miércoles, 1 de octubre de 2014

Homenaje kirchnerista a Monty Python (editado)



Mientras veíamos ayer la alocución presidencial por TV, y en particular las sentidas palabras a la militancia en el patio, hubo una parte que nos llamó particularmente la atención. A pesar de que muchos critican al Gobierno por su falta de sentido del humor, ¿alguien puede negar que el minuto en cuestión se trata de un deliberado homenaje, paródico por supuesto, a ese otro minuto que también transcurre con un líder y sus militantes en otro patio y que quizás sea la mejor escena de "La Vida de Brian"?:




Muchas gracias a Javier Smaldone (@mis2centavos) por su excelente edición.

lunes, 29 de septiembre de 2014

Carta Abierta 17 o Hacia una Humanidad autorreflexiva

Cuando a Hemingway le preguntaban por el mensaje de sus novelas, él solía contestar que si hubiese querido enviar un mensaje habría ido al correo. Fiel a Hemingway, y como cada vez que el país lo requiere ante una nueva crisis, Carta Abierta salió otra vez al ruedo con su mensaje epistolar usando como correo los diarios. Huelga decir que este mensaje viene expresado en el ya característico lenguaje accesible, nacional y popular, de cada entrega de Carta Abierta.

Se trata, por supuesto, de la Carta Abierta 17 y su sugestivo título: "Buitres y halcones: crítica de la economía política del capitalismo de la globalización". A Marx, por ejemplo, le habría llamado la atención la redundancia final en el título cuando habla de "capitalismo de la globalización". Sin embargo, no solamente las redundancias sino que también hasta a veces las tautologías encierran grandes verdades como "negocios son negocios", o "la guerra es la guerra".

No hace falta aclarar que, como en todas las 16 restantes, se trata de una Carta con la extensión apropiada, "Ni más ni menos", como la milonga de Félix Palorma que grabara Troilo. Esta vez, 4.302 palabras. Cada una de ellas es indispensable, pero quisiéramos, irónicamente por razones de espacio, detenernos en los siguientes puntos.

1. Es muy curiosa la pregunta retórica con la que Carta Abierta parece formular una crítica a la política de seguridad del Gobierno en relación al uso del concepto de "deportación": "¿Es que se habla contra las derechas utilizando los mismos conceptos de las derechas?". En efecto, Carta Abierta evidentemente no se dio cuenta de que los DD.HH., el nacionalismo, el concepto mismo de "lo político", por no decir nada del populismo, son todos conceptos burgueses por no decir de derecha, y sin embargo han sido apropiados por el discurso de un Gobierno a cuya izquierda está la pared. Nos preguntamos si la designación de Milani tampoco hizo sonar una campana, como se suele decir en inglés.

2. Es digno de ser destacado que Carta Abierta constata "necesidades y carencias de sectores de la población que son víctimas antes que agentes de actos furtivos o comercios ilegales", a pesar de que ha transcurrido una década récord en redistribución del ingreso. Quizás Carta Abierta comparta la tesis teológica de que en el fondo en nuestro país el delito es producto de la caída antropológica antes que de notorias desigualdades socio-económicas, o que en todo caso la caída se ensañó particularmente con nuestro país. Hablando de delitos, la corrupción, con razón, ni siquiera es mencionada.

3. Nos complace saber que Carta Abierta comparte nuestro diagnóstico de que el "Servilismo indigno" de la oposición interna de nuestros buitres no puede ser explicada por "ninguna ventaja económica" sino que es lisa y llanamente principista. Es muy difícil luchar contra terroristas que no buscan dinero sino lisa y llanamente morir por sus ideales.

4. Por otro lado, llama la atención la mención en la carta a la "inflación" (al decir de Carta Abierta), o desplazamientos temporarios de precios como suele decir el Jefe de Gabinete, como si dicho fenómeno fuera un problema en absoluto y no un efecto colateral muy saludable del crecimiento económico con inclusión social.

5. La preocupación por la caída de las reservas de divisas y por la desestabilización cambiaria sugiere que Carta Abierta propone asimismo un endurecimiento en la lucha contra el mercado ilegal de cambio (quizás debido a cierto ensañamiento, otra vez, de naturaleza teológica que explica por qué tenemos semejante necesidad de dólares cuando en el resto del mundo en general el dólar se deprecia día a día). Nos tomamos el atrevimiento de recordar que la Unión Soviética también sufrió el daño ocasionado por las transacciones ilegales en monedas extranjeras, a tal punto que no dudó en tomar medidas drásticas en su contra, incluyendo la pena de muerte en 1961 (no será fácil, sin embargo, articular semejante castigo con el carácter correccional que el Gobierno planea darle a esta infracción a los efectos de agilizar la detección de los delincuentes). Compartimos por supuesto el celo en la protección de la moneda nacional, pero mucho nos tememos que el resultado de estas medidas no fue el esperado ni siquiera en la Unión Soviética. El punto es, si la pena de muerte no logró impedir el mercado ilegal de divisas, ¿qué podrá hacer el Gobierno al respecto? Dicho sea de paso, nos provoca curiosidad saber si los miembros de Carta Abierta leyeron el siguiente pasaje de Keynes que solía citar el actual titular del Ministerio de Economía, antes de ser ministro ciertamente:

"Cada vez que el franco [léase peso] se deprecia, el ministro de Hacienda cree firmemente que ello se debe a cualquier cosa excepto a causas económicas y lo atribuye a la presencia de un extranjero en las inmediaciones de la Bolsa o a las misteriosas y malignas fuerzas de la 'especulación'. Intelectualmente, tal actitud no está lejos de la del hechicero africano que atribuye la enfermedad vacuna al 'mal de ojo' echado por un circunstante y el mal tiempo al apetito insatisfecho de un ídolo".

6. También compartimos la preocupación de Carta Abierta en que "Nuevas y viejas derechas encarnan este peligro de restauración de la Argentina neoliberal, de la pobreza material y espiritual, que enuncian promesas alimentadas en las esperanzas sobre las inversiones y préstamos extranjeros y alientan ilusiones sobre la magia mercantil, alienando a las subjetividades de la participación en la construcción de su propio destino, mientras reclaman por alabanzas y conductas que seduzcan a esos supuestos agentes del progreso ordenado", y la trágica ironía de que sea la democracia misma la que permita que semejante proyecto llegue al poder por las urnas. En otras palabras, nos debemos un debate sobre la democracia.

7. Bien querríamos sumarnos al deseo de que "los movimientos populares de todo el mundo se mancomunen en torno a diseñar un nuevo tipo de humanidad autorreflexiva  y de naciones justas", si tan solamente supiéramos qué es la "humanidad autorreflexiva". Otra vez, ¿será una redundancia de las ilustrativas, como la que figura en el título de la Carta?

8. Va de suyo nuestro apoyo a "la necesidad de 'rediscutir' la Constitución", la cual, Dios no lo permita, no sería "para eternizar ninguna figura, sino para ligar temas centrales de la vida social con arquitecturas legales modernas".

9. Nos preocupa que Carta Abierta todavía plantee la alternativa "Diversificación productiva –atravesada por el aporte local de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación– o especialización reprimarizadora", como si, por ejemplo, la soja todavía cumpliera papel alguno significativo en nuestra economía, luego de estos diez años de desarrollo industrial inusitado.

10. Finalmente, hay un párrafo que aparece en la Carta pero entendemos que lo hace a los efectos de contribuir a la política criminal, es decir, para ser incorporado en el Código Penal como pena accesoria a toda condena por terrorismo, particularmente el económico, y a la de los infames traidores a la Patria, de tal forma que todo condenado deba leerlo de corrido sin respirar hasta encontrar el punto:

"la existencia de grandes colectividades mediáticas y empresariales, nuevas economías basadas en el avance de artificios biológicos –como la semilla transgénica– sobre la concepción del territorio fértil como granero alimentario mundial, añadiéndose a esto nuevos nódulos que posibilitaban la producción de mercancías, imágenes, enunciados sobre el vivir de 'alta gama'–según la expresión impuesta por la lengua creada por las grandes agencias mundiales que manipulan el consumo colectivo– tuvo su contrapartida social, el flujo de individuos desterritorializados, sin vivienda o con su vida precaria como campo de operaciones de las policías metropolitanas y gendarmerías, en operaciones violentas de desalojo o, por otra parte, de grupos de economías alternativas que incluyen las drogas sintéticas, el tráfico de armas o el lavado de dinero en áreas marginales al sistema económico central, pero funcionales a éste".

domingo, 21 de septiembre de 2014

Kirchnerismo de pura Cepa




En su nota de hoy publicada en Infonews bajo el ingenioso título de "Cuestiones Máximas" Hernán Brienza plantea buenas y malas, o en todo caso, preocupantes noticias. Empecemos por las segundas, como le gustaba a Don Corleone, y luego vayamos por las primeras.

Es ciertamente preocupante que, a falta de un líder, el pueblo kirchnerista (expresión probablemente redundante aunque nuestra) siga siendo "una masa desorganizada y desunida" a pesar de la existencia de agrupaciones tales como "Unidos y Organizados". Además, nos parece un arma de doble filo sostener, como lo hace Brienza, que "con todo el aparato mediático en su contra, con los principales grupos de presión, representantes de las elites dominantes, [el kirchnerismo] ha logrado, a casi 12 años de gobierno, mantener cautivado a un gran porcentaje de la población". En efecto, a la luz de semejante hecho, ¿qué sentido tiene empezar y terminar todas nuestras oraciones con una referencia al poder de los medios opositores? La respuesta, en realidad, quizás sea obvia: los medios opositores seguirán haciendo daño mientras haya gente que no sea kirchnerista.

En cuanto a las buenas noticias, es altamente loable que Brienza se esfuerce por alcanzar un punto de convergencia factible para todos los argentinos, para no decir para toda la Humanidad, o seres capaces de ser persuadidos razonablemente. Hay que reconocer que no es la primera vez que lo hace, ya que en su momento Brienza había proclamado urbi et orbi que, palabras más, palabras menos, "no nos merecemos al kirchnerismo" (Lo que vos te merecés).

En efecto, es para alcanzar este consenso superpuesto que suponemos Brienza se formula dos preguntas. La primera es: "¿Por qué los medios de comunicación de la oposición" primero maximizaron el discurso de Máximo para luego minimizarlo, "intentando de cualquier manera contrarrestar los posibles efectos positivos que pudiera haber generado el hecho político... más interesante de los últimos meses?".

Con su habitual modestia y precisión, Brienza sostiene que la "respuesta es sencilla". Se debe a que "todavía el kirchnerismo tiene la capacidad de mover el amperímetro en el mapa del poder local, hacia adentro y hacia afuera de las filas propias". En verdad, nos guste o no, seamos oficialistas u opositores, Brienza tiene razón. Seguimos hablando del kirchnerismo, el cual probablemente sea un fenómeno político inolvidable. De hecho, ya hay bastantes calles, hospitales, rutas, escuelas, becas, cátedras, centros culturales y vaya uno a saber cuántas cosas más destinadas a tal efecto.

La segunda gran pregunta que se hace Brienza en aras de obtener un consenso superpuesto es: "¿Por qué otro Kirchner?". Brienza es consciente de que hay "claramente, un problema. ¿Hasta dónde es transmisible esa confianza política depositada en Néstor y Cristina?". Y Brienza triunfa donde fracasaron insignes intelectuales. En efecto, su silogismo es arrollador:

(A) Tenemos fe en todo lo que hace Cristina.
(B) Cristina designa a Máximo como sucesor.
ergo
(C) Tenemos fe en Máximo.

Por si alguien todavía dudara de la validez de este silogismo, e incluso del valor de verdad de (A), Brienza incursiona nuevamente en la ontología kirchnerista (los lectores seguramente recordarán la incursión anterior de Brienza en este territorio: la ontología de Brienza) proponiendo una verdadera oferta que no podemos razonablemente rechazar: "Máximo viene, de alguna manera, a funcionar como 'garantía de calidad kirchnerista'. No se sabe, en términos públicos, si tiene o no condiciones para la política. (...). Pero hay algo que es indudable: es kirchnerista de pura cepa –sepa disculpar el lector la ironía del lenguaje–". Estamos tan de acuerdo con esta afirmación de Brienza que hasta hemos contemplado consultar con el Departamento de Asuntos Legales del blog (o "Legales" como lo llamamos habitualmente) para averiguar si no se trata de un plagio, o quizás de un caso de espionaje en nuestros archivos, con lo cual esta buena noticia no deja de tener cierto sabor amargo para nosotros.

En efecto, nunca estuvimos tan de acuerdo con Brienza. ¿Quién en su sano juicio podría dudar de que Máximo Kirchner sea "garantía de calidad kirchnerista", un "kirchnerista de pura cepa"? De hecho, se trata de un material destinado a convertirse en proverbio: "Ser más kirchnerista que Máximo" puede hacer empalidecer al muy actual "Ser más papista que el Papa". En cuanto a que para ser kirchnerista de pura cepa o de calidad no hace falta tener condiciones para la política, cierto kirchnerismo podría mostrarse reticente a compartir esta creencia de Brienza. Por lo demás, las mismas consideraciones sobre plagio o espionaje se aplican a la otra gran ironía de Brienza: Máximo es "como cualquier hijo de vecino".

Tranquiliza saber entonces que no predicamos en el desierto y que está lejos de ser quijotesca la búsqueda de consensos políticos basados en la razonabilidad, y quizás en la tautología. Como ya habíamos dicho alguna vez, a veces lo que más cuesta es el primer paso, tal como comentó Madame Du Deffand al escuchar la historia del santo patrón de París el cual luego de haber sido decapitado recogió su cabeza y se puso a recorrer varios kilómetros de París con la cabeza bajo el brazo (Milagros Kirchneristas).

martes, 16 de septiembre de 2014

Constituciones, Puentes y Autopistas

En su nota de hoy en Tiempo Argentino ("Chile no ha perdido la memoria") el profesor Guido Croxatto expresa su justificada preocupación por el ascendiente que todavía tiene Pinochet entre los chilenos, y en particular por la actual Constitución de Chile que fuera obra de Pinochet. Una constitución que se precie de ser democrática no debería estar emparentada con una dictadura.

Para ilustrar su posición al respecto, Croxatto compara la Constitución de Chile, que es una construcción cultural podríamos decir, con otras construcciones literales. En efecto, en esta nota el autor narra el dilema ético que se plantea en Chile acerca de si un puente construido por Pinochet tiene que ser dinamitado, pese a su utilidad, y/o de lo que sucede en Alemania con las autopistas de Hitler. En Austria, cuenta Croxatto, "no crean... museos de la memoria; han elegido dinamitar (tirar abajo) los edificios donde funcionaron oficinas de regímenes genocidas". Por lo demás, Croxatto agrega que "Bauman [N. de la R.: el prolífico sociólogo suponemos] entiende que los crímenes de esos regímenes son parte de su 'construcción', de su 'legado', son su 'precio'. No son "separables" el puente y los muertos. Vienen juntos. No se pueden separar". 

Ahora bien, la muy desafiante tesis de Croxatto es que "si 'censuramos' los crímenes, debemos censurar lo que viene vinculado a ellos" (nuestros lectores recordarán otros desafíos semejantes de otras tantas notas de este autor: democracia y derechos y milagros kirchneristas). El desafío fascinante que representa esta tesis se debe a que oscila entre dos extremos.

Por un lado, (1) esta tesis es completamente obvia. En efecto, muy poca gente dice "X me parece moralmente valioso porque es criminal o porque tiene que ver con un crimen". En realidad, la gran mayoría desaprueba por definición cualquier cosa que tenga que ver con un crimen, o al menos, para decirlo al revés, la gran mayoría no le concede valor moral a algo por el hecho de que sea criminal. Por el otro, (2) esta tesis es un disparate difícil de superar, ya que no solamente desaprueba los actos criminales e incluso sus consecuencias (lo cual es obvio) sino que además quiere borrar todo rastro de ellos. Y éste parece ser el camino tomado por Croxatto.  

Según la tesis de Croxatto, entonces, no solamente habría que destruir las pirámides de Egipto y los avances científicos logrados merced a los experimentos moralmente atroces de los nazis (v.g. acerca de la adaptación humana al frío extremo), sino además las autopistas de la Ciudad de Buenos Aires, el Monumental (o al menos las refacciones del 78), los cascos que hoy en día usan los soldados estadounidenses (el diseño es nazi), la democracia (su filiación con la esclavitud es obvia para cualquiera que conozca la historia de Grecia), la libertad (ídem), las fiestas o la cultura en general (Nietzsche, Girard), las juventudes políticas, los Estados, etc.

Y si sumáramos a la tesis genealógica (Y es criminal porque fue creado por el criminal X) la tesis del uso (Y es criminal porque fue usado por el criminal X), entonces deberíamos borrar todo rastro de la ESMA, los ferrocarriles, el gas, el chucrut, los Juegos Olímpicos, las universidades, el idioma alemán, los medios de comunicación, la publicidad oficial, etc. (en otras palabras, lo que habíamos llamado "nazismo anodino": nazis eran los de antes). Lo único quizás que seguiría en pie es la Secretaría de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional, ya que los nazis no crearon ni usaron algo semejante.

Croxatto podría replicar que tal como lo muestra el ejemplo que usa de la Constitución de Chile, la idea no es destruirla sino reemplazarla por otra. Y otro tanto se aplicaría a las autopistas, diseños, etc. Sin embargo, (a) no conviene mezclar instituciones jurídicas con edificios, u obras en sentido metafórico con obras literales (quizás la gran moraleja de esta nota), y además (b) da la impresión de que los mismos costos que impiden la destrucción de las obras son los que explican por qué no tiene sentido construir, v.g., otra autopista. Después de todo, si bien la moral no debe estar supeditada a la economía de ahí no se sigue que toda decisión ineficiente y/o que haga caso omiso de la economía es eo ipso moral. 

Louis C. K. parece haber leído esta nota, o una muy parecida: (si no hay tiempo, conviene ver desde 2:51), y la comenta mucho mejor que nosotros:






lunes, 8 de septiembre de 2014

¿Qué hay en un Nombre?



En Página 12 de ayer, Ricardo Forster, Secretario de Estado para la Coordinación del Pensamiento Nacional, sortea airosamente otra vez todos los escollos que la pérfida oposición ha puesto en el camino de su flamante cargo (click). En efecto, repasemos al pensador en acción.

1. Forster tiene toda la razón del mundo en que su Secretaría no es "fascista" o "totalitarista". Como hemos dicho en innumerables ocasiones, ni los nazis tuvieron una Secretaría del Pensamiento.

2. Invocando a Shakespeare, Forster parece preguntarse: ¿qué hay en un nombre?: "El nombre es algo que connota, que supone una forma de definir el orden de las cosas, pero es también algo que debe ser interpretado. La secretaría tiene un nombre que puede parecer complicado y creo que a ese nombre hay que resignificarlo". En otras palabras, el nombre de la Secretaría no tiene nada que ver con la función de la Secretaría. Hay que ser bastante estúpido para creer que quien crea una nueva Secretaría de Estado tiene tiempo para ponerse a pensar en el nombre, o el que nombre de tener alguna conexión con la misión principal de la Secretaría. Lo importante es que la Secretaría haga lo que tenga que hacer, no cómo se llama.

3. Hablando de lo que tiene que hacer la Secretaría, Forster, cuya tarea es la de coordinar el pensamiento nacional, sostiene que una de las misiones principales de su Secretaría es la de "poner en discusión incluso la idea misma de qué es el pensamiento nacional". Sólo alguien que creyera que, v.g., para poder coordinar el tránsito habría que saber primero qué es el tránsito, podría entonces dudar del éxito de esta misión estatal.

4. Preguntado acerca de si es posible o deseable que el "pensamiento nacional sea coordinado desde el Estado", Forster, habiendo aclarado miles de veces que el nombre de la Secretaría no tiene nada que ver con la Secretaría, responde que "No lo es. Pero no se trata de una coordinación en ese sentido, sino de generar los espacios, juntar a los que no se juntan, tener una mirada que reconozca el papel de la intención política y cultural, que reconozca la complejidad de las tramas". Es una pena entonces que el nombre no haya sido el de "Secretaría para la Coordinación Estratégica de la Complejidad de las Tramas".

5. Forster, siempre incisivo, sostiene que "Cuando un nombre genera tanta ofuscación es porque toca un nervio". Nos preguntamos si Forster daría semejante respuesta si le preguntaran por el oprobioso epíteto de "yegua" que algunos utilizan al hablar de política nacional.

6. Para Forster otra de las misiones de la Secretaría "es... poner a dialogar a Martínez Estrada con John William Cooke, a Sarmiento con Casullo". Es decir, la Secretaría va a hacer exactamente lo mismo que cualquier Universidad Nacional por ejemplo, o cualquier Universidad para el caso.

7. Forster no es tonto. Su Secretaría "no va a intervenir en la interna política, no es su misión y no está bien que lo haga". Ya bastantes problemas electorales tiene el kirchnerismo como para que Forster saliera a apoyarlo en las presidenciales del año que viene.

8. Finalmente, y acerca de Scioli, Forster aclara que "Tiene todo el derecho a presentarse como candidato, pero a mí me interesa que emerjan otras candidaturas". Y preguntado acerca de si existe un precandidato kirchnerista, Forster responde que "Me parece que eso sólo puede surgir en la medida en que haya una confluencia". En otras palabras, Scioli tiene derecho a presentarse y el kirchnerismo va a elegir un candidato que piense como los kirchneristas. Si la tautología fuera deporte olímpico, la medalla de oro sería argentina inexorablemente cada cuatro años.

Hay que aprovechar al máximo esta Secretaría y este Secretario mientras dure. Quién sabe lo que hará el próximo Gobierno.

sábado, 6 de septiembre de 2014

Abajo la Restauración



En su nota de hoy en Página 12, Emir Sader nos alerta acerca de una inminente "Restauración Conservadora" en América Latina (click). Sin embargo, no hay que desesperar, ya que la nota contiene buenas y malas noticias. Empecemos por las malas, como quería Don Corleone.

Por supuesto, el sujeto que empuña las armas son "los medios de comunicación privados". Las armas en cuestión son dos y de doble filo. En primer lugar, la democracia. En efecto, los medios privados buscan "proyectar candidatos que representarían la antítesis de los gobiernos progresistas". Sader cree que "como no es posible el camino liso y llano de golpes militares al estilo de décadas atrás, la derecha se vuelca hacia los procesos electorales, con grandes maquinarias de publicidad, valiéndose además de los medios privados de comunicación como su arma esencial".

La derecha según Sader, entonces, hace lo mismo que uno de los miembros del equipo de La Causa: ambos emplean medios lícitos para obtener fines inconfesables. En el caso de la derecha, se trata de usar la democracia para ganar elecciones y de ese modo mercantilizar la vida. En el caso del miembro de La Causa, se trata de comprarle pasajes aéreos a otra miembro de La Causa con la esperanza de que se caiga el avión en el que viaja. Si Sader fuera coherente, debería echarle la culpa a la democracia por el triunfo de la derecha, e incluso exigir el reemplazo de la democracia por otro régimen político. Respecto a nuestro compañero de equipo, no sabemos qué decir.

El otro arma es el Código Penal. En efecto, la derecha ha puesto en marcha "campañas de denuncias de supuestas irregularidades de los gobiernos, que sirven para debilitar su imagen frente a la opinión pública, así como para descalificar a Estados, gobiernos, partidos, política, como forma indirecta de ensalzar al mercado y a las grandes empresas privadas". En lo que atañe al caso argentino, dormimos con la conciencia tranquila porque hemos advertido la persecución mediática que sufre nuestro amado Vicepresidente (Boudou, Edipo y Girard). Otra vez, nos preguntamos si Sader solamente sospecha del Código Penal cuando es empleado contra la izquierda (suponiendo, tal como lo sostiene nuestra Presidenta, que a su izquierda está la pared) o si Sader se opone por principios a la idea misma de un Código Penal (o al menos al título mismo sobre delitos contra la administración pública). Nos vemos en la obligación de recordarle a Sader que el Código Penal de Cuba, por ejemplo, cuenta con un frondoso título al respecto.

Las buenas noticias son que dado que la "experiencia de Sebastián Piñera en Chile fue un primer intento" de la restauración conservadora, "con un empresario de éxito en la esfera privada como supuesto mejor gobernante para el Estado", precisamente "su paso por el Ejecutivo demuestra cómo esas nuevas caras apenas reproducen los viejos programas de la derecha tradicional y terminan fracasando". En otras palabras, la derecha podrá ganar alguna elección, pero siempre termina mal, lo cual a su modo reivindica a la democracia, ya que el fracaso de la derecha le abre un camino democrático a la izquierda. Pero por otro lado, esto debilita la preocupación de Sader por la restauración ya que tarde o temprano la derecha siempre pierde.

El resto de las buenas noticias es que el "éxito que puedan tener" las restauraciones conservadoras "supone, siempre, errores de esos mismos gobiernos [progresistas]", que pueden ser corregidos por dichos Gobiernos. El primer desacierto progresista es "la no democratización de los medios de comunicación, lo cual permite a la derecha disponer de un gran arma de acción". Por suerte, entonces, en nuestro país estamos salvados, porque la así llamada Ley de Medios está siendo implementada.

El segundo desacierto progresista son los "errores en las políticas económicas, con sus efectos en las políticas sociales (...). Asimismo, cuando fallan las políticas sociales, a veces también por el efecto de la inflación, se pierde apoyo popular". Acá la situación es mucho más delicada. En primer lugar, para Sader, si gana la derecha la elección eso se debe a los errores de la izquierda, mientras que para nuestra Presidenta, todo voto que pierde se debe a una conspiración internacional en su contra.

En segundo lugar, la inflación, que para Sader es un error del progresismo, es antes bien la política pública por antonomasia del progresismo al menos en su versión populista vernácula cristinista. De ahí que para nuestro país la recomendación de Sader, "readecuaciones en las políticas económicas y sociales", sea imposible. Otra vez, es algo así como cristinismo sin demagogia, o Hamlet sin el Príncipe, como se suele decir en inglés. Encima, semejantes readecuaciones suelen implicar devaluación (o desplazamientos del punto de convergencia entre monedas de diversas nacionalidades, parafraseando a nuestro Jefe de Gabinete), pero por suerte nuestra Presidenta ha anunciado públicamente que vamos a tener que esperar otro Gobierno porque ella no va a devaluar nuestra moneda.

Sin embargo, pensándolo bien, nosotros no tenemos por qué preocuparnos ya que no tenemos inflación, o al menos no tanta como para preocuparnos por ella. Parafraseando al Jefe de Gabinete otra vez, sólo tenemos variaciones estacionales de precios debido al insaciable apetito de las corporaciones. Deberíamos preguntarle entonces, v.g., a nuestros hermanos brasileños cómo es que pudieron contener la voracidad corporativa, al menos teniendo en cuenta su tasa de inflación. Con un poco de colaboración, juntos venceremos.  

domingo, 31 de agosto de 2014

Milagros Kirchneristas


La reciente carta presentada por prestigiosos economistas de renombre mundial (entre ellos Joseph Stiglitz y John Roemer) para apoyar la posición argentina ante la ONU a los efectos de que esta última regule las negociaciones de la deuda soberana parece adolecer de cierto defecto ya que una de las firmas que lleva es la de Albert Hirschman, uno de los cientistas sociales más famosos del siglo XX, quien falleciera hace dos años.

Como no faltarán seguramente las voces opositoras que aprovecharán la ocasión para poner el grito en el cielo, nos vemos en la obligación de recordar la reacción de Madame Du Deffand, amiga de Voltaire, ante la extática narrativa del Cardenal de Polignac sobre San Denis, el santo patrón de París. En efecto, el Cardenal le había contado que San Denis luego de haber sido decapitado en el siglo XXIV antes de Kirchner (III a. C. en la vieja terminología), recogió su cabeza y se puso a recorrer varios kilómetros de París con la cabeza bajo el brazo. Cuando, entonces, Madame Du Deffand escuchó esta historia de boca del Cardenal, comentó: "Ah Monseñor! Es sólo el primer paso el que cuesta".

Ahora bien, la muy tendenciosa nota publicada por Perfil sobre el aparente defecto de la carta (click) no solamente pasa por alto la historia del santo patrón de París que acabamos de recordar, sino que además pasa por alto más que comparables y seculares hechos nuestroamericanos. En efecto, la muerte no le había impedido a Chávez probablemente designar funcionarios y sucesores sino incluso hablar con Maduro en estado metempsicótico en la forma de un ave (de hecho, aunque creemos que lo hizo en vida, Chávez viajó en el tiempo para firmar la Declaración de Independencia de Venezuela: Chávez en el túnel del tiempo). Por lo demás, Hirschman bien pudo haber dejado una hoja firmada en blanco por si aparecía eventualmente una causa que valiera la pena luego de su fallecimiento. Después de todo, su familia no desmintió su posibilidad ni tampoco la biblioteca en la cual obran los documentos inéditos de Hirschman.

Y hablando de Hirschman, su libro Exit, Voice, and Loyalty (salida, voz y lealtad) nos da el pie ideal para tratar el muy interesante artículo publicado también en Perfil por el Prof. Guido Croxatto, uno de los afortunados ganadores de la beca Néstor Kirchner, miembro de Justicia Legítima, ex asesor de la Secretaría de DD.HH. de la Nación (en la época de Eduardo Luis Duhalde) y aparentemente actual asesor de la Presidenta de la Nación en materia de política nacional (a juzgar por lo que el autor, v.g., cuenta en otra nota: "Recordarás, Cristina, lo que pienso de Moreno, lo que te escribí desde Alemania lo sostengo punto por punto"). En esta nota el autor muestra su preocupación por cómo el personalismo hiperpresidencialista pone a la sociedad bajo la dominación demagógica (Una sociedad dominada por la demagogia), dando lugar entonces a lo que entendemos la historia recordará como el nacimiento del kirchnerismo deliberativista.

Nuestros lectores se imaginarán nuestra curiosidad intelectual acerca de la posición de Croxatto. ¿Cómo pensar al kirchnerismo sin la demagogia hiperpresidencialista? ¿No es acaso la noción de kirchnerismo republicano, un kirchnerismo sin Néstor ni Cristina, una contradicción en sus términos, algo así como un contractualismo sin contrato o Hamlet sin el Príncipe, como se suele decir en inglés? ¿No será entonces que Croxatto, retomando a Hirschman, ha decidido salir del movimiento, poniendo en duda de este modo su lealtad? Croxatto, con razón, podría replicar que el Peronismo sin Perón todavía subsiste, quizás más fuerte que nunca. Pero mucho nos tememos que la idea de un peronismo deliberativista tiene problemas estructurales muy similares a los del kirchnerismo deliberativista propuesto por Croxatto. Así y todo, como cuentan (aunque equivocadamente) que dijo Chou en Lai sobre la Revolución Francesa, todavía es algo apresurado para juzgar.

miércoles, 27 de agosto de 2014

Llamado a la Solidaridad: cuiden los Logros



En una reciente alocución ante la Bolsa de Comercio la Presidenta ha planteado un desafío fascinante para quienes se dedican tanto a la teoría como a la psicología políticas:

"Yo lo único que le pido a los argentinos es que cuiden lo que hemos logrado. Porque energía, alimentos, ciencia y tecnología, como lo he dicho siempre, van a ser las tres claves de este siglo XXI. Y creo que podemos decir con humildad, pero también con mucha serenidad y firmeza, que este Gobierno ha hecho por la ciencia y por la tecnología, por la recuperación de la soberanía hidrocarburífera, por el desendeudamiento de los argentinos y por la inclusión social, lo que no se hacía desde muchas décadas" (click).

Si nuestros lectores nos lo permiten, y solamente para analizar el desafío que nos ofrece la Presidenta en este pasaje, vamos a generalizar las motivaciones por las cuales los individuos adoptan una u otra posición política (i.e. kirchnerismo o antikirchnerismo, solamente para simplificar la discusión) en dos grandes conjuntos: auto-interés y principios. Si combinamos las motivaciones posibles con las posiciones obtenemos el siguiente cuadro de doble entrada el cual vamos a rellenar con algunos ejemplos:



Auto-interés
Principismo
Kirchnerismo
La gran masa de votantes según Cristina, a juzgar por sus palabras. Fito Páez, Maradona, ¿Insaurralde? 
Cristina, militantes y Víctor Hugo Morales. 
Antikirchnerismo
Buitres internos y externos (hasta hace poco solamente querían dinero), y estúpidos en general. ¿Fito Páez?
Antipatrias, enemigos del pueblo, buitres en una palabra (desde hace poco resultó ser el caso que el dinero buitre está subordinado a un proyecto político) y malvados en general.


El pedido ("cuiden lo que hemos logrado"), entonces, es claramente fascinante. En efecto, ¿por qué agentes racionales al menos en términos de auto-interés iban a dejar de apoyar o votar a un Gobierno que hizo tanto por ellos en términos de alimentos, energía y ciencia y tecnología? Ciertamente, quizás mucha gente no esté tan convencida de las bondades del conocimiento científico y tecnológico (quizás inspirados por cierto romanticismo o defensa del medio ambiente, aunque semejante motivación haría que nos hubiéramos desplazado hacia el principismo), pero todos disfrutamos de un bien público como la energía, y ciertamente todo el mundo quiere comer, sobre todo el número significativo de personas que tienen que acceder a los alimentos sobre la base del asistencialismo estatal. La redundancia del mensaje entonces salta a la vista. De hecho, el solo auto-interés debería dar por tierra con la explicación moral que otrora Hernán Brienza atribuyera al errático comportamiento electoral, como si la ingratitud de los millones de incluidos pudiera derrotar al cálculo interesado (no nos merecemos a Cristina).

Por supuesto, quizás hasta el auto-interés quede nublado a veces por la intervención de factores distorsivos de (¿hace falta decirlo?) los medios. Hace rato que dejamos atrás la ingenuidad de, v.g., un Tomás Moro, para quien “a poco que se proceda razonable y moderadamente, la fuerza de la verdad tiene que brotar e imponerse al fin por sí misma” (Utopía, II). Moro podía darse el lujo de creer algo semejante exclusivamente porque no conoció a Clarín. 

Esperemos que a nadie se le ocurra recordar que no hace mucho, con Clarín a toda marcha, este Gobierno obtuvo el 54 % de los votos. La pregunta que debemos hacernos, parafraseando al Cuervo Larroque, es por qué el 46 % restante no votó a este Gobierno. Otro punto interesante es el que surge de la consideración según la cual el sector más favorecido por este Gobierno ha sido el de los banqueros. Semejante hecho podría explicar por qué ha mermado, dicen, el apoyo al Gobierno, ya que si bien según el INDEC la clase media empieza, por así decir, a los diez dólares diarios, no hay tantos banqueros en el país—al menos hasta ahora—como para poder ganar una elección democrática sobre esa base.  

Huelga decirlo, la admonición presidencial seguramente no está dirigida al kirchnerismo principista, el cual difícilmente necesite que la Presidenta le recuerde qué se espera de él, a menos que los medios hayan comenzado a hacer mella en los militantes, lo cual es altamente improbable.     

De ahí que, aunque duela reconocerlo, la única explicación posible—excluyendo la de la estupidez de un número significativo de compatriotas—es que la oposición al Gobierno se basa en principios, y no en el auto-interés. Las consecuencias de esta explicación tiene múltiples aristas, una más fascinante que la otra. En primer lugar, quienes creen que la vida moderna, incluyendo a las ciencias sociales, se han economizado por completo, se equivocan. No todo el mundo busca maximizar su interés a partir de un orden de preferencias.

En segundo lugar, no es ninguna novedad que la burguesía nacional a pesar de que nuestro país le ofrece las mejores posibilidades para invertir, sin embargo prefiere otra vez perder dinero y por principios comprar dólares y/o llevarse sus dólares a otro lado o peor aún, dejarlos aquí pero debajo del colchón, y todo, insistimos, en contra de su propio auto-interés. No hay otra explicación, ya que es sabido que no conviene ahorrar en dólares, tal como la Presidenta nos lo ha hecho saber repetidamente. ¿O será que la estupidez abunda entre quienes creen ser tan racionales? No sería la primera ni la última vez. Y qué decir de los buitres externos, los cuales prefieren perder dinero con tal de destruir al país (buitres pero principistas). Es más, como buenos terroristas que son, están dispuestos a dar la vida con tal de destruirnos (pero Terrorista, che). 

Si alguien creyera que la democracia consiste precisamente en una lucha principista entre diferentes posiciones, deberíamos entonces recordarle a esta persona que el único principio compatible con una democracia genuina es el kirchnerista. En efecto, el kirchnerismo no es un partido más, es la encarnación de la democracia, del pueblo y de la patria. Toda otra o-posición principista es por definición antidemocrática, antipopular y antipatria, por no decir satánica, dispuesta a ir al infierno con tal de destruir al país.

A veces no nos damos cuenta de la suerte que tenemos de contar con un Gobierno capaz de enfrentar enemigos tan formidables. Con el auto-interés trata cualquiera. Pero al mal principista, a esa combinación que ha fascinado a generaciones de lectores de Milton, sólo Cristina puede hacerle frente. Es hora de preguntarnos entonces, parafraseando a John F. Kennedy o a Hans Jonas, no qué es lo que Cristina puede hacer por nosotros, sino qué podemos hacer nosotros por ella. Es lo menos que podemos hacer. 

domingo, 24 de agosto de 2014

“Siempre parece haber excusas para bombardear Irak”

A continuación, la última entrada (Brieger, Weber y Kant), ligeramente aumentada y publicada en Infobae.


En un reciente video de Télam el destacado analista internacional Pedro Brieger sostiene que, al menos en lo que respecta a EEUU, “siempre parece haber excusas para bombardear Irak”.

Semejante tesis es ambigua. Decir que EEUU tiene una “excusa” para bombardear Irak puede referirse por lo menos a que (a) la razón que EEUU invoca no existe (no hay ninguna grave violación de DDHH (decapitaciones, persecuciones, violaciones, etc.) en el Norte de Irak), o a que (b) si bien las graves violaciones de DDHH existen no podrían ser interrumpidas por los bombardeos, o (c) las graves violaciones de DDHH existen pero son aprovechadas por EEUU para bombardear Irak por razones auto-interesadas.

Las preguntas que se hace Brieger (“¿Por qué ahora? ¿Por qué la urgencia? ¿Por qué aparece la palabra genocidio?”) sugieren que la opción que representa la posición de Brieger es (c). En efecto, Brieger no menciona siquiera la cuestión acerca de si los bombardeos podrían tener el efecto anunciado y además no tendría sentido que Brieger se preguntara por la oportunidad o urgencia de una ocasión inexistente. Sería como preguntarse: ¿por qué EEUU no bombardeó Irak hace tiempo, cuando tampoco pasaba nada? Las graves violaciones de DDHH entonces son indudables para Brieger.

La cuestión central para Brieger entonces es si la motivación de EEUU de intervenir es genuinamente moral. Nótese entonces el moralismo de Brieger: un acto aparentemente moral como el de ayudar a víctimas de graves violaciones de DDHH dejaría de serlo si la motivación detrás de la ayuda fuera auto-interesada. Si, tal como alega Brieger, EEUU ayudara a las minorías religiosas, por ejemplo, para tapar el bombardeo israelí en Gaza, eso sería intolerable. Por otro lado, para Brieger la oportunidad de la intervención también es sospechosa (“¿por qué ahora?”). Brieger sugiere que no le habría importado tanto si EEUU hubiera intervenido en el Norte de Irak apenas comenzaron las graves violaciones de DDHH.

Brieger, sin embargo, no menciona el hecho de que quizás la invasión de Irak por parte de EEUU y el consiguiente vacío de poder fueron los que posibilitaron estas graves violaciones de DDHH. El silencio de Brieger quizás se deba a que de haber sido así, EEUU podría invocar precisamente su responsabilidad para intervenir.

Ahora bien, en primer lugar, es extraño que un analista como Brieger que hasta hace poco se preciaba de ser un científico weberiano que solamente observa la realidad sin emitir juicio moral alguno (sus comentarios en la TV Pública sobre los recientes asesinatos de los tres jóvenes israelíes lo comprueban: click) ahora adopte una posición hiper-moralista súper-kantiana respecto de los bombardeos de EEUU en el Norte de Irak.

En segundo lugar, si el bombardeo fuera injustificado, su motivación y/o oportunidad no tendrían nada que ver. Quizás se deba a que la guerra contemporánea usualmente provoca la muerte de no combatientes. Pero entonces todas las guerras contemporáneas serían inmorales por definición.

En tercer lugar, las consecuencias de la doctrina Brieger son extraordinarias. Por ejemplo, según Brieger la declaración de guerra de los EEUU contra el Eje durante la Segunda Guerra Mundial sería inaceptable. En efecto, si Brieger en 1941 se hubiera preguntado “¿Por qué ahora? ¿Por qué la urgencia? ¿Por qué aparece la palabra genocidio?”, la respuesta habría sido que Japón desafiaba el imperio mundial estadounidense, y no que, v.g., los nazis estaban cometiendo un Holocausto en Europa. Sin embargo, la motivación imperialista, que habría sido inaceptable para Brieger, habría sido más que suficiente para las víctimas del nazismo. Con respecto a la oportunidad, sin duda EEUU demoró en intervenir en aquella oportunidad, pero no por eso la intervención fue inaceptable, sobre todo para las víctimas.

Finalmente, hoy en día muy probablemente suceda otro tanto. ¿Las minorías aniquiladas en Irak, suponiendo que el bombardeo pudiera ayudarlas, preferirán esperar hasta que finalicen los bombardeos israelíes en Gaza, o rechazarán la intervención de EEUU porque es tardía, o antes bien se conformarán con motivaciones auto-interesadas por no decir imperialistas, amén de la demora en la intervención? La respuesta es obvia. No parecen tener mucha opción que digamos.

miércoles, 20 de agosto de 2014

Brieger, Weber y Kant

No hace mucho, Pedro Brieger había anunciado en la TV Pública su adhesión a la neutralidad valorativa weberiana en ocasión de la muerte de tres jóvenes israelíes al sostener que sólo le interesan los hechos o "la realidad", ya que para él "es otro [el] debate acerca de la moral, de la violencia, si es buena, o mala" (secuestros y asesinatos, y no en el buen sentido de la palabra). Dado que Brieger no hacía análisis morales sino puramente políticos, no condenó los secuestros y asesinatos en cuestión y lo único que Brieger le criticaba a Israel era que su política es irracional. En otras palabras, lo único que le interesaba a Brieger es el éxito.

En su momento, habíamos llegado a creer que Brieger se contradecía ya que por momentos emergía cierto tono moral en sus análisis, aunque fundamentalmente en relación con la política israelí. Ahora nos hemos dado cuenta de que, como suele pasar, hemos confundido una contradicción con una superación intelectual que ya se percibía en la crítica moral a la política israelí.

En efecto, el pensamiento de Brieger ha experimentado en estos días una profunda transformación, dando lugar a lo que algunos seguramente llamarán el "segundo Brieger". En otras palabras, la influencia de Max Weber en el pensamiento de Brieger parece haber sido opacada por la de Kant (o por la de cierto kantismo en todo caso). Veamos si no el siguiente video de Télam:




Lo que revela el nacimiento del segundo Brieger o Brieger tardío es su tesis central según la cual "siempre parece haber excusas para bombardear Irak". Mientras que antes Brieger se enorgullecía de ser un científico que explicaba la realidad política distanciado de toda consideración moral, desde el último bombardeo estadounidense de Irak ha cambiado de posición y denuncia la inmoralidad de dicho bombardeo.

Ahora bien, decir que EE.UU. tiene una "excusa" para hacer bombardear Irak es ambiguo: puede referirse tanto a que (a) la razón que EE.UU. invoca no existe (no hay ninguna grave violación de DD.HH. en el Norte de Irak), o a que (b) la motivación moral de dicha razón es insuficiente o incluso inexistente (EE.UU. aprovecha la ocasión de una grave violación de DD.HH. para bombardear Irak por razones auto-interesadas). Brieger podría (c) haber dudado de la racionalidad de semejante bombardeo (i.e. las graves violaciones de DD.HH. existen pero no podrían ser interrumpidas por los bombardeos), pero ni siquiera contempla la posibilidad de tal opción, al menos en este video.

A juzgar las preguntas que se hace Brieger en este video ("¿Por qué ahora? ¿Por qué la urgencia? ¿Por qué aparece la palabra genocidio?") la respuesta es que Brieger opta por (b). En efecto, no tendría sentido inclinarse por (a), como si Brieger se preguntara por la oportunidad o urgencia de una ocasión inexistente (sería como preguntarse: ¿por qué EE.UU. no bombardeó Irak hace tiempo, cuando tampoco pasaba nada?).

Semejante conclusión implica entonces que el otrora realista se ha convertido hoy en un hipermoralista tal que permitiría el bombardeo de Irak en defensa de minorías religiosas "perseguidas" (en las palabras de Brieger, aunque a juzgar por las varias decapitaciones y cientos de muertes además han sido verdaderamente "alcanzadas") si y sólo si dicho bombardeo obedeciera a razones puramente morales (si es que lo permitiría en absoluto). Cualquier otra motivación contaminaría su moralidad y por lo tanto lo descalificaría irremediablemente.

Las consecuencias de la doctrina Brieger son extraordinarias. Por ejemplo, según Brieger la declaración de guerra de los EE.UU. al Eje durante la Segunda Guerra Mundial fue inaceptable. Semejante conclusión resulta inexorablemente de repetir las preguntas que se habría hecho Brieger en 1941: "¿Por qué ahora? ¿Por qué la urgencia? ¿Por qué aparece la palabra genocidio?". En efecto, tal como lo demuestra el tiempo que demoró EE.UU. en entrar en la guerra, si bien dicha intervención permitió, v.g., la interrupción del Holocausto, en el fondo fue motivada seguramente por la defensa de su incipiente imperialismo, se demoró algunos años, etc.

De ahí que según la doctrina Brieger, las minorías aniquiladas en Irak deberán esperar a ser ayudadas hasta que, v.g., terminen los bombardeos israelíes en Gaza (Brieger sospecha que los bombardeos de EE.UU. sólo quieren tapar los de Israel en Gaza), o hasta que EE.UU. se decida a intervenir militarmente exclusivamente por razones cuya moralidad hasta un santo aprobaría.

Dicho sea de paso, Brieger no es el primero en proponer una doctrina semejante. Ya habíamos discutido la extraordinaria contribución de Guillermo Levy quien en ocasión de otro ataque de EE.UU. sostuvo que "Solo personas con limitadas capacidades mentales pueden pensar que en la cúpula de poder de los Estados Unidos reina la indignación por el supuesto ataque con armas químicas contra civiles en Siria" (click).

Sea como fuere, la doctrina Brieger quizás no sea fácilmente compartida por quienes son objeto precisamente de la auto-interesada o hipócrita ayuda de los EE.UU. En efecto, quizás las minorías perseguidas (y alcanzadas) no compartan el hipermoralismo briegeriano y se conformen con ser ayudadas por el mismísimo diablo con tal que dicha ayuda interrumpa la agresión de la que son víctimas.

Resta decidir si el punto de vista de las víctimas es más importante que el de un analista que primero se ufanaba de adoptar un punto de vista puramente explicativo o externo (a pesar de que no lo hacía) y que ahora no se conforma con menos que un punto de vista moral completamente desinteresado. No parece haber mucho opción que digamos.




lunes, 18 de agosto de 2014

Buitres, pero Principistas


Hace muy poco, la posición presidencial acerca de los buitres era que, como su nombre lo indica, se trataba de agentes exclusivamente preocupados por satisfacer su auto-interés en perjuicio del interés nacional. Sin embargo, a juzgar por las últimas opiniones vertidas por la Presidenta, la posición presidencial ha experimentado una transformación notoria.

En efecto, en las palabras de la Presidenta, “El gran tema de los fondos buitres es que no quieren arreglar. ¿Solamente por avaricia y codicia? No, no solamente por avaricia y codicia, sino también por una decisión política y geopolítica de querer volver a endeudar a la Argentina, y tirar abajo, de cualquier modo, la reestructuración de deuda soberana” (click). Los que otrora entonces actuaran sólo por auto-interés ahora actúan además sobre la base de una decisión política. En otras palabras, nos enfrentamos a terroristas (bastante extraños por otra parte: pero Terrorista Che) que actúan por principio. Los buitres están dispuestos incluso a perder dinero si hiciera falta con tal de "tirar abajo... la reestructuración de deuda soberana".

Por un lado, nos gustaría creer que somos en parte responsables de este giro presidencial, si es que podemos tocar nuestra propia trompeta, como se suele decir en inglés. En verdad, en este blog nos habíamos al menos anticipado al sostener que no eran buitres cualesquiera sino principistas (click). Por el otro, no es ninguna novedad que los terroristas actúan por principios, al punto de estar dispuestos a sacrificar su auto-interés por su causa. Como nos lo recuerda Hannah Arendt, el genocidio cometido por los nazis no sólo llama la atención por su carácter atroz sino además debido a que fue llevado a cabo en medio de una guerra mundial contra toda lógica auto-interesada desviando recursos bélicos indispensables. A pesar de lo que cree, v.g., Marcos Aguinis (nazis eran los de antes), a veces es preferible tratar con simples criminales antes que con idealistas.

La cuestión es si el principismo juega a favor o en contra de los buitres. Claramente, la Presidenta, adhiriendo implícitamente a la tesis que podríamos llamar “soberana”, cree que la criminalidad del buitre se ve exacerbada por su aspiración política. En cambio, para quienes defienden la tesis que podríamos llamar “liberal” (en homenaje a la escuela de pensamiento que de hecho inventó la noción moderna de “delito político”), quien comete un acto criminal motivado por una decisión política es moralmente superior al simple criminal que sólo desea salirse con la suya, sin correr riesgo alguno.

Es más, la tesis liberal se cuida particularmente de confundir al delincuente político con un terrorista y enfatiza precisamente que son los Estados los que monopolizan el uso del “terrorismo” como un arma ideológica destinada a descalificar a sus adversarios, a pesar de que irónicamente haya sido un Estado como el jacobino el que se ufanó de emplear por primera vez el terror como una política pública o de Estado. Y si nos podemos permitir aquí un anacronismo, tal como famosamente lo sostuviera William Blake, Milton mismo parece tomar partido por Satán a juzgar por la caracterización principista republicana que brinda en su Paraíso Perdido de la desobediencia del ángel caído a un Dios arbitrario que le prohíbe a los seres humanos comer del árbol del conocimiento.

Ahora bien, la Presidenta no es lo que se dice una adherente inconmovible de la tesis soberana. En efecto, la Presidenta parece sentirse mucho más cómoda con la tesis liberal en el caso de quienes se alzaron en armas bajo un orden constitucional democrático durante los setenta, a pesar de su preferencia por la tesis soberana en el caso de los buitres.

Ciertamente, alguien podría sostener que la Presidenta puede oscilar sin contradecirse, ya que es liberal y tolerante para con quienes defienden principios correctos pero soberana e implacable para con quienes suscriben principios incorrectos. Claro que semejante afirmación confía ciegamente en la existencia de una teoría de las respuestas políticas correctas; dicha confianza, sin embargo, parece ser desmedida a juzgar por los profundos desacuerdos que atraviesan el campo de la filosofía política.

Sea como fuere, somos muy afortunados por vivir en una época en la cual las intervenciones presidenciales son usualmente el disparador de muy ricos debates intelectuales, a tal punto que hasta contamos con una Secretaría de Estado para el Pensamiento. ¿Cuántas épocas históricas podrán decir lo mismo?

viernes, 15 de agosto de 2014

Pero Terrorista, Che



Como si no tuviéramos suficientes problemas, ahora somos el blanco de ataques terroristas. En efecto, anoche, la Presidenta de la República se dirigió al país por Cadena Nacional finalmente, y tal como lo exige la insaciable oposición, de acuerdo con lo que exige la ley, es decir, en ocasión de una situación grave o excepcional. Después de todo, no todos los días un país es blanco de ataques terroristas. De ahí que a la Presidenta no le quedó otra alternativa que hablar por Cadena Nacional y solicitar la aplicación de la así llamada ley antiterrorista en contra de la imprenta estadounidense Donnelley (click).

Seguramente, la misma insaciable oposición se expresará, cuándo no, en contra de semejante decisión. Es más, algunos socarronamente recordarán que a quienes desconfiaban de la ley antiterrorista al momento de su sanción, el kirchnerismo los tranquilizaba diciendo que se trataba de una ley que jamás iba a ser aplicada. Era sólo una concesión al GAFI. En defensa del Gobierno debemos decir que cumplió con su palabra. Fue un aliado del Gobierno Nacional, i.e. el Gobierno de Santiago del Estero, el único que hasta ayer al menos había aplicado la ley y lo hizo contra un periodista que cubría una huelga de policías. Sólo quienes defienden la libertad de prensa o algún otro derecho constitucional podrían oponerse a tan sabia decisión. Además, el periodista en cuestión sólo estuvo preso diez días por eso. 

Por otro lado, quizás el Gobierno realmente creía que jamás iba a ser necesario aplicar la ley. Sin embargo, si aparece una empresa terrorista, como efectivamente lo es Donnelley, ¿acaso el Gobierno sólo por principios iba a negarse a aplicarle una ley antiterrorista que tiene precisamente a disposición?

Nuestra única duda gira alrededor de la tipificación del delito de terrorismo, como dicen los penalistas. En efecto, repasemos la ley en cuestión, particularmente el artículo aplicable al caso:

"Artículo 213 ter.- Se impondrá reclusión o prisión de CINCO (5) a VEINTE (20) años al que tomare parte de una asociación ilícita cuyo propósito sea, mediante la comisión de delitos, aterrorizar a la población u obligar a un gobierno o a una organización internacional a realizar un acto o abstenerse de hacerlo, siempre que ella reúna las siguientes características:
a) Tener un plan de acción destinado a la propagación del odio étnico, religioso o político;
b) Estar organizada en redes operativas internacionales;
c) Disponer de armas de guerra, explosivos, agentes químicos o bacteriológicos o cualquier otro medio idóneo para poner en peligro la vida o la integridad de un número indeterminado de personas".

No hay dudas de quién es el autor del delito, i.e. Donnelly opera mediante una red internacional, y quién sabe quizás hasta tenga un plan de acción destinado a la propagación del odio político contra el pueblo argentino, qué decir de las armas de las que dispone para poner en peligro nuestra vida. Nuestra única duda es sobre la acción tipificada. ¿La Presidenta cree que Donnelly se propone (a) aterrorizar a la población, o (b) obligar al gobierno a realizar un acto o abstenerse de hacerlo? 

Si se tratara de (a), alguien podría sostener que otro tanto se aplicaría, v.g., a Ignacio Copani y sus canciones, qué decir de varias de-por no decir todas-las emisiones de 678, y quizás gran parte de la política económica del Gobierno. Pero si se tratara en realidad de (b), la dificultad sería aún mayor. Por un lado, no nos engañemos, la Presidenta no quiso darse ínfulas, pero es obvio que el terrorismo internacional quiere derrocar al Gobierno del Pueblo. No hace falta ser un científico especializado en cohetes para darse cuenta de eso. Pero por el otro lado, da la impresión de que se trata de terroristas muy especiales. En efecto, se trata de terroristas tan estúpidos que se olvidaron de anunciar públicamente qué es exactamente lo que el Gobierno debe hacer u omitir para que dejen de aterrorizarnos. Aunque no debemos descartar una escalofriante hipótesis: se trata de terroristas tan diabólicos que ni siquiera dicen cuáles son sus condiciones. Sólo quieren provocar terror.

En realidad, finalmente, lo que quieren estos terroristas es obvio, ni siquiera tienen que anunciarlo. Quieren que le paguemos a los buitres. Que semejantes tecnicismos entonces no impidan que el fuero penal federal cumpla con su trabajo.


N. de la R.: a quienes el título de la entrada no les resulte familiar (i.e. a todos aquellos menores de 50 años por lo menos) les recomendamos ver desde 11:25 de esta versión de "Así es la Vida", con Luis Sandrini y Andrés Percivale.
         

lunes, 4 de agosto de 2014

Escudos Humanos, demasiado Humanos

Llama particularmente la atención el reconocimiento público hecho por Hamas no sólo del uso de escudos humanos para defenderse de los bombardeos israelíes, sino además del éxito de dicha táctica:



En efecto, para que exista algo así como una justificación del uso de escudos humanos, dicho uso debería ser racional o efectivo, lo cual depende de los escrúpulos morales de quien nos ataca. Por lo cual, Hamas, créase o no, a su modo rinde un homenaje de cierta clase a Israel. En todo caso, Israel no puede ser tan diabólico como suele ser descripto por Hamas, ya que si lo fuera Hamas no podría usar escudos humanos con éxito.

La razón que Hamas obviamente invoca en favor del uso de escudos humanos es que es víctima de una agresión y no tiene recursos militares alternativos. Sin embargo, el hecho de que estemos luchando por una causa justa no implica que absolutamente cualquier cosa que hagamos sea por lo tanto justa (de hecho, da la impresión de que no exista causa alguna capaz de justificar cualquier cosa). Por otro lado, sucede también el escenario inverso: quienes pelean por una causa injusta tienen derecho a defender a sus propios no combatientes en caso de que sean atacados incluso por quienes pelean por la causa justa.

Por lo demás, habría que recordar que en el caso usual del escudo humano, quien lo emplea no tiene ninguna relación con él, mientras que Hamas usa a sus propios connacionales como escudo humano. De ahí que una razón más apropiada podría consistir en que los escudos humanos de Hamas actúan voluntariamente; sin embargo, este hecho puede justificar el comportamiento de escudos adultos, pero no el de los menores de edad. Alguien podría insistir en que estos últimos son de la misma nacionalidad que sus dirigentes. ¿Se sigue entonces de este hecho que Hamas puede disponer de ellos a voluntad? Quienes creen que Hamas puede atacar no combatientes de otras nacionalidades (i.e. puede cometer actos terroristas) muy probablemente crean que es obvio entonces que pueda disponer de todos sus connacionales. Pero quienes se oponen al terrorismo no pueden justificar algo semejante.

Quedaría la alternativa intermedia según la cual Hamas tiene éxito con su política de escudos humanos no porque evita la muerte de no combatientes (antes bien quizás logre lo contrario) sino porque le hace un daño irreparable a la imagen de Israel ante la opinión pública internacional. Sin embargo, es obvio que el requisito de la racionalidad o efectividad también impide que esta alternativa tenga sentido. Nuevamente, de manera paradójica, para que funcionara esta variante Israel debería preocuparse por su imagen ante la opinión pública y por lo tanto demostrar al menos cierta escrupulosidad moral. Y si a Israel no le importara, el uso de escudos humanos sería injustificable.

Por si hiciera falta aclararlo, Hamas no es el único precisamente con dificultades normativas por así decir. La única manera que tienen los Estados de mantener viva la distinción entre la guerra y el terrorismo en la época de la guerra total y de la tecnología es la doctrina del doble efecto, según la cual, dicho muy mal y muy pronto, el ataque contra no combatientes está justificado cuando no es deliberado sino un efecto colateral, previsto pero no deseado, del acto de guerra. Sin embargo, esta doctrina del doble efecto suele ser acusada no sin razón de ser en el mejor de los casos una racionalización al servicio de los Estados, y en el peor, lisa y llanamente una perversión. De ahí que sólo quienes todavía creen en la doctrina del doble efecto pueden sostener que Israel no comete actos terroristas, y quizás ni siquiera ellos.

Finalmente, Hamas podría tener un as en la manga, al menos en términos consecuencialistas, si se tratara de una organización cuyo fin fuera eliminar precisamente a todos los Estados, los cuales se suponen son la fuente de toda violencia. Sin embargo, Hamas puede ser muchas cosas salvo una organización anarco-pacifista. Quiere destruir el Estado de Israel pero a la vez tener uno propio e islámico, con lo cual seguirá usando la violencia, como cualquier otro Estado.

viernes, 1 de agosto de 2014

Rousseau, Atenas y el Default



Rousseau tenía razón: "Esa palabra finanza es una palabra de esclavo" (Contrato Social, III.15). En efecto, tal como nos lo recuerda Castoriadis en "La polis griega y la creación de la democracia", en la Atenas clásica toda ejecución de las decisiones políticas (policía, encargados de archivos, finanzas públicas) estaba en manos de esclavos. Nuestro Presidente del Banco Central (Juan Carlos Fábrega) y el Secretario de Finanzas (quienquiera que fuera, ya que irónicamente por primera vez en nuestra historia discutimos un default sin que sea de dominio público el nombre del que ocupa el cargo) habrían sido esclavos en Atenas.

Sin embargo, hoy en día no hay persona libre que no haya discutido el default, cuestión económica y literalmente efímera si las hay. Algunos como el diputado Roberto Feletti, creen que "la historia va a reivindicar la posición argentina" (click), quizás sugiriendo la instancia del tribunal hegeliano de la historia del mundo por si la apelación al Tribunal de La Haya no tiene éxito.

Otros, como Aníbal Fernández, creen que "Default técnico no es default" (click), en contra de aquel viejo adagio del Parque Centenario ("Penal-gol-gol"). Por lo demás, la frasa de Fernández nos trae reminiscencias de aquel otro viejo adagio iusnaturalista: lex iniusta non est lex, algo así como "el malvado de mi tío Alberto no es mi tío".

El Ministro de Economía, por su parte, cree que es una pavada atómica creer que estamos en default. Sin embargo, según los bonos emitidos por el Estado argentino, el pago se cumplimenta cuando el tenedor del bono recibe el dinero (click). Suponemos, o queremos suponer, que el Ministro de Economía está al tanto de este hecho.

También llama la atención el hecho de que el Ministro de Economía haya alegado que durante la negociación con los buitres tenía las manos atadas ya que el derecho argentino le impedía cumplir con la sentencia estadounidense. En efecto, el Ministro pareció haber pasado por alto el hecho de que el Estado argentino se había sometido a la jurisdicción y al derecho estadounidenses, precisamente porque es soberano. Quienes defienden la idea de soberanía a veces se olvidan de que un ser soberano no sólo puede liberarse sino también obligarse cuando quiere. Sólo quienes no son soberanos son incapaces de hacer algo semejante.

Por si esto fuera poco, tenemos tanta mala suerte que nos ha tocado una contradicción en sus términos: buitres principistas. No sólo algunos han denunciado una cruzada de los buitres contra nuestro país sino que hasta corrió el rumor de que había tenido lugar un acuerdo (promovido por el arriba mencionado Fábrega) que se evaporó una vez que los buitres se enteraron del discurso del Ministro en el Consulado Argentino en Nueva York, apenas terminada la última reunión el miércoles, como si seres egoístas por naturaleza como los buitres se dejaran influir por sus principios.

Ahora bien, suponiendo que fuera cierto que la delegación argentina no podía negociar, ¿acaso los buitres ignoraban que nuestra delegación tenía las manos atadas? ¿Y qué estuvieron haciendo entonces nuestros enviados cuando decían que iban a negociar durante los últimos dos meses? Por alguna razón, esta negociación nos hace acordar a la siguiente escena de "Fargo" (si hubiera que elegir, habría que ver desde 0:35):



Cliente: Ud. me llamó hace veinte minutos y dijo que lo tenía. Listo para hacer la entrega, dijo. Venga y lléveselo. Y aquí está Ud., haciéndome perder el tiempo y el de mi esposa, y yo voy a pagar diecinueve quinientos por este vehículo.
Jerry: Está bien, voy a hablar con mi jefe. Vea, ellos instalan ese TrueCoat en la fábrica, no hay nada que podamos hacer, pero voy a hablar con mi jefe.  
Cliente: Estos tipos acá, estos tipos. Siempre lo mismo. Siempre es más!   
Jerry: ¿Vas a ir a los Gophers el domingo?
Vendedor: por supuesto.
Jerry: ¿No tendrías ahí un ticket de más?
Vendedor: ¿Estás bromenado?
Jerry: Bien, él nunca había hecho esto antes, pero viendo que se trata de circunstancias especiales, él dice que le puedo sacar cien al TrueCoat.
Cliente: Cien. Ud. me mintió, Sr. Lundegaard. Ud. es un mentiroso descarado. Un mentiroso del carajo.
Cliente: ¿Dónde está mi maldita chequera? Terminemos con esto. 

miércoles, 30 de julio de 2014

Pensamiento Masónico Nacional



En medio de tanta discusión efímera sobre la economía, es refrescante que en dos entrevistas recientes, el Secretario para el Pensamiento Nacional, quizás sin proponérselo, haya revelado la estructura masónico-trinitaria de su pensamiento. En efecto, es fácil de advertir la manera en que el Secretario apela frecuentemente a la trinidad para revelar su pensamiento. Por ejemplo, tomemos la entrevista del domingo en Página 12 (los corchetes son nuestros):

- "El nombre [de la Secretaría] [1] tocó sensibilidades, [2] movilizó ciertos fantasmas, [3] provocó reacciones".
- "'Pensamiento nacional' es un nombre [1] polisémico, [2] equívoco, [3] complejo".
- "Lo nacional hoy en la Argentina es muy difícil de categorizar desde una sola perspectiva. ¿A Borges cómo lo colocamos? [1] ¿Como un escritor cosmopolita sin raíces? [2] ¿Como un escritor del criollismo vinculado a su Palermo natal o a los relatos de Guillermo Hudson o de Güiraldes, o lo vinculamos con su descubrimiento de Herder, de Keats, de Whitman o de Schopenhauer? [3] ¿O es todas las cosas al mismo tiempo?"
- "Lo que hay son [1] giros, [2] invenciones, [3] sentidos en disputas y eso nos plantea la dificultad de pensar la Argentina".

Por supuesto, cualquiera puede tener un día triádico, y quizás las respuestas en esta entrevista hayan sido sólo una casualidad. Pero hete aquí que en otra entrevista (click) reaparece la estructura masónica, la cual a la sazón, es la misma que la del vals y sobre todo del pericón nacional (un, dos, tres):

- "darle a la cultura ese lugar de gabinete ministerial permite una serie muy poderosa de [1] acciones, de [2] reconocimientos y de [3] legitimidad".
- "Esto implicaría dejar afuera a todos aquellos modos de la creación cultural [1] que no son inmediatamente rentables, [2] que no son un negocio, [3] que no están en el 'main street' de la creación cultural".
- "Un Ministerio de Cultura básicamente protege... a aquellos que con enorme esfuerzo sostienen esa trama de la creación cultural y que no tienen como objetivo [1] el negocio, [2] la construcción mercantil o [3] la rentabilidad".
- "La verdad que las actividades que estamos planeando son [1] diversas, [2] múltiples y [3] con mucha intensidad".
- "yo creo que el nombre que decide desde la Presidencia de la Nación para esa Secretaría tiene esa potencia. Porque es un nombre que produce [1] escozor, que produce [2] interrogación, que produce [3] rechazo también".

Por si esto fuera poco, Forster nos ha legado una frase para reflexionar (no es la primera vez que el Secretario nos deslumbra con su sutileza: que el árbol no tape el Forster) como respuesta a la pregunta acerca de por qué "la derecha mediática atacó" la creación de su Secretaría:

"se combinan dos cosas. A veces los nombres tienen dos posibilidades: o pasar desapercibidos, no producir ningún efecto; o tener la potencia de generar efectos. Y yo creo que el nombre que decide desde la Presidencia de la Nación para esa Secretaría tiene esa potencia. Porque es un nombre que produce escozor, que produce interrogación, que produce rechazo también".

En otras palabras, (1) que los nombres producen efectos o no lo hacen, a primera vista parece ser una obvia tautología, algo así como decir que el mundo se divide entre los que conocen al Gallo Claudio y los que no lo conocen, pero no lo es porque Forster sutilmente, casi de manera inadvertida, califica su aserto mediante el adverbio "a veces". En cambio, las tautologías, como la la división que provoca el Gallo Claudio, se cumplen necesariamente.

Y (2) la respuesta según la cual la Secretaria es rechazada porque produce rechazo, no es otra inane tautología como parece, sino una velada referencia a aquella virtus dormitiva de Molière, que tiene la virtud de producir sueño porque precisamente da sueño, y da sueño porque tiene la virtud de dar sueño. En otras palabras, se trata de otra muestra del fino sentido del humor que tanto bien le hace al pensamiento.

Finalmente, quisiéramos aprovechar esta ocasión para insistir en que, como bien dice Forster en Página 12, su secretaría no es nazi, y no lo es por una muy sencilla razón: los nazis no tuvieron una secretaría para el pensamiento. A Heidegger le habría hecho mucha gracia semejante idea.