Mostrando entradas con la etiqueta La Causa de Catón Servicio Internacional. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta La Causa de Catón Servicio Internacional. Mostrar todas las entradas

sábado, 31 de enero de 2015

Servicio Internacional: 2da. Entrega. La Secretaría del Pensamiento



Envalentonados por la repercusión que tuvo la nueva sección La Causa de Catón Internacional (Servicio Internacional), vamos a sucumbir a la hubris de continuarla, como no podía ser de otra manera. Claro que al lado de la explicación de la muerte del fiscal Nisman, la tarea de comprender el fenómeno que hemos elegido para hoy es a todas luces quijotesca. Ciertamente, mientras que la inmoralidad es siempre comprensible, a veces demasiado, la irracionalidad tiende a ser ininteligible.

En efecto, si la muerte de Nisman parece corresponderse, habíamos dicho, con la trama de una película clase B surrealista, nuestro tema de hoy es indudablemente pythonesco. A esta altura, por supuesto, nuestros lectores regulares (a quienes le rogamos sepan ser benevolentes si o cuando nos repetimos, ya que tratamos de cumplir con la misión cosmopolita de hacer inteligible a nuestro país para el mundo), sabrán que se trata de ese invento muchísimo más argentino que el dulce de leche y Nicola Paone, i.e., la denominada Secretaría de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional (SECOESPENAC a continuación y para abreviar).

Como a esta altura muchos, si no todos, los lectores internacionales habrán dejado de leer esta entrada porque no están interesados en la literatura de ficción, nos vemos obligados a subir un video (gentilmente editado por @mis2centavos) de la televisión estatal para demostrar que la creación de la SECOESPENAC no es en absoluto una ironía de este blog:




No pocos críticos del Gobierno, guiados suponemos por las mejores intenciones, creyeron ver en esta institución, cuya reminiscencia orwelliana es indudable, un resabio o atavismo nazi o fascista. Sin embargo, aunque tuvieron indudablemente ministerios y secretarías consagrados a la propaganda, a la censura, al cine, etc., ni el nazismo ni el fascismo contaron con una Secretaría dedicada al Pensamiento. La razón es muy sencilla, al menos en Alemania. Martin Heidegger habría acogotado a Hitler con sus propias manos si éste se hubiese animado a crear una Sekretariat des Denkens, o algo parecido. Hay cosas que ni siquiera un nazi se atrevería a hacer, y menos en vida de Heidegger, quien no era precisamente un enemigo del régimen.

A los efectos de esta edición internacional puede ser muy ilustrativo comparar la designación de Ricardo Forster al frente de la SECOESPENAC con la de Roberto Mangabeira Unger en Brasil hace unos años como Secretario de Planificación de Largo Plazo, si es que Mangabeira Unger nos perdona por haberlo comparado con Forster. Mientras que Lula había designado a Mangabeira no sólo porque era un intelectual destacadísimo sino además y fundamentalmente porque Mangabeira había denunciado a su gobierno como el más corrupto de la historia (a pesar de que Mangabeira de todos modos terminó yéndose del gobierno de Lula acusado de haber sido cooptado), el Gobierno argentino, quizás para ganar tiempo, designó directamente a un militante feroz como Forster a quien la corrupción no le preocupa demasiado. Por ejemplo, Forster ha manifestado pública y gráficamente que, y aquí citamos de memoria, el patrimonio de Lázaro Báez “no me importa un carajo”.

Quizás nuestros lectores foráneos supongan que la creación de la SECOESPENAC fue literalmente ad hominem, aunque en el buen sentido de la expresión ciertamente, tal como sucede cuando se crea una cátedra en una universidad debido al irresistible atractivo que emana de una mente brillante. Por ejemplo, a los filósofos del derecho les vendrá a la mente de modo inmediato el caso de Joseph Raz y de John Finnis, para quienes la Universidad de Oxford creara otras tantas cátedras paralelas a la hasta entonces única y muy prestigiosa cátedra de jurisprudencia ocupada por Ronald Dworkin, sucesor entonces de H. L. A. Hart.

Si bien no se trata necesariamente de un mal argumento, tiene al menos dos grandes dificultades. En primer lugar, Ricardo Forster confesó públicamente que no tenía idea de que el Gobierno pensaba crear una institución semejante y mucho menos designarlo a él como titular de la misma. Ciertamente, alguien podría sostener que precisamente se trataba de una sorpresa, quizás con el comprensible propósito de conmemorar su propio natalicio.

La segunda dificultad es mucho más difícil de sortear, ya que atañe al pensamiento de Forster y a la opinión que Forster tiene de sí mismo. Efectivamente, preguntado una vez sobre la existencia de un imitador en twitter tan fidedigno que la gente era—y sigue siendo—incapaz de distinguir entre el imitador y el original, Forster sostuvo que “quien lo hace... es un poco tonto” y que se trata de un pensamiento “mezquino, pequeño, ... pigmeo”. Sin embargo, es muy extraño que el Secretario para el Pensamiento no se dé cuenta de que si el contenido proposicional de la imitación es tan parecido que a veces es imposible distinguir quién lo dice, entonces, merced al principio de identidad, su propio pensamiento tiene que ser tan tonto, mezquino, pequeño o pigmeo como el de su imitador. Si Forster, por el contrario, con estas declaraciones quiso hacer gala de una ironía voltaireana, entonces reconocemos que hemos sido batidos en nuestro propio juego y concedemos muy gustosos la derrota. 

Otra muestra acabada del pensamiento de Forster emergió al declarar que “Si Pagni y La Nación dicen lo que dicen, es porque no debemos estar equivocándonos demasiado”, lo cual supone irónicamente que sus adversarios son, a su modo, infalibles en sus errores: siempre que critican al kirchnerismo lo hacen porque el kirchnerismo tiene razón. En este punto, Forster parece estar invocando la figura de aquel egregio militante, San Ignacio de Loyola, quien agregara a sus Ejercicios Espirituales ciertas “reglas para pensar como un militante”. En efecto, según la quinta regla un militante “siempre debe proceder de modo contrario al cual procede el enemigo”.  En otras palabras, un buen militante debe criticar todo lo que dice el enemigo, sólo porque lo dice el enemigo.

Nobleza obliga, sería injusto no destacar dos campos en los cuales la excelencia de Forster es incontrastable. Por un lado, la adjetivación maníaco-compulsiva, que arranca con no menos de tres y que puede llegar hasta seis, siete u ocho adjetivos por sustantivo. Claro que, como sucede con todo talento desmedido, bien puede tratarse de una "bendición mixta", una virtud que puede convertirse en una adicción y requerir tratamiento médico.

Otro tanto se aplica a su talento para la tautología. Como muestra, basta el botón de su profunda indicación según la cual Daniel Scioli tiene derecho a participar de las PASO en la interna kirchnerista. Parafraseando al personaje de Sir John Gielgud en "Arturo el Millonario", si estas capacidades pudieran mostrarse en una competencia olímpica, Forster nos enorgullecería en cuanta lid se presentara, convirtiéndose de este modo en el Sergei Bubka de la adjetivación y de la redundancia. Es más, no nos extrañaría que no le permitieran participar en tales competencias, tal es su superioridad. Quizás algunos lectores recuerden el caso de los Globetrotters, de quienes se decía que no podían participar en competencias oficiales por la diferencia de su juego con la de los demás equipos de la liga.

Para finalizar, un homenaje a la SECOESPENAC por Monty Python, un grupo al cual, insistimos, en Argentina no le habría sido nada fácil ganarse el sustento.


martes, 27 de enero de 2015

Servicio Internacional



Hace poco nos contaron que hay gente en el extranjero que lee este blog. No solamente todavía no salimos del asombro que nos provoca saber que hay alguien que nos lee en absoluto, sino que además no podemos darnos siquiera una idea del esfuerzo intelectual que representa poder entender a este país para alguien que no es argentino o que no ha vivido en Argentina.

Es por esto que con esta entrada inauguramos lo que podríamos llamar La Causa de Catón Servicio Internacional, en aras de ayudar a quienes se embarcan en semejante ordalía intelectual. Después de todo, los nativos (y residentes ciertamente) tienen una enorme ventaja ya que la sabiduría de la naturaleza les permite acomodarse a su medio ambiente y por eso les resulta más fácil entenderlo. En realidad, es la única hipótesis que puede explicar la supervivencia en un medio ambiente semejante, aunque estamos abiertos a otras sugerencias. Dicho sea de paso, en breve contrataremos a James Earl Jones para que grabe el identificador de nuestra señal internacional. 

En esta oportunidad vamos a tratar de explicar desde un punto de vista internacional el último suceso que ha cobrado estado público a nivel mundial, un suceso del cual ya nos habíamos ocupado brevemente (No es lo que parece). A tal efecto, vamos a usar una analogía televisivo-cinematográfica.

Supongamos que en televisión dan una película en la cual un fiscal que investiga a la Presidencia de la República aparece muerto en su domicilio el día anterior a hacer su primera presentación oficial en el Congreso Nacional acerca de precisamente dicha causa. Supongamos también que dicho fiscal contaba con una numerosa y celosa escolta de la Policía Federal, la cual había perdido todo contacto con él por lo menos durante las últimas once horas que condujeron a su muerte.

Luego, la Presidenta de dicha República escribe una epístola en Facebook (1 Cristina ad Facebookenses) comentando el acontecimiento como si fuera un usuario más de dicha red social con un puesto de sandías a la vera de una ruta provincial, y no la Presidenta de la República, e indicando ciertamente que para ella se trató de un suicidio. El suicidio, obviamente, está conectado con un grupo monopólico que busca desestabilizarla.

Evidentemente insatisfecha con esta primera carta, la Presidenta escribe una segunda en la misma red social, pero en la que cambia de opinión, ya que en lugar de inclinarse por el suicidio afirma que se trató de un asesinato obviamente orquestado por el mismo grupo monopólico que según la hipótesis anterior buscaba desestabilizar su Gobierno mediante un suicidio. Nobleza obliga, la Presidenta aclara en esta segunda epístola que “no tengo pruebas, pero tampoco tengo dudas” [de que se trata de un asesinato] (2 Cristina ad Facebookenses 12), quizás inspirada por el credo quia absurdum (“creo porque es absurdo”) de la patrística cristiana. Paralelamente, las encuestas muestran que la enorme mayoría del país en cuestión cree que se trató de un asesinato y las malas lenguas rumorean que eso fue precisamente lo que explica el cambio de opinión presidencial.

Continuando con la alegoría de esta trama, agreguemos ahora que el periodista que había dado la primicia sobre la muerte del fiscal se va del país alegando que está siendo perseguido precisamente por ese motivo. La trama se hace más espesa ya que mientras el periodista huye del país, la agencia oficial de noticias (Télam), la aerolínea de bandera (Aerolíneas Argentinas) y la cuenta oficial de la Casa de Gobierno en twitter (dirigida por una verdadera artista de la sutileza y el protocolo) difunden los datos del itinerario y del pasaje de dicho periodista, como si fuera un servicio prestado por la aerolínea a quienes viajan en business o en primera para asegurarse de que alguien vaya a buscar al pasajero en el destino final.

Mientras que algunos simpatizantes del Gobierno alegaban que este periodista descaradamente mentía enmascarando unas vacaciones en Uruguay como una persecución en la que su vida corría peligro, el Jefe de Gabinete, una vez preguntado al respecto, sostuvo que “Es un periodista que se sentía amenazado y fue importante publicar su paradero”. Como se puede notar, se trata de un Gobierno que cree que la mejor manera de calmar el miedo a la persecución es mediante una terapia de shock, algo así como encerrar a un claustrofóbico en un ascensor o tratar el miedo al agua y el vértigo con un clavado en Acapulco. Monty Python se habría muerto de hambre si hubiese tenido que trabajar en un país semejante. En todo caso, sus representaciones habrían sido cuadros puramente costumbristas.

Finalmente, y todo siempre en la misma película, la Presidenta más de una semana después del hecho decide salir en Cadena Nacional para completar su cuadro de situación. En dicha alocución sostiene que fue la Ministra de Seguridad quien la anotició a las 0:30 sobre "un incidente" que involucraba un fiscal tirado sobre un charco de sangre. La Presidenta, incrédula, le preguntó si se trataba de una broma, ya que sus ministros son muy de hacerle bromas a la madrugada sobre incidentes con fiscales federales tirados arriba de un charco de sangre (nota para quienes vieron el Mundial: la relación entre esta Presidenta y sus ministros es muy parecida a la que tenía Sabella con Lavezzi en el partido con Nigeria). Aquellos fanáticos que se interesan en la búsqueda de perlas cinematográficas, aquí tienen una: el Secretario de Seguridad había dicho públicamente en esta película que fue él quien le había dado la noticia por primera vez a la Presidenta (encima, el Secretario se mostró por televisión en el domicilio del fiscal antes de que llegara el poder judicial). Quizás en la secuela el guión desarrolle este desacuerdo entre la Presidenta, la Ministra y el Secretario (de hecho, le acabamos de dar el título a la segunda parte).

La Presidenta con la sana intención de colaborar con la investigación judicial, aunque respetando escrupulosamente la separación de los poderes, indica en la misma Cadena que el hermano de un empleado del grupo monopólico es responsable del homicidio. El implicado por la Presidenta es a la sazón un espía del Servicio de Inteligencia, cuyo excelente plan para llevar a cabo semejante maniobra de desestabilización incluía aparentemente una fuga al exterior, aunque según la Presidenta se había dejado estar, ya que había iniciado los trámites del pasaporte cuatro días antes del crimen. Además, esta misma persona que entendemos es un espía profesional, antes de su asesinato no tuvo mejor idea que escribir media docena de tweets en los que insulta a la Presidenta de la República, suponemos para asegurarse de que su crimen no pudiera ser rastreado hasta él.

Es difícil entonces resistir la inferencia de que el grupo monopólico de marras tiene, para decir lo menos, serias dificultades en el rubro de contratación de recursos humanos, particularmente en lo que atañe a su Departamento de Desestabilización. Si pudiéramos le recomendaríamos a este grupo monopólico que la próxima vez antes de contratar una consultora de recursos humanos vean al menos la primera temporada de “Los Soprano”. Quizás esto también quede para la secuela.

Hasta acá la analogía (nos faltó mencionar que también se roban un misil de una base militar, pero no vamos a entrar en detalles, ya que se trata de un hecho menor no conectado con la historia principal, cuya tarea es darle más color a una trama bastante anodina).

Ahora nos vemos forzados a pedirles a nuestros lectores extranjeros que hagan el enorme esfuerzo de lograr una “suspensión voluntaria de la incredulidad” y acepten que lo que acabamos de describir no es el guión inconcebible o en todo caso surrealista de una película de clase B.

En efecto, la realidad política argentina actual parece ser una película tragicómica policial y de espionaje de clase B dirigida por Luis Buñuel, en la que, como se suele decir en inglés, “La Vida de Brian” se encuentra con “Austin Powers” y “Frankenstein”. Por lo menos da un poco de gracia. Aunque a qué precio.