Con un título revelador, “Lo justo”, Carta Abierta salió en defensa del Gobierno a raíz de las acusaciones de corrupción de las que ha sido objeto el segundo (
en Página 12). Se trata de una carta bastante larga, lo cual es comprensible ya que se trata de un verdadero colectivo que aglutina mucha gente, y por eso nos la hemos repartido entre los miembros de La Causa para poder analizarla en detalle.
La tesis central de la carta es que las recientes y crecientes denuncias de corrupción son infundadas y tienen como objetivo deslegitimar al Gobierno. Nos parece, sin embargo, que la defensa de Carta Abierta adolece de ciertos problemas. Vamos a mostrarlos mediante la enumeración de los varios argumentos que da Carta Abierta en defensa de su tesis y por lo tanto del Gobierno, siguiendo el orden de aparición de los argumentos en la carta.
1.
La tesis de la indiferencia política de los delitos. Según Carta Abierta a los medios opositores ya no les importan “las diferencias políticas o ideológicas, tampoco los modelos económicos antagónicos, lo único que le interesa a esta máquina mediática descalificadora es sostener un bombardeo impiadoso y constante que no deje nada en pie”. La obvia dificultad que tiene este argumento es que supone que quien tiene la ideología correcta puede cometer delitos, entre ellos los tan perniciosos contra la administración pública. Hasta donde sabemos el Código Penal no admite como defensa haber sido democráticamente elegido por el pueblo ni tampoco tener creencias políticas correctas o verdaderas o defender un modelo económico justo. Más allá del derecho penal, tampoco el razonamiento moral estándar admite semejante defensa. Se supone que los delitos, salvo excepciones quizás como los que atentan contra la propiedad privada y el aborto, describen acciones que son malas en sí mismas, como rezaba la vieja pero vívida terminología medieval, y por eso su disvalor no depende de quién los comete ni por qué. El ejemplo que daba Aristóteles para ilustrar el disvalor de una acción era el del adulterio con la mujer del tirano. Hoy en día por obvias razones habría que actualizarlo y quizás capture la idea el ejemplo de un genocidio de genocidas.
2.
La tesis instrumental. Un segundo argumento consiste en que las denuncias de corrupción según Carta Abierta evocan en la memoria de la audiencia “La oscura figura del avaro, la brutal construcción del ‘judío’ con los bolsillos llenos de dinero que supo desplegar el antisemitismo exterminador”. El argumento consistiría entonces en que dado que los nazis llevaron adelante el antisemitismo exterminador mediante la figura del avaro, entonces las denuncias son nazis o en todo caso no tiene sentido realizarlas. Según este curioso argumento, dado que los nazis condujeron a la muerte a millones de personas usando trenes, entonces deberíamos prohibir los trenes o quizás entregarle la concesión a la familia Cirigliano. Hubo varios elementos que los nazis usaron sin los cuales hubiese sido imposible el Holocausto, pero de ahí no se sigue que no podamos usarlos dándoles por supuesto un uso diferente (relojes, combustible, libros, tinta negra, etc.). Por lo demás hay varias cosas que el nazismo comparte con el Gobierno, de hecho el nazismo inventó la idea de una institución juvenil política (aunque quizás la inventaron los espartanos), el punto es sin embargo que sería absurdo usar eso en contra del Gobierno. Por otro lado, Carta Abierta sí puede comparar el mito del burgués rico que fue usado contra los judíos en la Segunda Guerra para replicar a las denuncias por corrupción (el argumento es: no me vengas con X porque lo usaron para hacer Y), pero los demás no pueden comparar al corrupción menemista con la actual (cuando el argumento es el mismo: no me vengas con X porque lo usaron para hacer Y).
(Una ligera variante es que en el pasado, y probablemente en el futuro, así como en todos los universos posibles como diría Sheldon Cooper, todos los golpistas usan a la corrupción para derribar gobiernos democráticos [“No ha habido en el pasado ni en la actualidad un solo gobierno popular que no haya recibido las descargas de esa seudomoralina autoproclamada como el último bastión de la verdadera república siempre amenazada por los populismos”]. Da la impresión de que esta variante no escapa a los problemas del tema general de esta tesis ni a los de la tesis de la indiferencia).
3.
La tesis de la motivación contraproducente. El tercer argumento, emparentado con el primero, consiste en que la motivación de la denuncia no es la denuncia en sí misma sino deslegitimar al Gobierno, o en todo caso el motivo de la denuncia sólo se explica por la ideología opositora al Gobierno (“No actúan en nombre de lo justo”). Este argumento también provoca cierta curiosidad, ya que sus cultores parecen ser más kantianos que Kant. En efecto, para ellos, una acción deja de tener valor moral si no es realizada en aras de un propósito moral. Si no matamos a alguien sólo por miedo al castigo, entonces nuestra abstención no tiene valor moral alguno, es más, es lisa y llanamente inmoral. No podríamos tampoco denunciar a un vecino que cometió un delito creyendo que lo cometió si justo sucediera que lo odiábamos o incluso teníamos planeado matarlo. Tampoco podríamos denunciar a un vecino genocida si nuestra motivación fuera vengarnos porque hacía mucho ruido o dejaba la puerta del ascensor abierta. Kant, sin embargo, jamás creyó que la acción pierde todo valor moral si no iba acompañada de un propósito moral. En todo caso, sí creía que el valor moral completo de una acción dependía de su motivación, pero jamás sostuvo entonces que si no va acompañado de una intención pura o moral entonces el acto se vuelve irrelevante o incluso inmoral. Si hay que elegir, entonces, por las dudas el acto moral, y si tiene la intención correcta mejor. Pero no es indispensable. Y según esta estricta teoría motivadora hiperkantiana Estados Unidos no podría haber entrado en guerra contra el Eje ya que lo hizo porque sus posesiones en el Pacífico estaban amenazadas, o como suele suceder, sus intereses económicos, y no porque estaba teniendo lugar un Holocausto.
Curiosamente, los defensores del kirchnerismo que tanto reivindican el regreso de la política, son hipermoralistas en casos como éstos y sólo aceptarían denuncias anexas a cuestiones ciertamente políticas hechas por seres angélicos, verdaderos santos (nos permitimos extrapolar un párrafo de la Carta que aparece en otro lugar pero que justo expresa lo que tenemos en mente: “Si esa consigna la dijeran grandes filósofos de la moral, siempre que no lleven a que nos gobierne un nuevo Savonarola o la misma Inquisición, sería atendible”). Todos los demás deben pagar en efectivo, como decía una magnífica leyenda que acompañaba al proverbial “In God we trust”. Nos preguntamos si un miembro de Carta Abierta sí podría denunciar, por ejemplo, la corrupción de otro gobierno, por ejemplo, menemista (vamos a volver sobre el tema).
4.
La tesis de las consecuencias (o "Ellos son peores"). Este argumento se extrae del siguiente pasaje: “Se funda entonces una maquinaria de horadar, que por supuesto no es nueva y que incluye muchos antecedentes en el pasado inmediato de la cultura social de Occidente, y especialmente de nuestro país. Indirectamente aludimos a la caída de la República de Weimar que dejó abierto el camino para el ascenso del nazismo al poder, pero también a los climas previos fomentados por agencias operativas de los intereses derrocadores”. Los miembros de Carta Abierta suponen que cualquier otro partido que no sea el kirchnerista equivale al nazi. Ignoran, sin embargo, que los demás partidos han sido habilitados para competir en elecciones democráticas a pesar del estricto control de constitucionalidad que nuestro derecho exige para poder hacerlo, a diferencia de lo que sucede, por ejemplo, en países como Francia. Da la impresión de que algunos kirchneristas a pesar de su reivindicación de lo político lo moralizan constantemente (
la moralización de lo político). Sobre el consecuencialismo en cuestiones de corrupción ya habíamos discutido la posición de Diana Conti (
Derecho Penal para Todxs). Vale aclarar que esta defensa supone que el fin justifica los medios, lo cual al menos es original. Y al menos, no usaron a Maquiavelo (
Con Maquiavelo no, Mocca).
5.
La tesis de la presunción de inocencia: “No actúan con pruebas ni documentos irrefutables” (
No es lo que parece). Acá Carta Abierta se hace fuerte, quizás inexpugnable, pero sólo a expensas de firmar una Carta número catorce en la que hacen un llamado a desagraviar la figura de Carlos Menem, que ha sido descalificado sistemáticamente por corrupción a pesar de que jamás fue condenado en juicio (excepto en el caso de la venta de armas a Ecuador, en cuyo caso sólo los pacifistas extremos podrían mantenerse en sus trece, no así los que defienden, v.g., la guerra justa, a pesar de que solemos confundir las dos nociones). Nos da la impresión de que sería un precio demasiado alto para defender su posición, entre otras cosas porque la oposición al menemismo es parte constitutiva del relato kirchnerista, quizás su centro de gravedad.
6.
La tesis de la reciprocidad: “la corrupción más importante… es la que ocurre en las grandes transacciones capitalistas en materia de estructuras financieras ilegales, circulaciones clandestinas, excedentes que pertenecen a rubros invisibles de la acumulación de sobreprecios, instancias implícitas de gerenciamiento de dineros privados considerados como mercancía de las mercancías en pequeños países que no es que tengan sistema capitalista, sino que el sistema capitalista los tiene a ellos”. Un primer problema con este argumento es que jurídicamente hablando en derecho penal no hay culpa concurrente. Tampoco tiene sentido justificar la comisión de un delito porque los demás cometen delitos. Además, es obviamente cierto que si tomamos al capitalismo en su conjunto hay mucho más corrupción que en la acción de un puñado de individuos. Sin embargo, hay que reconocer que algunos individuos le han hecho fuerza al capitalismo en su conjunto, alcanzando un notable rendimiento actuando al menudeo o al por menor. Se trata, además, de un regreso al consecuencialismo (v. nro. 4).
7.
Clarín es el Diablo. Este último argumento es una combinación de quizás todos los anteriores. Sería muy ingenuo creer que Clarín actúa movido sólo por razones estrictamente morales. Es de público conocimiento que Clarín Miente. Sin embargo, nuevamente, no podemos descalificar el contenido de la denuncia sólo por su fuente. Vamos a dar un ejemplo extremo. Hasta Hitler puede decir la verdad, aunque nadie deseara creerle, tal como lo muestra el caso de la matanza de Katyn. En efecto, Hitler tenía razón cuando protestaba a los cuatro vientos no haber matado a los 20.000 oficiales e intelectuales polacos encontrados muertos en los bosques de Katyn, porque la matanza fue realizada por los soviéticos. Nadie, por supuesto, tiene ganas de creerle a Hitler, pero las creencias no tienen nada que ver con las ganas (al menos por lo que se sabe hasta ahora de la psicología humana y del mundo).
Bonus track: la comparación con Venezuela ("El añorado Capriles argentino se estaría preparando para venir a rescatarnos de tanta infamia") es un arma de doble filo. Maduro públicamente ha declarado que habla con pajaritos, conoce la identidad de quiénes votan en su contra (
Voto de Autor) y acaba de declarar que va a armar a miembros de la sociedad civil (obreros) para que los opositores políticos no le falten el respeto al Gobierno, como si el ejército no fuera suficiente al respecto (
click). No hace falta ser anti-chavista para mostrar cierto asombro o al menos curiosidad ante estos acontecimientos. Por lo demás, la referencia en la Carta a la "Justicia express" cuando el Gobierno ha criticado a la Justicia por su lentitud en las causas de la ley de medios y ha puesto de hecho en duda a la Justicia en su conjunto y por eso la quiere reformar, también es un arma de doble filo, a menos que la Justicia tenga razón cuando nos da la razón, y nada más.
La defensa de Carta Abierta, en resumen, se concentra en lo que rodea al contenido de la denuncia y no en la denuncia en sí misma, con lo cual hace sospechar que la denuncia es más fuerte de lo que Carta Abierta sostiene. Pero, por supuesto, tampoco la estrategia de Carta Abierta prueba que la denuncia es infalible. Lo que queda claro es que la defensa de Carta tiene bastantes claros, está muy abierta. Hay que ver contra qué atacantes tendrá que vérselas.