«La causa victoriosa complació a los dioses, mas la vencida a Catón» (Lucano, Farsalia, I.128-9).
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sábado, 27 de agosto de 2016
Manes, Forster: ¿tomeito, tomato?
En una especie de infomercial, CÑÑ recientemente entrevistó a Facundo Manes acerca del “cerebro argentino” (CÑÑ). Tal como surge en la entrevista, la pregunta por el “cerebro argentino” está relacionada con la reciente designación de Facundo Manes en la “Unidad de Coordinación para el Desarrollo del Capital Mental” dentro del ámbito de la Gobernación de la Provincia de Buenos Aires.
Los cerebros de los lectores del blog no podrán sorprenderse en absoluto de que para algunos cerebros sea natural asociar la reciente institución con la Secretaría de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional de otrora, a cargo de nuestro admirado Ricardo Forster (forsteriana), para no decir nada de la aspiración cristinista de democratizar las neuronas (democratizando neuronas).
Ahora bien, al comienzo mismo de la entrevista sobre el cerebro argentino el propio Manes reconoce que en realidad no existe un cerebro argentino ya que el cerebro argentino es igual al brasileño, al ruso, etc. Por ejemplo, el sesgo de confirmación mencionado por Manes es característico no solamente de kirchneristas y macristas, sino de todos los cerebros e incluso se debe a que originariamente era bueno para los negocios (probablemente debido a que estos sesgos podían ayudar a proteger la reputación propia, lo cual impedía el castigo y/o la expulsión del grupo).
En todo caso, si hubiera que usar un gentilicio habría que decir que todos los cerebros humanos actuales son básicamente africanos, ya que, dicen los que saben, fue en África, hace no más de unos 45.000 años, justo antes de partir hacia los diferentes continentes, donde y cuando el cerebro humano alcanzó su estructura y el funcionamiento actual. Quizás el punto de Manes sea precisamente que en el futuro un nuevo cerebro (probablemente humano) evolucione esta vez en Argentina y no en África, y de ahí que se pueda hablar de un cerebro argentino. Pero, como se puede apreciar, no solamente se trata de una creencia demasiado optimista sino que además se trata de un proceso que puede tardar varios años.
A continuación, Manes mismo, otra vez, parece aclarar que lo que hace que un cerebro sea argentino es que esté rodeado por así decir de la cultura argentina. Los cerebros, entonces, tienen la misma estructura y funcionamiento, pero por razones evolutivas operan con culturas diferentes. Pero entonces, si se nos permite la expresión, somos todos peronistas. En efecto, para poder entender esas culturas diferentes, precisamente, las neurociencias en sentido estricto no pueden ser muy útiles que digamos. Por ejemplo, Chomsky explica los principios universales del lenguaje debido a que el cerebro humano cuenta con una estructura y un funcionamiento no menos universal (al menos hasta ahora, y aunque hubiera cambios estos pueden tomarse su tiempo como vimos más arriba). Son estos principios los que permiten que podamos hablar un idioma.
Pero ningún psicólogo cognitivo cree que, v.g., se puede aprender un idioma estudiando neurociencias o psicología cognitiva. Lo que hace falta es una gramática del idioma particular. Lo mismo sucede con las culturas en general. De ahí que si Manes quiere tener éxito en su proyecto político debería interesarse menos por las neurociencias y más por las ciencias sociales o humanas. Nobleza obliga, Manes mismo habla de cómo la cultura influye sobre el cerebro creando “esquemas mentales”. Pero entonces, es el propio Manes el que reconoce que haría falta menos Prozac (o Manes) y más no tanto Platón sino Aristóteles (o el científico social de nuestra preferencia). Por momentos da la impresión de que para algunos un neurocientífico está en mejores condiciones de ser, v.g., ministro de economía, debido a que los consumidores y productores tienen cerebro. El hecho mismo de que la cultura es un producto de la evolución muestra que hay que tomarse a la cultura en serio y no como la continuación de la biología por otros medios.
Por supuesto, el punto no es que, como se solía creer—y algunos todavía creen—las culturas son soberanas y hacen lo que quieren con los seres humanos y sus cerebros. Pero, otra vez, es precisamente por eso que no tiene sentido hablar de un cerebro argentino. Creer en algo semejante equivaldría a creer, v.g., que fue el cerebro europeo el que logró conquistar el resto del mundo, antes que al revés, cuando hoy en día existe consenso (sobre todo debido a la obra de Jared Diamond) en que la superioridad tecnológica europea que hizo posible dicha conquista no se debió a la superioridad mental o cultural sino a ciertas condiciones geográficas, las cuales influyeron a su vez en el uso de tecnologías y de recursos animales que incluso explican por qué, v.g., los conquistadores españoles eran inmunes a las enfermedades que diezmaron a sus conquistados. Como se puede apreciar, en todo caso no fue una cuestión precisamente cerebral la responsable de la conquista. Lo habría sido si los conquistadores hubieran diseñado una guerra biológica, cuando lo que hicieron fue aprovecharse de ella.
Además, el cerebro argentino (o de cualquier otra clase) no puede ser el problema, no solamente porque también, para ser bastante optimistas, debería ser la solución (a menos que necesitáramos cerebros extranjeros emulando, otra vez, al propio Perón quien en la década del cincuenta se vio forzado a traer árbitros ingleses para el fútbol argentino profesional), sino porque además es un lugar común decir que estos mismos cerebros argentinos se ajustan perfectamente a otras culturas sin tener que operarse el cerebro, terapias cognitivas o tomar medicamento alguno. Precisamente, la falta de políticas de Estado que menciona Manes, a su vez, no se debe a un problema cerebral, sino cultural. Si los argentinos pueden adaptarse a otras culturas con políticas de Estado, podrían hacer otro tanto en su propio país. El problema no es entonces cerebral sino cultural o de coordinación.
En cuanto a las “conductas que perpetúan la pobreza”, la manera en que Manes se expresa sugiere que son las personas las que deciden ser pobres debido a que no cuentan con el capital mental adecuado, como si las personas pudieran dejar de ser pobres sacando un crédito de un banco mental. En realidad, no es difícil de comprobar que la relación de causalidad es fundamentalmente la inversa, i.e. la pobreza y su falta constitutiva de recursos (por ejemplo alimentarios) afecta al desarrollo del cerebro, por lo cual la pobreza en el fondo—i.e. con independencia de algunos casos individuales—no es una decisión individual sino un problema estructural (Gerald Cohen tiene un paper muy bueno al respecto). Habría que decir entonces que la pobreza se debe fundamentalmente a la falta de capital económico y probablemente cultural, no mental. En todo caso, si Cohen se equivocaba, nos gustaría saber cuál era precisamente el defecto cerebral que tenía Gerald Cohen (y bien nos gustaría tenerlo).
Para terminar donde empezamos, es difícil resistir la impresión de que la asociación mental entre Manes y Forster se debe a que existe entre ambos cierto aire de familia. Sin embargo, hay un par de puntos que podríamos mencionar para distinguir entre ambos.
El primero es que mientras que el de Forster era un cargo remunerado, el de Manes es ad-honorem. En segundo lugar, a juzgar por varias de sus expresiones, el de Forster parece ser un caso típico de manual de “bullshit” tal como lo entiende Harry Frankfurt, i.e. como “la falta de conexión con la verdad—esta indiferencia frente a cómo son las cosas en realidad”.
En efecto, el que “bullshitea”, por así decir, “no está preocupado por el valor de verdad de lo que dice. Es por eso que no puede ser considerado como si estuviera mintiendo; ya que no presume que sabe la verdad, y por lo tanto no puede deliberadamente promulgar una proposición que presume que es falsa. Su oración no está basada en una creencia en que es verdadera ni, como debe ser una mentira, en una creencia en que no es verdadera” (H. Frankfurt, On Bullshit, pp. 33-34). En cuanto a Manes, Steven Pinker advirtió no hace mucho acerca de cómo una banalidad puede disfrazarse “de neurohabla y ser tratada como una gran revelación de la ciencia” (The Blank Slate, p. 86). Manes, para ser optimistas, sabe cuál es la verdad y tal vez solamente quiere darse a conocer para favorecer su carrera política. Tal como (dicen) Zhou Enlai dijera acerca del futuro de la Revolución (¿Francesa?), todavía es muy temprano para saber si se trata de buenas o malas noticias.
sábado, 31 de enero de 2015
Servicio Internacional: 2da. Entrega. La Secretaría del Pensamiento
Envalentonados por la repercusión que tuvo la nueva sección La Causa de Catón Internacional (Servicio Internacional), vamos a sucumbir a la hubris de continuarla, como no podía ser de otra manera. Claro que al lado de la explicación de la muerte del fiscal Nisman, la tarea de comprender el fenómeno que hemos elegido para hoy es a todas luces quijotesca. Ciertamente, mientras que la inmoralidad es siempre comprensible, a veces demasiado, la irracionalidad tiende a ser ininteligible.
En efecto, si la muerte de Nisman parece corresponderse, habíamos dicho, con la trama de una película clase B surrealista, nuestro tema de hoy es indudablemente pythonesco. A esta altura, por supuesto, nuestros lectores regulares (a quienes le rogamos sepan ser benevolentes si o cuando nos repetimos, ya que tratamos de cumplir con la misión cosmopolita de hacer inteligible a nuestro país para el mundo), sabrán que se trata de ese invento muchísimo más argentino que el dulce de leche y Nicola Paone, i.e., la denominada Secretaría de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional (SECOESPENAC a continuación y para abreviar).
Como a esta altura muchos, si no todos, los lectores internacionales habrán dejado de leer esta entrada porque no están interesados en la literatura de ficción, nos vemos obligados a subir un video (gentilmente editado por @mis2centavos) de la televisión estatal para demostrar que la creación de la SECOESPENAC no es en absoluto una ironía de este blog:
No pocos críticos del Gobierno, guiados suponemos por las mejores intenciones, creyeron ver en esta institución, cuya reminiscencia orwelliana es indudable, un resabio o atavismo nazi o fascista. Sin embargo, aunque tuvieron indudablemente ministerios y secretarías consagrados a la propaganda, a la censura, al cine, etc., ni el nazismo ni el fascismo contaron con una Secretaría dedicada al Pensamiento. La razón es muy sencilla, al menos en Alemania. Martin Heidegger habría acogotado a Hitler con sus propias manos si éste se hubiese animado a crear una Sekretariat des Denkens, o algo parecido. Hay cosas que ni siquiera un nazi se atrevería a hacer, y menos en vida de Heidegger, quien no era precisamente un enemigo del régimen.
A los efectos de esta edición internacional puede ser muy ilustrativo comparar la designación de Ricardo Forster al frente de la SECOESPENAC con la de Roberto Mangabeira Unger en Brasil hace unos años como
Secretario de Planificación de Largo Plazo, si es que Mangabeira Unger
nos perdona por haberlo comparado con Forster. Mientras que Lula había designado a
Mangabeira no sólo porque era un intelectual destacadísimo sino además y
fundamentalmente porque Mangabeira había denunciado a su gobierno como el más
corrupto de la historia (a pesar de que Mangabeira de todos modos terminó yéndose del
gobierno de Lula acusado de haber sido cooptado), el Gobierno argentino, quizás
para ganar tiempo, designó directamente a un militante feroz como Forster
a quien la corrupción no le preocupa demasiado. Por ejemplo, Forster ha
manifestado pública y gráficamente que, y aquí citamos de memoria, el patrimonio de Lázaro Báez “no me
importa un carajo”.
Quizás nuestros lectores foráneos supongan que la creación
de la SECOESPENAC fue literalmente ad
hominem, aunque en el buen sentido de la expresión ciertamente, tal como
sucede cuando se crea una cátedra en una universidad debido al irresistible
atractivo que emana de una mente brillante. Por ejemplo, a los filósofos del derecho les vendrá a la mente de modo inmediato el caso de Joseph Raz y de John Finnis, para quienes la Universidad de Oxford
creara otras tantas cátedras paralelas a la hasta entonces única y muy prestigiosa cátedra de jurisprudencia ocupada por
Ronald Dworkin, sucesor entonces de H. L. A. Hart.
Si bien no se trata necesariamente de un mal argumento, tiene al menos dos grandes dificultades. En primer lugar, Ricardo Forster confesó públicamente que no tenía idea de que el Gobierno pensaba crear una institución semejante y mucho menos designarlo a él como titular de la misma. Ciertamente, alguien podría sostener que precisamente se trataba de una sorpresa, quizás con el comprensible propósito de conmemorar su propio natalicio.
La segunda dificultad es mucho más difícil de sortear, ya que atañe al pensamiento de Forster y a la opinión que Forster tiene de sí mismo. Efectivamente, preguntado una vez sobre la existencia de un imitador en twitter tan fidedigno que la gente era—y sigue siendo—incapaz de distinguir entre el imitador y el original, Forster sostuvo que “quien lo hace... es un poco tonto” y que se trata de un pensamiento “mezquino, pequeño, ... pigmeo”. Sin embargo, es muy extraño que el Secretario para el Pensamiento no se dé cuenta de que si el contenido proposicional de la imitación es tan parecido que a veces es imposible distinguir quién lo dice, entonces, merced al principio de identidad, su propio pensamiento tiene que ser tan tonto, mezquino, pequeño o pigmeo como el de su imitador. Si Forster, por el contrario, con estas declaraciones quiso hacer gala de una ironía voltaireana, entonces reconocemos que hemos sido batidos en nuestro propio juego y concedemos muy gustosos la derrota.
Otra muestra acabada del pensamiento de Forster emergió al declarar que “Si Pagni y La Nación
dicen lo que dicen, es porque no debemos estar equivocándonos demasiado”, lo
cual supone irónicamente que sus adversarios son, a su modo, infalibles en sus
errores: siempre que critican al kirchnerismo lo hacen porque el kirchnerismo
tiene razón. En este punto, Forster parece estar invocando la
figura de aquel egregio militante, San Ignacio de Loyola, quien agregara a sus
Ejercicios Espirituales ciertas “reglas para pensar como un militante”. En
efecto, según la quinta regla un militante “siempre debe proceder de modo
contrario al cual procede el enemigo”.
En otras palabras, un buen militante debe criticar todo lo que dice el
enemigo, sólo porque lo dice el enemigo.
Nobleza obliga, sería injusto no destacar dos campos en los
cuales la excelencia de Forster es incontrastable. Por un lado, la adjetivación maníaco-compulsiva, que arranca con no menos de tres y que puede llegar hasta seis, siete u ocho adjetivos por sustantivo. Claro que, como sucede con todo talento desmedido, bien puede tratarse de una "bendición mixta", una virtud que puede convertirse en una adicción y requerir tratamiento médico.
Otro tanto se aplica a su talento para la tautología. Como muestra, basta el botón de su profunda indicación según la cual Daniel Scioli tiene derecho a participar de las PASO en la interna kirchnerista. Parafraseando al personaje de Sir John Gielgud en "Arturo el Millonario", si estas capacidades pudieran mostrarse en una competencia olímpica, Forster nos enorgullecería en cuanta lid se presentara, convirtiéndose de este modo en el Sergei Bubka de la adjetivación y de la redundancia. Es más, no nos extrañaría que no le permitieran participar en tales competencias, tal es su superioridad. Quizás algunos lectores recuerden el caso de los Globetrotters, de quienes se decía que no podían participar en competencias oficiales por la diferencia de su juego con la de los demás equipos de la liga.
Otro tanto se aplica a su talento para la tautología. Como muestra, basta el botón de su profunda indicación según la cual Daniel Scioli tiene derecho a participar de las PASO en la interna kirchnerista. Parafraseando al personaje de Sir John Gielgud en "Arturo el Millonario", si estas capacidades pudieran mostrarse en una competencia olímpica, Forster nos enorgullecería en cuanta lid se presentara, convirtiéndose de este modo en el Sergei Bubka de la adjetivación y de la redundancia. Es más, no nos extrañaría que no le permitieran participar en tales competencias, tal es su superioridad. Quizás algunos lectores recuerden el caso de los Globetrotters, de quienes se decía que no podían participar en competencias oficiales por la diferencia de su juego con la de los demás equipos de la liga.
Para finalizar, un homenaje a la SECOESPENAC por Monty Python, un grupo al cual, insistimos, en Argentina no le habría sido nada fácil ganarse el sustento.
domingo, 4 de enero de 2015
Pureza forsteriana
Los aportes que
regularmente hace el Secretario para el Pensamiento Nacional a la comprensión
del núcleo duro del kirchnerismo son insustituibles. Basta recordar al respecto que nadie es más kirchnerista que
Forster y nada es más nacional que el kirchnerismo. Semejante consideración
debería por sí misma poner coto a quienes se la pasan expresando diatribas
contra la necesidad de la creación de la Secretaría en general y la designación de este Secretario en particular. Decimos esto a modo de explicación, innecesaria por lo demás, de por qué caemos nuevamente en la tentación de comentar la nota con la cual despidió el año el
Secretario para el Pensamiento (Kirchnerismo: un nombre para cambiar la historia).
Todo aquel que lee al Secretario para el Pensamiento queda embelesado por lo que podríamos denominar su notoria preocupación por el lenguaje, la cual nos compele a hablar
de cierta “pureza forsteriana”, quizás inspirados por aquella famosa escena de
“Tienes un email” entre Frank (Greg Kinnear), el intelectual pareja de Kathleen (Meg Ryan), y su entrevistadora (Jane Adams) (por favor, oprima "play", abajo a la izquierda de la pantalla, como solía decír Emilio Ariño):
- [Entrevistadora] La librería, háblenos de ella.
- [Frank] La Tienda a la Vuelta de la Esquina tiene una especie de pureza jeffersoniana... que la ciudad necesita en aras de mantener su integridad histórica.
- [Kathleen] Eso estuvo bien. Gracias.
- [Frank] ¿Estás grabando esto?
- [Kathleen] Lo estoy grabando.
- [Frank] Tecnológicamente hablando, el mundo se nos fue de las manos. Tomemos la videograbadora. La idea detrás de la videograbadora es que hace posible... que Ud. grabe lo que está en la TV cuando Ud. deja su casa. La idea de dejar la casa... es que Ud. pueda perderse lo que está en TV.
- [Kathleen] Yo te he escuchado decir eso antes.
- [Frank] Ella no.
Esta pureza del lenguaje forsteriano, qué decir de la profundidad filosófica, es acompañada por cierta debilidad por la inquisición. En efecto, en su última nota, (Kirchnerismo: un nombre para cambiar la historia), de 1919 palabras, Forster formula 22 preguntas (un promedio de 1 pregunta cada 87 palabras y fracción), las cuales de una u otra manera compendian su infatigable interés por la novedad. Por ejemplo: “¿Qué de nuevo se guarda en el lenguaje político…?”, “¿Es acaso el advenimiento de una nominación la evidencia de una novedad?”, “tiempo crepuscular en el que ya no esperábamos novedades refulgentes”, “las cosas dejan de ser lo que eran sin acabar de asumir los rasgos de la novedad que portan”, “¿Imaginaba esa dialéctica de novedad y de retorno que provocaría su lanzarse al ruedo de la intervención pública?”, “los habitantes del nuevo tiempo”, “no hay novedad ni ruptura sin la aparición de algunas palabras y de ciertos nombres”, “¿Es acaso esa ‘novedad’ la que irradia el nombre del kirchnerismo?”. En otras palabras, una de las preocupaciones centrales del pensamiento de Forster es esa permanencia “entre lo antiguo … y lo nuevo”, quizás un no tan oblicuo homenaje al sempiterno cuestionamiento de Bugs Bunny: “¿Qué hay de nuevo, viejo?”.
Como no hay nada que les venga bien, algunos objetan esta pureza forsteriana, aunque lo hacen fundamentalmente por razones políticas. En efecto, saben que Forster escribe muy bien y por eso quieren desacreditarlo. Ahora bien, si hay algo en lo que hasta los más furiosos
antikirchneristas podrían estar de acuerdo con Forster es que el kirchnerismo
es un nombre que, en las palabras del propio Forster en la nota que nos ocupa, “Nos asaltó”. En este sentido, como diría el General, somos
todos peronistas.
Hablando del General, mientras que todavía hay gente que se
resiste a la tan argentina personalización del discurso político según la cual convertimos
en doctrina el nombre de un presidente merced al agregado del sufijo “-ismo”,
Forster parece celebrar que “el patronímico de una persona se convierta en
santo y seña de un giro fundamental en la historia de un país”.
¿Y por qué no? Después de todo, pocos objetan nombres tales como tomismo o marxismo. De hecho, lo único que le falta al kirchnerismo es contar con su propia Suma Teológica o El Capital, y quién sabe, Forster bien puede estar trabajando precisamente en eso, quizás una lectura frankfurtiana del kirchnerismo, por no decir de Adorno.
Por lo demás, si el sentido último de un discurso político tiene como objetivo precisamente el ejercicio del poder, ¿para qué apelar a intermediarios como ideas o valores si uno puede directamente apelar a quienes han ejercido el poder durante varios períodos? Quienes objetaran que otro tanto se aplica al menemismo (en nuestro país) y el estalinismo (por supuesto que fuera de nuestro país), estarían abusando de la lógica con fines políticos. No sería la primera vez.
¿Y por qué no? Después de todo, pocos objetan nombres tales como tomismo o marxismo. De hecho, lo único que le falta al kirchnerismo es contar con su propia Suma Teológica o El Capital, y quién sabe, Forster bien puede estar trabajando precisamente en eso, quizás una lectura frankfurtiana del kirchnerismo, por no decir de Adorno.
Por lo demás, si el sentido último de un discurso político tiene como objetivo precisamente el ejercicio del poder, ¿para qué apelar a intermediarios como ideas o valores si uno puede directamente apelar a quienes han ejercido el poder durante varios períodos? Quienes objetaran que otro tanto se aplica al menemismo (en nuestro país) y el estalinismo (por supuesto que fuera de nuestro país), estarían abusando de la lógica con fines políticos. No sería la primera vez.
Habiendo dicho esto, que quede claro que nuestra admiración por Forster no es obsecuente. Con todo respeto, nos parece que la predisposición analítica reaccionaria de Forster, es decir, la de comprender un discurso básicamente a partir de las reacciones o efectos que produce (“Cuando un nombre, en este caso el del kirchnerismo, provoca estas reacciones es porque algo importante viene a proponerle a la sociedad”), quizás sea el talón de Aquiles de la nota.
En efecto, si lo que caracteriza al kirchnerismo es que, por ejemplo, “devolvió una creencia, un sentido político, un rumor de afectos y fraternidades”, se adelantó “a los deseos de esa sociedad”, hizo que las personas tuvieran que “adaptarse a lo que no soñaron que les iba a ocurrir”, fue capaz como pocos de “impregnar tan densamente el escenario de un país volviendo imposible la neutralidad valorativa y la huida hacia refugios impermeables a la demanda de una realidad relampagueante y tormentosa”, etc., es indudable que otro tanto se aplica, por ejemplo, al nazismo, y no por eso éste podría volverse atractivo en absoluto. Al fin y al cabo, suponemos que lo que Forster ensaya no es solamente el concepto del kirchnerismo sino a la vez una recomendación.
En efecto, si lo que caracteriza al kirchnerismo es que, por ejemplo, “devolvió una creencia, un sentido político, un rumor de afectos y fraternidades”, se adelantó “a los deseos de esa sociedad”, hizo que las personas tuvieran que “adaptarse a lo que no soñaron que les iba a ocurrir”, fue capaz como pocos de “impregnar tan densamente el escenario de un país volviendo imposible la neutralidad valorativa y la huida hacia refugios impermeables a la demanda de una realidad relampagueante y tormentosa”, etc., es indudable que otro tanto se aplica, por ejemplo, al nazismo, y no por eso éste podría volverse atractivo en absoluto. Al fin y al cabo, suponemos que lo que Forster ensaya no es solamente el concepto del kirchnerismo sino a la vez una recomendación.
La metodología reactiva del análisis de Forster se debilita
todavía más cuando la reacción en cuestión es la de quienes, por alguna razón,
todavía se oponen al kirchnerismo. Ya habíamos comprobado este aspecto del
pensamiento de Forster en ocasión de su muy curiosa afirmación: “Si Pagni y La Nación
dicen lo que dicen, es porque no debemos estar equivocándonos demasiado” (que el árbol no tape el Forster). Semejante argumento supone irónicamente que sus adversarios son, a su modo, infalibles en sus errores, no se "equivocan" nunca (o muy pocas veces, o muy poco): siempre que critican al kirchnerismo lo hacen porque el kirchnerismo tiene razón.
Es muy extraño que un filósofo cometa una falacia semejante, y sobre todo en público. En realidad, Forster en este punto parece seguir a pies juntillas la quinta de las “reglas para pensar como un militante” de Ignacio de Loyola (con todo el respeto que nos merece), la cual indica que un militante “siempre debe proceder de modo contrario al cual procede el enemigo”. En otras palabras, un buen militante como Forster debe criticar todo lo que dice el enemigo, sólo porque lo dice el enemigo.
Y no faltará el que sostenga que tratar de entender al kirchnerismo por la reacción que provoca en quienes se le oponen no sería muy distinto de querer entender, por ejemplo, al judaísmo desde el punto de vista del nazismo.
Es muy extraño que un filósofo cometa una falacia semejante, y sobre todo en público. En realidad, Forster en este punto parece seguir a pies juntillas la quinta de las “reglas para pensar como un militante” de Ignacio de Loyola (con todo el respeto que nos merece), la cual indica que un militante “siempre debe proceder de modo contrario al cual procede el enemigo”. En otras palabras, un buen militante como Forster debe criticar todo lo que dice el enemigo, sólo porque lo dice el enemigo.
Y no faltará el que sostenga que tratar de entender al kirchnerismo por la reacción que provoca en quienes se le oponen no sería muy distinto de querer entender, por ejemplo, al judaísmo desde el punto de vista del nazismo.
C. S. Lewis alguna vez escribió que un libro es bueno cuando provoca cierta reacción en sus lectores. Comprender
y defender, sin embargo, un discurso político por las reacciones que provoca, no parece
ser el camino apropiado, y mucho menos para un filósofo.
miércoles, 31 de diciembre de 2014
Les deseamos una Secretaría Pythonesca y un muy Feliz 2015!
Un blog tan popular como La Causa no podía terminar este 2014 sin repetir la entrada más popular del año: Secretaría Pythonesca. Muy Feliz 2015!
No se puede describir con una sola palabra el nombramiento de Ricardo Forster como Secretario de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional. Se trata de una decisión polémica, controversial, incisiva, desafiante, a contrapelo, audaz, agónica y agonista. Parafraseando al nuevo Secretario, es un viento refrescante que airea lo que de otro modo sería una asfixiante realidad miasmática, y seguramente contribuirá a que la flecha de la historia continúe su marcha.
Sin duda, una Secretaría del Pensamiento es el lugar ideal para alguien como Forster. Si hay alguien que cree en el valor intrínseco del pensamiento, por no decir de los intelectuales, es él. Muy recientemente nos ha hecho saber que hoy en día estamos mejor que en los noventa debido a que, entre otras cosas, ahora los intelectuales participan masivamente en política, a diferencia de lo que sucedía antes. Claro que semejante actitud reivindicatoria de los intelectuales es esencialmente un prejuicio bastante extraño. Hubo intelectuales que apoyaron incondicionalmente al estalinismo y al nazismo. En realidad, el valor de la actividad intelectual depende de cómo es realizada y qué fines persigue. Se supone que un intelectual, sobre todo, debería ser consciente de eso.
Para algunos el cargo mismo es contradictorio, o tiene reminiscencias del Ministerio de Andares Tontos (“The Ministry of Silly Walks”) de Monty Python. En efecto, ¿tiene sentido acaso hablar de pensamiento nacional? ¿El pensamiento tiene fronteras? Y aunque las tuviera, otros recordarán que la especialidad de Forster no es exactamente el pensamiento nacional, sino la obra de Theodor Adorno, Walter Benjamin, Gershom Scholem y la cábala, lo cual provocará cierta perplejidad en quienes se dedican a la historia de las ideas nacionales, y sobre todo entre quienes esperaban que alguien más cercano al pensamiento nacional, como Norberto Galasso, accediera a dicho cargo.
Además, dado que la tarea principal de la nueva secretaría es la de “diseñar, coordinar e instrumentar una usina de pensamiento nacional”, muchos se preguntarán cómo se pone en marcha una usina de pensamiento. ¿Se emprenderán acaso proyectos multilaterales con los países vecinos como Yaciretá o Itaipú? ¿Se verá esta usina afectada por los cortes de electricidad en casos de picos de alto consumo? En realidad, quizás sea una muy buena señal que un gobierno nacional y popular designe a un especialista en la cábala al frente de una Secretaría del Pensamiento; semejante decisión quizás ayude a que a la Selección le vaya bien durante el inminente Mundial. La presencia de Benjamin y Scholem en el Gobierno asegura, por lo demás, que el viejo chauvinismo vernáculo quedará reducido al mínimo.
Para quienes crean que el cargo no es contradictorio sino antes bien redundante por no decir peligroso u orwelliano debido a que ya existen varias instituciones dedicadas al pensamiento (por ejemplo, las universidades nacionales), valga otra paráfrasis de las palabras de Forster (que él mismo empleó para referirse al legado de Néstor Kirchner): a veces hace falta subvertir las “formas” institucionales para devolverles una legitimidad perdida.
Otros se concentrarán en el hombre antes que en el cargo. En efecto, alguien podría objetar la designación de Forster debido a su militancia, en particular porque Forster cree, a la usanza de los antiguos jesuitas, que todo buen militante debe criticar lo que dice un enemigo, sólo porque lo dice el enemigo. De hecho, no faltarán los que comparen desfavorablemente la designación de Forster con la de Roberto Mangabeira Unger en Brasil hace unos años como Secretario de Planificación de Largo Plazo por Lula. En efecto, Lula designó a Mangabeira no sólo porque era un intelectual destacadísimo sino además y fundamentalmente porque Mangabeira había denunciado a su gobierno como el más corrupto de la historia, y sin embargo Mangabeira se fue del gobierno de Lula acusado de haber sido cooptado.
En este punto, sin embargo, el Gobierno lleva las de ganar. En este país no nos interesa el largo plazo. Además, para no perder tiempo y evitar la acusación la cooptación de un crítico acérrimo, designó directamente a un fiel militante como Forster a quien la corrupción no le preocupa demasiado. En efecto, Forster ha manifestado que, y aquí citamos de memoria, el patrimonio de Lázaro Báez “no me importa un carajo”. En todo caso, Forster cree que la corrupción, en lugar de ser una grave preocupación, corresponde a “las opacidades de la política y de la gestión estatal”.
Por lo demás, algunos de sus detractores se quejan de que Forster confunde el pensamiento profundo con la adjetivación copiosa o de que su obra, particularmente sus participaciones en la esfera pública, individualmente o como miembro de Carta Abierta, es incomprensible. Forster ha atribuido esta crítica al anti-intelectualismo de quienes no le perdonan leer a autores “que escriben demasiado difícil y oscuro y se niegan a dejarse engullir como una papilla de fácil digestión”. De ahí que su designación indica que el Gobierno podrá ser nacional y popular pero se muestra reacio a tomar el camino facilista de designar un funcionario que pueda ser comprendido sin mayores dificultades por sus conciudadanos. Antes bien, para guiarnos en el pensamiento convoca a un intelectual cuya obra a muchos les cae como un mondongo un mediodía de verano, para seguir con la metáfora introducida por Forster.
Quién sabe, por otro lado, quizás esta Secretaría para el Pensamiento Nacional nos ayude a pensar definitivamente mejor a la hora de votar.
Fuente: http://bastiondigital.com/notas/el-ministerio-de-los-andares-tontos
domingo, 8 de junio de 2014
¿Un Secretario borgeano?
Modestamente, nos atribuimos al menos una pequeña parte del mérito por la
designación de Forster como Secretario de Coordinación Estratégica para el
Pensamiento Nacional. Después de todo, muy pocos blogs se habían tomado tan en
serio sus apreciaciones sobre la política nacional, quizás abusando de la paciencia de nuestros lectores pero revelando a la vez un "alma profética", como dice Hamlet. Y a tono con la buena nueva, hemos engrosado nuestra
lista de etiquetas con una nueva cuyo nombre es, reveladoramente, “Forsteriana”. Por otro lado, nos invade un sentimiento de culpa ya que quizás seamos asimismo moral y jurídicamente responsables por la designación de Forster.
En esta ocasión quisiéramos destacar ciertos aspectos borgeanos de Forster. En primer lugar, algunos como Horacio González, han ensayado una defensa de la nueva Secretaría, y de ese modo del nombramiento de Forster, concediendo que el nombre de la misma es inapropiado, como si el nombre fuera arquetipo de la cosa, tal como reza “El Golem”. Es más, Forster mismo aseguró que habría preferido que la especificación del pensamiento a su cargo fuera “latinoamericana” antes que “nacional”, lo cual sugiere que no se trató de un cargo hecho a medida. Hernán Brienza cree que "argentino" sería más apropiado que "nacional".
Sin embargo, aunque el adjetivo que acompañara al
pensamiento fuera “internacional”, los problemas serían exactamente los mismos.
Imaginemos, si no, el rótulo de “Secretaría del Pensamiento” simpliciter, por excelencia. Sonaría aún
más ridículo, contraproducente o redundante que “Secretaría del Pensamiento
Nacional”, tal como ya lo hemos discutido (Secretaría pythonesca).
Dicho sea de paso, quienes creen que la nueva Secretaría a cargo de Forster es nazi se equivocan totalmente por una muy sencilla razón: ni los nazis tenían una Secretaría del Pensamiento, nacional o de cualquier otra índole.
Dicho sea de paso, quienes creen que la nueva Secretaría a cargo de Forster es nazi se equivocan totalmente por una muy sencilla razón: ni los nazis tenían una Secretaría del Pensamiento, nacional o de cualquier otra índole.
En segundo lugar, es muy difícil no asociar la existencia del imitador de Forster en twitter (@RicarForster) con “El Otro”:
Forster tiene un encuentro con otro Forster. Es más, la imitación es tan buena
que por momentos es imposible distinguir la copia del original, lo cual por supuesto nos remite a su vez inevitablemente a “Pierre
Menard, Autor del Quijote”.
Ahora bien, la reacción de Forster ante tal
imitación es reveladora de su intelecto. En efecto, para Forster “quien lo hace... es un poco tonto”, se trata de un pensamiento “mezquino, pequeño, ... pigmeo”. Sin
embargo, es muy extraño que el Secretario para el Pensamiento no se dé cuenta
de que si el contenido proposicional de la imitación es tan parecido que a veces es imposible
distinguir quién dice qué, entonces, merced al principio de identidad, su
propio pensamiento tiene que ser tan tonto, mezquino, pequeño o pigmeo como el
de su imitador. Después de todo, Forster no puede alegar diferencia alguna en
el tiempo y/o en el espacio, como la que sí existe en “El Otro” y en “Pierre
Menard”, que le impida caer en semejante absurdo.
Forster podría responder que no se refería al contenido de
la imitación—el cual reconoce que es muy fidedigno—sino a la intención, ya que
trata de ponerlo en ridículo. Sin embargo, semejante pensamiento sería aún más
extraordinario que el anterior. ¿Por qué la repetición de lo que dice lo
pondría en ridículo? Si Forster fuera coherente, debería sostener que quienes lo citan, las grabaciones de su voz, y los videos de sus apariciones en TV lo ridiculizan.
Quizás, finalmente, Forster cree que la verdad o falsedad de una proposición no depende de su contenido sino de su fuente, como sugiere el propio Borges en "Los Teólogos".
Un Secretario del Pensamiento, para pensar.
jueves, 5 de junio de 2014
Secretaría pythonesca
No se puede describir con una sola palabra el nombramiento de Ricardo Forster como Secretario de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional. Se trata de una decisión polémica, controversial, incisiva, desafiante, a contrapelo, audaz, agónica y agonista. Parafraseando al nuevo Secretario, es un viento refrescante que airea lo que de otro modo sería una asfixiante realidad miasmática, y seguramente contribuirá a que la flecha de la historia continúe su marcha.
Sin duda, una Secretaría del Pensamiento es el lugar ideal para alguien como Forster. Si hay alguien que cree en el valor intrínseco del pensamiento, por no decir de los intelectuales, es él. Muy recientemente nos ha hecho saber que hoy en día estamos mejor que en los noventa debido a que, entre otras cosas, ahora los intelectuales participan masivamente en política, a diferencia de lo que sucedía antes. Claro que semejante actitud reivindicatoria de los intelectuales es esencialmente un prejuicio bastante extraño. Hubo intelectuales que apoyaron incondicionalmente al estalinismo y al nazismo. En realidad, el valor de la actividad intelectual depende de cómo es realizada y qué fines persigue. Se supone que un intelectual, sobre todo, debería ser consciente de eso.
Para algunos el cargo mismo es contradictorio, o tiene reminiscencias del Ministerio de Andares Tontos (“The Ministry of Silly Walks”) de Monty Python. En efecto, ¿tiene sentido acaso hablar de pensamiento nacional? ¿El pensamiento tiene fronteras? Y aunque las tuviera, otros recordarán que la especialidad de Forster no es exactamente el pensamiento nacional, sino la obra de Theodor Adorno, Walter Benjamin, Gershom Scholem y la cábala, lo cual provocará cierta perplejidad en quienes se dedican a la historia de las ideas nacionales, y sobre todo entre quienes esperaban que alguien más cercano al pensamiento nacional, como Norberto Galasso, accediera a dicho cargo.
Además, dado que la tarea principal de la nueva secretaría es la de “diseñar, coordinar e instrumentar una usina de pensamiento nacional”, muchos se preguntarán cómo se pone en marcha una usina de pensamiento. ¿Se emprenderán acaso proyectos multilaterales con los países vecinos como Yaciretá o Itaipú? ¿Se verá esta usina afectada por los cortes de electricidad en casos de picos de alto consumo? En realidad, quizás sea una muy buena señal que un gobierno nacional y popular designe a un especialista en la cábala al frente de una Secretaría del Pensamiento; semejante decisión quizás ayude a que a la Selección le vaya bien durante el inminente Mundial. La presencia de Benjamin y Scholem en el Gobierno asegura, por lo demás, que el viejo chauvinismo vernáculo quedará reducido al mínimo.
Para quienes crean que el cargo no es contradictorio sino antes bien redundante por no decir peligroso u orwelliano debido a que ya existen varias instituciones dedicadas al pensamiento (por ejemplo, las universidades nacionales), valga otra paráfrasis de las palabras de Forster (que él mismo empleó para referirse al legado de Néstor Kirchner): a veces hace falta subvertir las “formas” institucionales para devolverles una legitimidad perdida.
Otros se concentrarán en el hombre antes que en el cargo. En efecto, alguien podría objetar la designación de Forster debido a su militancia, en particular porque Forster cree, a la usanza de los antiguos jesuitas, que todo buen militante debe criticar lo que dice un enemigo, sólo porque lo dice el enemigo. De hecho, no faltarán los que comparen desfavorablemente la designación de Forster con la de Roberto Mangabeira Unger en Brasil hace unos años como Secretario de Planificación de Largo Plazo por Lula. En efecto, Lula designó a Mangabeira no sólo porque era un intelectual destacadísimo sino además y fundamentalmente porque Mangabeira había denunciado a su gobierno como el más corrupto de la historia, y sin embargo Mangabeira se fue del gobierno de Lula acusado de haber sido cooptado.
En este punto, sin embargo, el Gobierno lleva las de ganar. En este país no nos interesa el largo plazo. Además, para no perder tiempo y evitar la acusación la cooptación de un crítico acérrimo, designó directamente a un fiel militante como Forster a quien la corrupción no le preocupa demasiado. En efecto, Forster ha manifestado que, y aquí citamos de memoria, el patrimonio de Lázaro Báez “no me importa un carajo”. En todo caso, Forster cree que la corrupción, en lugar de ser una grave preocupación, corresponde a “las opacidades de la política y de la gestión estatal”.
Por lo demás, algunos de sus detractores se quejan de que Forster confunde el pensamiento profundo con la adjetivación copiosa o de que su obra, particularmente sus participaciones en la esfera pública, individualmente o como miembro de Carta Abierta, es incomprensible. Forster ha atribuido esta crítica al anti-intelectualismo de quienes no le perdonan leer a autores “que escriben demasiado difícil y oscuro y se niegan a dejarse engullir como una papilla de fácil digestión”. De ahí que su designación indica que el Gobierno podrá ser nacional y popular pero se muestra reacio a tomar el camino facilista de designar un funcionario que pueda ser comprendido sin mayores dificultades por sus conciudadanos. Antes bien, para guiarnos en el pensamiento convoca a un intelectual cuya obra a muchos les cae como un mondongo un mediodía de verano, para seguir con la metáfora introducida por Forster.
Quién sabe, por otro lado, quizás esta Secretaría para el Pensamiento Nacional nos ayude a pensar definitivamente mejor a la hora de votar.
Fuente: http://bastiondigital.com/notas/el-ministerio-de-los-andares-tontos
domingo, 1 de junio de 2014
Intelectualismo Nac & Pop, by Forster
Preocupado por la reacción mediática ante la Carta Abierta 16, Forster denuncia el “profundo antiintelectualismo” de algunos medios: “¿Intelectuales? En los ’90 ocupaban el borde del borde, eran apenas la expresión de un resto arqueológico que remitía a otra época del mundo. Ahora, cuando por esas locas sorpresas de esa misma historia a la que se había decretado finalizada y decrépita, regresan los intelectuales”. Es por eso que, según Forster, ciertos medios prefieren a los “intelectuales distantes, neutrales ante la lucha política decisiva, cultores de una autonomía encristalada, críticos de todo, virginales, asépticos, almas bellas” (click).
Ahora bien, en la respuesta de Forster sobresalen los siguientes puntos.
(1) ¿Por qué cree Forster que estamos mejor ahora que en los noventa, debido a que ahora los intelectuales participan y antes no? Forster parece suponer que el intelectualismo tiene cierto valor intrínseco. Quizás en sus comienzos la noción de intelectual adquirió cierta connotación positiva, pero fue debido a que los intelectuales se expresaron en defensa de una causa justificada (el caso Dreyfus), y no porque eran intelectuales.
De hecho, teniendo en cuenta las posiciones políticas que adoptaron los intelectuales desde que se acuñó la expresión, semejante actitud reivindicatoria de los intelectuales es esencialmente un prejuicio bastante extraño. Hubo brillantes intelectuales que apoyaron incondicionalmente al estalinismo y al nazismo. En otras palabras, el valor de la actividad intelectual depende de cómo es realizada y qué fines persigue. En todo caso, la actividad intelectual puede tener un alto valor estético e incluso filosófico, pero no por eso merece en sí misma un valor moral o político especial. Un intelectual, sobre todo, debería ser consciente de eso.
(2) Forster habla del anti-intelectualismo de algunos medios, y alega que estos medios no le perdonan a Forster leer a autores “que escriben demasiado difícil y oscuro y se niegan a dejarse engullir como una papilla de fácil digestión”. Sin embargo, según el propio Forster, el problema que tienen los medios con Forster no es que sea un intelectual sino su posición política particular, de ahí que el anti-intelectualismo que invoca Forster es una falacia. Es como si Caruso Lombardi acusara a los medios de estar en contra de los directores técnicos porque critican cómo para sus equipos. Por lo demás, si hay algo de lo que Forster no se puede quejar es de no haber sido difundido por los medios. Si estamos discutiendo a Forster es gracias a ellos.
(3) Que Forster se queje de la falta de “rigurosidad conceptual” de los medios y de su falta de vuelo intelectual (no desean “aleja[rse] del nivel zócalo”) es como si Caruso Lombardi se quejara del juego poco vistoso de los técnicos rivales. En efecto, Forster a menudo confunde la “rigurosidad intelectual” con la adjetivación copiosa. Otra vez, Forster quiere convertir en una cuestión gremial su debilidad argumentativa, todo lo cual se acentúa especialmente en cuestiones de corrupción, las que como dijera en otro lugar, y citamos de memoria, “no le importan un carajo” (gracias a Dios sin mayores adjetivaciones), o las llama significativamente en esta nota “las opacidades de la política y de la gestión estatal” [el subrayado es nuestro].
(4) Forster se enorgullece de que él, a diferencia de los periodistas que lo descalifican, lee “a Kafka o a Borges, a Hegel o a Mariátegui, a Thomas Mann o a Marechal, a Benjamin o a Casullo, a Marx o a León Rozitchner, a Juan José Saer o a Nietzsche que escriben demasiado difícil y oscuro y se niegan a dejarse engullir como una papilla de fácil digestión”. Es extraño que un intelectual nac & pop como Forster se enorgullezca de no “engullir… papilla de fácil digestión”. Y nos mata la curiosidad de saber qué habrían dicho, v.g., Hegel y Nietzsche de su lectura nac & pop by Forster.
miércoles, 28 de mayo de 2014
Que el Árbol no tape el Forster
Detalle de "El Triunfo de la Iglesia" o "Iglesia Militante y Triunfante"
(Andrea da Firenze, 1365, Capilla Española, Santa Maria Novella, Florencia)
El pensamiento político de Ricardo Forster, sin duda, no sólo es complejo, profundo, controversial, polémico, desafiante, provocador, sino además polifacético. En efecto, y en primer lugar, hemos visto recientemente que se trata de un pensamiento dispuesto a convertir a Néstor Kirchner en una trama de un musical (Néstor, el musical).
En segundo lugar, preguntado hace un tiempo acerca de su impostor en twitter (click), sostuvo que “quien lo hace... es un poco tonto, ¿no? (…) Mezquino, pequeño, pensamiento pigmeo”, a pesar de que es consciente de que hay gente que no puede advertir la diferencia entre el verdadero y el impostor (“hay gente que me escribe a mi Twitter real y dice ‘prefiero al otro Forster que a vos’”). Con lo cual, Forster no advierte que dado que el contenido proposicional de la imitación es muy fidedigno (la gente a veces no sabe quién es quién), el pensamiento pigmeo, la tontería, etc., refleja tanto al imitador como al imitado. Claro que Forster podría replicar que el principio de identidad jamás distinguió a los grandes pensadores.
En tercer lugar, habiendo dicho que Scioli tenía todo el derecho del mundo a ser candidato por el kirchnerismo debido a su lealtad para con el movimiento (click), ahora proclama a los cuatro vientos que Scioli no lo representa para nada (click). Mal podría Forster alegar que antes se limitó a reconocer el derecho legal que le asiste a Scioli a presentarse como candidato, ya que semejante explicación sería redundante: tal derecho legal le corresponde a cualquier otra persona que satisfaga los requisitos del caso. Forster podría, sin embargo, alegar en su defensa que la coherencia jamás ha distinguido a los grandes pensadores.
Por lo demás, Forster nos sigue sorprendiendo al alegar que “Si Pagni y La Nación dicen lo que dicen, es porque no debemos estar equivocándonos demasiado” (click). Semejante argumento no sólo podría sugerir la debilidad argumentativa de su posición, sino que además supone irónicamente que sus adversarios son, a su modo, infalibles en sus errores: siempre que critican al kirchnerismo lo hacen porque el kirchnerismo tiene razón.
En este punto, Forster podría fortalecer su posición evocando la figura de otro gran militante, San Ignacio de Loyola, quien agregó a sus Ejercicios Espirituales ciertas “reglas para pensar como un militante”. En efecto, según la quinta regla un militante “siempre debe proceder de modo contrario al cual procede el enemigo”. En otras palabras, un buen militante debe criticar todo lo que dice el enemigo, sólo porque lo dice el enemigo.
Que el árbol lógico nunca lo tape a Forster.
domingo, 25 de mayo de 2014
Quemá esas Cartas
El sol del veinticinco viene asomando y Carta Abierta ha engrosado una vez más su correspondencia con una epístola cuyo título es: "Encrucijadas del Futuro" (click). Se nos ocurrió que podría ser útil ensayar una traducción de algunos de sus pasajes más notorios, al menos desde el punto de vista político.
1. "El debate político [actual] no es... análisis racional de los cambios que la acción de gobierno produce en la sociedad. Si así fuera, no resultaría difícil coincidir en la significación positiva de la transformación producida por las gestiones de Néstor y Cristina Kirchner, enfrentadas por una oposición ligera de aportes y proyectos. Sin embargo, inciden también en la vida política pasiones y entusiasmos menos fundamentados, problemas que los medios de comunicación multiplican, exagerando dificultades y agigantando temores".
TRADUCCIÓN [o TRADUCCIONES, ya que hay dos alternativas]:
a) antes, cuando ganábamos, la gente era racional, y a pesar del bombardeo de Clarín llegamos a sacar el 54 %. Pero justo ahora que perdemos, la gente es mala y murmura, las pasiones amedrentan a la razón, los medios engañan a las mayorías, etc.
b) antes, cuando ganábamos, éramos nietzscheanos y nos cansábamos de repetir que la política era conflicto, combate entre dos partes en igualdad de condiciones morales, y el triunfo era el que daba la razón. Ahora, que ya no ganamos más, nos dimos cuenta de que los liberales tienen razón, la política no es lucha sino "análisis racional": sólo los irracionales están en desacuerdo con el Gobierno. Ganar o perder no tiene nada que ver con tener razón.
2. "Los problemas para definir un candidato identificado con lo realizado en esta década revelan que el kirchnerismo –sin duda la principal fuerza política en términos de militancia y movilización– no ha completado aún el proceso de su constitución como movimiento orgánico".
TRADUCCIÓN: los Kirchner, en particular Cristina, irónicamente le han hecho un daño inmenso al kirchnerismo. En efecto, se trata de un movimiento cuyos padres fundadores se aseguraron de que se autodestruyera en caso de que su líder no pudiera continuar gobernando (y quizás si continuara también).
3. "cierto es el innecesario arbitrio al que se recurrió con las cifras del Indec".
TRADUCCIÓN: hasta Clarín dijo la verdad al menos respecto a esto: estuvimos mintiendo descaradamente sobre la inflación, pobreza, educación, etc., durante siete años.
4. "El kirchnerismo toma decisiones constantemente acosado, responde con medidas avanzadas y muchas otras que pertenecen a un realismo imbuido de razones que provienen de los condicionamientos internacionales".
TRADUCCIÓN (permítasenos citar parte de una entrada de este blog de hace un año como profética traducción de este pasaje): "cuando el kirchnerismo se encuentra en inferioridad de condiciones morales o legales (v.g. en relación al patrimonio de Lázaro Báez), o debe explicar sus alianzas con gobernadores cuasi-feudales (v.g. Insfrán o Alperovich), o experimenta más o menos rápidos cambios de humor político (sobre Clarín, YPF, Irán, el Papa, el dólar, etc.), no tiene empacho en abandonar su superioridad moral para ensuciarse en el lodo cotidiano de la política, justificando su acción en términos instrumentales debido a la infalibilidad de su liderazgo. El problema aquí no es sólo su oscilación entre los derechos humanos y la Realpolitik según mejor le convenga, sino que además no admite que sus adversarios políticos puedan hacer lo mismo" (kirchnerismo y filosofia-politica).
[N. de la R.: como nuestros lectores habrán apreciado, a la sazón todavía no había emergido la discusión sobre Milani].
5. ¿Corrupción? ¿Qué corrupción?
Finalmente, vaya nuestro reconocimiento para los grandes maestros de la traducción:
1. "El debate político [actual] no es... análisis racional de los cambios que la acción de gobierno produce en la sociedad. Si así fuera, no resultaría difícil coincidir en la significación positiva de la transformación producida por las gestiones de Néstor y Cristina Kirchner, enfrentadas por una oposición ligera de aportes y proyectos. Sin embargo, inciden también en la vida política pasiones y entusiasmos menos fundamentados, problemas que los medios de comunicación multiplican, exagerando dificultades y agigantando temores".
TRADUCCIÓN [o TRADUCCIONES, ya que hay dos alternativas]:
a) antes, cuando ganábamos, la gente era racional, y a pesar del bombardeo de Clarín llegamos a sacar el 54 %. Pero justo ahora que perdemos, la gente es mala y murmura, las pasiones amedrentan a la razón, los medios engañan a las mayorías, etc.
b) antes, cuando ganábamos, éramos nietzscheanos y nos cansábamos de repetir que la política era conflicto, combate entre dos partes en igualdad de condiciones morales, y el triunfo era el que daba la razón. Ahora, que ya no ganamos más, nos dimos cuenta de que los liberales tienen razón, la política no es lucha sino "análisis racional": sólo los irracionales están en desacuerdo con el Gobierno. Ganar o perder no tiene nada que ver con tener razón.
2. "Los problemas para definir un candidato identificado con lo realizado en esta década revelan que el kirchnerismo –sin duda la principal fuerza política en términos de militancia y movilización– no ha completado aún el proceso de su constitución como movimiento orgánico".
TRADUCCIÓN: los Kirchner, en particular Cristina, irónicamente le han hecho un daño inmenso al kirchnerismo. En efecto, se trata de un movimiento cuyos padres fundadores se aseguraron de que se autodestruyera en caso de que su líder no pudiera continuar gobernando (y quizás si continuara también).
3. "cierto es el innecesario arbitrio al que se recurrió con las cifras del Indec".
TRADUCCIÓN: hasta Clarín dijo la verdad al menos respecto a esto: estuvimos mintiendo descaradamente sobre la inflación, pobreza, educación, etc., durante siete años.
4. "El kirchnerismo toma decisiones constantemente acosado, responde con medidas avanzadas y muchas otras que pertenecen a un realismo imbuido de razones que provienen de los condicionamientos internacionales".
TRADUCCIÓN (permítasenos citar parte de una entrada de este blog de hace un año como profética traducción de este pasaje): "cuando el kirchnerismo se encuentra en inferioridad de condiciones morales o legales (v.g. en relación al patrimonio de Lázaro Báez), o debe explicar sus alianzas con gobernadores cuasi-feudales (v.g. Insfrán o Alperovich), o experimenta más o menos rápidos cambios de humor político (sobre Clarín, YPF, Irán, el Papa, el dólar, etc.), no tiene empacho en abandonar su superioridad moral para ensuciarse en el lodo cotidiano de la política, justificando su acción en términos instrumentales debido a la infalibilidad de su liderazgo. El problema aquí no es sólo su oscilación entre los derechos humanos y la Realpolitik según mejor le convenga, sino que además no admite que sus adversarios políticos puedan hacer lo mismo" (kirchnerismo y filosofia-politica).
[N. de la R.: como nuestros lectores habrán apreciado, a la sazón todavía no había emergido la discusión sobre Milani].
5. ¿Corrupción? ¿Qué corrupción?
Finalmente, vaya nuestro reconocimiento para los grandes maestros de la traducción:
Por las dudas: la referencia a la dirección "46 Horton Terrace" se debe a la existencia de un programa británico de TV llamado "Take your Pick" (algo así quizás como "Haz tu elección", pero con cierto énfasis discrecional) que estuvo en el aire desde fines de los 50 hasta comienzos de los 70. En dicho juego, la primera ronda de preguntas consistía en que durante un minuto un participante era interrogado y si dicho participante contestaba "sí" o "no" a cualquiera de las preguntas era eliminado al sonar de un gong. Lamentamos profundamente si nuestros lectores ya conocían esta información.
domingo, 18 de mayo de 2014
"Néstor Kirchner", el Musical
El kirchnerismo, nobleza obliga, tiene varias cosas en su haber. Pero a veces los kirchneristas como Ricardo Forster empañan sus logros. Miremos si no, por ejemplo, su nota en Página 12 de hoy sobre "El nombre del kirchnerismo" (click).
Para empezar, según Forster Néstor Kirchner "subvirti[ó] las 'formas' institucionales... para devolverles una legitimidad perdida". A todos sus lectores le llamará la atención semejante logro. ¿Cómo subvirtiendo una institución se le puede devolver la legitimidad? ¿Acaso se puede hacer el amor en aras de la virginidad?
Asimismo, Forster denuncia "el reclamo de neutralidad o de distanciada perspectiva académica", "la supuesta objetividad interpretativa o la reclamada independencia periodística". La obvia pregunta que Forster provoca en sus lectores entonces es: si no hay objetividad ni independencia, ¿qué razones tenemos para creerle a Forster? ¿Acaso Forster no cree tener buenas razones por las cuales él mismo es kirchnerista?
Otro de los desafíos que Forster le plantea a sus lectores es su caracterización del kirchnerismo como un discurso que "a contrapelo de los vientos regresivos de la historia, como un giro de los tiempos, como la trama de lo excepcional... vino a romper la lógica de la continuidad". En efecto, si Forster reivindica al kirchnerismo por haber roto con "la lógica de la continuidad", ¿por qué en esta nota se muestra tan preocupado por la ruptura de la continuidad kirchnerista? Antes bien debería celebrar el hecho de que el kirchnerismo no continúe. ¿O acaso "la lógica de la continuidad" es inaceptable sólo si dicha continuidad no es kirchnerista?
Finalmente, según Forster, Néstor Kirchner "aireó lo asfixiante de una realidad miasmática y, por sobre todas las cosas, puso en marcha de nuevo la flecha de la historia". Sin duda, un notable logro, aunque no tan sorprendente si tenemos en cuenta que Kirchner además "desequilibró lo que permanecía equilibrado, removió lo que hacía resistencia, cuestionó lo que permanecía incuestionable".
Para decirlo de otro modo, para Forster, Kirchner pensó lo impensable, dijo lo indecible, movió lo inamovible y, al menos en el caso de Lázaro Báez, tuvo una contabilidad incontable (no es lo que parece). En una sola palabra, Néstor pudo lo imposible. Se trata de una excelente idea para un musical. Aunque, pensándolo bien, a alguien ya se le ocurrió la idea (si no hay tiempo, ver por favor a partir de 2:45):
martes, 11 de febrero de 2014
Toujours la Subtilité
Nos habíamos tomado un descanso por varias razones, pero fundamentalmente porque el Gobierno se repite tanto que hacer comentario alguno al respecto nos habría forzado a repetirnos, y, nos crean o no, odiamos repetirnos (sobre la oposición no hay nada que decir, porque fundamentalmente no existe). Sin embargo, no podemos con nuestro genio, y nos vamos a repetir, esta vez en reconocimiento de la sutileza ajena.
El polifacético filósofo Ricardo Forster, ha incursionado nuevamente en los medios, ese medio precisamente en el que se siente tan cómodo, como sapo en el agua. Esta vez, para denunciar que "Las grandes corporaciones le torcieron el brazo al Gobierno" (click), lo cual explica ciertamente la devaluación llevada a cabo por el Gobierno, a pesar de que el Gobierno se jactaba de que quienes esperaban una devaluación deberían esperar otro Gobierno.
Ciertamente, la jactancia anti-devaluatoria del Gobierno, so pena de notoria contradicción, no pudo haberse referido a la devaluación progresiva que el Gobierno mismo ha llevado a cabo durante años y que había aniquilado a la moneda nacional lentamente, sino que dicha jactancia solía referirse a devaluaciones que podríamos llamar significativas, precisamente de un 20 % en un día, como la que tuvo lugar hace muy poco precisamente.
Pero hete aquí que, por un lado, así como Forster reconoce que las corporaciones le han torcido el brazo al Gobierno, por otro lado, en Radio Nacional acusó al diario La Nación por tener la intención de "alimentar el imaginario de un gobierno maniatado” (click). Seguramente, no faltarán quienes arrogándose conocimientos filosóficos no tardarán en atribuirle a Forster haber incurrido en una notoria contradicción. ¿Acaso Forster mismo no reconoce que "las grandes corporaciones le han torcido el brazo al Gobierno"?
Aquí es donde Forster se luce como verdadero doctor subtilis que es, y que habría hecho enverdecer de envidia al mismísimo Duns Escoto. En efecto, y en primer lugar, mientras que La Nación tiene la intención de "alimentar el imaginario de un gobierno maniatado", Forster carece de dicha intención. En otras palabras, su denuncia contra las corporaciones es sin intención. En segundo lugar, Forster habría incurrido en una contradicción si "torcer el brazo" fuera igual a "maniatar", lo cual está lejos de ser verdad. Alguien maniatado no puede hacer nada, mientras que alguien a quien le tuercen el brazo al menos puede precisamente mover el brazo. En tercer lugar, mientras que La Nación opera sobre el imaginario de la gente, Forster en cambio es un filósofo que apunta, suponemos, a la verdad.
Finalmente, la noble actitud de Forster de reconocer que al Gobierno le han torcido el brazo ha resuelto lo que otrora habíamos creído representaba una genuina teodicea kirchnerista. Efectivamente, la designación de Milani nos había planteado un verdadero desafío: ¿cómo reconciliar semejante decisión con la naturaleza omnipotente y bondadosa del Gobierno? (Al César lo que es del César). Gracias a Forster sabemos hoy que si bien el mal existe y Cristina es bondadosa, ella no es omnipotente. Queda por ver por supuesto cómo reconciliar la bondad presidencial con la designación de Milani (o con la inflación o la devaluación para el caso), desafío comparable al de reconciliar la existencia de Dios con la tragedia que es la vida humana. Sin embargo, el atributo de la omnipotencia representaba un desafío todavía mayor.
domingo, 22 de septiembre de 2013
Párrafo aparte
Párrafo aparte merece el final de la entrevista de hoy a Ricardo Forster (click):
« - Hay un impostor suyo en Twitter que tiene miles de seguidores. Hay muchos políticos que incluso llegan a pensar que están debatiendo con usted. ¿Lo halaga o lo enoja que lo imiten en las redes sociales?
- Me parece que quien lo hace... es un poco tonto, ¿no? Se divierte con una construcción de un simulacro que tiene una intencionalidad política. Porque no es Capusotto haciendo una cargada, es claramente para dañar mi figura. Mezquino, pequeño, pensamiento pigmeo. Sé de su existencia porque entré a la cuenta cuando apareció, y porque hay gente que me escribe a mi Twitter real y dice "prefiero al otro Forster que a vos". Demuestra la ruindad y lo escaso de la ética de quien lleva adelante una cosa así. Además, si se dedica mucho tiempo a mí, paradójicamente, le debe de resultar muy interesante mi figura ».
Forster no se da cuenta de que dado que el contenido proposicional de la imitación es muy fidedigno (la gente a veces no sabe quién es quién), entonces el pensamiento pigmeo, la tontería, etc., refleja tanto al imitador como al imitado.
« - Hay un impostor suyo en Twitter que tiene miles de seguidores. Hay muchos políticos que incluso llegan a pensar que están debatiendo con usted. ¿Lo halaga o lo enoja que lo imiten en las redes sociales?
- Me parece que quien lo hace... es un poco tonto, ¿no? Se divierte con una construcción de un simulacro que tiene una intencionalidad política. Porque no es Capusotto haciendo una cargada, es claramente para dañar mi figura. Mezquino, pequeño, pensamiento pigmeo. Sé de su existencia porque entré a la cuenta cuando apareció, y porque hay gente que me escribe a mi Twitter real y dice "prefiero al otro Forster que a vos". Demuestra la ruindad y lo escaso de la ética de quien lleva adelante una cosa así. Además, si se dedica mucho tiempo a mí, paradójicamente, le debe de resultar muy interesante mi figura ».
Forster no se da cuenta de que dado que el contenido proposicional de la imitación es muy fidedigno (la gente a veces no sabe quién es quién), entonces el pensamiento pigmeo, la tontería, etc., refleja tanto al imitador como al imitado.
miércoles, 29 de mayo de 2013
Palabras Más, Palabras Menos, Carta Abierta
Muy probablemente nuestro análisis de la última Carta (Justo lo que faltaba) provocó que Horacio González y Vicente Battista aparecieran en televisión para responder nuestras dudas. Sin embargo, salvo una honrosa excepción, quizás dos, que trataremos al final, la respuesta fue más de lo mismo. En efecto, en numerosas ocasiones insistieron en que la motivación de la denuncia es espuria, que se trata de estrategias usadas en el pasado, etc. Hasta donde pudimos apreciar, tampoco pudieron distinguir su propia banalización del nazismo de la hecha recientemente por La Nación (1933, vamos a dedicarnos al tema próximamente en esta sala). Y además ellos mismos reconocen que deberían haberse cuidado de comparar a la oposición con el nazismo.
Hubo dos momentos hilarantes. Primero, la aclaración según la cual Carta Abierta no está acusando a nadie. Nos hace acordar a una frase de la madre de uno de los miembros de La Causa, una vez advertida ella sobre la fuerte crítica que hacía sobre su nuera: "Yo no estoy criticando a nadie, sólo describo la realidad". Segundo, la idea expresada por Battista según la cual el texto de la Carta “está ajeno a los adjetivos”. Que un escritor diga algo semejante nos hace dudar de muchas cosas, para empezar de la escritura misma.
Hubo también momentos curiosos. Comencemos por el momento en que comenzaron a ser interrogados acerca de los términos de la Carta, y González advirtió que "No venimos a dar un examen de filosofía", como si hacerse entender fuera una cuestión filosófica. En realidad, todo el mundo, y particularmente los intelectuales, debe hacerse entender. El segundo, cuando González sostuvo que la Carta “se mantiene en un plano argumental que no existe en otros lados”. Nuevamente, semejante afirmación nos hace dudar de si los argumentos existen, o qué son, y para qué sirven. El tercero, cuando Battista se quejó de que Lanata propusiera algo imposible. En efecto, Battista recordó que al final de un programa Lanata instó a los televidentes a que "hicieran algo" en caso de que Clarín fuera intervenido y el programa no saliera al aire. Pero Battista mismo comenzó su crítica sosteniendo que la intervención de Clarín era imposible, con lo cual el antecedente condicional propuesto por Lanata era asimismo de cumplimiento imposible. Es como si Battista se quejara de que Lanata propusiera ponerle gas natural a la alfombra voladora que nos va a llevar a Marte. Por lo demás, cuando Lanata dijo "hagan algo" no necesariamente quiso decir "algo ilegal", o su propuesta es tan ilegal como "Vamos por todo". Un cuarto momento curioso fue cuando González mismo propuso que dudáramos de las palabras de la Carta, ya que hasta él mismo duda de las palabras que usó en la Carta, con lo cual la Carta misma pierde gran parte de su sentido.
Hablando de palabras, fue muy interesante cuando González, a diferencia de Battista, no le atribuyó intenciones golpistas a Lanata, aunque sí pulsiones golpistas, y en todo caso González aclaró que no iba a haber golpe alguno. Battista, que sí consideró golpista a Lanata luego de haber titubeado al principio, podría haber insistido en que así como hay un peronismo sin Perón, bien podría haber golpismo sin un golpe, así como la sonrisa del gato de Cheshire de Alicia en el País de las Maravillas: una sonrisa que existe sin la cara que la contiene (nos hacer acordar también a los cacerolazos en Belgrano: cacerolas que suenan desde los balcones sin que se vea la gente que las hace sonar).
A primera vista, la mención del relato gótico puede ser considerado una innovación respecto de la Carta. Sin embargo, dado que tanto González como Battista afirmaron que los que cometieron un delito deben ser castigados, y no ponen la mano en el fuego por nadie; es más, no relativizan las denuncias de corrupción, admiten que pueden ser ciertas. Entonces lo único que les molesta son las formas. La canallada es formal, no material.), entonces su desacuerdo con las denuncias es formal, no de contenido. Les molesta el relato gótico de Lanata, la representación teatral, su vestimenta (aunque cuando Lanata hacía otro tanto en la época de Menem les pareció "creativo"), el rating, etc. Así y todo insistieron en que no había pruebas, a pesar de que existe un contador que pasó de ser Cajero a Millonario en poco tiempo (como en la excelente película de Eddie Murphy y Dan Aykroyd), con veintipico de estancias, vaya uno a saber cuántos millones, las declaraciones incluso en blanco de los funcionarios, etc. Battista tuvo mucha razón al decir que Lanata miente, pero también contemplamos eso en nuestra entrada al hacer referencia al Diablo mismo. La insistencia en el carácter estructural de la corrupción en el capitalismo es una variante de la tesis de la reciprocidad que también discutimos en la entrada anterior.
Una verdadera innovación consiste en la tesis de González según la cual el relato gótico de Lanata produce pesadillas. No vamos a entrar en detalle porque, aunque fuera cierta, nos parece en el fondo interesante pero irrelevante. Algunos tienen pesadillas viendo el fútbol que el gobierno mismo usa hoy contra Lanata.
La innovación más interesante fue la distinción conceptual hecha por Battista, al mejor estilo oxoniense, entre gobiernos que son corruptos y corruptos en el gobierno, como si en el primer caso el gobierno fuera usado como un medio para cometer actos corruptos y en el segundo la corrupción fuera sólo un efecto colateral del gobierno. Según él, mientras que el primer escenario corresponde al menemismo, el segundo al kirchnerismo. El problema con esta distinción es que es circular. Un menemista podría responder diciendo que en realidad hasta el menemismo tenía una ideología en aras de la cual gobernaba, i.e. el libre mercado, y que la corrupción sólo fue ocasional o en todo caso un efecto no deseado. No hay que olvidar que los partidos que defienden el libre mercado están protegidos por la Constitución y pueden competir en igualdad de condiciones con los demás, por más asco que nos dé el individualismo capitalista. La circularidad entonces consistiría en que sólo el kirchnerismo es un gobierno con corrupción ocasional, debido a que defiende la ideología correcta. Por lo demás, la discusión deriva en la tesis de la presunción de inocencia, que también discutimos en la entrada anterior.
El final es revelador. González aclara que si no defienden al Gobierno, se desploma todo. Pero González no debería apoyar al Gobierno por las consecuencias (políticas y/o psicológicas) de no hacerlo, sino porque cree que tiene buenas razones en sí mismas para hacerlo.
viernes, 24 de mayo de 2013
Justo lo que faltaba
Con un título revelador, “Lo justo”, Carta Abierta salió en defensa del Gobierno a raíz de las acusaciones de corrupción de las que ha sido objeto el segundo (en Página 12). Se trata de una carta bastante larga, lo cual es comprensible ya que se trata de un verdadero colectivo que aglutina mucha gente, y por eso nos la hemos repartido entre los miembros de La Causa para poder analizarla en detalle.
La tesis central de la carta es que las recientes y crecientes denuncias de corrupción son infundadas y tienen como objetivo deslegitimar al Gobierno. Nos parece, sin embargo, que la defensa de Carta Abierta adolece de ciertos problemas. Vamos a mostrarlos mediante la enumeración de los varios argumentos que da Carta Abierta en defensa de su tesis y por lo tanto del Gobierno, siguiendo el orden de aparición de los argumentos en la carta.
1. La tesis de la indiferencia política de los delitos. Según Carta Abierta a los medios opositores ya no les importan “las diferencias políticas o ideológicas, tampoco los modelos económicos antagónicos, lo único que le interesa a esta máquina mediática descalificadora es sostener un bombardeo impiadoso y constante que no deje nada en pie”. La obvia dificultad que tiene este argumento es que supone que quien tiene la ideología correcta puede cometer delitos, entre ellos los tan perniciosos contra la administración pública. Hasta donde sabemos el Código Penal no admite como defensa haber sido democráticamente elegido por el pueblo ni tampoco tener creencias políticas correctas o verdaderas o defender un modelo económico justo. Más allá del derecho penal, tampoco el razonamiento moral estándar admite semejante defensa. Se supone que los delitos, salvo excepciones quizás como los que atentan contra la propiedad privada y el aborto, describen acciones que son malas en sí mismas, como rezaba la vieja pero vívida terminología medieval, y por eso su disvalor no depende de quién los comete ni por qué. El ejemplo que daba Aristóteles para ilustrar el disvalor de una acción era el del adulterio con la mujer del tirano. Hoy en día por obvias razones habría que actualizarlo y quizás capture la idea el ejemplo de un genocidio de genocidas.
2. La tesis instrumental. Un segundo argumento consiste en que las denuncias de corrupción según Carta Abierta evocan en la memoria de la audiencia “La oscura figura del avaro, la brutal construcción del ‘judío’ con los bolsillos llenos de dinero que supo desplegar el antisemitismo exterminador”. El argumento consistiría entonces en que dado que los nazis llevaron adelante el antisemitismo exterminador mediante la figura del avaro, entonces las denuncias son nazis o en todo caso no tiene sentido realizarlas. Según este curioso argumento, dado que los nazis condujeron a la muerte a millones de personas usando trenes, entonces deberíamos prohibir los trenes o quizás entregarle la concesión a la familia Cirigliano. Hubo varios elementos que los nazis usaron sin los cuales hubiese sido imposible el Holocausto, pero de ahí no se sigue que no podamos usarlos dándoles por supuesto un uso diferente (relojes, combustible, libros, tinta negra, etc.). Por lo demás hay varias cosas que el nazismo comparte con el Gobierno, de hecho el nazismo inventó la idea de una institución juvenil política (aunque quizás la inventaron los espartanos), el punto es sin embargo que sería absurdo usar eso en contra del Gobierno. Por otro lado, Carta Abierta sí puede comparar el mito del burgués rico que fue usado contra los judíos en la Segunda Guerra para replicar a las denuncias por corrupción (el argumento es: no me vengas con X porque lo usaron para hacer Y), pero los demás no pueden comparar al corrupción menemista con la actual (cuando el argumento es el mismo: no me vengas con X porque lo usaron para hacer Y).
(Una ligera variante es que en el pasado, y probablemente en el futuro, así como en todos los universos posibles como diría Sheldon Cooper, todos los golpistas usan a la corrupción para derribar gobiernos democráticos [“No ha habido en el pasado ni en la actualidad un solo gobierno popular que no haya recibido las descargas de esa seudomoralina autoproclamada como el último bastión de la verdadera república siempre amenazada por los populismos”]. Da la impresión de que esta variante no escapa a los problemas del tema general de esta tesis ni a los de la tesis de la indiferencia).
3. La tesis de la motivación contraproducente. El tercer argumento, emparentado con el primero, consiste en que la motivación de la denuncia no es la denuncia en sí misma sino deslegitimar al Gobierno, o en todo caso el motivo de la denuncia sólo se explica por la ideología opositora al Gobierno (“No actúan en nombre de lo justo”). Este argumento también provoca cierta curiosidad, ya que sus cultores parecen ser más kantianos que Kant. En efecto, para ellos, una acción deja de tener valor moral si no es realizada en aras de un propósito moral. Si no matamos a alguien sólo por miedo al castigo, entonces nuestra abstención no tiene valor moral alguno, es más, es lisa y llanamente inmoral. No podríamos tampoco denunciar a un vecino que cometió un delito creyendo que lo cometió si justo sucediera que lo odiábamos o incluso teníamos planeado matarlo. Tampoco podríamos denunciar a un vecino genocida si nuestra motivación fuera vengarnos porque hacía mucho ruido o dejaba la puerta del ascensor abierta. Kant, sin embargo, jamás creyó que la acción pierde todo valor moral si no iba acompañada de un propósito moral. En todo caso, sí creía que el valor moral completo de una acción dependía de su motivación, pero jamás sostuvo entonces que si no va acompañado de una intención pura o moral entonces el acto se vuelve irrelevante o incluso inmoral. Si hay que elegir, entonces, por las dudas el acto moral, y si tiene la intención correcta mejor. Pero no es indispensable. Y según esta estricta teoría motivadora hiperkantiana Estados Unidos no podría haber entrado en guerra contra el Eje ya que lo hizo porque sus posesiones en el Pacífico estaban amenazadas, o como suele suceder, sus intereses económicos, y no porque estaba teniendo lugar un Holocausto.
Curiosamente, los defensores del kirchnerismo que tanto reivindican el regreso de la política, son hipermoralistas en casos como éstos y sólo aceptarían denuncias anexas a cuestiones ciertamente políticas hechas por seres angélicos, verdaderos santos (nos permitimos extrapolar un párrafo de la Carta que aparece en otro lugar pero que justo expresa lo que tenemos en mente: “Si esa consigna la dijeran grandes filósofos de la moral, siempre que no lleven a que nos gobierne un nuevo Savonarola o la misma Inquisición, sería atendible”). Todos los demás deben pagar en efectivo, como decía una magnífica leyenda que acompañaba al proverbial “In God we trust”. Nos preguntamos si un miembro de Carta Abierta sí podría denunciar, por ejemplo, la corrupción de otro gobierno, por ejemplo, menemista (vamos a volver sobre el tema).
4. La tesis de las consecuencias (o "Ellos son peores"). Este argumento se extrae del siguiente pasaje: “Se funda entonces una maquinaria de horadar, que por supuesto no es nueva y que incluye muchos antecedentes en el pasado inmediato de la cultura social de Occidente, y especialmente de nuestro país. Indirectamente aludimos a la caída de la República de Weimar que dejó abierto el camino para el ascenso del nazismo al poder, pero también a los climas previos fomentados por agencias operativas de los intereses derrocadores”. Los miembros de Carta Abierta suponen que cualquier otro partido que no sea el kirchnerista equivale al nazi. Ignoran, sin embargo, que los demás partidos han sido habilitados para competir en elecciones democráticas a pesar del estricto control de constitucionalidad que nuestro derecho exige para poder hacerlo, a diferencia de lo que sucede, por ejemplo, en países como Francia. Da la impresión de que algunos kirchneristas a pesar de su reivindicación de lo político lo moralizan constantemente (la moralización de lo político). Sobre el consecuencialismo en cuestiones de corrupción ya habíamos discutido la posición de Diana Conti ( Derecho Penal para Todxs). Vale aclarar que esta defensa supone que el fin justifica los medios, lo cual al menos es original. Y al menos, no usaron a Maquiavelo (Con Maquiavelo no, Mocca).
5. La tesis de la presunción de inocencia: “No actúan con pruebas ni documentos irrefutables” (No es lo que parece). Acá Carta Abierta se hace fuerte, quizás inexpugnable, pero sólo a expensas de firmar una Carta número catorce en la que hacen un llamado a desagraviar la figura de Carlos Menem, que ha sido descalificado sistemáticamente por corrupción a pesar de que jamás fue condenado en juicio (excepto en el caso de la venta de armas a Ecuador, en cuyo caso sólo los pacifistas extremos podrían mantenerse en sus trece, no así los que defienden, v.g., la guerra justa, a pesar de que solemos confundir las dos nociones). Nos da la impresión de que sería un precio demasiado alto para defender su posición, entre otras cosas porque la oposición al menemismo es parte constitutiva del relato kirchnerista, quizás su centro de gravedad.
6. La tesis de la reciprocidad: “la corrupción más importante… es la que ocurre en las grandes transacciones capitalistas en materia de estructuras financieras ilegales, circulaciones clandestinas, excedentes que pertenecen a rubros invisibles de la acumulación de sobreprecios, instancias implícitas de gerenciamiento de dineros privados considerados como mercancía de las mercancías en pequeños países que no es que tengan sistema capitalista, sino que el sistema capitalista los tiene a ellos”. Un primer problema con este argumento es que jurídicamente hablando en derecho penal no hay culpa concurrente. Tampoco tiene sentido justificar la comisión de un delito porque los demás cometen delitos. Además, es obviamente cierto que si tomamos al capitalismo en su conjunto hay mucho más corrupción que en la acción de un puñado de individuos. Sin embargo, hay que reconocer que algunos individuos le han hecho fuerza al capitalismo en su conjunto, alcanzando un notable rendimiento actuando al menudeo o al por menor. Se trata, además, de un regreso al consecuencialismo (v. nro. 4).
7. Clarín es el Diablo. Este último argumento es una combinación de quizás todos los anteriores. Sería muy ingenuo creer que Clarín actúa movido sólo por razones estrictamente morales. Es de público conocimiento que Clarín Miente. Sin embargo, nuevamente, no podemos descalificar el contenido de la denuncia sólo por su fuente. Vamos a dar un ejemplo extremo. Hasta Hitler puede decir la verdad, aunque nadie deseara creerle, tal como lo muestra el caso de la matanza de Katyn. En efecto, Hitler tenía razón cuando protestaba a los cuatro vientos no haber matado a los 20.000 oficiales e intelectuales polacos encontrados muertos en los bosques de Katyn, porque la matanza fue realizada por los soviéticos. Nadie, por supuesto, tiene ganas de creerle a Hitler, pero las creencias no tienen nada que ver con las ganas (al menos por lo que se sabe hasta ahora de la psicología humana y del mundo).
Bonus track: la comparación con Venezuela ("El añorado Capriles argentino se estaría preparando para venir a rescatarnos de tanta infamia") es un arma de doble filo. Maduro públicamente ha declarado que habla con pajaritos, conoce la identidad de quiénes votan en su contra (Voto de Autor) y acaba de declarar que va a armar a miembros de la sociedad civil (obreros) para que los opositores políticos no le falten el respeto al Gobierno, como si el ejército no fuera suficiente al respecto (click). No hace falta ser anti-chavista para mostrar cierto asombro o al menos curiosidad ante estos acontecimientos. Por lo demás, la referencia en la Carta a la "Justicia express" cuando el Gobierno ha criticado a la Justicia por su lentitud en las causas de la ley de medios y ha puesto de hecho en duda a la Justicia en su conjunto y por eso la quiere reformar, también es un arma de doble filo, a menos que la Justicia tenga razón cuando nos da la razón, y nada más.
La defensa de Carta Abierta, en resumen, se concentra en lo que rodea al contenido de la denuncia y no en la denuncia en sí misma, con lo cual hace sospechar que la denuncia es más fuerte de lo que Carta Abierta sostiene. Pero, por supuesto, tampoco la estrategia de Carta Abierta prueba que la denuncia es infalible. Lo que queda claro es que la defensa de Carta tiene bastantes claros, está muy abierta. Hay que ver contra qué atacantes tendrá que vérselas.
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