miércoles, 28 de mayo de 2014

Que el Árbol no tape el Forster


Detalle de "El Triunfo de la Iglesia" o "Iglesia Militante y Triunfante" 
(Andrea da Firenze, 1365, Capilla Española, Santa Maria Novella, Florencia)


El pensamiento político de Ricardo Forster, sin duda, no sólo es complejo, profundo, controversial, polémico, desafiante, provocador, sino además polifacético. En efecto, y en primer lugar, hemos visto recientemente que se trata de un pensamiento dispuesto a convertir a Néstor Kirchner en una trama de un musical (Néstor, el musical).

En segundo lugar, preguntado hace un tiempo acerca de su impostor en twitter (click), sostuvo que “quien lo hace... es un poco tonto, ¿no? (…) Mezquino, pequeño, pensamiento pigmeo”, a pesar de que es consciente de que hay gente que no puede advertir la diferencia entre el verdadero y el impostor (“hay gente que me escribe a mi Twitter real y dice ‘prefiero al otro Forster que a vos’”). Con lo cual, Forster no advierte que dado que el contenido proposicional de la imitación es muy fidedigno (la gente a veces no sabe quién es quién), el pensamiento pigmeo, la tontería, etc., refleja tanto al imitador como al imitado. Claro que Forster podría replicar que el principio de identidad jamás distinguió a los grandes pensadores.

En tercer lugar, habiendo dicho que Scioli tenía todo el derecho del mundo a ser candidato por el kirchnerismo debido a su lealtad para con el movimiento (click), ahora proclama a los cuatro vientos que Scioli no lo representa para nada (click). Mal podría Forster alegar que antes se limitó a reconocer el derecho legal que le asiste a Scioli a presentarse como candidato, ya que semejante explicación sería redundante: tal derecho legal le corresponde a cualquier otra persona que satisfaga los requisitos del caso. Forster podría, sin embargo, alegar en su defensa que la coherencia jamás ha distinguido a los grandes pensadores.

Por lo demás, Forster nos sigue sorprendiendo al alegar que “Si Pagni y La Nación dicen lo que dicen, es porque no debemos estar equivocándonos demasiado” (click). Semejante argumento no sólo podría sugerir la debilidad argumentativa de su posición, sino que además supone irónicamente que sus adversarios son, a su modo, infalibles en sus errores: siempre que critican al kirchnerismo lo hacen porque el kirchnerismo tiene razón.

En este punto, Forster podría fortalecer su posición evocando la figura de otro gran militante, San Ignacio de Loyola, quien agregó a sus Ejercicios Espirituales ciertas “reglas para pensar como un militante”. En efecto, según la quinta regla un militante “siempre debe proceder de modo contrario al cual procede el enemigo”.  En otras palabras, un buen militante debe criticar todo lo que dice el enemigo, sólo porque lo dice el enemigo.

Que el árbol lógico nunca lo tape a Forster.

domingo, 25 de mayo de 2014

Quemá esas Cartas

El sol del veinticinco viene asomando y Carta Abierta ha engrosado una vez más su correspondencia con una epístola cuyo título es: "Encrucijadas del Futuro" (click). Se nos ocurrió que podría ser útil ensayar una traducción de algunos de sus pasajes más notorios, al menos desde el punto de vista político.

1. "El debate político [actual] no es... análisis racional de los cambios que la acción de gobierno produce en la sociedad. Si así fuera, no resultaría difícil coincidir en la significación positiva de la transformación producida por las gestiones de Néstor y Cristina Kirchner, enfrentadas por una oposición ligera de aportes y proyectos. Sin embargo, inciden también en la vida política pasiones y entusiasmos menos fundamentados, problemas que los medios de comunicación multiplican, exagerando dificultades y agigantando temores".
TRADUCCIÓN [o TRADUCCIONES, ya que hay dos alternativas]:
a) antes, cuando ganábamos, la gente era racional, y a pesar del bombardeo de Clarín llegamos a sacar el 54 %. Pero justo ahora que perdemos, la gente es mala y murmura, las pasiones amedrentan a la razón, los medios engañan a las mayorías, etc.
b) antes, cuando ganábamos, éramos nietzscheanos y nos cansábamos de repetir que la política era conflicto, combate entre dos partes en igualdad de condiciones morales, y el triunfo era el que daba la razón. Ahora, que ya no ganamos más, nos dimos cuenta de que los liberales tienen razón, la política no es lucha sino "análisis racional": sólo los irracionales están en desacuerdo con el Gobierno. Ganar o perder no tiene nada que ver con tener razón.  

2. "Los problemas para definir un candidato identificado con lo realizado en esta década revelan que el kirchnerismo –sin duda la principal fuerza política en términos de militancia y movilización– no ha completado aún el proceso de su constitución como movimiento orgánico".
TRADUCCIÓN: los Kirchner, en particular Cristina, irónicamente le han hecho un daño inmenso al kirchnerismo. En efecto, se trata de un movimiento cuyos padres fundadores se aseguraron de que se autodestruyera en caso de que su líder no pudiera continuar gobernando (y quizás si continuara también).

3. "cierto es el innecesario arbitrio al que se recurrió con las cifras del Indec".
TRADUCCIÓN: hasta Clarín dijo la verdad al menos respecto a esto: estuvimos mintiendo descaradamente sobre la inflación, pobreza, educación, etc., durante siete años.

4. "El kirchnerismo toma decisiones constantemente acosado, responde con medidas avanzadas y muchas otras que pertenecen a un realismo imbuido de razones que provienen de los condicionamientos internacionales".
TRADUCCIÓN (permítasenos citar parte de una entrada de este blog de hace un año como profética traducción de este pasaje): "cuando el kirchnerismo se encuentra en inferioridad de condiciones morales o legales (v.g. en relación al patrimonio de Lázaro Báez), o debe explicar sus alianzas con gobernadores cuasi-feudales (v.g. Insfrán o Alperovich), o experimenta más o menos rápidos cambios de humor político (sobre Clarín, YPF, Irán, el Papa, el dólar, etc.), no tiene empacho en abandonar su superioridad moral para ensuciarse en el lodo cotidiano de la política, justificando su acción en términos instrumentales debido a la infalibilidad de su liderazgo. El problema aquí no es sólo su oscilación entre los derechos humanos y la Realpolitik según mejor le convenga, sino que además no admite que sus adversarios políticos puedan hacer lo mismo" (kirchnerismo y filosofia-politica).
[N. de la R.: como nuestros lectores habrán apreciado, a la sazón todavía no había emergido la discusión sobre Milani].

5. ¿Corrupción? ¿Qué corrupción?

Finalmente, vaya nuestro reconocimiento para los grandes maestros de la traducción:





Por las dudas: la referencia a la dirección "46 Horton Terrace" se debe a la existencia de un programa británico de TV llamado "Take your Pick" (algo así quizás como "Haz tu elección", pero con cierto énfasis discrecional) que estuvo en el aire desde fines de los 50 hasta comienzos de los 70. En dicho juego, la primera ronda de preguntas consistía en que durante un minuto un participante era interrogado y si dicho participante contestaba "sí" o "no" a cualquiera de las preguntas era eliminado al sonar de un gong. Lamentamos profundamente si nuestros lectores ya conocían esta información. 

domingo, 18 de mayo de 2014

"Néstor Kirchner", el Musical




El kirchnerismo, nobleza obliga, tiene varias cosas en su haber. Pero a veces los kirchneristas como Ricardo Forster empañan sus logros. Miremos si no, por ejemplo, su nota en Página 12 de hoy sobre "El nombre del kirchnerismo" (click).

Para empezar, según Forster Néstor Kirchner "subvirti[ó] las 'formas' institucionales... para devolverles una legitimidad perdida". A todos sus lectores le llamará la atención semejante logro. ¿Cómo subvirtiendo una institución se le puede devolver la legitimidad? ¿Acaso se puede hacer el amor en aras de la virginidad?

Asimismo, Forster denuncia "el reclamo de neutralidad o de distanciada perspectiva académica", "la supuesta objetividad interpretativa o la reclamada independencia periodística". La obvia pregunta que Forster provoca en sus lectores entonces es: si no hay objetividad ni independencia, ¿qué razones tenemos para creerle a Forster? ¿Acaso Forster no cree tener buenas razones por las cuales él mismo es kirchnerista?

Otro de los desafíos que Forster le plantea a sus lectores es su caracterización del kirchnerismo como un discurso que "a contrapelo de los vientos regresivos de la historia, como un giro de los tiempos, como la trama de lo excepcional... vino a romper la lógica de la continuidad". En efecto, si Forster reivindica al kirchnerismo por haber roto con "la lógica de la continuidad", ¿por qué en esta nota se muestra tan preocupado por la ruptura de la continuidad kirchnerista? Antes bien debería celebrar el hecho de que el kirchnerismo no continúe. ¿O acaso "la lógica de la continuidad" es inaceptable sólo si dicha continuidad no es kirchnerista?

Finalmente, según Forster, Néstor Kirchner "aireó lo asfixiante de una realidad miasmática y, por sobre todas las cosas, puso en marcha de nuevo la flecha de la historia". Sin duda, un notable logro, aunque no tan sorprendente si tenemos en cuenta que Kirchner además "desequilibró lo que permanecía equilibrado, removió lo que hacía resistencia, cuestionó lo que permanecía incuestionable".

Para decirlo de otro modo, para Forster, Kirchner pensó lo impensable, dijo lo indecible, movió lo inamovible y, al menos en el caso de Lázaro Báez, tuvo una contabilidad incontable (no es lo que parece). En una sola palabra, Néstor pudo lo imposible. Se trata de una excelente idea para un musical. Aunque, pensándolo bien, a alguien ya se le ocurrió la idea (si no hay tiempo, ver por favor a partir de 2:45):


domingo, 11 de mayo de 2014

La Astucia de la Razón kirchnerista

Edgardo Mocca en su nota de hoy en Página 12 propone un instructivo test para identificar a la derecha argentina, en el contexto de un "caleidoscopio argumentativo conservador" que interpreta "las actuales políticas económicas como 'ajuste ortodoxo'". La referencia de Mocca a un "caleidoscopio" así como al "discurso de la derecha" y al "de los que le prestan su solidaridad" está emparentada con la posición de Bruschtein, expresada la semana pasada en el mismo diario, según la cual existe una alianza en contra del Gobierno entre Infobae (pero sin incluir a Clarín), "la mayoría de la oposición", la UCA y "una becaria del Conicet" (quizás un guiño a los muchos fanáticos de Asterix: Pobre de Vos).

De este modo Mocca y Bruschtein parecen apelar a una verdadera astucia de la razón kirchnerista. En efecto, por un lado, según Bruschtein y Mocca, entre otros, todo aquel que se cree de izquierda y critica al kirchnerismo en realidad le está haciendo el juego a la derecha. Por el otro, el frente kirchnerista, que vendría a representar a la izquierda posible, contiene a notorios gobernadores de la derecha notoriamente posible como v.g. Scioli, Urtubey, Insfrán y Alperovich. Pero en este caso es la derecha la que le hace el juego a la izquierda (i.e. al kirchnerismo). Queda por dilucidar si estos gobernadores de derecha saben que están trabajando para la izquierda.

Esta astucia de la razón kirchnerista, por lo demás, es el complemento ideal de la nueva ontología de Brienza según la cual, recordemos, "por más que Cristina devalúe, ajuste, se endeude, designe personas acusadas de violaciones de derechos humanos, haya designado a Boudou, etc., semejantes acciones sólo son 'una etapa determinada de su existencia', y no forman parte del 'ser' kirchnerista en sentido estricto" (La Ontología de Brienza).

Veamos ahora cuáles son las tres grandes reglas (o quizás mejor características) que le permiten a Mocca identificar a la derecha al menos en su cepa vernácula.

1. "Ahistoricidad", "es decir la ausencia de referencias que ayuden a encuadrar la cuestión que se discute en una cierta sucesión histórica". Nos preguntamos qué opinaría Mocca de un partido que gobernara hace doce años y todavía hablara de la herencia recibida, como si no tuviera historia y acabara de ganar las elecciones. De paso, nos provoca cierta curiosidad conocer la posición de Mocca sobre el pasado menemista de Kirchner (Auto-Crítica).

2. (Lo que nosotros nos atrevemos a designar como) "Parroquialismo", o "el aislamiento de nuestra realidad respecto de lo que ocurre más allá de nuestras fronteras". Mocca quiere que comparemos a nuestro país con Francia, pero aparentemente no con Brasil, Chile, Uruguay, Perú, etc., cuyas economías han crecido sensiblemente, en donde en comparación casi no hay inflación y el dólar se ha depreciado notablemente en los últimos diez años. Tampoco quiere compararnos con Bolivia, un país cuyo gobierno está muy cerca se supone ideológicamente del nuestro, y que obtiene créditos casi regalados en comparación a las tasas de interés que tiene que pagar Argentina.

3. "El discurso opositor es antiideológico". Es otra vez la mencionada astucia de la razón la que explica por qué el anti-ideologismo de Scioli (miembro y pieza clave de la alianza gobernante desde su misma fundación) y de Massa (otrora a cargo de la ANSES e incluso Jefe de Gobierno de este Gobierno) no repercuten sobre el kirchnerismo. Es la misma astucia de la razón la que explica además la desafortunada historia de amor de este Gobierno con anti-ideólogos como Clarín y Moyano. Qué decir del hecho de que Macri sea el opositor elegido por este Gobierno para que este último pueda ubicarse a la izquierda del espectro y de este modo evitar que la oposición progresista se fortalezca electoralmente.

Dentro del anti-ideologismo, Mocca señala además la moralización de la política característica de la oposición. Dado que Mocca defiende la tesis de la autoridad moral (ya que critica a quienes hablan de la pobreza "borrando toda huella histórica y sobre todo la de sus propias responsabilidades en el derrumbe social argentino de principios de este siglo"), es curioso que no haya percibido asimismo que este Gobierno tiene el récord olímpico de la moralización de la política debido a su descalificación sistemática a toda clase de oposición.

De ahí que si usáramos el test de derecha de Mocca sería muy difícil para el Gobierno evitar que el resultado diera positivo, y todo esto sin tener que mencionar las consecuencias de su política económica. En efecto, tal como acabamos de ver, este Gobierno es claramente ahistórico, parroquial, ha trabajado y sigue trabajando muy cómodamente con muchos anti-ideologistas, y moraliza la política todos los días, de lunes a domingo, de 0 a 24.

Sin embargo, todo nuestro análisis queda inerte ante el influjo de la astucia de la razón kirchnerista: lo que sería de derecha en el caso de cualquier otro gobierno o partido, es de izquierda en el caso del kirchnerismo. Es la misma astucia de la razón kirchnerista la que explica por qué el progresismo kirchnerista se resiste a concederle status legislativo a la AUH (la carta de presentación del progresismo kirchnerista), status que impediría (o en todo caso haría más difícil) que un nuevo gobierno pudiera eliminarla por decreto. Quizás sea hora de releer a Hegel antes de criticar al progresismo kirchnerista.


 

miércoles, 7 de mayo de 2014

Claudio Amor, in Memoriam

El sábado 3 de mayo, a la mañana, falleció en Buenos Aires a los 54 años Claudio Amor, uno de los mejores filósofos políticos de este país, y quizás el mayor especialista en teorías de la justicia. En la UBA se formó con y trabajó varios años junto a otros dos grandes filósofos políticos de esa universidad como Carlos Nino y Jorge Dotti.

A pesar de su característico bajo perfil y de que todavía le faltaba muchísimo por hacer, Claudio no sólo fue profesor de la Universidad Nacional de Quilmes en donde dirigía la Unidad de Investigación en Filosofía Social, Legal y Política y la Maestría en Filosofía, y en donde había sido Vice Director del Departamento de Ciencias Sociales y Consejero Superior, sino que además era director de la colección Política de la editorial universitaria homónima (todos los iniciados habrán oído hablar de sus títulos y autores, entre los que se destacan Locke, Mill, Kant, Rawls, Bobbio, Skinner, y Aristóteles, de muy próxima aparición).

Todos, absolutamente todos los que lo conocieron, saben de manera acabada que no sólo era brillante sino además una persona muy generosa y noble, con un gran sentido del humor y fiel a Estudiantes de La Plata. Sin duda, se trata de una combinación muy difícil de hallar. Y una pérdida enorme para todos, en especial para su amada Vera.


sábado, 3 de mayo de 2014

Pobre de Vos





En su nota de hoy en Página 12, Luis Bruschtein sale al encuentro de quienes sostienen que en lo que atañe al índice de pobreza el kirchnerismo básicamente ha logrado lo mismo que el menemismo. Se trata, por supuesto, de una comparación que no deja bien parado al kirchnerismo (ya habíamos visto sin embargo que el rechazo que los kirchneristas sienten por el menemismo no era compartido por el propio Kirchner; o en todo caso, quizás Kirchner también rechazaba el menemismo, pero era un confeso admirador de Menem como presidente: Es Hora de Auto-crítica).

Sin duda, la decisión por parte del INDEC de no publicar el índice de pobreza ha puesto al kirchnerismo en una posición difícil. Algunos creen que la omisión del índice de pobreza se debe a que los números son tales que el Gobierno prefirió pasar semejante papelón antes que exponerse a la realidad de las cifras. Bruschtein, no obstante, cree que la decisión se debió a un cambio de metodología. Es curioso, sin embargo, que el cambio de metodología no haya impedido que el INDEC publicara índices de inflación de un diez por ciento trimestral aproximadamente. 

Además, es muy curioso que Bruschtein mismo hable en su nota de inflación, cuando el kirchnerismo hasta hace muy poco negaba la existencia de semejante fenómeno. También es extraño que Bruschtein sostenga que la política redistributiva del Gobierno "interfiere[] con la tendencia del capitalismo a la concentración", cuando el propio Guillermo Moreno se enorgullecía de que unas pocas empresas manejaban la economía del país, lo cual facilitaba su control. 

Y es aún más arduo de explicar para el kirchnerismo un muy difícil logro: a pesar de las políticas redistributivas de las que se suele jactar, la pobreza no parece haber cambiado sustancialmente. La posición estándar kirchnerista actual consiste en replicar que el índice de pobreza es redundante: cualquiera que observe las políticas públicas del Gobierno en los últimos años puede inferir muy fácilmente que la pobreza ha bajado sustancialmente. Es muy curioso sin embargo que el Gobierno no se quiera tomar el trabajo de indicar literalmente la pobreza para eliminar de ese modo todas las suspicacias provocadas por esta diabólica alianza que se ha formado entre la derecha y la izquierda contra el Gobierno.  

A decir verdad, la alianza anti-kirchnerista es mucho más amplia aún. En efecto, Bruschtein señala como miembros de dicha alianza a Infobae (por alguna razón que se nos escapa completamente el grupo Clarín ni siquiera es mencionado en la nota, quizás porque lo obvio no debe ser mencionado), a "la mayoría de la oposición", a la UCA (cuyo Observatorio de la Deuda Social, dirigido por Agustín Salvia, está políticamente contaminado, a diferencia del INDEC suponemos) y "a una becaria del Conicet" (por alguna razón, esta última mención nos hace acordar a los legionarios romanos que luego de recibir una paliza por parte por Asterix y Óbelix no olvidaban señalar en sus informes la existencia de "una jauría de perros salvajes" para hacer referencia a Ideafix, que siempre acompañaba a su amo en sus aventuras).

Frente a los escépticos que dudan de semejante alianza entra la derecha conservadora y la izquierda revolucionaria, y en defensa de Bruschtein, debemos recordar, nobleza obliga, que no es la primera vez que la extrema derecha y la extrema izquierda unen fuerzas para lograr un objetivo común. Para muestra, basta el botón de la breve aunque significativa alianza entre el nazismo alemán y el comunismo soviético mediante el así llamado pacto Molotov-Ribbentrop de 1939 merced al cual se repartieron Polonia.  

Finalmente, hagamos un mea culpa. Antes nos quejábamos de los índices falsos del INDEC. Ahora, nos quejamos de que el INDEC directamente prefiere no mentir y por eso prefiere no dar a conocer el índice de pobreza. No hay nada que nos venga bien.

miércoles, 23 de abril de 2014

Es Hora de Auto-crítica

Según Página 12 de ayer la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner invitó al sector político, junto al empresario y al económico, a “hacer una autocrítica de lo que hicieron en los años ’90” (click). La idea era que los menemistas hicieran su autocrítica.

No faltarán los que se apresurarán a señalar que los mismos padres fundadores del kirchnerismo deben encabezar la fila de quienes deben llevar a cabo semejante autocrítica entonces. En su defensa, estos críticos podrían invocar pruebas como la siguiente:




Ahora bien, nótese que Néstor Kirchner en ningún momento dice ser menemista. Sólo sostiene que Menem había sido el mejor presidente desde Perón (sobre todo por su apoyo financiero a las provincias patagónicas, lo cual implicaría que Cristina se equivoca al decir que Santa Cruz no recibió tal apoyo). Por lo demás, hasta el momento en que Kirchner hizo esa afirmación, ni Néstor ni Cristina habían sido presidentes: hoy seguramente habría dicho algo completamente diferente.

Finalmente, ¿qué significa ser menemista? ¿Elogiar a Menem, por razones de principio o de oportunismo político? ¿Qué es mejor, o peor? Hernán Brienza, una vez más, tiene razón: no nos merecemos a Cristina.

jueves, 17 de abril de 2014

Una Cuestión de Principios





Los linchamientos no sólo han provocado un debate acerca de su justificación, sino que han originado también una discusión paralela acerca de cuál es su relación con el delito común. En efecto, Alejandro Katz, por ejemplo, ha sostenido en varios lugares que “El que le pega a un delincuente es peor que ese delincuente” (v.g.: click). La tesis de Katz en realidad consiste en que tanto el así llamado linchador como el que es linchado son delincuentes, pero la conducta del primer delincuente es mucho más disvaliosa que la conducta del segundo. Katz tiene razón.

La razón principal por la cual el linchamiento es peor que el delito común consiste en que mientras quien comete un delito común sólo busca salirse con la suya, el linchador cae bajo la descripción del delito principista o ideológico, el cual se caracteriza por contener al menos un ensayo de justificación. Decimos que se trata sólo de un ensayo ya que dicho intento, como decía Tu Sam, puede fallar. Un miembro del KKK o de las SS solían invocar una justificación para sus actos, la cual sólo hacía su acción tanto más grave que la de un mero homicida. El hecho de que el delincuente ideológico no sólo siga una causa sino que esté dispuesto a dar su vida por ella hace que sus actos sean más disvaliosos aún.

El disvalor mayor del acto proveniente de su pretendida justificación podría sorprender a quienes creen que todo acto principista es por eso moralmente superior, lo cual a su vez podría ser explicado por cierta escasez de principios en un mundo que se guía fundamentalmente por el auto-interés. Sin embargo, hay casos en los cuales es preferible tratar con delincuentes comunes que con personas cuya abnegación sirve una causa inmoral, o personas que cometen actos aberrantes al servicio de causas nobles. Ya habíamos tratado en otra oportunidad la tesis de Marcos Aguinis según la cual la Hitlerjugend era moralmente superior a La Cámpora (Al menos tenían ideales) en la cual habíamos dicho que si estuviéramos en un campo de concentración nazi o stalinista para el caso preferiríamos que quienes estuvieran a cargo de dicho campo fueran corruptas y no gente de principios. 

En resumen, mientras que el delito común sólo refuerza la necesidad de la autoridad estatal, el delito principista pone en duda a la autoridad misma del Estado, ya que cree ser moralmente superior a la misma. Quienes creen que el Estado es esencial para proteger los derechos individuales no pueden darse el lujo de poner en duda su autoridad punitiva.

martes, 15 de abril de 2014

Alto Nivel de Kirchnerismo en Sangre

Gracias a un video de anoche que apareció esta mañana en los diarios nos hemos enterado de que D'Elía es insulino-dependiente:




Quién sabe, la información que aporta este video podría ser de mucha ayuda para quienes se preguntan no sólo por las oscilaciones políticas de D'Elía (por ejemplo, en relación al Papa Francisco), sino además y fundamentalmente por qué se convirtió en uno de los voceros más conocidos del kirchnerismo. De hecho, los adelantos de la medicina permiten dar cuenta de muchos comportamientos que a primera vista parecen inexplicables. Nuestros lectores seguramente también estarán pensando en esta otra escena del musical de Woody Allen:


domingo, 13 de abril de 2014

¿Linchamientos cívico-militares?



Nos hemos enterado de que los linchamientos de los últimos días en nuestro país han sido objeto de una comparación con el terrorismo de Estado. La comparación, hasta donde sabemos, fue hecha al menos por Gustavo López, ex funcionario del Gobierno de Raúl Alfonsín y actual Subsecretario General de la Presidencia de la Nación (click), amén del conocido actor y abogado Gerardo Romano (click).

Dicha comparación nos llama la atención por dos grandes razones. En primer lugar, la comparación en sí misma, o como diríamos en la jerga, la cuestión conceptual. ¿Qué tienen en común un linchamiento y un acto terrorista de Estado? Precisamente, nada. Para empezar a hablar, mientras que los linchamientos suelen ser espontáneos, el terrorismo de acto fue producto de una cuidadosa planificación. Por lo demás, y fundamentalmente, mientras que un linchamiento típicamente es un acto cometido por la sociedad civil, un acto terrorista de Estado no tiene otra alternativa que haber sido cometido por el Estado. En otras palabras, creer en un linchamiento de sociedad civil y de Estado es una contradicción en sus términos, sobre todo para quienes creen que la expresión terrorismo de Estado es una redundancia.

La segunda razón por la cual nos llama la atención esta comparación entre el linchamiento y el terrorismo de Estado es de naturaleza esencialmente política. En efecto, la comparación es bastante halagadora para quienes cometieron actos terroristas desde el Estado. Hasta aquí, nadie ha tratado de justificar el terrorismo de Estado. Pero como lamentablemente parece haber gente dispuesta a justificar los linchamientos a pesar de que implicaría justificar un crimen, el acercamiento conceptual entre las dos nociones sólo puede jugar a favor del terrorismo de Estado. En efecto, merced a dicho acercamiento parece haber gente dispuesta a parafrasear ¡otra vez! al personaje de Sacha Cohen en “El Dictador” y a creer entonces en que existe algo así como terrorismo de Estado en el buen sentido de la palabra.

Finalmente, como ni López ni Romano dan la impresión de ser gente cercana al terrorismo de Estado, nos llama la atención que hayan sido ellos los que suscriben a la comparación. Por alguna razón, ellos también han caído en la tentación de creer que todo lo que es moralmente repudiable se debe al terrorismo de Estado, así como muchos otros suponen que todo lo que es digno de elogio es por lo tanto democrático. Semejante hábito sólo confunde las cosas. En el fondo, creer que el terrorismo de Estado es el responsable de los linchamientos es sólo una manera más o menos consciente de desviar nuestra atención sobre la responsabilidad de semejantes actos de salvajismo, particularmente de sus condiciones de posibilidad.  

viernes, 4 de abril de 2014

Son Linchamientos, y no en el buen Sentido de la Palabra

La discusión sobre los linchamientos, la cual supone la idea misma de que puede haber algo así como un linchamiento justificado, parece un homenaje indirecto al sutil sentido del humor de Sacha Cohen en su película "El Dictador", cuando su personaje hace referencia al fascismo pero "no en el buen sentido de la palabra". También nos hizo acordar a la famosa escena de "La Vida de Brian" sobre la lapidación, en la que habrán pensado obviamente todos los iniciados apenas se enteraron de la discusión en virtud del sentido grotesco de la misma:




si no fuera porque el linchamiento es uno de los delitos más serios que se pueden cometer y que varios políticos, y no sólo políticos, parecen estar tomándose el debate en serio. 

La Presidenta, por su parte, también mostró cierto sentido del humor al sostener que la respuesta a la violencia es la inclusión social (click), ya que se suponía que después de una década de redistribución equitativa del ingreso no podría haber semejante exclusión como la que todavía existe, la cual precisamente provoca los linchamientos para empezar a hablar.

Finalmente, los que dicen no justificar los linchamientos sino "comprenderlos" como el PRO y el Frente Renovador (click), también son graciosos a su modo. En efecto, mal puede alguien emitir un juicio sobre algo si no lo comprende antes. Por lo cual, la comprensión en este caso o bien es redundante, o peligrosamente contradictoria porque sugiere que en el fondo el que comprende además justifica el linchamiento.   

lunes, 31 de marzo de 2014

Delito y Teología



A los no pocos problemas que tenemos en este país, se han sumado ahora los linchamientos callejeros de personas sospechadas de haber cometido un delito al parecer—al menos hasta ahora—contra la propiedad.

La primera reacción ante episodios de esta naturaleza es la de dar rienda suelta al impulso de hablar de tales episodios en términos de un estado de naturaleza hobbesiano, a pesar de que semejante comparación no es del todo apropiada, tal como lo habíamos discutido alguna vez (Hobbes no era hobbesiano).

Ahora bien, la explicación de esta clase de fenómenos no es fácil de reconciliar con el relato del que se enorgullece el Gobierno Nacional. En efecto, si la explicación del delito es fundamentalmente socio-económica (y hasta ahora las ciencias sociales han mostrado que lo es) y si este país ha crecido de modo vertiginoso durante los últimos diez años y por ende redistribuido su ingreso equitativamente de forma inaudita merced a las políticas públicas del Gobierno, ¿por qué semejantes linchamientos? Es más, ¿por qué el Gobierno mismo se ha visto en la necesidad de poner en movimiento cada vez más fuerzas represivas para combatir la “inseguridad”, al punto de que la Presidenta misma se vio obligada a reprocharle por cadena nacional a los jueces penales su desidia ante el crecimiento del delito?

Ya habíamos visto que este Gobierno tiene una explicación a su disposición alternativa a la socio-económica, según la cual la raíz del delito es lisa y llanamente teológica (v.g. De Maistre ataca de nuevo). Quizás en otros países la redistribución del ingreso haya hecho disminuir las tasas de criminalidad (al menos las relativas a los delitos contra la propiedad). En Argentina, sin embargo, la redistribución récord en lugar de haber atenuado los índices de criminalidad parece haber ha despertado aún más la codicia humana, a tal punto que por momentos es difícil resistir la conclusión de que en este país hay una desmedida concentración de pecado y desolación, como si Dios se hubiese ensañado con este país, debido probablemente a que la caída aquí hubiese sido mucho mayor que en el resto de la creación, todo esto en un país que solía enorgullecerse de creer que Dios era argentino.

Las ventajas de la explicación teológica no sólo consisten en que esta última explica el comportamiento delictivo de quienes atentan contra la propiedad privada, sino que además explica el comportamiento criminal de quienes participan de su linchamiento.

Una de las desventajas, sin embargo, de la explicación teológica del pecado y de la autoridad que se supone debería ponerlo a raya, es que a esta tesis no le resulta fácil explicar por qué o cómo quienes nos gobiernan han escapado de las consecuencias pecaminosas de la caída que explican el comportamiento delictivo de sus súbditos. ¿Por qué en lugar de, v.g., hacer cumplir el derecho, los funcionarios del Gobierno no se dedican a actividades ilegales? En otras palabras, la caída debió haber arrastrado a todos los seres humanos, tanto a los probables sospechosos como a los eventuales gobernantes.

Pensándolo bien, quizás el Gobierno tenga razón y esta tesis tenga mucho mayor poder explicativo del que parece tener a primera vista.  

lunes, 24 de marzo de 2014

Tu querida Presencia



Hernán Brienza nos tiene mal acostumbrados. Ha revolucionado no sólo el ámbito de la filosofía del derecho con su nueva teoría de la responsabilidad en defensa de la designación de Milani (la ley de Brienza y big bang Brienza), sino que además ha transformado de raíz la filosofía moral al habernos explicado por qué no nos merecemos a Cristina (lo que vos te merecés), y por si esto fuera poco además ha incursionado en el sancta sanctorum de la filosofía, la ontología, para una defensa general por no decir metafísica del Gobierno (la ontología de Brienza), y todo esto sin siquiera ser filósofo, sino politólogo e historiador. Nos preguntamos qué no habría hecho Brienza en el campo de la filosofía, si tan sólo se hubiera propuesto dedicarse completamente a ella.

Pero Brienza, muy probablemente envalentonado por el éxito de sus proyectos intelectuales anteriores, ahora se ha embarcado en una empresa que empalidece todas sus hazañas anteriores, la de justificar su presencia en la delegación argentina en el Salón del Libro de París. En efecto, algunos, como Horacio González, han tratado de explicar la ausencia de Martín Caparrós en dicha delegación (para Horacio González, no hay que explicar pasivamente lo sucedido a Caparrós como resultado de una decisión de los organizadores, sino que fue Caparrós mismo el que activamente intervino en la decisión de los organizadores: una cuestión de estilo). Pero absolutamente nadie ha siquiera ensayado una justificación de la presencia de Brienza, quizás debido a que sea mucho más fácil justificar una ausencia que una presencia, aunque no nos animamos a incursionar en cuestiones metafísicas como Brienza. El punto es que Brienza no tenía alternativa. Si él no se defiende, no lo defiende nadie (sólo él puede lograr lo imposible). Y ahí fue otra vez el domingo último, este Quijote exitoso (click).

No van a faltar los mezquinos que dirán que Brienza se contradice en su habitual columna de los domingos, ya que en la misma nota en que ensaya su defensa, él sostiene que “Tener que defenderme de las acusaciones me empequeñece hasta límites que mi humildad no me lo permite” (siendo él humilde por supuesto), y que “estoy convencido, como escribió Antonio Machado que no hay que contestar las acusaciones de los 'pedantones al paño'" (siendo sus críticos "pedantones al paño"). Sin embargo, a ningún gran pensador le podemos exigir el mito pequeño-burgués de la coherencia. Lo que le pedimos es alguna que otra idea, como diría Heidegger, y Brienza nos ha pagado con creces.

Es digno de ser destacado que Brienza bien podría haber usado en su defensa un argumento usual en el campo de la psicología grupal. En efecto, toda delegación necesita cuidar el “grupo”, como se suele decir, y fue este hecho lo que explicó la ausencia de Ramón Díaz y del mismo Passarella en la selección argentina en el Mundial 86, o de Cantoná en la selección francesa en el 98, y tal mal no les fue.  Sin embargo, Brienza eligió no tomar este camino fácil y trillado. Después de todo, una delegación de escritores será un grupo, pero no es un equipo de fútbol. También podría haber argumentado, parafraseando a Horacio González, que su estilo es más suave que el de Caparrós.

Prefirió Brienza, en cambio, una estrategia dual. Por un lado, apelar al viejo escepticismo valorativo: “Una delegación no se mide –si es que es posible medirla– por si estoy o no estoy incluido o incluida. Nadie es tan importante ni imprescindible en la ronda de la literatura argentina actual, quizás porque todavía no está formado el nuevo canon literario”. La pregunta que se harán obviamente los lectores de Brienza es: ¿cómo es que se mide entonces una delegación? Si no hay criterio, podría haber ido cualquiera, con lo cual la presencia de Brienza continuaría siendo inexplicable. Y Brienza mismo debería haber cedido su lugar.

Pero, Brienza no cedió su lugar, probablemente porque cree que su presencia le “parece un gran hallazgo en términos de selección por parte de los organizadores”, y esto a su vez se debe a un segundo argumento de naturaleza lockeana que deja atrás al escepticismo valorativo del primero y revela lo que para muchos era un misterio. Brienza sostiene que “en estos 20 años como periodista y politólogo no he hecho otra cosa que trabajar, trabajar y trabajar” y “escribí seis libros propios, la mayoría de ellos aceptados por los lectores” (uno de estos libros, entendemos, recopila sus notas en Tiempo Argentino, de las cuales hemos extraído la filosofía de Brienza).

Ahora bien, el estándar que usa Brienza en su defensa despeja nuestras dudas al menos, ciertamente, pero podría abrir nuevos frentes de tormenta.  En verdad, ¿cómo explicar la ausencia entonces de, v.g., Ludovica Squirru u Horangel, que vaya uno a saber hace cuántos años que trabajan y cuántos ejemplares de cuántos libros han vendido? (Squirru y Horangel, piadosa y generosamente, se han abstenido de atizar el fuego de la polémica, conscientes quizás del hastío de la discusión). Pero, pensándolo bien, como en nuestro país quizás no hay ningún otro escritor/a que estuviera trabajando hace más de veinte años con seis libros publicados (o más), la única duda, era Ludovica, Horangel o Brienza, en cuyo caso nadie podría culpar al Gobierno de haberse quedado con Brienza.

Finalmente, tomemos el toro por las astas. Muchos malintencionados sospechan que Brienza fue invitado al Salón sólo porque es kirchnerista, como si Brienza siempre hubiese sido kirchnerista (nuestra ilustración indica que no siempre fue así) y como si éste fuera un Gobierno capaz de politizar hasta las multas de tránsito, qué decir un Salón del Libro. Pero, supongamos, per impossibile, y en aras de la argumentación, que éste fuera el caso. ¿Acaso Sartre ocultó su compromiso político con la resistencia? ¿No habría abandonado él probablemente hasta a su propia madre para cumplir con dicho compromiso? ¿Hubo alguien sin embargo que haya dudado de su talento como escritor? Es la humildad de Brienza la que le impide jugar la carta de la comparación con Sartre, y la transparencia de este Gobierno la que decidió que fuera parte de nuestra delegación. Caso cerrado.

sábado, 22 de marzo de 2014

Una Cuestión de Estilo




Muchas veces el Gobierno ha sido acusado de hipocresía, desde su uso idiosincrático de los derechos humanos hasta su muy declamada abjuración de toda devaluación y/o ajuste económico, pasando por su preocupación por un poder judicial democrático. Sin embargo, en el caso del pabellón argentino en el Salón de Libro de París, el Gobierno se ha mostrado tal cual es, en toda su transparencia.

En efecto, en lugar de haber intentado cumplir con las formas de la corrección política de tal forma que los escritores invitados reflejaran el amplio espectro de discusión que muestra la realidad política hace años (gracias al kirchnerismo ciertamente), el Gobierno ha decidido que la lista de escritores incluya sólo a funcionarios, obsecuentes, y escritores reconocidos que no están a favor del Gobierno pero que no nos lo hacen saber a voz en cuello. Un requisito necesario entonces para ser parte de esta delegación era no haber hecho públicas las críticas contra el Gobierno.

Ahora bien, dada la repercusión que ha tenido precisamente la delegación, llama la atención que el Gobierno haya decidido seguir fielmente a sus principios sectarios. En efecto, el problema en el fondo no es sólo normativo, una cuestión acerca de lo que correspondía hacer, sino de conveniencia. Habría sido mucho más racional disponer la mesas sobre cultura y política de tal forma que estuvieran representadas por escritores opositores.

Horacio González, el Director de la Biblioteca Nacional, muy recientemente ha tratado de explicar, v.g., la ausencia de Martín Caparrós. En efecto, en declaraciones a Radio Francia Internacional, González lamentó la ausencia de Caparrós, con lo cual sugirió que Caparrós debería haber sido invitado y de hecho quisieron invitarlo. Pero según González "La forma en que él [Caparrós] desarrolla sus opiniones políticas es muy áspera”. Por supuesto, dice González, “Eso no quiere decir que por eso una persona no deba venir acá, pero esa aspereza termina interviniendo en decisiones a las que vos les adjudicás un carácter político que quizá se refieran a ciertos estilos regidos por una aspereza evidente, que en el momento de hacer las invitaciones tiene cierto peso por parte de la persona que hizo las invitaciones” [aunque las declaraciones de González terminaran siendo inventadas por el periodista que escribió la nota, nadie en su sano juicio podría negar el talento de este periodista para la falsificación, ya que se trata de declaraciones que sólo González podría hacer y que sólo un perito de Sotheby's podría identificar] (click).

Suponiendo que González haya dicho esto en serio y no de modo pythonesco, no debemos sucumbir a la tentación de creer que González se contradice, como si estuviera diciendo (tal como parece ser el caso) algo así como: debimos haberlo invitado a Caparrós y no lo hicimos (y está bien que no lo hayamos hecho), o debimos haberlo invitado y no debimos haberlo invitado. En realidad, González no se contradice ya que su opinión es que la culpa la tiene Caparrós: debieron haberlo invitado, pero su estilo áspero intervino en la decisión de quienes hacían las invitaciones. Fue el estilo el sujeto de la acción, a la sazón, una intervención en la decisión "de la persona que hizo las invitaciones".

Caparrós ya sabe entonces lo que tiene que hacer para que lo inviten: tiene que suavizar su estilo tan áspero, y su estilo podría de tal modo intervenir de modo diferente en la decisión de las personas que hacen las invitaciones. Dejamos a nuestros lectores las reflexiones acerca de la ironía, por así decir, de que González, alguien cuyo estilo merecería la pena de los infames traidores a la Patria o una Corte Marcial, critique el estilo de Caparrós.

Quienes creen que la discusión sobre el Salón del Libro es algo exagerada, tienen razón. El Gobierno ha hecho muchísimas cosas mucho peores. Quizás lo que parece ser entonces una cuestión de principios no sea sino una maniobra de distracción, que está saliendo bastante bien.

lunes, 17 de marzo de 2014

París es una Fiesta

No es ninguna novedad que Argentina es país invitado de honor en el Salón del Libro de París 2014. Tampoco lo es que la delegación integrada por "46 autores nóveles y consagrados, exponentes de las letras y el pensamiento nacional", suscitó cierta polémica, tanto por las inclusiones como por las exclusiones de la delegación. Sin embargo, lo que nos llama la atención son dos de las mesas que forman parte de la Programación del pabellón argentino de dicho Salón (click).

Por un lado, el domingo 23 de marzo a las 15.30hs María Pia López, Eduardo Rinesi, Hernán Brienza y Mempo Giardinelli, con la moderación de Verónica Riera, “abren el debate alrededor de esta cuestión: cultura y política no pueden pensarse por separado”, ya que “En cada propuesta de gestión cultural hay implícita una propuesta política”.

Si bien ya hemos rendido homenaje en más de una ocasión a un exponente de las letras y del pensamiento nacional, y por qué no autor consagrado, de la talla de Brienza (para muestra, basta un botón), no hace falta ser un científico especializado en cohetes para sorprenderse por la concepción de “debate” que subyace a esta mesa. ¿Cuál sería la discusión por no decir el desacuerdo entre los miembros de esta mesa? A primera vista, y para quienes no estamos entrenados en la nanotecnología, no parece haber grandes diferencias entre los miembros de este panel.

Los kirchneristas de la mesa podrían replicar invocando a Donoso Cortés, para quien “la Iglesia, y la Iglesia sola, ha tenido el santo privilegio de las discusiones fructuosas y fecundas” (esperemos que la Iglesia nos perdone la comparación con el kirchnerismo, aunque últimamente se están llevando bastante bien que digamos). De este modo, quizás un debate kirchnerista típico sea:  ¿Néstor o Cristina?¿Horacio González o José Pablo Feinmann? ¿Edgardo Mocca o Sandra Russo? De adentro podrán parecer
cuestiones muy urticantes, pero de afuera no parece haber grandes diferencias. Nos hace acordar a cuando Hobbes en el Leviatán sostiene que si bien la «controversia era grande entre san Pedro y san Pablo, (tal como podemos leer en Ga. 2, 11.), sin embargo no se expulsaron mutuamente de la Iglesia». O a las nimias diferencias que aparecen en la letra de "Let's Call the Whole Thing Off" de Gershwin (la pronunciación de palabras, gustos de comida, etc.).

Sin embargo, es más que comprensible la composición de este panel y por lo tanto la exclusión de, v.g., Beatriz Sarlo, de esta delegación. Bastante vergüenza le hizo pasar a un destacado panel de seis autores nóveles y consagrados, exponentes de las letras y el pensamiento nacional, durante un programa de 678, como para replicar semejante situación esta vez en París, merced al erario público. Si Sarlo quiere seguir haciéndolos pasar vergüenza, que lo pague de su bolsillo.

Otra mesa que nos llama la atención es la del sábado 22 de marzo a las 15hs: “Democracias populares en América Latina”, con Ricardo Forster, Jorge Alemán, Ernesto Laclau, Jorge Coscia, y la moderación de Rodolfo Hamawi. No faltarán los que crean que la composición de esta segunda mesa es más asombrosa que la otra, ya que si nos costaba ver las diferencias ideológicas entre los miembros de la mesa sobre cultura y política, para poder apreciar las diferencias ideológicas entre Forster (click, click 2), Alemán (cuya filosofía democrática neo-rousseauniana habíamos examinado: click), Laclau y Coscia haría falta un microscopio electrónico.

Ahora bien, esta última apreciación es completamente inapropiada, ya que, a diferencia de la mesa anterior, en este caso la palabra “debate” no figura en ningún lado, con lo cual los cuatro hombres de letras, pensadores o autores podrán explayarse a sus anchas sin tener que poner a prueba sus creencias. Es más, la descripción de la mesa es tal que nadie podría razonablemente oponérseles: “En los últimos años han confluido en América Latina una serie de gobiernos progresistas que impulsan programas y políticas inclusivas destinadas a los sectores menos favorecidos, aquellos que en el desempeño de las democracias son los exponentes de lo que falta, la búsqueda de la reparación y la igualdad”. En efecto, ¿quién podría estar en contra de la inclusión, de la búsqueda de la reparación y de la igualdad, en una palabra, de la “democracia popular”? Después de todo, toda democracia es popular. Y si alguien se opone, es porque responde a intereses corporativos, es un enemigo del pueblo.

No podemos terminar sin expresar nuestra sana envidia por los asistentes a este Salón, los cuales tendrán la oportunidad de deleitarse con tan finos pensadores, hombres de letras y autores nacionales. Ojalá fuéramos una mosca apoyada en la pared del paredón argentino, y esperamos ansiosamente, si no un video de los paneles, al menos la crónica de lo acontecido.