viernes, 9 de enero de 2015

¿Son Asesinatos, y no en el buen Sentido de la Palabra?



El Profesor Atilio Borón abre su nota de ayer en Página 12 (La Génesis del Terror) pronunciándose inequívocamente en contra de la matanza de París: "El atentado terrorista perpetrado en las oficinas de Charlie Hebdo debe ser condenado sin atenuantes. Es un acto brutal, criminal, que no tiene justificación alguna". Hasta aquí, somos todos peronistas.

"Pero", agrega Borón, "parafraseando a un enorme intelectual judío del siglo XVII, Baruch Spinoza, ante tragedias como esta no hay que llorar sino comprender". Como ya lo hiciera el Profesor Pedro Brieger en relación a los tres jóvenes israelíes asesinados (los lectores recordarán sus ya legendarias palabras: "más allá del hecho puntual de los tres jóvenes israelíes secuestrados y asesinados" [click]) y el Jefe de Gabinete Capitanich en relación a la muerte de un niño por desnutrición en el Chaco ("es un caso aislado"), Borón quiere poner la matanza en contexto: "Esta conducta debe ser interpretada en un contexto más amplio". Aquí es donde se dividen las aguas.

En efecto, tal como el Profesor Javier Romero ha repetido hasta el cansancio, cuando una proposición X es seguida de un "pero", el codo siguiente borra la proposición X antecedente. Además, Spinoza mismo seguramente estará de acuerdo en que para poder reprochar (o perdonar llegado el caso) una acción, primero hay que comprenderla. ¿Podríamos de otro modo justificar o reprochar una acción sin haberla comprendido antes? E insistir con la comprensión de un acto después de haberlo catalogado como un asesinato o bien pone al carro delante de los caballos o bien parece ser una parodia de un personaje de Sacha Cohen que se preguntara en el siglo XXI si se trata de asesinatos en el buen o en el mal sentido de la palabra.

En cuanto a la relación causal que propone Borón entre la comprensión y la falta de llanto, llama la atención ya que en realidad se supone que toda tragedia bien comprendida debería provocar catarsis, y por lo tanto muy probablemente llanto. Quizás solamente un muy severo estoico logre subordinar el llanto a la comprensión.

Borón podría replicar que su punto es diferente, que su contextualización en realidad hace referencia, por ejemplo, al "impulso que la Casa Blanca le dio al radicalismo islámico desde el momento en que, producida la invasión soviética en Afganistán, la CIA determinó que la mejor manera de repelerla era estigmatizando a los soviéticos por su ateísmo y potenciando los valores religiosos del Islam" (dicho sea de paso, Borón supone que el Islam "potenciado" como religión lleva al terrorismo) y a que "reclutados, armados y apoyados diplomática y financieramente por Estados Unidos y sus aliados, los radicales sunnitas terminaron por independizarse de sus promotores, como antes lo había hecho Bin Laden, y dieron nacimiento al Estado Islámico y sus bandas de criminales que degüellan y asesinan infieles a diestra y siniestra".

Sin embargo, la discusión sobre el adiestramiento estadounidense también puede ser puesta en contexto (que de hecho fue el de la guerra fría y no el del combate contra la blasfemia). Podríamos agregar que también pueden ser puestos en contexto el nazismo, los desaparecidos en nuestro país, el bombardeo de Gaza, etc.; sin embargo, dicha contextualización no afecta en absoluto nuestra valoración al respecto.

Si lo que Borón tiene en mente es el argumento de la autoridad moral, el hecho es que la autoridad moral tampoco depende del contexto. En realidad, por momentos, da la impresión de que Borón politiza ciertas matanzas poniéndolas en contexto, y moraliza otras entendiéndolas en un vacío. Sin embargo, hay que politizar o moralizar todo, lo haga EE.UU. o quien fuera. Y si el énfasis de Borón en la comprensión de la matanza apuntara a tratar de evitarla, su contextualismo se lo impediría ya que, v.g., EE.UU., como vimos, también puede poner en contexto sus propias acciones, lo cual le permitiría repetir sus inmoralidades.

Quizás Borón cuando habla de "contexto" en lugar de referirse a las circunstancias de la matanza, en realidad se esté refiriendo a sus autores mediatos o intelectuales, a "quienes promovieron el radicalismo sectario" y que por lo tanto "no pueden ahora proclamar su inocencia ante la tragedia de París", con lo cual el carro ya no estaría adelante de los caballos. Sin embargo, Abu Ghraib y "las cárceles secretas de la CIA", por ejemplo, ciertamente pueden explicar la hipocresía de EE.UU. y sus aliados, pero no necesariamente su responsabilidad por cualquier matanza que ocurra en el mundo. Y Borón parece pasar por alto el hecho de que si fue a EE.UU. y a sus aliados a quienes se les "escapó" el "genio... de la botella" (en referencia a "bandas de criminales que degüellan y asesinan infieles a diestra y siniestra"), es precisamente y sobre todo responsabilidad de EE.UU. y sus aliados hacer que el genio vuelva a la botella de la que salió.  

Por si hiciera falta aclararlo, Borón tiene mucha razón en que la vida de los palestinos (niños o adultos) no vale menos que la de los franceses, sin que importe su número. Nos preguntamos, sin embargo, quién puede negar algo semejante. El punto hoy, sin embargo, es la matanza de París.

En resumen, la insistencia de Borón en la comprensión/contexto de la matanza o bien (1) es redundante ya que es imposible emitir un juicio de valor sin comprender la acción totalmente (lo cual por supuesto siempre implica saber quiénes son los responsables), o bien (2) es contraproducente ya que de este modo Borón da la impresión de querer relativizar su condena (tal como reza el refrán precisamente francés: "comprender todo es perdonar todo"), algo que él ha descartado al comienzo de su nota. En el medio solamente hay confusión.  

miércoles, 7 de enero de 2015

Violencia



Casi en la víspera de la última Navidad, un conductor en Dijon, Francia, atropelló una muchedumbre de peatones e hirió a trece al grito de “Alá Akbar” (Dios es grande). Inmediatamente comenzó un debate acerca de si se trató de un acto terrorista o de un hecho probablemente delictivo, aunque simplemente ordinario. Esta misma mañana la redacción del semanario satírico francés Charlie Hebdo fue objeto de un ataque en París, el cual provocó al menos doce muertos, entre policías y los propios periodistas. El semanario suele satirizar al Islam (aunque también al Cristianismo), y los atacantes, otra vez, invocaron la expresión “Alá Akbar”. Mientras que la fiscal encargada del caso de Dijon sostuvo en una conferencia de prensa que no se trató de un caso de terrorismo porque el conductor sufre de un severo desorden psicológico y había estado hospitalizado más de ciento cincuenta veces desde 2002, no parece haber dudas de que el ataque de esta mañana fue cometido por personas en pleno uso de sus facultades mentales y que además se trató de un acto terrorista.

La discusión provocada por casos como estos supone una distinción entre el delito común y el terrorismo. La cuestión, sin embargo, es en qué consiste la distinción entre el delito “común” y el “súper” (o V-Power) y qué efectos produce dicha distinción. Antes de continuar, convendría hacer una aclaración. Quienes creen que, v.g., “violencia es mentir”, equiparan a la violencia con la incorrección moral, es decir, a la especie con el género, lo cual no solamente provoca que la idea misma de violencia se nos escurra de las manos (¿qué no sería violento en caso de que la incorrección y la violencia fueran sinónimos?), sino que además implica que cada vez que nos enfrentáramos a una situación incorrecta podríamos actuar violentamente. Quienes cometieron la matanza de esta mañana en París evidentemente creen que “violencia es reírse de la religión” y que se puede reaccionar con violencia literal ante la violencia simbólica. Por obvias razones, quizás convenga mantener a la noción de violencia en su hábitat natural.

Ahora bien, la preocupación por la inspiración religiosa del ataque muestra que el delito súper, a diferencia del común, viene acompañado por cierta motivación particular. En efecto, mientras que a un delincuente común lo único que le interesa es salirse con la suya a sabiendas de que su acto es injustificado, el que comete un delito ideológico aspira a cierta justificación. Por supuesto, como diría Tu Sam, la justificación puede fallar. Pero al menos tiene sentido ensayarla. En cambio, en el caso de un delito común, como un homicidio estándar, el homicida sabe que no debe realizar el acto, pero lo realiza de todos modos, motivado quizás por un interés pecuniario, y jamás aceptaría que alguien podría matarlo a él, su vez, por dinero. El caso del delincuente ideológico es completamente diferente porque la justificación que lo anima es tal que está dispuesto a dar la vida por su causa: el delito político tiene un fuerte componente sacrificial o de abnegación debido al principio que lo inspira.

Aquí es donde se abren las aguas. Hubo una época, aproximadamente a mediados del siglo XIX, en la que el liberalismo creó la noción de “delito político” para distinguirlo claramente del delito común; sin embargo, la distinción jugaba a favor del delincuente político, el cual merecía un tratamiento privilegiado. Para empezar,  semejante tratamiento incluía la abolición de la pena de muerte, la negación de la extradición, amnistía, y llegado el caso probablemente hasta un reconocimiento patriótico, y todo debido precisamente a la nobleza de sus ideales y el hecho de que estuviera dispuesto a sacrificarse por ellos. Sin embargo, la discusión sobre el supuesto carácter terrorista del acto de Dijon, qué decir del atentado de hoy en París, en lugar de estar encaminado a mejorar la situación del sospechoso, en realidad conduce al escenario exactamente contrario. El hecho de que el terrorista esté dispuesto a morir por su causa en lugar de jugarle a favor, le juega necesariamente en contra. Su delito será político, pero no por eso merece un tratamiento privilegiado, sino exactamente lo contrario. De hecho, decir que alguien es un terrorista implica acallar toda discusión. No tiene sentido hablar de terrorismo, pero en el buen sentido de la palabra, como diría Sacha Cohen.

El debate, ciertamente, está lejos de ser nuevo. Pensemos en el Bruto de Shakespeare (no es un juego de palabras), quien en Julio César ofrece al pueblo literalmente razones públicas—una expresión destinada a hacer historia sobre todo en nuestros días—de por qué participó del complot contra César y además expresa que está dispuesto a que le hicieran exactamente lo mismo a él para el caso de que él se convirtiera en otro César. Sin embargo, no todos comparten el entusiasmo de Bruto por la muerte de César, o por la violencia política, principista o ideológica en general. Tácito cuenta en sus Anales que “la muerte del dictador César pareció a unos la acción más deplorable y a otros la más hermosa”. Quizás el más ilustre de los defensores históricos de la primera posición (magnicidio) sea Dante Alighieri, mientras que los defensores más difundidos de la segunda posición (tiranicidio) sean Cicerón y Tomás de Aquino.

Se trata de una discusión que además es muy iluminadora para nuestro tiempo. En efecto, por un lado, es comprensible que en una época como la nuestra en la cual los principios no abundan precisamente y el auto-interés satura la demanda, solemos suponer que un acto principista merece nuestra aprobación mientras que el auto-interés solamente debería atraer nuestro desprecio. Sin embargo, el principismo religioso debería hacernos revisar nuestra admiración incondicional por los principios. Por otro lado, el Che Guevara, también suele ser citado precisamente como ejemplo debido al carácter principista de sus actos. Y vale la pena recordar que la adoración del principismo no es patrimonio del pensamiento de extrema izquierda (como se la solía llamar al menos).

Hannah Arendt, en efecto, nos recuerda que Eichmann mismo se consideraba un idealista, i.e. alguien que ciertamente “no robaba o aceptaba sobornos” pero fundamentalmente “vivía por su idea… y que estaba preparado para sacrificar por esta idea todo y, especialmente, a todos”. Es más, cuando Eichmann “dijo en la investigación policial que él habría enviado a su propio padre a la muerte si le hubiese sido requerido, no solamente quiso meramente enfatizar el extremo hasta el cual él estaba bajo órdenes, sino y listo para obedecerlas; él también quiso mostrar qué ‘idealista’ había sido siempre” (Eichmann in Jerusalem, p. 39). Recientemente Marcos Aguinis debe haber dejado a más de uno con la boca abierta al escribir en una nota para La Nación que “las Juventudes Hitlerianas… por asesinas y despreciables que hayan sido, luchaban por un ideal absurdo pero ideal al fin, como la raza superior y otras locuras. Los actuales paramilitares kirchneristas, y La Cámpora, y El Evita, y Tupac Amaru, y otras fórmulas igualmente confusas, en cambio, han estructurado una corporación que milita para ganar un sueldo o sentirse poderosos o meter la mano en los bienes de la nación”.

La clave consiste en no caer en la tentación de cometer una petición de principios y defender la violencia política propia o que simpatiza con nuestros ideales para repudiar la contraria, como si la diferencia consistiera en que nuestros principios, a diferencia de los de ellos, son correctos. Otro tanto sucede con quienes suelen tolerar la violencia insurgente porque es principista y criticar la estatal solamente porque responde a principios distintos, o al revés, defender la violencia estatal incluso cuando apela al terrorismo. Ni la causa, ni el agente, ni tampoco el medio pueden influir en nuestro juicio acerca de la violencia política. Si rechazamos la violencia política, debemos hacerlo de modo ecuánime. Y si llegáramos a tolerarla, deberíamos ser conscientes de que en tal caso quedaría abierta la puerta para que pudiera ser empleada por tirios y troyanos, y no solamente por los nuestros.

Fuente: Bastión Digital

domingo, 4 de enero de 2015

Pureza forsteriana

Los aportes que regularmente hace el Secretario para el Pensamiento Nacional a la comprensión del núcleo duro del kirchnerismo son insustituibles. Basta recordar al respecto que nadie es más kirchnerista que Forster y nada es más nacional que el kirchnerismo. Semejante consideración debería por sí misma poner coto a quienes se la pasan expresando diatribas contra la necesidad de la creación de la Secretaría en general y la designación de este Secretario en particular. Decimos esto a modo de explicación, innecesaria por lo demás, de por qué caemos nuevamente en la tentación de comentar la nota con la cual despidió el año el Secretario para el Pensamiento (Kirchnerismo: un nombre para cambiar la historia).  

Todo aquel que lee al Secretario para el Pensamiento queda embelesado por lo que podríamos denominar su notoria preocupación por el lenguaje, la cual nos compele a hablar de cierta “pureza forsteriana”, quizás inspirados por aquella famosa escena de “Tienes un email” entre Frank (Greg Kinnear), el intelectual pareja de Kathleen (Meg Ryan), y su entrevistadora (Jane Adams) (por favor, oprima "play", abajo a la izquierda de la pantalla, como solía decír Emilio Ariño):



- [Entrevistadora] La librería, háblenos de ella.
- [Frank] La Tienda a la Vuelta de la Esquina tiene una especie de pureza jeffersoniana... que la ciudad necesita en aras de mantener su integridad histórica.
- [Kathleen] Eso estuvo bien. Gracias.
- [Frank] ¿Estás grabando esto?
- [Kathleen] Lo estoy grabando.
- [Frank] Tecnológicamente hablando, el mundo se nos fue de las manos. Tomemos la videograbadora. La idea detrás de la videograbadora es que hace posible... que Ud. grabe lo que está en la TV cuando Ud. deja su casa. La idea de dejar la casa... es que Ud. pueda perderse lo que está en TV.
- [Kathleen] Yo te he escuchado decir eso antes.
- [Frank] Ella no.

Esta pureza del lenguaje forsteriano, qué decir de la profundidad filosófica, es acompañada por cierta debilidad por la inquisición. En efecto, en su última nota, (Kirchnerismo: un nombre para cambiar la historia), de 1919 palabras, Forster formula 22 preguntas (un promedio de 1 pregunta cada 87 palabras y fracción), las cuales de una u otra manera compendian su infatigable interés por la novedad. Por ejemplo: “¿Qué de nuevo se guarda en el lenguaje político…?”, “¿Es acaso el advenimiento de una nominación la evidencia de una novedad?”, “tiempo crepuscular en el que ya no esperábamos novedades refulgentes”, “las cosas dejan de ser lo que eran sin acabar de asumir los rasgos de la novedad que portan”, “¿Imaginaba esa dialéctica de novedad y de retorno que provocaría su lanzarse al ruedo de la intervención pública?”, “los habitantes del nuevo tiempo”, “no hay novedad ni ruptura sin la aparición de algunas palabras y de ciertos nombres”, “¿Es acaso esa ‘novedad’ la que irradia el nombre del kirchnerismo?”. En otras palabras, una de las preocupaciones centrales del pensamiento de Forster es esa permanencia “entre lo antiguo … y lo nuevo”, quizás un no tan oblicuo homenaje al sempiterno cuestionamiento de Bugs Bunny: “¿Qué hay de nuevo, viejo?”.

Como no hay nada que les venga bien, algunos objetan esta pureza forsteriana, aunque lo hacen fundamentalmente por razones políticas. En efecto, saben que Forster escribe muy bien y por eso quieren desacreditarlo. Ahora bien, si hay algo en lo que hasta los más furiosos antikirchneristas podrían estar de acuerdo con Forster es que el kirchnerismo es un nombre que, en las palabras del propio Forster en la nota que nos ocupa, “Nos asaltó”. En este sentido, como diría el General, somos todos peronistas.

Hablando del General, mientras que todavía hay gente que se resiste a la tan argentina personalización del discurso político según la cual convertimos en doctrina el nombre de un presidente merced al agregado del sufijo “-ismo”, Forster parece celebrar que “el patronímico de una persona se convierta en santo y seña de un giro fundamental en la historia de un país”.

¿Y por qué no? Después de todo, pocos objetan nombres tales como tomismo o marxismo. De hecho, lo único que le falta al kirchnerismo es contar con su propia Suma Teológica o El Capital, y quién sabe, Forster bien puede estar trabajando precisamente en eso, quizás una lectura frankfurtiana del kirchnerismo, por no decir de Adorno.

Por lo demás, si el sentido último de un discurso político tiene como objetivo precisamente el ejercicio del poder, ¿para qué apelar a intermediarios como ideas o valores si uno puede directamente apelar a quienes han ejercido el poder durante varios períodos? Quienes objetaran que otro tanto se aplica al menemismo (en nuestro país) y el estalinismo (por supuesto que fuera de nuestro país), estarían abusando de la lógica con fines políticos. No sería la primera vez.

Habiendo dicho esto, que quede claro que nuestra admiración por Forster no es obsecuente. Con todo respeto, nos parece que la predisposición analítica reaccionaria de Forster, es decir, la de comprender un discurso básicamente a partir de las reacciones o efectos que produce (“Cuando un nombre, en este caso el del kirchnerismo, provoca estas reacciones es porque algo importante viene a proponerle a la sociedad”), quizás sea el talón de Aquiles de la nota.

En efecto, si lo que caracteriza al kirchnerismo es que, por ejemplo, “devolvió una creencia, un sentido político, un rumor de afectos y fraternidades”, se adelantó “a los deseos de esa sociedad”, hizo que las personas tuvieran que “adaptarse a lo que no soñaron que les iba a ocurrir”, fue capaz como pocos de “impregnar tan densamente el escenario de un país volviendo imposible la neutralidad valorativa y la huida hacia refugios impermeables a la demanda de una realidad relampagueante y tormentosa”, etc., es indudable que otro tanto se aplica, por ejemplo, al nazismo, y no por eso éste podría volverse atractivo en absoluto. Al fin y al cabo, suponemos que lo que Forster ensaya no es solamente el concepto del kirchnerismo sino a la vez una recomendación.

La metodología reactiva del análisis de Forster se debilita todavía más cuando la reacción en cuestión es la de quienes, por alguna razón, todavía se oponen al kirchnerismo. Ya habíamos comprobado este aspecto del pensamiento de Forster en ocasión de su muy curiosa afirmación: “Si Pagni y La Nación dicen lo que dicen, es porque no debemos estar equivocándonos demasiado” (que el árbol no tape el Forster). Semejante argumento supone irónicamente que sus adversarios son, a su modo, infalibles en sus errores, no se "equivocan" nunca (o muy pocas veces, o muy poco): siempre que critican al kirchnerismo lo hacen porque el kirchnerismo tiene razón.

Es muy extraño que un filósofo cometa una falacia semejante, y sobre todo en público. En realidad, Forster en este punto parece seguir a pies juntillas la quinta de las “reglas para pensar como un militante” de Ignacio de Loyola (con todo el respeto que nos merece), la cual indica que un militante “siempre debe proceder de modo contrario al cual procede el enemigo”.  En otras palabras, un buen militante como Forster debe criticar todo lo que dice el enemigo, sólo porque lo dice el enemigo.

Y no faltará el que sostenga que tratar de entender al kirchnerismo por la reacción que provoca en quienes se le oponen no sería muy distinto de querer entender, por ejemplo, al judaísmo desde el punto de vista del nazismo.

C. S. Lewis alguna vez escribió que un libro es bueno cuando provoca cierta reacción en sus lectores. Comprender y defender, sin embargo, un discurso político por las reacciones que provoca, no parece ser el camino apropiado, y mucho menos para un filósofo. 

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Les deseamos una Secretaría Pythonesca y un muy Feliz 2015!

Un blog tan popular como La Causa no podía terminar este 2014 sin repetir la entrada más popular del año: Secretaría Pythonesca. Muy Feliz 2015!




No se puede describir con una sola palabra el nombramiento de Ricardo Forster como Secretario de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional. Se trata de una decisión polémica, controversial, incisiva, desafiante, a contrapelo, audaz, agónica y agonista. Parafraseando al nuevo Secretario, es un viento refrescante que airea lo que de otro modo sería una asfixiante realidad miasmática, y seguramente contribuirá a que la flecha de la historia continúe su marcha.

Sin duda, una Secretaría del Pensamiento es el lugar ideal para alguien como Forster. Si hay alguien que cree en el valor intrínseco del pensamiento, por no decir de los intelectuales, es él. Muy recientemente nos ha hecho saber que hoy en día estamos mejor que en los noventa debido a que, entre otras cosas, ahora los intelectuales participan masivamente en política, a diferencia de lo que sucedía antes. Claro que semejante actitud reivindicatoria de los intelectuales es esencialmente un prejuicio bastante extraño. Hubo intelectuales que apoyaron incondicionalmente al estalinismo y al nazismo. En realidad, el valor de la actividad intelectual depende de cómo es realizada y qué fines persigue. Se supone que un intelectual, sobre todo, debería ser consciente de eso.

Para algunos el cargo mismo es contradictorio, o tiene reminiscencias del Ministerio de Andares Tontos (“The Ministry of Silly Walks”) de Monty Python. En efecto, ¿tiene sentido acaso hablar de pensamiento nacional? ¿El pensamiento tiene fronteras? Y aunque las tuviera, otros recordarán que la especialidad de Forster no es exactamente el pensamiento nacional, sino la obra de Theodor Adorno, Walter Benjamin, Gershom Scholem y la cábala, lo cual provocará cierta perplejidad en quienes se dedican a la historia de las ideas nacionales, y sobre todo entre quienes esperaban que alguien más cercano al pensamiento nacional, como Norberto Galasso, accediera a dicho cargo.

Además, dado que la tarea principal de la nueva secretaría es la de “diseñar, coordinar e instrumentar una usina de pensamiento nacional”, muchos se preguntarán cómo se pone en marcha una usina de pensamiento. ¿Se emprenderán acaso proyectos multilaterales con los países vecinos como Yaciretá o Itaipú? ¿Se verá esta usina afectada por los cortes de electricidad en casos de picos de alto consumo? En realidad, quizás sea una muy buena señal que un gobierno nacional y popular designe a un especialista en la cábala al frente de una Secretaría del Pensamiento; semejante decisión quizás ayude a que a la Selección le vaya bien durante el inminente Mundial. La presencia de Benjamin y Scholem en el Gobierno asegura, por lo demás, que el viejo chauvinismo vernáculo quedará reducido al mínimo.

Para quienes crean que el cargo no es contradictorio sino antes bien redundante por no decir peligroso u orwelliano debido a que ya existen varias instituciones dedicadas al pensamiento (por ejemplo, las universidades nacionales), valga otra paráfrasis de las palabras de Forster (que él mismo empleó para referirse al legado de Néstor Kirchner): a veces hace falta subvertir las “formas” institucionales para devolverles una legitimidad perdida.

Otros se concentrarán en el hombre antes que en el cargo. En efecto, alguien podría objetar la designación de Forster debido a su militancia, en particular porque Forster cree, a la usanza de los antiguos jesuitas, que todo buen militante debe criticar lo que dice un enemigo, sólo porque lo dice el enemigo. De hecho, no faltarán los que comparen desfavorablemente la designación de Forster con la de Roberto Mangabeira Unger en Brasil hace unos años como Secretario de Planificación de Largo Plazo por Lula. En efecto, Lula designó a Mangabeira no sólo porque era un intelectual destacadísimo sino además y fundamentalmente porque Mangabeira había denunciado a su gobierno como el más corrupto de la historia, y sin embargo Mangabeira se fue del gobierno de Lula acusado de haber sido cooptado.

En este punto, sin embargo, el Gobierno lleva las de ganar. En este país no nos interesa el largo plazo. Además, para no perder tiempo y evitar la acusación la cooptación de un crítico acérrimo, designó directamente a un fiel militante como Forster a quien la corrupción no le preocupa demasiado. En efecto, Forster ha manifestado que, y aquí citamos de memoria, el patrimonio de Lázaro Báez “no me importa un carajo”. En todo caso, Forster cree que la corrupción, en lugar de ser una grave preocupación, corresponde a “las opacidades de la política y de la gestión estatal”.

Por lo demás, algunos de sus detractores se quejan de que Forster confunde el pensamiento profundo con la adjetivación copiosa o de que su obra, particularmente sus participaciones en la esfera pública, individualmente o como miembro de Carta Abierta, es incomprensible. Forster ha atribuido esta crítica al anti-intelectualismo de quienes no le perdonan leer a autores “que escriben demasiado difícil y oscuro y se niegan a dejarse engullir como una papilla de fácil digestión”. De ahí que su designación indica que el Gobierno podrá ser nacional y popular pero se muestra reacio a tomar el camino facilista de designar un funcionario que pueda ser comprendido sin mayores dificultades por sus conciudadanos. Antes bien, para guiarnos en el pensamiento convoca a un intelectual cuya obra a muchos les cae como un mondongo un mediodía de verano, para seguir con la metáfora introducida por Forster.

Quién sabe, por otro lado, quizás esta Secretaría para el Pensamiento Nacional nos ayude a pensar definitivamente mejor a la hora de votar.




Fuente: http://bastiondigital.com/notas/el-ministerio-de-los-andares-tontos

martes, 23 de diciembre de 2014

La Querella de los Historiadores


Cuándo no, los medios opositores, como si ello fuera posible, se han propuesto desprestigiar a uno de los grandes think tanks nacionales y populares, ni más ni menos que al Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego (a partir de ahora INRHAIMD, para ganar espacio), a esta verdadera academia de inigualable excelencia, y todo a raíz de un par de dimes y diretes, a pesar de que estos últimos son constitutivos de toda institución venerable, sobre todo si alberga a personalidades tales como Pacho O'Donnell y Felipe Pigna, entre otros. 

En efecto, estos mismos medios jamás hicieron referencia alguna, por ejemplo, a otras discusiones que han tenido lugar en el seno de instituciones similares al INRHAIMD. ¿Cómo sabemos que Aristóteles no dejó la Academia de Platón por desavenencias personales? ¿Y qué decir de la discusión que sacudió a la Académie française en 1687 con motivo de la así llamada querella de los Antiguos y los Modernos, todo por el poema de Charles Perrault sobre el “Siglo de Luis el Grande”?: 

« La bella antigüedad fue siempre venerable
Pero yo no creí jamás que ella fue adorable.
Yo veo a los Antiguos sin plegar la rodilla [le genou]:
Ellos son grandes, es verdad, pero son hombres como nosotros [comme nous];
Y se puede comparar, sin miedo de ser injusto,
El Siglo de Luis con el bello siglo de Augusto ».

Sin embargo, nadie se mofa de la Academia de Platón ni de la prestigiosa Academia Francesa (ni tampoco de Rácing, mal que nos pese). Y así como los miembros de la Academia hacían pública su lealtad a Luis XIV, es más que comprensible que el INRHAIMD haya publicado una solicitada en la que repudian la falta de “lealtad a Cristina” por parte de aquellos miembros que, como el Señor Víctor Ramos, no tuvieron mejor idea que recurrir “a la prensa hostil al gobierno” para ventilar los trapos sucios, como si Ramos no supiera que semejante conducta “no es otra cosa que complicidad con los intereses más concentrados y corporativos, con los fondos buitres y los enemigos históricos del pueblo argentino”. Ni qué hablar si alguien compusiera un poema sobre "La Década de Cristina la Grande" y se atreviera a compararla con nuestro Augusto.

Además, el Sr. Ramos, nuevo Catilina si los hay, ha denunciado que “La Cámpora se viene comportando como la Policía Política de la Secretaría de Cultura, analiza los historiales de persona por persona, cuestiona a los docentes que considera que no están en ‘la línea’ como el caso del calumniado profesor Mario Casalla. Y ahora revisa la renovación de los contratos, uno por uno, Franco Vitali [Secretario de Políticas Socioculturales del Ministerio de Cultura] personalmente”. Según Ramos, increíblemente, "nuestros peores enemigos" no son "Luis Alberto Romero, ni Beatriz Sarlo", sino que se trataba de "lacras" que "estaban adentro". 

Por si esto fuera poco, Ramos acusa a la Señora Ministra de Cultura, Teresa Parodi, de haber discriminado al Dorrego para beneficiar al otro gran think tank kirchnerista, la SECOESPENAC (Secretaría de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional): “Ricardo Forster y Carta Abierta no tuvieron problemas de vientos ni tempestades y mucho menos de flujos financieros para todas sus actividades y su esplendoroso y promocionado: Congreso Argentino y Latinoamericano”. Finalmente, Ramos defiende al “espíritu crítico” y cree que “la diversidad no debilita, sino lo contrario”. Después de todo, quienes politizan hasta las multas de tránsito no pueden indignarse por un poco de política en el INRHAIMD. Faltaba solamente que Ramos dijera que al lado de Cristina, Luis XIV parece Jürgen Habermas, a juzgar al menos por cómo tomaba sus decisiones consultando con su Corte, y que la democracia no se agota en el gobierno de la mayoría.

Como era de esperar, uno de los miembros más prestigiosos—si no el más prestigioso—del INRHAIMD, Hernán Brienza, ha salido a la palestra, aunque de modo renuente. En efecto, ya había alertado “en forma privada sobre esta situación hace unos meses”, pero infructuosamente. Ahora no tuvo otra alternativa ya que no tiene “interlocutores válidos ni siquiera ante la ministra de Cultura”. En otras palabras, Brienza se ve forzado a llevarle a la Presidenta otro “dolor de cabeza como los injustificables e innecesarios desafíos por parte de alguno de los miembros a la flamante ministra de Cultura, Teresa Parodi”.

Auto-crítico como de costumbre, Brienza hace su mea culpa: “Quienes integramos el Instituto de Revisionismo Histórico Manuel Dorrego no hemos cumplido con las expectativas de la presidenta de la Nación. Incluso, le hemos llevado alguno que otro dolor de cabeza como los injustificables e innecesarios desafíos por parte de alguno de los miembros a la flamante ministra de Cultura, Teresa Parodi”.

Sin embargo, Brienza generosamente no se reserva la crítica para sí mismo y le lleva un nuevo dolor de cabeza a la Presidenta, aunque esta vez justificable y necesario: “un necesario futuro liderazgo debería estar a cargo de alguien con la capacitación intelectual y académica necesaria para llevar adelante esa empresa”. En otras palabras, Brienza tiene la valentía de denunciar a quien designó el liderazgo anterior, i.e. a la mismísima Presidenta de la República.

Y si bien tiene un genuino desafecto por lo que él llama “internas palaciegas” (¿no así por las "intrigas palaciegas"?), él nos advierte que si por ventura Ana Jaramillo, “actual rectora de Lanús”, fuera designada al frente del Instituto, Brienza se “vería en la obligación de renunciar al Instituto, no por ella, claro, sino por algunos de sus mezquinos laderos”. Quienes detectaran aquí cierta contradicción deberían agregarle el hecho de que Brienza ya había renunciado al Instituto. Quizás sea éste un homenaje de Brienza a aquella boutade de Groucho Marx: "Me gustaría que trabajara para mí, así podría despedirlo".

Ojalá que nuestros intelectuales nacionales y populares sigan adelante con proyectos tales como el INRHAIMD y la SECOESPENAC, sin caer en las garras del tonto prejuicio según el cual semejantes empresas no son sino veleidades burguesas y elitistas. Nuestra Historia y nuestro Pensamiento no podrían estar en mejores manos.  

viernes, 19 de diciembre de 2014

La Argentina no es el Congo



Hubo una época en la cual se creyó que la opinión pública consolidada era indispensable para contar con una verdadera democracia, debido a que la opinión pública cumplía funciones insustituibles de control del gobierno, incluso del democrático. Semejante posición no solamente fue defendida por el liberalismo y el republicanismo durante el siglo XIX sino sobre todo por los propios jacobinos durante la revolución.

Por ejemplo, según El Tribuno del Pueblo del 1ro. de enero de 1790, “La opinión pública es la clase de ley por la que todo individuo puede ser el ministro” (citado en Pierre Rosanvallon, La contrademocracia, p. 53). Asimismo, el Club des cordeliers anunciaba que uno de sus principales objetivos era el de “denunciar al tribunal de la opinión pública los abusos de los distintos poderes y todo tipo de ataque contra los derechos del hombre” (op. cit., p. 56). Es más, Marat, como periodista, llega a decirles a los representantes de la Comuna de París: “Soy el ojo del pueblo, ustedes en el mejor de los casos son el dedo meñique”, como si un periodista pudiera ejercer un poder de control de tipo democrático.

Sin embargo, uno de los tantos logros del discurso kirchnerista ha sido el de poner sobre el tapete la noción misma de opinión pública y su función de control sobre la democracia. Ciertamente, el kirchnerismo no ha sido completamente original al respecto, sino que ha tomado prestada una hoja del libro cesarista-bonapartista. En efecto, para el cesarismo el pueblo no necesita de garantías contra el poder dado que el cesarismo emana del pueblo mismo. ¿Para qué controlar cuando no hay nada que controlar? Tal como lo ha constatado recientemente Hernán Brienza (citando de hecho la obra de Rosanvallon), el pueblo argentino no desconfía de su gobierno (click). Solamente a un jacobino se le pudo haber ocurrido que el pueblo tiene que controlar al gobierno.

En defensa del jacobinismo y su infundada insistencia en la necesidad del control, como si la corrupción fuera una enfermedad letal para la democracia, habría que decir que el jacobinismo no pudo haber anticipado la emergencia del kirchnerismo, es decir, un discurso capaz de dar lugar a un gobierno que no necesita control ya que es incapaz de apartarse de la ruta democrática (¿no ha ganado hasta ahora todas las elecciones presidenciales?) y, sobre todo, un gobierno que es incapaz de cometer acto alguno de corrupción (a menos que creyéramos en las patrañas del periodismo golpista).

Finalmente, y por si hiciera falta, quienes todavía cantan las loas de la opinión pública no deberían olvidar por qué ha triunfado la resistencia soberana contra la extorsión de los buitres. 

En efecto, el Presidente del Congo, Denis Sassou-Nguesso, quien fuera acusado de dictador, xenófobo y asesino, dio el brazo a torcer frente a los buitres apenas éstos denunciaron, por ejemplo, los gastos de su familia y de las comitivas presidenciales en el exterior (vae victis!). Los buitres, a su vez, enceguecidos por su éxito extorsivo, creyeron que la Argentina es como el Congo, como si nuestra opinión pública estuviera tan preocupada por la corrupción como lo está la opinión pública del Congo. Craso error. Nuestro gobierno no se deja influir por la opinión pública y/o a nuestra opinión pública mayormente no le interesa la corrupción. Por suerte para nuestra soberanía, la Argentina no es el Congo.


sábado, 13 de diciembre de 2014

¿Nazismo gráfico u Originalidad creativa?


La Presidencia de la Nación ha tomado una excelente decisión: celebrar hoy, 13 de diciembre, el día de la democracia. No tenemos sin embargo la menor idea de por qué se festeja el día de la democracia un 13 de diciembre, aunque cualquier día es bueno para celebrar a la democracia. Dicho sea de paso, Ramiro Rosler nos recuerda que el 13 de diciembre es la fecha del fusilamiento de Dorrego. Quizás se trate entonces de un homenaje oblicuo del Instituto Histórico homónimo.

Por si alguno notara que el póster ni siquiera menciona a la festejada, i.e. a la democracia, bastaría responder que aquello que es tan obvio que no necesita ser mencionado, precisamente no necesita ser mencionado. ¿Desde cuándo las tarjetas de invitación a un casamiento mencionan siquiera casamiento alguno? ¿Quién no recibió alguna vez invitaciones cuyo único texto son frases tales como "El lenguaje es la casa del ser" o "¡Qué bien que hicimos en traer a Pisculichi!"?

Nos preocupa sin embargo la ola de malentendidos que se ha propagado por las redes sociales, según la cual el póster del Partido Justicialista de la Ciudad de Buenos Aires (PJCABA) es una burda imitación de la propaganda nazi, por ejemplo:



No nos extrañaría que muy pronto se sumara al malentendido el viejo adagio de la monarquía francesa (y algunas de sus funestas repercusiones tales como la Matanza de San Bartolomé y la revocación del Edicto de Nantes) y actual eslogan de la poco democrática Acción Francesa:


En efecto, la similitud de la estructura del contenido proposicional de los tres afiches es notable (sin mencionar a Dios para de ese modo mantener la simetría, pero invirtiendo el orden del póster para ser fieles al adagio monárquico):


Cristina
Hitler
Acción Francesa
Un pueblo
Un pueblo
Una fe
Un proyecto
Un imperio
Una ley
Una conductora
Un conductor
Un rey



Dado que ni el nazismo ni la Acción Francesa son precisamente paradigmas de la democracia (aunque el nazismo llegó al poder democráticamente, al menos en el sentido minimalista o kirchnerista), la asociación entre el contenido de los eslóganes permite que el kirchnerismo caiga en la misma bolsa de la lógica del uno o de la soberanía omnipotente, indivisible, infalible e irresistible. Todo aquel que siquiera disienta con ella es por definición un enemigo sea del pueblo o un hereje. Y todo merced a la asombrosa similitud textual de los eslóganes. 

Sin embargo, no deberíamos dejarnos llevar sin más por la similitud textual, ya que, como inmortal y muy didácticamente lo mostrara el Pierre Menard de Borges, dos textos idénticos pueden dar lugar a obras diferentes gracias, v.g., a la intención del autor y al contexto del texto. Asimismo, en este blog hemos mencionado innumerables veces al personaje de Sacha Cohen en "El Dictador", para quien se puede hablar de "fascismo" y no en el buen sentido de la palabra. 

Pero el obstáculo insuperable para creer que el póster del PJCABA es una burda imitación de la propaganda nazi es que para poder imitar algo hay que conocerlo, y dudamos que el equipo creativo del PJCABA siquiera haya oído hablar del nazismo, y si lo hizo, indudablemente no entendió de qué se trata. De otro modo, no se hubiera expuesto a ser un muy fácil blanco para la crítica (aunque a veces subestimamos la crisis de nuestro sistema educativo). Quienes politizaron una infracción de tránsito seguramente entenderán la repercusión política de un póster semejante. 

Hablando de ignorancia, también hemos dicho varias veces en este blog que quienes tildan de nazi al Gobierno por la creación de la Secretaría de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional ignoran que si bien el nazismo contó con dependencias estatales destinadas a la propaganda, la censura, al cine, etc., al nazismo jamás se le pasó por la cabeza contar con una dependencia estatal para el pensamiento. En el país de Heidegger semejante secretaría habría sido inconcebible. Y otro tanto se aplica a creer que el abuso de la cadena nacional por televisión es nazi o fascista. Durante el nazismo y el fascismo no había televisión. Hablando de Ricardo Forster, dado que hace poco declaraba que "El peligro de la época es reducir la estética del cine a Hollywood", nos provoca curiosidad saber cuál es su posición respecto al nazismo gráfico. 

La inferencia más probable, entonces, es que los encargados de la publicidad del PJCABA merecen todo el crédito de haber creado un eslogan increíblemente similar a los usados por los nazis (entre otros movimientos notoriamente antidemocráticos) sin haberse basado en el nazismo (o en la Acción Francesa para el caso). En efecto, en una cultura obsesionada con la romántica aspiración a la originalidad autorial, cada generación debe remontar obstáculos cada vez más mayores. Y el equipo creativo del PJCABA ha triunfado donde varios fracasaron, aunque irónicamente el culto a la originalidad les impida gozar del crédito artístico que merecen. Todo sea por la autonomía del arte.  

   

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Estado de Derecho, Delito político y Terrorismo



Los que desean un poco de delito político para las fiestas, pueden hacer click acá. Los que quieran ver el Anuario de Derecho Constitucional Latinoamericano 2014 entero, puede hacer click acá. Buen apetito.

jueves, 4 de diciembre de 2014

¿Fueron los Fueros?


Las corporaciones mediáticas y sus esbirros electorales quieren hacernos creer ahora que la Presidenta de la República contempla la posibilidad de presentarse en las próximas elecciones como candidata a diputada del Mercosur, para poder contar con fueros constitucionales que la protejan del hostigamiento corporativo-judicial del que ha sido objeto hasta ahora y que algunos prevén se extenderá luego de que termine su actual mandato presidencial. Por suerte, el Jefe de Gabinete, el gran Contador Capitanich, ha despejado toda duda al respecto al negar rotundamente que “el voto popular del Parlasur busque inmunidad” (click).

Como si no fuera suficiente la imputación de semejante bajeza, de esta verdadera capitis diminutio a la primera mandataria (como si ella hubiese jamás contemplado siquiera rebajarse de este modo), este infundio viene acompañado por la no menos absurda hipótesis según la cual la Presidenta, a la izquierda de la cual se encuentra la pared como bien ha sostenido ella misma memorablemente desde un balcón interno de la Casa Rosada, podría considerar formar parte de una lista con el candidato presidencial del establishment, i.e. Daniel Scioli. No en vano el Secretario de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional y asesor de pensamiento for export ha manifestado una y otra vez a quien deseara oírlo que Scioli no representa en absoluto al modelo kirchnerista (que el árbol no tape el Forster).

Ahora bien, aunque supusiéramos exclusivamente en aras de la argumentación que esta imposible hipótesis tiene asidero alguno, no es la primera vez que un estadista se ve obligado por la fuerza de las circunstancias a manejarse estratégicamente a la caza de fueros debido a que es objeto de una persecución injusta.

En efecto, sin que importara el éxito de su campaña militar en la Galia, Julio César fue víctima de la persecución de sus adversarios políticos en el Senado—el parecido quita el aliento—que querían quitarle “el beneficio concedido por el pueblo”. Es más, “dicen que [César] había temido que se le obligara a rendir cuenta de las acciones que realizó en su primer consulado en contra de los auspicios, las leyes y el veto de los magistrados, pues Marco Catón [homónimo del blog] anunciaba muchas veces, incluso bajo juramento, que le acusaría en cuanto licenciara su ejército, y todo el mundo pronosticaba que, si volvía como un particular, tendría que defender su causa ante los jueces… con un cordón de hombres armados” (Suetonio, Vidas de los Césares, I.30). Fue por eso que César prefirió que se desatara una guerra civil antes que ceder su mando y perder sus fueros y de ese modo comparecer ante los tribunales (aquí un clip de Senado TV).

Yendo ahora a los EE.UU., cuyo gobierno reveladoramente planea matar a nuestra Presidenta tal como ella misma otra vez nos lo hiciera saber, en la película “Bienvenidos a Mooseport”, un ex-presidente (Gene Hackman) decide presentarse a una elección local como intendente en un pequeño pueblo de Maine solamente para ahorrar dinero en la búsqueda de una vivienda (si no hay tiempo ver por favor desde 0:24 hasta 0:42):


 

- [presentador] Demos la bienvenida a nuestro ex-presidente de los EE.UU. Monroe "Eagle" Cole
- [Cole] En relación al rumor que estoy aquí solamente porque perdí mi casa en Baltimore en mi divorcio...
- [esposa] es solamente la punta del iceberg / [Cole] ladrona, conspiradora
- [Cole ]... es absolutamente cierto.

De todos modos, y completamente in arguendo, sería completamente normal que un presidente luego de dos términos consecutivos de mandato buscara mantenerse en algún cargo público (sea en un concejo deliberante o el Mercosur) para no perder ritmo, y de paso con algún que otro fuero. Además, los fueros que se supone busca nuestra Presidenta no pueden provocar una guerra civil como los de César ni persiguen su auto-interés material como hacen los imperialistas estadounidenses, sino que solamente busca un refugio frente al incesante hostigamiento corporativo de la justicia penal. Que sea justicia.

sábado, 29 de noviembre de 2014

Pensamiento Nacional for Export



Nos complace mucho anunciar que tal como ha sucedido con el primer satélite nacional, ahora nos hemos convertido en un país exportador de pensamiento completamente nacional, un producto cuyo valor agregado intelectual sea probablemente insuperable.

En efecto, según el reconocido diario español El País, el Secretario de Estado para la Coordinación Estratégica del Pensamiento Nacional, el filósofo argentino Ricardo Forster, "uno de los intelectuales argentinos más relevantes del kirchnerismo", es "una de las voces de Sudamérica a quien más escucha Podemos", la flamante agrupación política española. Se trata de un asesoramiento que nos llena de orgullo como argentinos y que confirma la penetración del Pensamiento Nacional en la mismísima Madre Patria.

Es precisamente por eso que el mencionado periódico publicó una entrevista (click) en la que nuestro pensador, si se nos permite, se florea con sus habituales comentarios originales, incisivos, provocadores, desafiantes, penetradores, en una palabra, filosóficos. Confiamos en que nuestros lectores procederán a disfrutar de la entrevista ellos mismos, pero mientras tanto queremos adelantar algunas de sus varias perlas. 

Lamentablemente, nuestro Secretario, cuándo no, fue molestado con motivo del nombre de su cargo debido al recelo que provocó "en los medios de información más críticos con el Gobierno". Forster, magnánimo, contestó que desde su secretaría intenta "generar las condiciones para un diálogo que no eluda las diferencias". ¿Qué mejor nombre entonces para su Secretaría que el de "Secretaría de Estado para Generar las Condiciones para un Diálogo que no Eluda las Diferencias"? Quizás un cambio de nombre termine con esta inútil discusión semántica.

Una vez preguntado, algo socarronamente quizás, por su relación con Podemos ("¿Les ha dado consejos?"), su habitual modestia hizo que el Secretario se viera obligado a aclarar que "Más que consejos han sido conversaciones", probablemente debido a que un Forster que da consejos más que un Forster es un Feinmann. Sin embargo, habiendo leído toda la entrevista no habría que descartar que la natural modestia haya sido además una estrategia legal para evitar ser demandado por vicios redhibitorios.

En efecto, el Filósofo no ocultó la recomendación que le hiciera a Podemos: "la única alternativa es la politización de la sociedad. Es posible tomar riesgos, es necesario tomar riesgos. Hay que terminar con la política del miedo". Pero hete aquí que a nadie se le escapa que la politización de la sociedad y su consiguiente concepción agonal de la democracia en términos de la distinción amigo-enemigo gira alrededor del mecanismo del metus hostilis tal como lo llamaban los historiadores romanos, o miedo al enemigo para decirlo más claramente. Con lo cual, so pena de contradecirse (y nos permitimos dudar del futuro que pueda tener la exportación de pensamiento contradictorio), Forster no quiere terminar con la política del miedo en sí, sino con cierta clase de política del miedo, suponemos con el terror que infunden los medios de comunicación y las corporaciones en general, pero no, v.g., con el miedo al enemigo del pueblo, el cual es responsable a su vez del natural miedo popular en su contra. 

Ante la pregunta malintencionada "¿Es inevitable la demagogia para alcanzar el poder?", Forster nuevamente hizo gala de otra de sus virtudes, la nobleza, al contestar que "Muchas veces se ha intentado reducir el populismo a la demagogia", y de tal forma al reconocer implícitamente que el populismo es demagogia y algo más. Habría que ver cuántos populistas comparten la franqueza forsteriana.  

Dicho sea de paso, en una nota reciente de su autoría, el Filósofo ha reivindicado "el uso novedoso e inesperado que, en la escena española actual, viene haciendo el grupo Podemos" del "populismo, un nombre maldito". Y en esta nota el Filósofo formula una pregunta extraordinaria: "¿Qué nos dice un nombre tan demonizado y denigrado por la academia y los grandes medios de comunicación? ¿Qué provocación guarda en su interior? ¿Por qué incomoda tanto? Cuando un nombre genera tanta virulencia y tanto antagonismo hermenéutico es porque guarda una potencia novedosa y crítica, porque es capaz de intervenir en la escena de la realidad desnudando lo que permanece vedado y abriendo, una vez más, la dimensión de lo político como la evidencia de lo no resuelto en el seno de la sociedad" (click). 

Nos preguntamos sin embargo si Forster advierte que semejante argumento es capaz de albergar en su seno hasta al nazismo. ¿O acaso no se trata de un nombre "demonizado y denigrado por la academia y los grandes medios de comunicación", francamente provocador, que tanto incomoda, que genera "tanta virulencia y tanto antagonismo hermenéutico", debido a su capacidad "de intervenir en la escena de la realidad desnudando lo que permanece vedado y abriendo, una vez más, la dimensión de lo político como la evidencia de lo no resuelto en el seno de la sociedad"? De hecho, el nazismo se jactó en su época de ser incluso "novedoso y crítico". Por suerte, con un mínimo de pensamiento el Filósofo podría desembarazarse muy rápidamente de semejante argumento.   

Finalmente, dado que hay gente que se resiste a creerlo, el Filósofo sostuvo que "si uno no se sube en el momento adecuado, el tren pasa" (es decir, los trenes no vuelven a buscar a quienes no se subieron en ellos a tiempo) y que "Ellos [Podemos] perciben, y yo estoy de acuerdo, que hay momentos en que se disloca un cierto orden. Y es un momento único. O se aprovecha o se lo pierde". En otras palabras, y para los que dicen que solamente dice incoherencias, el Filósofo mostró que su debilidad es la redundancia o la tautología, siempre bienvenidas para el caso de que hubiera gente que todavía pusiera en duda el hecho de que el mundo, v.g., se divide entre los muchos en el mundo que conocen a Forster y los muy pocos que todavía no lo conocen. 

Ojalá que la exportación del pensamiento nacional no decaiga. La Secretaría para el Pensamiento Nacional no podría haber caído en manos mejores o en todo caso más representativas.  

martes, 25 de noviembre de 2014

Abogadxs exitosxs


Desafortunadamente, la persecución (por no decir linchamiento) judicial en contra del Gobierno parece acrecentarse con el transcurso del tiempo. Por suerte, sin embargo, las mentes legales del Gobierno no se quedan de brazos cruzados sino que responden vigorosamente.

Por ejemplo, la diputada Diana Conti, cuya peculiar doctrina penalista hemos examinado en otra oportunidad (derecho penal para todos y todas), señaló que “los jueces pueden investigar a cualquiera, no es que por ser un presidente no lo pueden hacer, pero no con esta espectacularidad e intencionalidad política de dañar a la Presidenta de la Nación”.

No es que quisiéramos poner palos en la rueda, pero no entendemos cómo la ideología política de un juez puede afectar sus decisiones legales. En efecto, ¿acaso un acusado puede exigir que el juez que entiende en la causa comparta su ideología política? Por supuesto, es comprensible que un juez que no comparte la ideología del acusado trate de condenarlo. Pero si la condena está fundamentada (o lo está, supongamos, la absolución de alguien que comparte la ideología del juez), entonces la ideología del juez es irrelevante (quemá esas cartas). Acerca de la oportunidad de la investigación, para eso están precisamente los plazos de prescripción de la acción penal. Ojalá que el Gobierno logre apartar al juez si, llegado el caso, tal como ha sucedido en otras oportunidades (desde un juez hasta un fiscal pasando por el Procurador General de la Nación), el funcionario judicial resulta ser inapropiado o incompetente, en el sentido amplio de la palabra.

El Secretario de Justicia, Julián Álvarez, a su vez, comparte la preocupación por la motivación política del juez (dando un saludable giro al respecto: click), y agrega una variación bastante extraña del tema: “Yo no digo ni que está mal ni que está bien, probablemente (Amado) Boudou esté bien procesado, está bien que él (por Bonadio) haga todas las investigaciones que quiera. Lo que está mal es que las realice en función de lo que le sucede en la Magistratura”. Más allá de que Álvarez está echando algo de sombra sobre la reputación del Vicepresidente de la República (Boudou), no tiene mucho sentido su asociación entre la conducta de Bonadío y el Consejo de la Magistratura.

En efecto, según Álvarez, Bonadío, que está siendo investigado por el Consejo de la Magistratura por mala praxis, incurre en otra mala praxis para beneficiarse en la investigación de la que él mismo es objeto. Es como si alguien acusado de homicidio cometiera a la vista de todo el mundo otro homicidio para ser exonerado del primero. Se estaría cavando su propia fosa, y cada vez más profunda.

Quizás preocupada por lo que las otras mentes legales del Gobierno (no contamos entre ellas al Jefe de Gobierno Capitanich, no porque no sea competente, sino porque entendemos que es contador) han hecho hasta ahora en su defensa, la Presidenta misma de la República ha salido hoy mismo en su propia defensa y advirtió que “Ningún buitre financiero o carancho judicial, me va a extorsionar”. Lejos estamos de presumir que podemos asesorar a la Presidenta, pero llama la atención que ella haya descripto la persecución de la que es objeto como una “extorsión”.

En verdad, si la extorsión girara alrededor de una acusación completamente infundada, sería muy irracional de parte de la Presidenta cumplir con dicha extorsión. La idea misma de extorsión en general supone que lo que forzaría al extorsionado a cumplir con la extorsión es que quien lo extorsiona tiene precisamente algo ilícito en su contra. Distinto sería, por supuesto, si alguien hubiese sido secuestrado, pero hasta el momento no parece ser el caso.

La idea misma de extorsión en este caso supone entonces que lo que forzaría al extorsionado a cumplir con la extorsión es que quien lo extorsiona tiene precisamente algo ilícito en su contra como para poder torcerle el brazo, lo cual sería políticamente letal para la Presidenta.

Cabe recordar que los fondos buitres ya han probado con éxito esta fórmula extorsiva con el Presidente del Congo, Denis Sassou-Nguesso, quien extorsionado por los gastos de su familia y de las comitivas presidenciales en el exterior, se vio obligado a llegar a un acuerdo con los buitres. Por ejemplo, una habitación de hotel en la que estuvo el Presidente del Congo en Nueva York costó más de lo que un congoleño promedio gana en una década.

Dicho sea de paso, la injustificable conducta de los fondos buitres es más inteligible que la de las mentes legales del Gobierno, pero tampoco es precisamente un dechado de planeamiento estratégico, ya que los buitres suponen que la opinión pública argentina es tan poderosa como o tiene el mismo peso que la congoleña. Mucho nos tememos que se verán seriamente defraudados al respecto.

sábado, 22 de noviembre de 2014

¿Hasta cuándo, Senadores, abusarán de nuestra Paciencia?


Cansado de la falta de solución de continuidad de las prácticas destituyentes de la oposición, el prestigioso jurista Eduardo Barcesat, al igual que su insigne antecesor Cicerón, ha descubierto un complot ni más menos que en el Senado y por lo tanto ha radicado una denuncia en sede penal por tentativa de sedición, en contra de los senadores opositores que, verdaderos émulos de Catilina a su vez, se niegan a tratar la vacante que tendrá lugar en la Corte Suprema una vez que se haga efectiva la renuncia del Dr. Eugenio Zaffaroni. En buen criollo, para Barcesat semejante conducta senatorial constituye un “golpe de Estado institucional” (audio Nacional).

La denuncia está tan bien fundamentada (a diferencia del vergonzoso linchamiento mediático del que son objeto tanto el Vicepresidente [extra Kirchnerismum nulla salus] cuanto la Presidenta de la República) que ni siquiera el hecho de que el poder judicial esté en manos de una corporación golpista podrá impedir que llegue a buen término.

Dicho sea de paso, a juzgar por el relato de Cicerón sobre el complot de Catilina, los senadores sediciosos pueden considerarse afortunados. En efecto, en la antigua y republicana Roma podrían haber sido muertos como Cayo Graco "a causa de ciertas sospechas de sedición", y qué decir de la suerte de Marco Fulvio quien "fuera asesinado con sus hijos", por las mismas razones (Catilinarias, I). En esa época (O tempora, o Mariano Mores!) se cultivaba el derecho penal del enemigo para el cual "quien es enemigo de la república no puede ser ciudadano en modo alguno" (Catilinarias, IV). Hoy en día, por suerte, el derecho penal del enemigo ha caído en descrédito, nadie es condenado por una sospecha, y el delito de sedición tiene penas sensiblemente menores (de uno a cuatro años de prisión), irrisorias en comparación.

Ahora bien, para que la denuncia no corra riesgos innecesarios, nos tomamos el atrevimiento de anticipar ciertos planteos estrambóticos que algún hercúleo juez dworkiniano, muy probablemente dispuesto asimismo por la oposición destituyente a tal efecto, podría hacer en contra de la presentación barcesatiana. 

En primer lugar, podría llamar la atención la racionalidad de los autores del delito. En efecto, tal como sostiene el Dr. Barcesat, se trata de sedición en grado de tentativa, ya que no hay “ni remotamente condiciones” para llevar a cabo el golpe, pues se trata de un “pedaleo en el aire”. Claro que, como es imposible pedalear en el aire, si la oposición además de subversiva es estúpida, eso no es un problema de la justicia penal sino de la oposición. Solamente quienes creen que el delito imposible y la tentativa inidónea no son punibles podrían insistir en este punto.

En segundo lugar, también podría atraer la atención el hecho de que el Dr. Barcesat impugne la predisposición de la oposición a derogar leyes kirchneristas. En efecto, si hasta hace poco festejábamos el regreso de la política, ¿qué problema podría haber con la derogación de leyes kirchneristas? Después de todo, para el kirchnerismo la política es conflicto, y el conflicto, al igual que el tango, solamente se puede bailar de a dos. En otras palabras, la política, según la concepción kirchnerista, consiste en oponerse y luchar, y en usar el derecho a tal fin, sancionando o derogando leyes según sea necesario. ¿Por qué entonces el kirchnerismo puede reivindicar la política pero la oposición no podría hacer otro tanto, siempre dentro de la ley? Es francamente curioso que el kirchnerismo oscile entre la conflictividad transformadora de lo político (“vamos a cambiar todo”) y el instititucionalismo conservador (“no hay que tocar nada”) según sea Gobierno u oposición, i.e., según mejor le convenga.

Sin duda, la cuestión que más llama la atención de la catilinaria barcesatiana es la idea misma de un “golpe de Estado institucional”. En efecto, según la genealogía del “golpe de Estado”, el mismo era por definición institucional y, acuñado por Gabriel Naudé durante la época dorada de la Razón de Estado, describía cualquier acción del soberano en defensa de su Estado frente a toda oposición destituyente. Entre los ejemplos que da Naudé de golpe de Estado se encuentran tanto la matanza de San Bartolomé cuanto la ejecución paradigmáticamente republicana de los hijos de Bruto decidida por Bruto mismo (Consideraciones políticas sobre los golpes de Estado, 1639, cap. III). Obviamente, y como hoy diría Sacha Cohen, dado que se trataba de un golpe de Estado en el buen sentido de la palabra, la genealogía de la expresión no puede corresponder a lo que el Dr. Barcesat tiene en mente.

Pero si aquello a lo que el Dr. Barcesat  se refiere es al, para decirlo en sus palabras, “golpe de Estado institucional” en el—invocando nuevamente a Sacha Cohen—mal sentido de la palabra (después de todo se trata de un muy serio delito contra el orden constitucional), entonces la expresión parece ser absurda. Precisamente, dado que una acción realizada institucionalmente en última instancia no puede ser institucionalmente atacada (Hobbes y luego Kant explicaron por qué), la expresión “golpe de Estado institucional” es equivalente a la de un “delito legal”, por lo cual esta alternativa provocaría la desestimación de la denuncia penal in limine. Algo irónicamente quizás el Dr. Barcesat podría invocar la confusión kirchnerista frecuentemente esgrimida por la oposición entre república y democracia para sostener que a pesar de que un acto satisfaga los mínimos requisitos formales de la legalidad (v.g. no es delito) no por eso adquiere visos de legitimidad republicana. Pero en este terreno, insistimos, estamos solamente especulando.

Finalmente, por “golpe de Estado institucional” el Dr. Barcesat quizás solamente quiso dar a entender una tautología, tal como nos lo recuerda la genealogía del concepto. Después de todo, todo golpe de Estado es llevado a cabo por personas que pertenecen a las instituciones estatales. Por ejemplo, y mal que nos pese, hasta el Ejército es una institución estatal; y, por si hiciera falta recordarlo, los golpes de Estado en Argentina han sido su especialidad. Es más, un golpe de Estado sin colaboración institucional parece ser o bien algo imposible, o muy probablemente una revolución. De ahí que llame mucho la atención que alguien tan cuidadoso en el uso del lenguaje como el Dr. Barcesat no lo haya advertido. 

Sea como fuere, solamente nos resta expresar nuestros votos para que todo el peso de la ley recaiga particularmente sobre todos aquellos que cometen delitos en perjuicio del Estado desde dentro del Estado, a pesar de que se les ha confiado la guardia de la cosa pública. Ya es hora de que truene el escarmiento.

domingo, 16 de noviembre de 2014

Extra Kirchnerismum nulla Salus



No es la primera vez que nos indignamos por el incesante linchamiento mediático contra Boudou, el cual se incrementa diariamente. Ya habíamos mostrado que el de Boudou es un caso de manual de chivo expiatorio según la teoría de René Girard (Boudou, Edipo y Girard). En efecto, este caso reúne lo que Girard llama los tres "estereotipos perseguidores": (1) ¿acaso no estamos atravesando una crisis sacrificial marcada por la inflación, recesión, una profunda grieta,  inequidad redistributiva, amenaza de default, etc.? (2) ¿Acaso la opinión pública no se ha hecho eco de una ola de crímenes de todo tipo, entre los que no falta una seria acusación penal relacionada con la acuñación de moneda? (3) Alguien podrá albergar dudas sobre los dos primeros estereotipos perseguidores, pero nadie puede negar que Boudou centrípetamente atrae a todos los signos victimarios imaginables: un verdadero parvenu, un marplatense que anda en moto, ex disc-jockey y UCeDé, elegido a dedo por la Presidenta, a quien encima se le ocurrió la idea de re-estatizar las AFJPs.

Por si nuestra hipótesis sacrificial sobre Boudou no hubiese sido tan convincente, proponemos ahora una nueva explicación, la cual no solamente es institucionalista (como le gusta a los republicanos liberales) sino que salta a la vista para todo aquel que conozca la discusión de San Agustín con los donatistas y que aniquilaría el linchamiento mediático si, por imposible que fuera y Dios no lo permita, Boudou fuera culpable de todo lo que se le acusa.

Dado que el tiempo es tirano, quizás sea suficiente citar los siguientes párrafos de bibliografía secundaria: "Los donatistas, herejes del norte de África, exigían que sus jefes jerárquicos fueran moralmente irreprochables. En conflicto con ellos, Agustín defiende firmemente el principio de que también el ministro de la Iglesia es un hombre débil, y posiblemente incluso un hombre malo. No tiene el oficio [N. de la R.: cargo] porque sea digno, sino, a la inversa, es digno porque ejerce el ministerio eclesiástico. En la institución uno puede vivir moralmente por encima de su propia condición" (R. Safranski, El Mal, p. 91). Un corrupto, entonces, puede ser vicepresidente.

Por si no hubiera quedado claro, "Así como aquellos que han sido bautizados por Judas, escribe Agustín, no deben ser bautizados nuevamente, porque es Cristo el que los ha bautizado 'del mismo modo, aquellos que han sido bautizados por un borracho, por un homicida o por un adúltero, si han recibido el bautismo cristiano, han sido bautizados por Cristo' (In Johann., 5, 18)" (G. Agamben, Opus Dei, p. 42). Si Judas puede ser sacerdote, Boudou puede ser vicepresidente.

En otras palabras, la Iglesia primitiva ya había resuelto lo que la oposición republicano-liberal quiere convertir en un problema de hecho inexistente. Por si todavía quedaran dudas, Eugenio Zaffaroni acaba de declarar que las alternativas electorales para el 2015 son kirchnerismo o caos, ya que el único proyecto político viable es el kirchnerista (click). En otras palabras, Zaffaroni describe al kirchnerismo en los mismos términos que Cipriano (tan enemigo de los donatistas como San Agustín) lo hiciera en relación a la Iglesia (extra ecclesiam nulla salus): fuera del kirchnerismo no hay salvación.

La ironía es que Zaffaroni, al distinguir (tal como lo hace la Iglesia primitiva), entre el sujeto agente y la obra y al enfatizar a esta última por sobre el primero, sugiere que es indiferente a cuál candidato votaremos ya que todos deberán mantener el mismo proyecto (por lo demás, todos los candidatos se han pronunciado a favor de mantener un pilar de la actual administración como la AUH, la cual irónicamente fue propuesta por Lilita Carrió y quizás por eso el Gobierno se resiste a convertirla en ley). Por supuesto, Zaffaroni podría responder que así como la Iglesia es la única que puede administrar los sacramentos, el kirchnerismo es el único que puede gobernar democráticamente este país. Pero no sonaría muy democrático que digamos.  


domingo, 9 de noviembre de 2014

Acerca del Niño Maravilla o Para leer a Hernán Brienza


Muy buenas noticias. Después de un largo tiempo (¿o será que hacía mucho que no lo leíamos?) Hernán Brienza ha vuelto a incursionar en la teoría social (para muestra de incursiones pasadas, basta un botón: la ontología de Brienza), esta vez para tomar posición en el ya famoso debate acerca de la sociología del conocimiento en el contexto de la discusión acerca del Niño Maravilla Kirchnerista.

Ciertamente, el disparador de la respuesta de Brienza fueron los comentarios de Lanata sobre el Niño Maravilla. Pero no nos confundamos. Si hubiese aparecido un niño deseando ser como, v.g., Marcos Aguinis y dicha aparición hubiese sido criticada por el multimedios oficialista, Brienza habría respondido de la misma manera: "Quiero dejar bien claro algo: Muchachos, se trata de un chico de once años, ¿se entiende bien? Once Años. No terminó el primario". Irónicamente, Lanata dijo exactamente lo mismo (el problema es la edad, no la opinión), aunque Brienza no lo recuerda.

Sea como fuere, ya que "se trata de un chico de once años, ¿se entiende bien? Once Años. No terminó el primario", cuáles son sus opiniones políticas es irrelevante. De ahí que no tiene sentido hacer de él un caballito de batalla y por supuesto tampoco tiene sentido criticarlo, sean cuales fueran sus opiniones políticas. Sí tiene sentido discutir qué se hace políticamente con los niños. Hasta acá, estamos totalmente de acuerdo con Brienza.

Lo que más llama la atención es uno de los argumentos que subyace a la nota de Brienza: "Un párrafo aparte se merece el argumento estúpido y estupidizante del adoctrinamiento. Todo chico de once años es adoctrinado. (...). La supuesta cantinela del 'libre pensamiento' también es una forma de adoctrinamiento. (...). Desde que nacemos, a través de los mandatos familiares, de la educación pública o privada, a través de los medios de comunicación, los dibujitos animados –como bien explicó en 1972 Ariel Dorfman en Para leer al Pato Donald–, la religión, la ideología de los padres". Brienza, sin embargo, extiende su crítica desde la más tierna infancia al caso de los adultos: "es imposible un verdadero pensamiento en libertad. Todos estamos atravesados por sentidos, ideas, doctrinas, influencias y procesos de lavado de cabeza".

¿Sugiere entonces Brienza que, dado que todos estamos adoctrinados, quienes fueron adoctrinados para cometer delitos de lesa humanidad lo harán (otro tanto con ser enemigos del pueblo), quienes fueron adoctrinados para no cometerlos, no lo harán, y entonces no tiene sentido realizar reproche alguno, sino solamente cabe indagar, de pura curiosidad, cómo es que fue adoctrinado el autor? Después de todo, quienes reprochan la comisión de delitos de lesa humanidad, según Brienza, solamente lo hacen porque fueron adoctrinados para reprochar, y no porque haya algo malo en los delitos de lesa humanidad con anterioridad a todo adoctrinamiento que provoca precisamente el reproche.

Pero entonces ¿Brienza sugiere entonces que él mismo es kirchnerista porque lo adoctrinaron o le lavaron la cabeza? Nótese que no es tan descabellada la idea, porque hasta no hace mucho escribía notas en contra de quien con el tiempo se convirtiera en entrevistador oficial. En tal caso, ¿por qué criticar a quien expuesto "a un bombardeo constante el liberalismo a través de los medios de comunicación y la educación de la sociedad neocapitalista", es precisamente un cerdo capitalista a raíz de eso? Ni siquiera podríamos decir que la culpa no es el chancho sino del que le da de comer, porque según Brienza el adoctrinamiento necesariamente no excluye a quien alimenta al cerdo siquiera, y el que adoctrina ha sido tan adoctrinado como todo nuevo adoctrinado. En cuanto a que "quien reconoce su propio adoctrinamiento es más libre, en términos existenciales, que aquel que se considera libre de doctrinas o ideologismos", ¿qué sentido tiene ser más libre que otro si la libertad no existe?

Párrafo aparte merece también la preferencia de Brienza por el "el hombre político" en oposición al "hombre libre" (dicho sea de paso, ¿esta preferencia de Brienza se debe a un adoctrinamiento, o es la de Brienza porque él la considera correcta, y no al revés?). En efecto, mientras que "El imaginario social del liberalismo considera como 'hombre libre' al individuo capacitado para llevar adelante una vida en soledad, con un alto nivel de consumo tecnológico, cultural y suntuario" (vale aclarar que Brienza parece olvidar el énfasis puesto por la Presidenta en el consumo, particularmente, v.g., cuando inaugura una fábrica de lavarropas, y que la Presidenta ha declarado en público su debilidad por Netflix), el "hombre político" de Brienza "se realiza, en cambio, en comunidad", "cuando se relaciona con otros, cuando le escapa e intenta romper el mandato 'individual-consumista' que le impone el liberalismo capitalista".

Ahora bien, es absurdo creer que la preocupación principista por la comunidad es por definición mejor que todo individualismo auto-interesado (más allá de que, según Brienza, tanto el principismo cuanto el auto-interés son exclusivamente el resultado del adoctrinamiento). Si los nazis hubiesen sido auto-interesados indiferentes jamás hubiesen llevado a cabo un genocidio en medio de una guerra mundial, como bien nos lo recuerda Hannah Arendt. De hecho, fue el principismo colectivista nazi lo que particularmente despertó el horror y la curiosidad de Arendt.

Irónicamente, Brienza comete el mismo error que Marcos Aguinis, quien supone que el principismo altruista de la Hitlerjugend es por definición superior a cualquier auto-interés (click). Además, insistimos, el capitalismo liberal podrá tener serios problemas, pero Brienza mismo reconocerá que no todo capitalismo liberal o "empresa de capital monopólico y concentrado" es malvada. El capitalismo liberal de las empresas mineras, Netflix, Chevron, Telefónica, quizás el de Soros, etc., está bien. El problema es el capitalismo monopólico y concentrado que es a la vez enemigo del pueblo. Por suerte hay gente como Brienza que nos indica cuál es cuál o quién es quién en el mundo capitalista e impide que de otro modo caigamos en una muy natural, aunque letal, confusión.

martes, 4 de noviembre de 2014

Estética, Política y Democracia



La polémica ocasionada por la reacción de José Pablo Feinmann contra el Premio recibido por Marcelo Tinelli como Personalidad Destacada de la Cultura (click), a tal punto que Feinmann está dispuesto a devolver el mismo premio obtenido por él, ha hecho emerger una curiosa incoherencia por parte de Feinmann.

No vamos a entrar en detalles acerca de por qué un programa de televisión como el de Tinelli, "Fruto de la devastación cultural del menemismo, sigue ejerciendo esa estética con las permisividades que los tiempos le abren". Quizás se deba a que el kirchnerismo no haya ganado aún la batalla cultural. O quizás se deba a que ese 50 % que puede llegar a ver a Tinelli se corresponda con ese otro 50 %, o casi, que puede llegar a votar en contra del kirchnerismo.

Sí llama la atención, en primer lugar, que, hasta donde sabemos, a Feinmann no le haya provocado malestar alguno, v.g., la obtención del mismo premio por parte de la Tota Santillán. La indiferencia de Feinmann quizás se debió a que la Tota Santillán no tiene la misma repercusión que Tinelli, o a que la Tota le parezca estéticamente superior que Tinelli.

Lo que más llama la atención, sin embargo, es la severa axiología estética de Feinmann. Según Feinmann, "A la gente termina por gustarle eso que todos los días le tiran por la cabeza. Pero si se intentara algo mejor, de a poco los gustos irían cambiando. Eso es precisamente lo que Tinelli y todo lo que gira a su alrededor quieren impedir. Que algo cambie. En tanto tengan atornillados a sus sillones a todos los mira-culos del país, todo irá bien". Podemos inferir entonces que para Feinmann, no tiene mayor sentido creer que el valor estético de un programa de televisión se puede medir democráticamente, por así decir, según el número de sus adherentes. La estética de Feinmann es esencialmente anti-democrática, por no decir platónica.

Para Feinmann, además, la televisión, o la estética quizás en general, no es autónoma respecto a la política, o al menos puede tener nocivos efectos políticos: "El programa de Tinelli... es un programa ideológico-político. Es decir, la eliminación de todo atisbo de conciencia crítica, la reducción de los espectadores a la simple condición-cosa de mira-culos". De este modo, Feinmann parece compartir la posición de quienes defendían la obtención del mismo premio por parte de Ignacio Copani ya que al menos la ideología de Copani es correcta, por más que a Feinmann no le atrajera, suponemos, su música. Esta posición, sin embargo, podría verse en problemas ya que debería negar que, v.g., Leni Riefenstahl habría sido una personalidad destacada de la cultura, o que su cine era artístico. Esto se arregla sin embargo con una leve modificación del premio, v.g.: "Premio a la Personalidad Destacada de la Cultura Democrática".

Ahora bien, dada la conexión entre estética y política que Feinmann propone, es digno de ser destacado que la tesis feinmanniana sobre la televisión se corresponde casi verbatim con la tesis antiperonista sobre la hegemonía peronista en tiempos democráticos. En efecto, y cambiando lo que hay que cambiar, ¿cuántas veces hemos oído algo como lo que sigue?: "A la gente termina por gustarle eso que todos los días le tiran por la cabeza. Pero si se intentara algo mejor, de a poco los gustos irían cambiando. Eso es precisamente lo que X [i.e. el líder peronista a la sazón] y todo lo que gira a su alrededor quieren impedir. Que algo cambie. En tanto tengan atornillados a sus clientes políticos, todo irá bien".

Sin embargo, hasta donde sabemos, Feinmann jamás mostró preocupación alguna por la pobre concepción de democracia que caracteriza al kirchnerismo desde sus comienzos, ni qué hablar cuando alcanzara el histórico 54 % en 2011. Cierto resabio de esta muy pobre concepción de democracia persiste en las declaraciones del actual Jefe de Gabinete cuando para hacer frente a las críticas opositoras responde con un "formen un partido político y ganen elecciones". Tinellli bien podría seguir la línea capitanichiana (aunque bastante anti-nietzscheana por lo demás) respondiéndole a Feinmann con los números del rating de sus respectivos programas.

La pregunta entonces es ¿por qué Feinmann es tan exigente, por no decir platónico y/o antiperonista, con la estética, pero tan peronista, por así decir, con la política? ¿Por qué no se rinde ante los números del rating en televisión (que por lo demás es el hábitat natural del rating), pero sí lo hace en política? ¿O por qué no exige que el simple gobierno de la mayoría sea complementado con instituciones fuertes y deliberativas, amén de una opinión pública crítica o implacable con esa misma mayoría? Después de todo, Feinmann mismo reconocerá que la política es más importante que la televisión, y que por lo tanto deberíamos ser mucho más exigentes en política que en televisión. Quién sabe, quizás Feinmann fue siempre un antiperonista toda su vida, tanto en estética como en política, y no nos habíamos dado cuenta, quizás porque ni él mismo se había dado cuenta, hasta ahora al menos. Y todo gracias a Tinelli.