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domingo, 22 de julio de 2012

Curiosidades de Facebook




Según la página de nuestros imitadores en Facebook (click), la publicación más vista de dicha página fue la que refiere a este enlace y fue vista por ochocientos sesenta y cuatro personas.

lunes, 9 de abril de 2012

Nacionalismo o Cosmopolitismo




Ideologías detrás del reclamo de las Malvinas
POR ANDRÉS ROSLER PROFESOR DE FILOSOFIA DEL DERECHO (UBA / CONICET)



La renovación del reclamo argentino de soberanía sobre las Malvinas ha despertado una sana preocupación de raigambre republicana y/o liberal por el rebrote nacionalista que tal reclamo suele provocar.

Por nacionalismo se suele entender a la ideología que defiende la homogeneidad cultural, lingüística y étnica de un pueblo y que por lo tanto se opone a toda diferencia. De ahí que el patriotismo republicano parezca ser un antídoto natural, ya que se caracteriza por defender valores políticos antes que culturales: las instituciones, la libertad, la lucha contra el despotismo y la corrupción.

Ahora bien, creer que el nacionalismo está necesariamente en las antípodas del patriotismo republicano olvida en primer lugar que a juzgar por la denominación oficial de nuestro país (“República” o “Nación” Argentina) no existe ninguna diferencia entre ambos. En segundo lugar, es indudable que en nombre del nacionalismo se han cometido grandes atrocidades. Pero las cometidas por el republicanismo y el liberalismo no le van a la zaga (piénsese, por ejemplo, en Roma y en Gran Bretaña respectivamente), y sin embargo, con razón, no por eso nos deshacemos del republicanismo o del liberalismo.

El talón de Aquiles del nacionalismo parece ser la idea de la identidad nacional . Pero la identidad nacional no es un unicornio, ni tampoco un fenómeno natural, sino que simplemente se refiere a una comunidad política particular de personas que actúan en conjunto y que se proyectan en el tiempo merced a cierta idea de continuidad histórica habitando cierto espacio. Además, la identidad nacional puede y debe ser puesta en duda , tal como nos suele suceder a los argentinos que nos la pasamos preguntándonos quiénes somos – aunque la existencia misma del debate precisamente supone que existe algo así como una identidad nacional.

En realidad, la identidad nacional bien puede exigir una concepción republicana de ciudadanía y de democracia. De hecho, solemos olvidar que el nacionalismo nace de la mano del republicanismo y del liberalismo. En efecto, Ernest Renan en ¿Qué es una nación? en 1882 describía precisamente a la nación en términos distintivamente republicanos tales como ciudadanía y patria, y famosamente en términos liberales como “un plebiscito cotidiano”. Dicho sea de paso, Renan creía que la nación, francesa en su caso, terminaría ineluctablemente formando parte de una unión regional (Europa).

Por lo demás, las soluciones al problema de la soberanía sobre las Malvinas distan mucho de ser cosmopolitas. Sea que queden en manos de Gran Bretaña o de nuestro país – o incluso la extravagante propuesta de que queden en manos de los isleños – en todos los casos la solución continúa siendo nacional.

Insistir en que toda invocación nacionalista contamina el reclamo argentino sobre las Malvinas supone creer que hay algo en el nacionalismo argentino que lo hace congénitamente defectuoso y que le impide ser republicano, celoso de la libertad y la virtud cívica, y/o liberal, celoso de los derechos de sus habitantes. Por alguna razón, los argentinos solemos creer alternativamente que somos los peores o los mejores. Como suele pasar, la verdad se encuentra en algún lugar en el medio.

domingo, 1 de abril de 2012

Argumentos ilegales sobre Malvinas




Es natural que la sola mención de la “causa” de las Malvinas suela estar asociada con el nacionalismo y que dicha asociación provoque cierta desconfianza. En primer lugar, con una asombrosa precisión el nacionalismo argentino estuvo ligado a casi todas las causas equivocadas, la dictadura militar en particular. Sin embargo, de ahí no se sigue que el nacionalismo sea en sí mismo necesariamente el problema. En realidad, se trata de una noción típicamente política en su indeterminación ya que se podrían invocar argumentos nacionalistas, por ejemplo, tanto a favor como en contra de la invasión de 1982. Dado que los argumentos a favor son conocidos, en contra – sin entrar en consideraciones estrictamente morales – se podría sostener la imprudencia e irresponsabilidad superlativas de hacer la guerra a Gran Bretaña y de ese modo fortalecer a la dictadura militar vernácula.


En segundo lugar, el natural recelo provocado por el nacionalismo puede ser atribuido a cierta exageración respecto al vínculo que existe entre un Estado y su territorio. En efecto, no es infrecuente que algunos sostengan que entre un Estado y su territorio existe una conexión tal que sería imposible concebir, por ejemplo, a la Argentina sin su territorio esencial o sustancialmente argentino. En realidad, las naciones requieren de cierto territorio, de un territorio para poder existir y actuar, antes que de un determinado y único territorio en particular. En todo caso, la relación que guarda el país con su territorio es el resultado de varias decisiones políticas (las cuales muy probablemente incluyan tratados, guerras, etc.) antes que un destino asegurado de antemano.


Por otro lado, tienen razón quienes sostienen que un país como el nuestro con una densidad de población minúscula puede fácilmente arreglárselas sin contar con una porción mínima de territorio. Este argumento, sin embargo, no es invocado por Gran Bretaña, y muy probablemente se deba a una muy buena razón, ya que implicaría sostener que un país sólo tiene derecho al territorio que necesita. Ahora bien ¿acaso Gran Bretaña necesita estrictamente a las Malvinas, Gibraltar, la península de Cornwall o Gales para el caso? ¿Y si fuera el caso, más que Argentina?


En realidad, el argumento más fuerte que invoca Gran Bretaña es el principio de derecho internacional según el cual el territorio sigue a la voluntad de la gente, con independencia del origen del territorio. El problema con el principio del consentimiento es que no es fácilmente compatible con otro reciente principio del derecho internacional acorde con la época de la descolonización, según el cual la ocupación colonial es en el fondo el producto de una agresión y por lo tanto lisa y llanamente ilegal. El hecho de que dicha ocupación haya contado con el apoyo de la población en el territorio en cuestión no puede ser decisivo, particularmente cuando dicha población es mayoritaria o totalmente colonial. Es natural que la ocupación colonial produzca resultados colonialistas. La ocupación colonial es entonces como un delito continuo o permanente, cuyos efectos siguen en vigor mientras dura el delito. Para que empezara a contar el plazo de la prescripción primero habría que desocupar el territorio, lo cual frustraría ciertamente la reivindicación colonial.


Habría que tener en cuenta además que la legítima defensa invocada en 1982 por Gran Bretaña ante la agresión argentina no le otorga derecho alguno de soberanía sobre las islas, sino que sólo podría justificar legalmente los actos de guerra cometidos contra nuestro país en dicha ocasión. La legítima defensa en contra del agresor si bien justifica repeler al agresor no implica sin embargo el derecho de poder quedarse con los bienes del agresor.


Es entonces comprensible la desconfianza que suelen inspirar los nacionalistas al hablar de casi cualquier tema, en especial de la relación entre el territorio y el Estado. Pero de ahí no se sigue que el nacionalismo no tenga sentido como ideología política y que por lo tanto la Argentina no tenga derechos sobre las Malvinas. Al fin de cuentas, la aspiración británica no es menos nacional que la argentina. Para poder oponerse sin más a la reivindicación pacífica de las islas habría que defender un régimen político completamente cosmopolita (lo cual además por implicación impediría toda reivindicación nacional sobre las islas, incluyendo la británica) o el anarquismo, dos posiciones que, aunque no carecen de atractivo, tienen graves problemas propios.

lunes, 26 de marzo de 2012

Reruns



Una nota publicada en Clarín el año pasado acá, pero que puede ser útil en las clases ahora:


En los últimos tiempos se ha vuelto moneda corriente asociar de manera poco halagüeña a la ideología kirchnerista con la así llamada “lógica amigo-enemigo”. Esta crítica descansa, sin embargo, sobre al menos dos frecuentes malentendidos en el campo del pensamiento político.
Un primer malentendido consiste en creer que como fue el jurista alemán Carl Schmitt (de conocida aunque relativamente breve vinculación con el nazismo) quien popularizó el uso político de la lógica amigo-enemigo, por lo tanto la antinomia amigo-enemigo es necesariamente nazi. Sin embargo, las propias decisiones políticas del mismo Schmitt muestran lo contrario: antes de vincularse al nazismo Schmitt ya había empleado la lógica amigo-enemigo en contra del nazismo para impedir que pudiera competir electoralmente durante la República de Weimar. Además, si cualquiera que usara la distinción amigo-enemigo en política fuera por eso un nazi, a la mesa de Schmitt se sentaría la flor y nata del republicanismo clásico: Cicerón, Salustio, Tito Livio, Lucano, Tácito y Maquiavelo, entre otros.
Para el pensamiento republicano clásico, el miedo al enemigo mantenía unida a la república romana , y lo que provocó su caída fue la destrucción de su “archirrival” Cartago a manos de Roma misma. Asimismo, los republicanos clásicos y Schmitt están totalmente de acuerdo en que la antinomia amigo-enemigo debe llevar una muy clara etiqueta que advirtiera al eventual consumidor político: “sólo para uso externo”, por la obvia razón de que la importación literal de categorías bélicas a la vida política interna haría de un conciudadano un enemigo con consecuencias catastróficas.
Un segundo malentendido consiste en creer que el uso de la antinomia amigo-enemigo en política conduce necesariamente al empleo de violencia física o discursiva. Un breve repaso de la terminología política estándar mostraría que el uso de vocabulario bélico no es incompatible con una política pacífica y democrática . Somos injustos al criticar el uso político de “enemistad” y afines, ya que nos resultan indiferentes o incluso simpáticas expresiones tales como “polémicas”, “táctica y estrategia electorales”, “búnkers”, “militantes”, “batallas electorales”, “campaña”, etc. La habitual aclaración de que uno tiene “adversarios” pero no “enemigos” pasa por alto la inexistencia de grandes diferencias filológicas entre ambas palabras: sólo el uso nos permite distinguir sus significados.
En realidad, la expresión “política polémica” es redundante.
Hacer política implica tomar partido y por lo tanto “enemistarse” o estar en desacuerdo con alguien.
Una ideología política que no estuviera en contra de nada o de nadie, sería una ingenua o perversa absurdidad.
La conclusión es que la antinomia amigo-enemigo no es de origen nazi sino republicano, puede ser empleada tanto a favor como en contra de la república , y es tan bélica como el resto de la terminología política estándar. A partir de lo expuesto no se sigue en absoluto ni que el kirchnerismo sea un fiel seguidor de la lógica amigo-enemigo, ni que el kirchnerismo queda exento de crítica. Toda ideología política está hecha para criticar y ser criticada. Lo que sí se puede concluir es que, como reproche, la mera asociación de una ideología con la antinomia amigo-enemigo es en sí misma inerte.


lunes, 20 de febrero de 2012

El séptimo Arte

Political Authority and Obligation in Aristotle


Oxford University Press está considerando la propuesta de llevar Political Authority and Obligation in Aristotle  al cine (es una posibilidad prevista en el contrato de edición). Anthony Hopkins podría representar el papel de Aristóteles y Silvia Suller el de la autoridad política y/o el de la obligación. Las dudas precisamente son: debería hacer ambos papeles la misma actriz ya que se trata de nociones conceptual y/o moralmente ligadas? O se trataría de un papel esquizofrénico? Mejor buscar dos actrices diferentes? Son dudas que podrían postergar considerablemente la realización de la película.

viernes, 3 de febrero de 2012

Cantina Don Carlos - Nuevas Sucursales


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No sólo algunos constitucionalistas sino también algunos penalistas parecen no entender a Schmitt. Por ejemplo, acá se puede leer una reseña de un libro escrito ("a la izquierda de la pantalla Señora", como decía Horacio Aiello) por un prestigioso penalista como Zaffaroni, reseña que describe y comparte la tesis del libro reseñado sobre Schmitt.  Nuevamente, dejando al nazismo de lado (y los penalistas en general por lo demás citan la obra pre-Nazi de Schmitt para criticarlo), para Schmitt la idea de un derecho penal del enemigo es una contradicción en sus términos. En efecto, según Schmitt la enemistad es un concepto político y por lo tanto implica simetría entre los involucrados, el derecho penal es una cuestión judicial y por lo tanto implica asimetría entre el juez y el acusado. La posición de Schmitt entonces es que así como los poderes políticos no toman decisiones judiciales, a los jueces les está vedado tomar decisiones políticas. En el libro de derecho constitucional que aparece a la derecha (¿casualidad?) de la pantalla (acá debería haber un link que lleva al libro), entre otras delicias constitucionales hay un capítulo que nos pertenece sobre el razonamiento constitucional y judicial en Schmitt: mientras que para él, el primero es materia política y por lo tanto debe ser realizado por el poder político, el segundo es competencia de los tribunales.




jueves, 26 de enero de 2012

Kelsenianos, vayan haciendo Cola

La teoría del derecho de Hans Kelsen


Ya salió lo que podríamos llamar un Harry Potter para positivistas: se va a vender como pan caliente (más información). Los derechos de la película ya han sido adquiridos, con varios directores porque son capítulos distintos. Pero conviene que primero lean el libro, y no hagan como nosotros, que primero vemos la película y si nos gusta después leemos el libro. A propósito, hicimos una excepción con Julio César de Shakespeare, vemos que las cosas no están bien entre Bruto y César, así que por favor no nos cuenten cómo termina.

miércoles, 25 de enero de 2012

Publicidad no Convencional

Extra, extra: Radiolandia, Antena, Para Ti, Vosotras, salió el nuevo número de Jurisprudence! Pídaselo ya a su canillita (de acá). Se agota!

Jurisprudence logo Hart Publishing logo
Volume 2, Number 2, December 2011

domingo, 12 de junio de 2011

"La normatividad de la ley natural en el estado de naturaleza según Hobbes"


lunes, 6 de junio de 2011

"Aristóteles y el anarquismo"


"Hobbes y la autonomía de la política"