelli, con la moderación de Verónica Riera, “abren el debate alrededor de esta cuestión: cultura y política no pueden pensarse por separado”, ya que “En cada propuesta de gestión cultural hay implícita una propuesta política”.
Si bien ya hemos rendido homenaje en más de una ocasión a un exponente de las letras y del pensamiento nacional, y por qué no autor consagrado, de la talla de Brienza (para muestra, basta un botón), no hace falta ser un científico especializado en cohetes para sorprenderse por la concepción de “debate” que subyace a esta mesa. ¿Cuál sería la discusión por no decir el desacuerdo entre los miembros de esta mesa? A primera vista, y para quienes no estamos entrenados en la nanotecnología, no parece haber grandes diferencias entre los miembros de este panel.
Los kirchneristas de la mesa podrían replicar invocando a Donoso Cortés, para quien “la Iglesia, y la Iglesia sola, ha tenido el santo privilegio de las discusiones fructuosas y fecundas” (esperemos que la Iglesia nos perdone la comparación con el kirchnerismo, aunque últimamente se están llevando bastante bien que digamos). De este modo, quizás un debate kirchnerista típico sea: ¿Néstor o Cristina?¿Horacio González o José Pablo Feinmann? ¿Edgardo Mocca o Sandra Russo? De adentro podrán parecer
cuestiones muy urticantes, pero de afuera no parece haber grandes diferencias. Nos hace acordar a cuando Hobbes en el Leviatán sostiene que si bien la «controversia era grande entre san Pedro y san Pablo, (tal como podemos leer en Ga. 2, 11.), sin embargo no se expulsaron mutuamente de la Iglesia». O a las nimias diferencias que aparecen en la letra de "Let's Call the Whole Thing Off" de Gershwin (la pronunciación de palabras, gustos de comida, etc.).
Sin embargo, es más que comprensible la composición de este panel y por lo tanto la exclusión de, v.g., Beatriz Sarlo, de esta delegación. Bastante vergüenza le hizo pasar a un destacado panel de seis autores nóveles y consagrados, exponentes de las letras y el pensamiento nacional, durante un programa de 678, como para replicar semejante situación esta vez en París, merced al erario público. Si Sarlo quiere seguir haciéndolos pasar vergüenza, que lo pague de su bolsillo.
Otra mesa que nos llama la atención es la del sábado 22 de marzo a las 15hs: “Democracias populares en América Latina”, con Ricardo Forster, Jorge Alemán, Ernesto Laclau, Jorge Coscia, y la moderación de Rodolfo Hamawi. No faltarán los que crean que la composición de esta segunda mesa es más asombrosa que la otra, ya que si nos costaba ver las diferencias ideológicas entre los miembros de la mesa sobre cultura y política, para poder apreciar las diferencias ideológicas entre Forster (click, click 2), Alemán (cuya filosofía democrática neo-rousseauniana habíamos examinado: click), Laclau y Coscia haría falta un microscopio electrónico.
Ahora bien, esta última apreciación es completamente inapropiada, ya que, a diferencia de la mesa anterior, en este caso la palabra “debate” no figura en ningún lado, con lo cual los cuatro hombres de letras, pensadores o autores podrán explayarse a sus anchas sin tener que poner a prueba sus creencias. Es más, la descripción de la mesa es tal que nadie podría razonablemente oponérseles: “En los últimos años han confluido en América Latina una serie de gobiernos progresistas que impulsan programas y políticas inclusivas destinadas a los sectores menos favorecidos, aquellos que en el desempeño de las democracias son los exponentes de lo que falta, la búsqueda de la reparación y la igualdad”. En efecto, ¿quién podría estar en contra de la inclusión, de la búsqueda de la reparación y de la igualdad, en una palabra, de la “democracia popular”? Después de todo, toda democracia es popular. Y si alguien se opone, es porque responde a intereses corporativos, es un enemigo del pueblo.
No podemos terminar sin expresar nuestra sana envidia por los asistentes a este Salón, los cuales tendrán la oportunidad de deleitarse con tan finos pensadores, hombres de letras y autores nacionales. Ojalá fuéramos una mosca apoyada en la pared del paredón argentino, y esperamos ansiosamente, si no un video de los paneles, al menos la crónica de lo acontecido.
Por un lado, el domingo 23 de marzo a las 15.30hs María Pia López, Eduardo Rinesi, Hernán Brienza y Mempo Giardinelli, con la moderación de Verónica Riera, “abren el debate alrededor de esta cuestión: cultura y política no pueden pensarse por separado”, ya que “En cada propuesta de gestión cultural hay implícita una propuesta política”.
Si bien ya hemos rendido homenaje en más de una ocasión a un exponente de las letras y del pensamiento nacional, y por qué no autor consagrado, de la talla de Brienza (para muestra, basta un botón), no hace falta ser un científico especializado en cohetes para sorprenderse por la concepción de “debate” que subyace a esta mesa. ¿Cuál sería la discusión por no decir el desacuerdo entre los miembros de esta mesa? A primera vista, y para quienes no estamos entrenados en la nanotecnología, no parece haber grandes diferencias entre los miembros de este panel.
Los kirchneristas de la mesa podrían replicar invocando a Donoso Cortés, para quien “la Iglesia, y la Iglesia sola, ha tenido el santo privilegio de las discusiones fructuosas y fecundas” (esperemos que la Iglesia nos perdone la comparación con el kirchnerismo, aunque últimamente se están llevando bastante bien que digamos). De este modo, quizás un debate kirchnerista típico sea: ¿Néstor o Cristina?¿Horacio González o José Pablo Feinmann? ¿Edgardo Mocca o Sandra Russo? De adentro podrán parecer
cuestiones muy urticantes, pero de afuera no parece haber grandes diferencias. Nos hace acordar a cuando Hobbes en el Leviatán sostiene que si bien la «controversia era grande entre san Pedro y san Pablo, (tal como podemos leer en Ga. 2, 11.), sin embargo no se expulsaron mutuamente de la Iglesia». O a las nimias diferencias que aparecen en la letra de "Let's Call the Whole Thing Off" de Gershwin (la pronunciación de palabras, gustos de comida, etc.).
Sin embargo, es más que comprensible la composición de este panel y por lo tanto la exclusión de, v.g., Beatriz Sarlo, de esta delegación. Bastante vergüenza le hizo pasar a un destacado panel de seis autores nóveles y consagrados, exponentes de las letras y el pensamiento nacional, durante un programa de 678, como para replicar semejante situación esta vez en París, merced al erario público. Si Sarlo quiere seguir haciéndolos pasar vergüenza, que lo pague de su bolsillo.
Otra mesa que nos llama la atención es la del sábado 22 de marzo a las 15hs: “Democracias populares en América Latina”, con Ricardo Forster, Jorge Alemán, Ernesto Laclau, Jorge Coscia, y la moderación de Rodolfo Hamawi. No faltarán los que crean que la composición de esta segunda mesa es más asombrosa que la otra, ya que si nos costaba ver las diferencias ideológicas entre los miembros de la mesa sobre cultura y política, para poder apreciar las diferencias ideológicas entre Forster (click, click 2), Alemán (cuya filosofía democrática neo-rousseauniana habíamos examinado: click), Laclau y Coscia haría falta un microscopio electrónico.
Ahora bien, esta última apreciación es completamente inapropiada, ya que, a diferencia de la mesa anterior, en este caso la palabra “debate” no figura en ningún lado, con lo cual los cuatro hombres de letras, pensadores o autores podrán explayarse a sus anchas sin tener que poner a prueba sus creencias. Es más, la descripción de la mesa es tal que nadie podría razonablemente oponérseles: “En los últimos años han confluido en América Latina una serie de gobiernos progresistas que impulsan programas y políticas inclusivas destinadas a los sectores menos favorecidos, aquellos que en el desempeño de las democracias son los exponentes de lo que falta, la búsqueda de la reparación y la igualdad”. En efecto, ¿quién podría estar en contra de la inclusión, de la búsqueda de la reparación y de la igualdad, en una palabra, de la “democracia popular”? Después de todo, toda democracia es popular. Y si alguien se opone, es porque responde a intereses corporativos, es un enemigo del pueblo.
No podemos terminar sin expresar nuestra sana envidia por los asistentes a este Salón, los cuales tendrán la oportunidad de deleitarse con tan finos pensadores, hombres de letras y autores nacionales. Ojalá fuéramos una mosca apoyada en la pared del paredón argentino, y esperamos ansiosamente, si no un video de los paneles, al menos la crónica de lo acontecido.
miércoles, 29 de mayo de 2013
Palabras Más, Palabras Menos, Carta Abierta
Muy probablemente nuestro análisis de la última Carta (Justo lo que faltaba) provocó que Horacio González y Vicente Battista aparecieran en televisión para responder nuestras dudas. Sin embargo, salvo una honrosa excepción, quizás dos, que trataremos al final, la respuesta fue más de lo mismo. En efecto, en numerosas ocasiones insistieron en que la motivación de la denuncia es espuria, que se trata de estrategias usadas en el pasado, etc. Hasta donde pudimos apreciar, tampoco pudieron distinguir su propia banalización del nazismo de la hecha recientemente por La Nación (1933, vamos a dedicarnos al tema próximamente en esta sala). Y además ellos mismos reconocen que deberían haberse cuidado de comparar a la oposición con el nazismo.
Hubo dos momentos hilarantes. Primero, la aclaración según la cual Carta Abierta no está acusando a nadie. Nos hace acordar a una frase de la madre de uno de los miembros de La Causa, una vez advertida ella sobre la fuerte crítica que hacía sobre su nuera: "Yo no estoy criticando a nadie, sólo describo la realidad". Segundo, la idea expresada por Battista según la cual el texto de la Carta “está ajeno a los adjetivos”. Que un escritor diga algo semejante nos hace dudar de muchas cosas, para empezar de la escritura misma.
Hubo también momentos curiosos. Comencemos por el momento en que comenzaron a ser interrogados acerca de los términos de la Carta, y González advirtió que "No venimos a dar un examen de filosofía", como si hacerse entender fuera una cuestión filosófica. En realidad, todo el mundo, y particularmente los intelectuales, debe hacerse entender. El segundo, cuando González sostuvo que la Carta “se mantiene en un plano argumental que no existe en otros lados”. Nuevamente, semejante afirmación nos hace dudar de si los argumentos existen, o qué son, y para qué sirven. El tercero, cuando Battista se quejó de que Lanata propusiera algo imposible. En efecto, Battista recordó que al final de un programa Lanata instó a los televidentes a que "hicieran algo" en caso de que Clarín fuera intervenido y el programa no saliera al aire. Pero Battista mismo comenzó su crítica sosteniendo que la intervención de Clarín era imposible, con lo cual el antecedente condicional propuesto por Lanata era asimismo de cumplimiento imposible. Es como si Battista se quejara de que Lanata propusiera ponerle gas natural a la alfombra voladora que nos va a llevar a Marte. Por lo demás, cuando Lanata dijo "hagan algo" no necesariamente quiso decir "algo ilegal", o su propuesta es tan ilegal como "Vamos por todo". Un cuarto momento curioso fue cuando González mismo propuso que dudáramos de las palabras de la Carta, ya que hasta él mismo duda de las palabras que usó en la Carta, con lo cual la Carta misma pierde gran parte de su sentido.
Hablando de palabras, fue muy interesante cuando González, a diferencia de Battista, no le atribuyó intenciones golpistas a Lanata, aunque sí pulsiones golpistas, y en todo caso González aclaró que no iba a haber golpe alguno. Battista, que sí consideró golpista a Lanata luego de haber titubeado al principio, podría haber insistido en que así como hay un peronismo sin Perón, bien podría haber golpismo sin un golpe, así como la sonrisa del gato de Cheshire de Alicia en el País de las Maravillas: una sonrisa que existe sin la cara que la contiene (nos hacer acordar también a los cacerolazos en Belgrano: cacerolas que suenan desde los balcones sin que se vea la gente que las hace sonar).
A primera vista, la mención del relato gótico puede ser considerado una innovación respecto de la Carta. Sin embargo, dado que tanto González como Battista afirmaron que los que cometieron un delito deben ser castigados, y no ponen la mano en el fuego por nadie; es más, no relativizan las denuncias de corrupción, admiten que pueden ser ciertas. Entonces lo único que les molesta son las formas. La canallada es formal, no material.), entonces su desacuerdo con las denuncias es formal, no de contenido. Les molesta el relato gótico de Lanata, la representación teatral, su vestimenta (aunque cuando Lanata hacía otro tanto en la época de Menem les pareció "creativo"), el rating, etc. Así y todo insistieron en que no había pruebas, a pesar de que existe un contador que pasó de ser Cajero a Millonario en poco tiempo (como en la excelente película de Eddie Murphy y Dan Aykroyd), con veintipico de estancias, vaya uno a saber cuántos millones, las declaraciones incluso en blanco de los funcionarios, etc. Battista tuvo mucha razón al decir que Lanata miente, pero también contemplamos eso en nuestra entrada al hacer referencia al Diablo mismo. La insistencia en el carácter estructural de la corrupción en el capitalismo es una variante de la tesis de la reciprocidad que también discutimos en la entrada anterior.
Una verdadera innovación consiste en la tesis de González según la cual el relato gótico de Lanata produce pesadillas. No vamos a entrar en detalle porque, aunque fuera cierta, nos parece en el fondo interesante pero irrelevante. Algunos tienen pesadillas viendo el fútbol que el gobierno mismo usa hoy contra Lanata.
La innovación más interesante fue la distinción conceptual hecha por Battista, al mejor estilo oxoniense, entre gobiernos que son corruptos y corruptos en el gobierno, como si en el primer caso el gobierno fuera usado como un medio para cometer actos corruptos y en el segundo la corrupción fuera sólo un efecto colateral del gobierno. Según él, mientras que el primer escenario corresponde al menemismo, el segundo al kirchnerismo. El problema con esta distinción es que es circular. Un menemista podría responder diciendo que en realidad hasta el menemismo tenía una ideología en aras de la cual gobernaba, i.e. el libre mercado, y que la corrupción sólo fue ocasional o en todo caso un efecto no deseado. No hay que olvidar que los partidos que defienden el libre mercado están protegidos por la Constitución y pueden competir en igualdad de condiciones con los demás, por más asco que nos dé el individualismo capitalista. La circularidad entonces consistiría en que sólo el kirchnerismo es un gobierno con corrupción ocasional, debido a que defiende la ideología correcta. Por lo demás, la discusión deriva en la tesis de la presunción de inocencia, que también discutimos en la entrada anterior.
El final es revelador. González aclara que si no defienden al Gobierno, se desploma todo. Pero González no debería apoyar al Gobierno por las consecuencias (políticas y/o psicológicas) de no hacerlo, sino porque cree que tiene buenas razones en sí mismas para hacerlo.
domingo, 24 de marzo de 2013
Kirchnerismo neoclásico y kirchnerismo acomodaticio
El Juramento de los Horacios, Jacques-Louis David, 1784
Los Horacios, González y Verbitsky, cada uno a su modo, se han juramentado a no ceder en su compromiso con sus fuertes principios en contra de Bergoglio. El hecho de que Bergoglio se haya convertido en Francisco no cambió nada para ellos. Como se suele decir últimamente, "se puede discutir" el alambicado estilo de González (que incluye la caracterización de Ratzinger como un "spinozista") y si Verbitsky tiene suficiente respaldo moral como para convertirse en juez de las virtudes y defectos morales de sus enemigos (en realidad, la autoridad moral en el fondo es irrelevante, siempre y cuando estemos dispuestos a que nos juzguen tal como juzgamos), pero es indiscutible que como la proverbial piedra estoica han resistido los cambios de la marea política.
Del resto del kirchnerismo, sin embargo, no se puede decir lo mismo, ya que ha rendido homenaje a la performatividad de la política, por no decir la política de los hechos consumados. Desde Cristina Fernández de Kirchner (quien en realidad parece haberse olvidado de que estaba en contra de Bergoglio, a juzgar por su muy genuina emoción durante su última estadía en Roma) hasta Hebe de Bonafini, pasando por Luis D'Elía y Cynthia García, han tratando a Bergoglio del mismo modo que el diario Le Moniteur Universal, el diario vocero del gobierno francés, había tratado a Napoleón. En efecto, durante el mismo mes de marzo de 1815 éstos son los informes que se sucedieron en dicho periódico de la marcha de Napoleón desde Elba hacia París:
1. El antropófago ha salido de su escondite.
2. El ogro de Corsa viene de desembarcar en el Golfo de Juan.
3. El tigre ha arribado a Grenoble.
4. El monstruo se ha acostado en Grenoble.
5. El tirano ha atravesado Lyon.
6. El usurpador ha sido visto a sesenta leguas de la capital.
7. Bonaparte avanza a gran paso, pero no entrerará jamás en París.
8. Napoléon estará mañana bajo nuestras murallas.
9. El Emperador ha arribado a Fontainebleau.
10. Su Majestad Imperial y Real ha hecho ayer a la noche su entrada en el Palacio de las Tullerías en medio de sus fieles súbditos.
No tenemos las tapas del Moniteur, pero sí las de Página 12, el mismo diario que publicó las opiniones de los Horacios. Nos dan una idea de cómo habrán sido aquellas tapas napoleónicas:
martes, 21 de agosto de 2012
¿Urdimbres morales, Excepciones políticas, Suspensiones éticas, o Estado de Derecho?
Hoy Horacio González en Página 12 sostiene que la UBA « debió tomar la resolución, desde urdimbres morales previsibles, de no brindar sus prácticas a estas personas portadoras de una alteridad educacional tan radicalmente grave ». En primer lugar González trae a colación el juicio a Eichmann. No vamos a considerar esta mención pero es agua para el molino de los abogados defensores de los genocidas quienes sostenían que el genocidio cometido tuvo lugar durante una guerra, tal como lo había invocado Eichmann.
La tesis que subyace a la defensa que hace González de la resolución de la UBA es que « la misma democracia » debe « hacer cesar en ocasiones específicas un continuo igualitarista que se mantiene sobre bases falsas ». Si bien da la impresión de que González defiende esta resolución y que su argumentación es de naturaleza moral, tal como lo indica la referencia a « urdimbres morales », al traer a colación a la democracia la argumentación de González cae bajo lo que habíamos descripto como argumentación política (click).
Por si no hubiese quedado claro González invoca una « excepción real » en la cual « una democracia educacional... decide quebrar un igualitarismo abstracto en casos en que se esté ante biografías sostenidas en terribles actos ». González dice defender entonces un « tipo de constitucionalismo que se revitaliza en la excepción ». En relación a este tipo de constitucionalismo González se pregunta y se responde: « ¿Qué significa no hacer ingresar al módulo de la enseñanza universitaria a individuos con los cuales la memoria pública mantiene una heterogeneidad notoria, basada en que con ellos quedan pendientes discusiones últimas, más allá de lo que la ley ha dictaminado con su señero castigo? Significa no perder un vínculo vital, más allá de las leyes, sobre la obligación de seguir manteniendo vivo un pasado activo e interrogable. No un pasado fijo y ritualizado, sino uno que nos sea abierto a nuevas interpelaciones. »
Los problemas de esta argumentación política son varios. En primer lugar, supone que la UBA puede privar de un derecho a alguien si « si... emprende –puesto que lo ha dicho– la dificultosa tarea de ser otra, de tornarse una universidad que tome como tema crucial la propia fisura que su atendible negativa ha producido ». Es muy extraño que podamos negar un derecho si estamos dispuestos a "tomar como crucial la propia fisura que nuestra atendible negativa ha producido". Se trata de una frase tan vaga que no puede servir para negar un derecho.
En segundo lugar, la referencia a la excepción sugiere que el Estado de Derecho está en peligro cuando gente como los genocidas está encerrada en la cárcel y quieren estudiar en un programa destinado a la población carcelaria. En realidad, alguien podría sostener que el Estado de Derecho está en peligro si personas que no han sido condenadas son tratadas como si fueran condenadas, incluso cuando está en cuestión si los condenados tienen o no derecho a estudiar en la cárcel. No tranquiliza tampoco leer que según González « las cosas no son tan simples, al punto de poderse resolver la gravedad de este tema con la lógica constitucional o reflexiones que hagan de estos prisioneros un motivo para provocar nuestra propia misericordia ». La misericordia ciertamente es irrelevante, pero lo que González llama "la lógica constitucional" es la única que debe decidir qué hacer con los genocidas estudiantes. Eso es exactamente en lo que consiste el Estado de Derecho.
En tercer lugar, si quedan pendientes discusiones últimas, si el pasado queda abierto, no está "fijo" ni "ritualizado", ¿qué hacer si el día de mañana la discusión toma un rumbo inesperado? Los derechos de los individuos no pueden quedar expuestos a las discusiones sobre el pasado, ni a lo que pase mañana. Existen o no. Como suele decir Ronald Dworkin son "triunfos". González entra en un terreno peligroso al sostener que "hay elementos de una historia que inhiben la simple presencia en ellos de lo que de otra manera sería justo: el universalismo educacional superior, con titulación asequible". La historia no tiene nada que ver con los derechos.
En cuarto lugar, González se contradice dentro de un mismo párrafo y por supuesto lo hace a sabiendas: "Desde luego, deben regir las leyes comunes porque nada debe quedar exento de esta crucial categoría civilizatoria: ser sujetos de derecho es lo que mantiene viva la trama heredada de la cultura. Pero también hay distintos momentos de suspensión ética socialmente acordados de lo que las leyes indican. La constitución, el sentimiento antidiscriminatorio y el sistema de las libertades públicas –la Justicia, en suma– se resguarda mucho más con la censura de sus momentos de abstracción machacona, permitiendo así el rescate de los puntos irresueltos de una historia". Si "deben regir las leyes comunes" entonces no tiene sentido hablar de "momentos de suspensión ética socialmente acordados de lo que las leyes indican". En todo caso, esto sólo puede tener lugar en caso de una genuina excepción, la cual es incompatible con el Estado de Derecho. No puede haber excepción y Estado de Derecho. Por lo demás, los derechos viven o mueren gracias a "momentos de abstracción machacona".
En un Estado de Derecho, lo único que vale son las leyes, tal como lo habíamos ilustrado hace muy poco con una magnífica película (click), aunque eso implique reconocer derechos a seres despreciables. Los derechos están pensados para seres despreciables, precisamente (Skokie). Y si abarcan a dichos seres, por lo tanto abarcan a todos los demás. Para terminar, un clip que ya usamos (el que no tenga tiempo puede empezar en el minuto 11 (si no aparecen los subtítulos hay que activarlos en idem o "CC", si no aparece "CC" conviene ver el video en youtube y ahí sí aparece la opción "subtítulos" abajo a la derecha, primero desde la izquierda):
Por si no hubiese quedado claro González invoca una « excepción real » en la cual « una democracia educacional... decide quebrar un igualitarismo abstracto en casos en que se esté ante biografías sostenidas en terribles actos ». González dice defender entonces un « tipo de constitucionalismo que se revitaliza en la excepción ». En relación a este tipo de constitucionalismo González se pregunta y se responde: « ¿Qué significa no hacer ingresar al módulo de la enseñanza universitaria a individuos con los cuales la memoria pública mantiene una heterogeneidad notoria, basada en que con ellos quedan pendientes discusiones últimas, más allá de lo que la ley ha dictaminado con su señero castigo? Significa no perder un vínculo vital, más allá de las leyes, sobre la obligación de seguir manteniendo vivo un pasado activo e interrogable. No un pasado fijo y ritualizado, sino uno que nos sea abierto a nuevas interpelaciones. »
Los problemas de esta argumentación política son varios. En primer lugar, supone que la UBA puede privar de un derecho a alguien si « si... emprende –puesto que lo ha dicho– la dificultosa tarea de ser otra, de tornarse una universidad que tome como tema crucial la propia fisura que su atendible negativa ha producido ». Es muy extraño que podamos negar un derecho si estamos dispuestos a "tomar como crucial la propia fisura que nuestra atendible negativa ha producido". Se trata de una frase tan vaga que no puede servir para negar un derecho.
En segundo lugar, la referencia a la excepción sugiere que el Estado de Derecho está en peligro cuando gente como los genocidas está encerrada en la cárcel y quieren estudiar en un programa destinado a la población carcelaria. En realidad, alguien podría sostener que el Estado de Derecho está en peligro si personas que no han sido condenadas son tratadas como si fueran condenadas, incluso cuando está en cuestión si los condenados tienen o no derecho a estudiar en la cárcel. No tranquiliza tampoco leer que según González « las cosas no son tan simples, al punto de poderse resolver la gravedad de este tema con la lógica constitucional o reflexiones que hagan de estos prisioneros un motivo para provocar nuestra propia misericordia ». La misericordia ciertamente es irrelevante, pero lo que González llama "la lógica constitucional" es la única que debe decidir qué hacer con los genocidas estudiantes. Eso es exactamente en lo que consiste el Estado de Derecho.
En tercer lugar, si quedan pendientes discusiones últimas, si el pasado queda abierto, no está "fijo" ni "ritualizado", ¿qué hacer si el día de mañana la discusión toma un rumbo inesperado? Los derechos de los individuos no pueden quedar expuestos a las discusiones sobre el pasado, ni a lo que pase mañana. Existen o no. Como suele decir Ronald Dworkin son "triunfos". González entra en un terreno peligroso al sostener que "hay elementos de una historia que inhiben la simple presencia en ellos de lo que de otra manera sería justo: el universalismo educacional superior, con titulación asequible". La historia no tiene nada que ver con los derechos.
En cuarto lugar, González se contradice dentro de un mismo párrafo y por supuesto lo hace a sabiendas: "Desde luego, deben regir las leyes comunes porque nada debe quedar exento de esta crucial categoría civilizatoria: ser sujetos de derecho es lo que mantiene viva la trama heredada de la cultura. Pero también hay distintos momentos de suspensión ética socialmente acordados de lo que las leyes indican. La constitución, el sentimiento antidiscriminatorio y el sistema de las libertades públicas –la Justicia, en suma– se resguarda mucho más con la censura de sus momentos de abstracción machacona, permitiendo así el rescate de los puntos irresueltos de una historia". Si "deben regir las leyes comunes" entonces no tiene sentido hablar de "momentos de suspensión ética socialmente acordados de lo que las leyes indican". En todo caso, esto sólo puede tener lugar en caso de una genuina excepción, la cual es incompatible con el Estado de Derecho. No puede haber excepción y Estado de Derecho. Por lo demás, los derechos viven o mueren gracias a "momentos de abstracción machacona".
En un Estado de Derecho, lo único que vale son las leyes, tal como lo habíamos ilustrado hace muy poco con una magnífica película (click), aunque eso implique reconocer derechos a seres despreciables. Los derechos están pensados para seres despreciables, precisamente (Skokie). Y si abarcan a dichos seres, por lo tanto abarcan a todos los demás. Para terminar, un clip que ya usamos (el que no tenga tiempo puede empezar en el minuto 11 (si no aparecen los subtítulos hay que activarlos en idem o "CC", si no aparece "CC" conviene ver el video en youtube y ahí sí aparece la opción "subtítulos" abajo a la derecha, primero desde la izquierda):
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