jueves, 9 de febrero de 2017

Sobre demonios, terrorismo y violencia



Gracias a Fernando Manuel Suárez nos hemos enterado de la muy interesante nota de Daniel Feierstein (Revista Bordes) en la que el autor muestra su preocupación por el marcado aumento de las acciones de la teoría de los dos demonios en el mercado del sentido común de los últimos años, en especial a raíz de las últimas elecciones presidenciales.

Estamos completamente de acuerdo con él en que la criminalización del negacionismo no puede ser una solución ya que va en contra de los principios del Estado de Derecho liberal, en que los funcionarios públicos “negacionistas” deberían renunciar, en que los defensores de los genocidas tratan de aprovechar el momento para ganar terreno en el plano político-cultural y en que así y todo el debate es el modo de resolver los desacuerdos en democracia.

Sin embargo, existen ciertas diferencias en cuanto a los argumentos exhibidos. Por ejemplo, el discurso de los dos demonios según Feierstein es desacertado—por no decir una burda operación ideológica—por varias razones. En primer lugar, según él quien habla de “dos Xs” está dando a entender que habla de “dos Xs iguales”. En efecto, en cierto sentido cada vez que hacemos referencia a diferentes Xs los estamos igualando ya que estamos hablando del mismo tipo de ente. Pero de ahí no se sigue que dichos entes sean iguales en todo sentido. Mucha gente estará de acuerdo en que, v.g., Cristina Kirchner y Mauricio Macri tienen en común el hecho de ser presidentes o haberlo sido. Pero de ahí tampoco se sigue que sean moral o normativamente iguales. No hace falta abundar al respecto para atraer el convencimiento de kirchneristas y macristas por igual (irónicamente). 

Este ejemplo muestra que hablar de dos demonios no tiene por qué implicar que los demonios sean iguales. Quienes entonces desearan continuar con la doctrina de los dos demonios lo único que deberían hacer es especificar que no son iguales por obvias razones que abarcan desde los motivos por los que pelearon hasta los recursos disponibles pasando por la estructura de sus organizaciones. Quizás convendría denominarla la doctrina de los dos demonios desiguales. Incluso quizás se trate de un demonio que cometió un solo delito y de otro que cometió millones.

Si reemplazáramos la expresión “demonio” por “autores de delitos” la cuestión sería todavía más clara, ya que poca gente cree que todos los delitos son de la misma especie o de la misma gravedad. En donde estamos completamente de acuerdo es que hablar de “demonios” en relación a cuestiones penales en realidad equivale a quitarle la responsabilidad a los involucrados. El Código Penal está pensado para seres humanos. 

Feierstein podría insistir en que a él lo que más le interesa es qué es lo que se hace con la doctrina de los dos demonios antes que la doctrina de los dos demonios en sí. Sin embargo en tal caso él estaría abandonando el plano argumentativo que él abraza en la nota para concentrarse solamente en la lucha por la hegemonía. En realidad, según Feierstein "responder con argumentos" es "el único modo de incidir en las luchas por la hegemonía".

En segundo lugar, para Feierstein la expresión “terrorismo de Estado” en el fondo no es sino la continuación de la doctrina de los dos demonios pero por otros medios, ya que a menos que la expresión sea redundante sugiere que puede haber otros terrorismos, i.e. terrorismos no estatales. En aras de la precisión conceptual sin embargo es difícil negar la existencia de terrorismos no estatales. Es fácil de comprobar en el caso de, v.g., la creación de varios Estados como Israel o Palestina. 

Quizás el punto de Feierstein no sea general sino que se refiera a lo que sucediera exclusivamente en nuestro país. Sin embargo, si ese es el punto de Feierstein, da la impresión de que hay algunos casos que solamente podrían escapar a la descripción de terrorismo no estatal (o insurgente) mediante el recurso a la doctrina del doble efecto o de los efectos colaterales, según la cual, en muy pocas palabras, si alguien sabe que su acción puede tener resultados dañinos pero no desea semejante acción es suficiente para no imputarle la misma como un acto terrorista, el cual consiste en el ataque deliberado de no combatientes.

Esta clase de doctrina es la que usan los Estados para separar los actos de guerra de los actos terroristas y de ese modo justificar precisamente los bombardeos de sus enemigos, los cuales de modo más o menos directo suelen usar escudos humanos para protegerse (a veces edificios llenos de personas, a veces personas directamente). El punto es que si vamos a poner en duda la validez de la doctrina del doble efecto para el caso del Estado, no queda claro por qué íbamos a defenderla en el caso de que fuera empleada por insurgentes.   

Sin embargo, Feierstein sostiene que hay que distinguir entre “la lucha contra la injusticia (con todos los aciertos y errores que se le puedan asignar) frente al intento de aumentar la injusticia a través de una reorganización nacional guiada por el terror (esto es, un genocidio)”. Por lo tanto él parece estar dispuesto a sostener que si X lucha por una causa justa merece un tratamiento moralmente superior por definición en relación a Y quien claramente lucha por una causa injusta. De ahí que Feierstein sí esté dispuesto a concederle a los que pelean por causas justas el beneficio de invocar la doctrina del doble efecto mientras que se lo deniega a quienes luchan por causas injustas. 

Habría que tener en cuenta sin embargo que desde el punto de vista de las víctimas, poco importa si el acto es de guerra o terrorista. De hecho a las víctimas les llamaría mucho la atención frases tales como "con sus aciertos y sus errores", las cuales son redundantes (nadie acierta en todo y nadie se equivoca en todo) o contraproducentes, sobre todo respecto a los "errores". En el fondo, lo que las víctimas desean es que no las vuelen en pedazos.

Dicho sea de paso, Feierstein difícilmente crea que para que, v.g., ciertos no combatientes vuelen en pedazos es normativamente suficiente que sean volados por quienes pelean por una causa justa sino que además querrá ver cierta racionalidad o relación de causalidad entre dicho ataque y la causa en cuestión. Después de todo, a veces la determinación de un genocida se ve reforzada cuando ve volar en pedazos a parte de su familia (asumiendo que dicha familia fuera no combatiente y que el genocida tuviera afecto por la misma), lo cual para decir lo menos podría ser contraproducente.

De hecho, Uwe Steinhoff en su excelente libro sobre guerra y terrorismo (On the Ethics of War and Terrorism) da un muy buen ejemplo acerca de cómo hasta los mismísimos nazis actuaron de un modo moralmente correcto cuando dirigían las defensas antiaéreas contra los ataques aliados los cuales, com el de Dresden, consistían en bombardeos deliberados de la población no combatiente, i.e. no en efectos colaterales de actos de guerra sino en actos que actos explícitos de terrorismo de Estado. Hasta un genocida argentino entonces podría defender a su familia—asumiendo que la misma fuera no combatiente o en todo caso no genocida—si la misma fuera víctima de un ataque. 

Feierstein tiene asimismo mucha razón en que la “cosa juzgada” tampoco puede ser la solución a un debate. Sin embargo, “las víctimas del terrorismo” que Feierstein menciona dicen exactamente lo mismo que él y podrían de hecho citarlo textualmente: “Lo valioso es que los tribunales reconocen la verdad y por una vez hacen justicia, no que la verdad y la justicia es lo que dictan los tribunales”.

En cuanto a que la “violencia es un concepto abstracto”, “casi un significante vacío”, eso podría repercutir negativamente en la tajante distinción hecha por Feierstein entre quienes luchan por causas justas y quienes luchan por causas injustas. De hecho, quienes luchaban por la justicia creían estar reaccionando contra la violencia. En lo que hace a la así llamada “violencia verbal” o “violencia simbólica”, quizás sea una manera de referirse a la injusticia. De otro modo, si la violencia verbal o simbólica fuera literal podríamos defendernos con armas de una mentira o una imagen que nos hiciera sentir mal. 

Ciertamente se podría abrir el juego y considerar la violencia política insurgente de los setenta como una reacción al golpe del 55. Sin embargo, no hay que olvidar que una parte de la violencia política insurgente tuvo lugar bajo el gobierno democrático de Juan Domingo Perón y luego de su esposa Isabel. Quienes recurrieron además a la violencia política en democracia deberían haber previsto que sus actos podrían ser la excusa que buscaban quienes muy probablemente habían planeado hace tiempo actuar precisamente contra la democracia y solamente estaban buscando una excusa que pudiera repercutir en el sentido común al cual Feierstein se refiere en su nota. 

jueves, 2 de febrero de 2017

Breve Caracterización del Terrorismo



Dado que en los últimos días ha renacido la discusión acerca del terrorismo, sobre la base de una entrada anterior quisiéramos contribuir con una breve caracterización de la noción.

No hace mucho Graciela Fernández Meijide, por ejemplo, asociaba la caracterización de terrorista con el tipo de arma empleada: “Cuando se pone una bomba, es para causar terror” (click). Sin embargo, tal caracterización no permite distinguir entre el terrorismo y el acto de guerra. Nadie puede negar que los aviones de los ejércitos regulares usan bombas y sin embargo no se suele creer que ese mismo hecho los convierta necesariamente en terroristas.

Por otro lado, las bombas de los aviones seguramente provocan más terror todavía que el que provocan los actos que suelen ser considerados terroristas, a menos que creamos que el terror de las bombas provienen del hecho que son puestas antes que tiradas. Quizás el terror de las bombas puestas provenga de que sean puestas de modo imprevisto por sus víctimas, pero otro tanto se lograría con un ataque aéreo sorpresa.

Un insurgente, por su parte, en tanto que "guerrillero" muy probablemente se sienta más cerca de la guerra que del terrorismo. De hecho, los guerrilleros por definición pertenecen a estructuras militares (por no decir neo-, filo- o para-estatales) con sus correspondientes jerarquías y férreas disciplinas, las cuales contemplan no solamente el ataque de sus enemigos sino la muerte para el caso de desobediencia dentro de sus propias filas. Sin duda, los Estados no reconocen a las guerrillas como si fueran estatales, pero en aras de la argumentación, vamos a pasar por alto este hecho.

En efecto, suele suceder que, quizás asimismo por definición, la guerrilla no cuente con la aprobación de un Estado en operaciones por así decir y por eso sea ilícita o clandestina. Pero, en la medida en que los guerrilleros estuvieran dispuestos a atacar exclusivamente a los combatientes entre sus enemigos no habría razones para considerar que sus efectos fueran, otra vez, necesariamente terroristas. De hecho, semejante equiparación entre el terrorismo y la insurgencia haría que la expresión “terrorismo de Estado”—que hoy en día parece ser redundante—se convirtiera en una contradicción en sus términos.

En sentido estricto, entonces, convendría decir que un acto terrorista consiste en el ataque deliberado de no combatientes con independencia de quién sea el actor y la meta que inspira su acto. Mientras que un acto de guerra es aquel que tiene como blanco deliberado solamente a combatientes, un acto terrorista apunta deliberadamente a no combatientes. El acto de guerra ciertamente puede provocar víctimas entre los no combatientes pero no se trataría de víctimas "deliberadas" sino solamente previstas o como se suele decir “efectos colaterales” (vamos a volver a este punto en breve).

Esta caracterización del terrorismo exclusivamente como ataque deliberado contra no combatientes permite que tanto los funcionarios estatales cuanto los guerrilleros (o insurgentes si se quiere) puedan cometer actos terroristas: no importa quién comete el acto ni por qué o en aras de cuál meta, sino qué hizo. Creer que el Estado o el insurgente por definición no puede cometer actos terroristas parece ser antojadizo, a pesar de lo que suelan creer respecto de sus propios actos tanto los agentes estatales como los insurgentes.

Además, si la meta pudiera ser invocada para decidir si un acto es o no terrorista, no solamente los insurgentes sino también los Estados tendrían derecho a invocar dichas metas (que bien pueden ser asimismo la libertad, igualdad, etc.) para que sus propios bombardeos—o lo que fuera—no sean considerados terroristas. No hay que olvidar que Stalin, Mao y tantos otros actuaban inspirados por ideales de justicia.

Por otro lado, con mucha razón se puede observar que son los Estados los que producen la mayor cantidad de actos terroristas, lo cual no se debe necesariamente a la perversidad de los mismos (aunque sin duda que semejante factor contribuye poderosamente) sino a que cuentan con mucho más medios que los insurgentes. Habría que ver qué harían los insurgentes si contaran con los mismos recursos que el Estado (no olvidemos, después de todo, que hasta el nazismo fue insurgente en su momento).

Vale la pena recordar asimismo que hasta un genocida puede actuar legítimamente aunque por supuesto no en tanto que genocida. Tal como lo propone Uwe Steinhoff, incluso los soldados nazis tenían muy buenas razones para defender mediante armas anti-áereas a la población alemana no combatiente que, por definición, fuera víctima de ataques terroristas en varias oportunidades a manos de los bombardeos aliados durante la Segunda Guerra Mundial, como por ejemplo durante el bombardeo de Dresden.

Finalmente, algunos no sin razón consideran que la distinción entre previsión e intención que se suele usar para distinguir entre el acto de guerra y el acto terrorista, si bien es psicológicamente relevante no por eso es moralmente relevante ya que exagera la preponderancia del agente a expensas del punto de vista de la víctima. En efecto, es altamente probable que a la víctima de un acto terrorista no le interese en lo más mínimo que el agente que estuviera a punto de atacarla fuera un agente del Estado o un insurgente y/o lo hiciera deliberadamente o sólo como resultado de un acto colateral y/o lo hiciera en defensa o en contra del orden. Lo que suele interesarle a las víctimas, sean de actos de guerra o de terrorismo, es que no las vuelen en pedazos, sin que importe quién lo hiciera o por qué. Precisamente, la tarea de un juez penal es proteger a la población aplicando el Código Penal a todos los que cometen un delito, sin que importe quiénes son o si están dispuestos a morir por sus ideas.


jueves, 26 de enero de 2017

Acerca de una Nota tan anti-liberal como Milagro Sala



Marcos Novaro ha publicado una nota en La Nación sobre "Milagro Sala y el alma antiliberal del kirchnerismo" (click). El comienzo de la nota contiene información decisiva para la resolución judicial del caso: "Las investigaciones judiciales, aunque lentas, avanzan, y cada vez más testimonios y pruebas confirman las prácticas criminales de la Tupac Amaru: desvío de fondos públicos y lavado de dinero, patotas, golpes y amenazas brutales, enriquecimiento de los dirigentes de una entera asociación ilícita, de todo como en botica".

El resto de la nota, sin embargo, es irrelevante para el razonamiento judicial, el único que debería decidir sobre la libertad de Milagro Sala.

En efecto, Novaro comenta que quizás "los enemigos de todos estos valores [la convivencia, la moderación y el liberalismo político], enceguecidos por la dinámica de radicalización, puede que se incineren en ella". Pero qué va a suceder con otras personas, incluso los enemigos de la democracia, no puede influir en la decisión judicial sobre Sala.

En cuanto a la frase de Horacio Verbitsky "No vamos a cejar hasta conseguir su libertad porque su libertad es la garantía de la libertad de todos", se puede tomar en varios sentidos. Sin embargo es una frase cuyo sentido liberal central es innegable. Si tiene o no un uso mafioso es otra historia. No vamos a dejar, por ejemplo, de usar “encargarnos” de algo porque tal como lo muestran las películas los mafiosos también usan la misma expresión.

Incluso si tomáramos el sentido mafioso de esta frase, del hecho de que al kirchnerismo le convenga que Sala sea absuelta no se sigue que deba ser condenada. Su condena o su absolución para el caso debe obedecer a razones estrictamente legales.

En cuanto a la defensa de “ruptura”, es ciertamente típica de los casos con ciertos ribetes políticos. Pero en un Estado de Derecho la defensa puede usar la defensa que se le dé la gana. Si Novaro cree que Milagro Sala representa un peligro para la democracia comparable al de Hitler entonces habría que suspender el juicio y tomar medidas de excepción, lo cual haría que Sala dejara de ser una sospechosa de haber cometido delitos comunes en una enemiga del Estado, lo cual no solamente es jurídicamente falso sino que además es precisamente lo que el kirchnerismo debe estar pidiendo en sus oraciones diarias. El punto es entonces que dado que Novaro obviamente no quiere algo semejante no queda clara la comparación con Hitler.

Además, aunque los defensores de Sala usen los mismos argumentos que Hitler de ahí no se sigue que sean como Hitler. Hitler usó varios argumentos, también trenes, burocracia e intelectuales, pero no por eso todos los que los usan son nazis.

En lo que atañe a la defensa de Vergès que se basa en la comparación entre, v.g., Bin Laden y Bush, quienes creen que la cantidad de muertos provocados por actos de guerra, muchísimo mayor que la de los actos terroristas, sigue siendo defendible por el solo hecho de tratarse de actos de guerra mientras que los actos terroristas son condenables solamente porque son terroristas, en el fondo lo hacen porque cuentan con una teoría de los efectos colaterales o de los actos de doble efecto capaz de resistir toda crítica. Si la tuvieran sería bueno que la compartieran. Al respecto quizás útil la referencia a otra entrada del blog: De Bombas y Terroristas.

Por otro lado, cuando Novaro dice que el argumento de ruptura "nada inocentemente olvida la diferencia entre que exista un sistema legal o no", Novaro no parece recordar que el propio Hitler llegó al poder legalmente, lo cual muestra que los sistemas legales pueden servir para muchas cosas buenas pero no son a prueba de balas, por así decir.

Finalmente, incluso "los disfrazados de demócratas defensores de derechos que buscaron monopolizar el poder, creyendo en serio en las promesas y métodos del chavismo", los cuales "hoy se reúnen en torno a Sala porque no piensan que nada de lo sucedido en el país desde el ocaso de los gobiernos K los cuestione, [sino] todo lo contrario", todos ellos, i.e. incluso los anti-liberales, tienen derecho a que en un juicio, particularmente penal, solamente se tenga en cuenta el razonamiento judicial para resolver el caso, haciendo caso omiso de consideraciones políticas, sociológicas, históricas, etc. En un Estado de Derecho no hay otra alternativa. Es imposible ser liberal sin estar de acuerdo con esta conclusión.

martes, 17 de enero de 2017

La Coalición político-mediático-judicial-de-derecha-estadounidense-israelí ataca-de-Nuevo




Página 12 de hoy nos recuerda que la Coalición político-mediático-judicial-de-derecha-estadounidense-israelí ataca de nuevo (click). Mientras nos proponíamos aportar nuestro humilde granito de arena nos dimos cuenta de que estábamos esencialmente repitiendo lo que habíamos dicho hace casi dos años, el 27 de enero de 2015 para ser más precisos, aquella vez para la opinión pública internacional (click). Por lo cual, hemos decidido subir otra vez esa entrada en su casi totalidad, con el agregado de un video de la Policía Federal que ilustra cómo fue la recolección de evidencias en el departamento de Nisman por parte del equipo de investigaciones especiales de la fuerza.

Hace poco nos contaron que hay gente en el extranjero que lee este blog. No solamente todavía no salimos del asombro que nos provoca saber que hay alguien que nos lee en absoluto, sino que además no podemos darnos siquiera una idea del esfuerzo intelectual que representa poder entender a este país para alguien que no es argentino o que no ha vivido en Argentina.

Es por esto que con esta entrada inauguramos lo que podríamos llamar La Causa de Catón Servicio Internacional, en aras de ayudar a quienes se embarcan en semejante ordalía intelectual. Después de todo, los nativos (y residentes ciertamente) tienen una enorme ventaja ya que la sabiduría de la naturaleza les permite acomodarse a su medio ambiente y por eso, suponemos, les resulta más fácil entenderlo. En realidad, es la única hipótesis que puede explicar la supervivencia en un medio ambiente semejante, aunque estamos abiertos a otras sugerencias. Dicho sea de paso, en breve contrataremos a James Earl Jones para que grabe el identificador de nuestra señal internacional. 

En esta oportunidad vamos a tratar de explicar desde un punto de vista internacional el último suceso que ha cobrado estado público a nivel mundial, un suceso del cual ya nos habíamos ocupado brevemente (No es lo que parece). A tal efecto, vamos a usar una analogía televisivo-cinematográfica.

Supongamos que en televisión dan una película en la cual un fiscal que investiga a la Presidencia de la República aparece muerto en su domicilio el día anterior a hacer su primera presentación oficial en el Congreso Nacional acerca de precisamente dicha causa. Supongamos también que dicho fiscal contaba con una numerosa y celosa escolta de la Policía Federal, la cual había perdido todo contacto con él por lo menos durante las últimas once horas que condujeron a su muerte.

Luego, la Presidenta de dicha República escribe una epístola en Facebook (1 Cristina ad Facebookenses) comentando el acontecimiento como si fuera un usuario más de dicha red social con un puesto de sandías a la vera de una ruta provincial, y no la Presidenta de la República, e indicando ciertamente que para ella se trató de un suicidio. El suicidio, obviamente, está conectado con un grupo monopólico que busca desestabilizarla.

Evidentemente insatisfecha con esta primera carta, la Presidenta escribe una segunda en la misma red social, pero en la que cambia de opinión, ya que en lugar de inclinarse por el suicidio afirma que se trató de un asesinato obviamente orquestado por el mismo grupo monopólico que según la hipótesis anterior buscaba desestabilizar su Gobierno mediante un suicidio. Nobleza obliga, la Presidenta aclara en esta segunda epístola que “no tengo pruebas, pero tampoco tengo dudas” [de que se trata de un asesinato] (2 Cristina ad Facebookenses 12), quizás inspirada por el credo quia absurdum (“creo porque es absurdo”) de la patrística cristiana. Paralelamente, las encuestas muestran que la enorme mayoría del país en cuestión cree que se trató de un asesinato y las malas lenguas rumorean que eso fue precisamente lo que explica el cambio de opinión presidencial.

Continuando con la alegoría de esta trama, agreguemos ahora que el periodista que había dado la primicia sobre la muerte del fiscal se va del país alegando que está siendo perseguido precisamente por ese motivo. La trama se hace más espesa ya que mientras el periodista huye del país, la agencia oficial de noticias (Télam), la aerolínea de bandera (Aerolíneas Argentinas) y la cuenta oficial de la Casa de Gobierno en twitter (dirigida por una verdadera artista de la sutileza y el protocolo) difunden los datos del itinerario y del pasaje de dicho periodista, como si fuera un servicio prestado por la aerolínea a quienes viajan en business o en primera para asegurarse de que alguien vaya a buscar al pasajero en el destino final.

Mientras que algunos simpatizantes del Gobierno alegaban que este periodista descaradamente mentía enmascarando unas vacaciones en Uruguay como una persecución en la que su vida corría peligro, el Jefe de Gabinete, una vez preguntado al respecto, sostuvo que “Es un periodista que se sentía amenazado y fue importante publicar su paradero”. Como se puede notar, se trata de un Gobierno que cree que la mejor manera de calmar el miedo a la persecución es mediante una terapia de shock, algo así como encerrar a un claustrofóbico en un ascensor o tratar el miedo al agua y el vértigo con un clavado en Acapulco. Monty Python se habría muerto de hambre si hubiese tenido que trabajar en un país semejante. En todo caso, sus representaciones habrían sido cuadros puramente costumbristas.

Finalmente, y todo siempre en la misma película, la Presidenta más de una semana después del hecho decide salir en Cadena Nacional para completar su cuadro de situación. En dicha alocución sostiene que fue la Ministra de Seguridad quien la anotició a las 0:30 sobre "un incidente" que involucraba un fiscal tirado sobre un charco de sangre. La Presidenta, incrédula, le preguntó si se trataba de una broma, ya que sus ministros son muy de hacerle bromas a la madrugada sobre incidentes con fiscales federales tirados arriba de un charco de sangre (nota para quienes vieron el Mundial: la relación entre esta Presidenta y sus ministros es muy parecida a la que tenía Sabella con Lavezzi en el partido con Nigeria). Aquellos fanáticos que se interesan en la búsqueda de perlas cinematográficas, aquí tienen una: el Secretario de Seguridad había dicho públicamente en esta película que fue él quien le había dado la noticia por primera vez a la Presidenta (encima, el Secretario se mostró por televisión en el domicilio del fiscal antes de que llegara el poder judicial). Quizás en la secuela el guión desarrolle este desacuerdo entre la Presidenta, la Ministra y el Secretario (de hecho, le acabamos de dar el título a la segunda parte).

La Presidenta con la sana intención de colaborar con la investigación judicial, aunque respetando escrupulosamente la separación de los poderes, indica en la misma Cadena que el hermano de un empleado del grupo monopólico es responsable del homicidio. El implicado por la Presidenta es a la sazón un espía del Servicio de Inteligencia, cuyo excelente plan para llevar a cabo semejante maniobra de desestabilización incluía aparentemente una fuga al exterior, aunque según la Presidenta se había dejado estar, ya que había iniciado los trámites del pasaporte cuatro días antes del crimen. Además, esta misma persona que entendemos es un espía profesional, antes de su asesinato no tuvo mejor idea que escribir media docena de tweets en los que insulta a la Presidenta de la República, suponemos para asegurarse de que su crimen no pudiera ser rastreado hasta él.

Es difícil entonces resistir la inferencia de que el grupo monopólico de marras tiene, para decir lo menos, serias dificultades en el rubro de contratación de recursos humanos, particularmente en lo que atañe a su Departamento de Desestabilización. Si pudiéramos le recomendaríamos a este grupo monopólico que la próxima vez antes de contratar una consultora de recursos humanos vean al menos la primera temporada de “Los Soprano”. Quizás esto también quede para la secuela.

Hasta acá la analogía (nos faltó mencionar que también se roban un misil de una base militar, pero no vamos a entrar en detalles, ya que se trata de un hecho menor no conectado con la historia principal, cuya tarea es darle más color a una trama bastante anodina).

Ahora nos vemos forzados a pedirles a nuestros lectores extranjeros que hagan el enorme esfuerzo de lograr una “suspensión voluntaria de la incredulidad” y acepten que lo que acabamos de describir no es el guión trillado de una película de clase B cuya trama sería inconcebible hasta—o sobre todo—en África subsahariano (de hecho hoy en día en África subsahariano cuando sucede algo inaudito dicen: “esto no pasa ni en Argentina”), sino que ha sucedido.

Finalmente, el agregado mencionado del video aportado por la Policía Federal mientras su equipo de investigaciones especiales llevaba a cabo la recolección de evidencias en el departamento de Nisman.


 


jueves, 12 de enero de 2017

Qué lindo que es estar en Mar del Plata



Es una vieja y generosa costumbre de las autoridades de La Causa de Catón la de permitirle a su staff que escuche la radio mientras trabaja en vacaciones. De ahí que hayamos tenido la oportunidad de escuchar hace poco una entrevista radial al Sr. Emilio Sucar Grau, subsecretario de Inspección General del municipio de General Pueyrredón, mientras trataba de explicar la naturaleza y el alcance del programa “Mar del Plata Segura” que incluye entre sus medidas el secuestro de bebidas alcohólicas en la playa.

Un periodista entonces no sin razón le preguntó al Sr. Sucar Grau acerca de la diferencia entre el alcohol digno de ser secuestrado en la playa y el alcohol que legalmente se expende en los establecimientos que están literalmente a unos pocos metros de la playa, si no es que están literalmente sobre la playa.

La respuesta del Sr. Sucar Grau fue, como se suele decir en inglés, la de tomar una hoja del libro de Martín Sabbatella para contestar esencialmente que “se trata de una disposición democrática y por lo tanto hay que obedecerla”. Nuestros lectores recordarán cuando un periodista le preguntara al dirigente de Nuevo Encuentro por qué había no había renunciado a su banca de diputado luego de haber aceptado un cargo en el Gobierno Nacional y Sabbatella respondió que “había dos alternativas. Yo tomé la otra”.

En efecto, las respuestas de Sabbatella y de Sucar Grau apelan a información con la que ya contábamos, sea el hecho de que la decisión marplatense es democrática (lo único que faltaba era que no lo fuera) o la tautología de que había dos opciones y Sabbatella optó por la otra. La cuestión es por qué Sabbatella no tomó la otra alternativa y por qué en este caso está permitido consumir alcohol en algunos lugares y en otros no. De hecho, según el nuevo programa marplatense la policía puede secuestrar el alcohol en la playa sin que medie disturbio alguno o incluso señales de intoxicación.

Que está prohibido tener alcohol en la playa y que hay que obedecer era un hecho que ya conocíamos. Es precisamente porque está prohibido y debemos obedecer es que queremos saber la razón. Si no estuviera prohibido y no hubiera que obedecer solamente la curiosidad académica podría interesarse por este caso. Insistir con que está prohibido es solamente una petición de principios o muestra en todo caso la carencia de argumentos atendibles.

Quizás al hacer referencia a que vivimos en democracia lo que quiso decir Sucar Grau fue que la prohibición fue el resultado de un genuino debate, por lo cual él no debería tener mayores problemas en recordarnos brevemente cuál fue ese debate, proveyéndonos de este modo de algún argumento. Pero tampoco lo hizo.

En resumen, si bien es absolutamente cierto que en democracia hay que obedecer al derecho, no es menos cierto que en democracia se supone que existe una razón por la cual obedecemos al derecho, y esa razón, obviamente, no puede ser que hay que obedecer al derecho. Semejante afirmación o bien es  tautológica de un modo insultante o bien indica que no hay argumentos. Se trata de una afirmación muy poco reconfortante para un régimen democrático pero que se sentiría muy a gusto en un sketch de Monty Python, como tantas otras cosas en este bendito país.


sábado, 7 de enero de 2017

Derek Parfit, in Memoriam (1942-2017)




Para despejar el rumor de que a este blog solamente le interesan los chistes de Jorge Corona y las películas de Sacha Baron Cohen, vamos a hacer una excepción y pegamos a continuación un texto del muro de Facebook de un miembro de nuestro staff en el cual cuenta la impresión que le causara Derek Parfit la primera vez que lo viera en Oxford, hace un poco más de veinte años, mientras empezaba sus estudios de doctorado. Dado que todo el mundo conoce el genio de Parfit, quizás esta narración ayude a rescatar una dimensión previsible aunque tal vez no tan conocida del autor de Reasons and Persons.

'Por alguna razón, luego de haber almorzado con mi gran amigo Julián Epelbaum, me acabo de acordar de que durante mi primer año en Oxford, 1994-1995, tuve la osadía de ir a la primera clase del seminario para el B.Phil. (maestría en filosofía) que daba Derek Parfit en el All Souls. 

Siendo miembro del All Souls Parfit no tenía carga docente alguna, pero obviamente él conocía la importancia de dar clase. Dije “osadía” porque los seminarios de B.Phil. estaban reservados para los estudiantes de posgrado en filosofía.

Nunca me voy a olvidar de ese primer día. Parfit apareció tal como lo describen ahora en las necrológicas, con su camisa blanca y pantalones negros, con la salvedad de que en esa época además usaba una corbata roja. Parfit siempre usaba la misma ropa, i.e. solamente compraba pantalones negros y camisas blancas (y corbatas rojas en aquel entonces, aunque supongo que menos ya que las corbatas no tienen el mismo desgaste que el resto de la ropa, siempre y cuando se les dé un uso habitual), fundamentalmente para no perder tiempo decidiendo qué ponerse (indudablemente, esto es lo único en lo que me parezco a Parfit, al menos en lo que atañe a mi colección de camisetas blancas).

Al comienzo de la primera clase Parfit le pedía a cada uno de los estudiantes que se presentara y sobre todo contara en qué estaba trabajando (aclaro que, como buen doctorando en derecho, yo estaba sentado en la última fila, oculto, sin pronunciar palabra; encima, en esa época mi inglés era peor que ahora, hablaba como el protagonista del comercial de desodorantes Axe de aquella época, precisamente antes de ponerse el desodorante). Entonces, cada uno de los admitidos al B.Phil. (muchos de ellos estadounidenses que a su vez estaban admitidos en los mejores programas de doctorado en su país pero así y todo para ellos el B.Phil. de Oxford era un must) presentaba su tesis.

Ahí fue que vi a la mente de Parfit en actividad, en vivo y en directo o en tiempo real como se dice ahora, ya que apenas acababa él de escuchar lo que le decía cada estudiante (sea que se tratara de filosofía moral, filosofía de la mente, metafísica, lo que fuera), ipso facto en no menos de tres y no más de cinco minutos no solamente le trazaba un panorama extraordinario y sucinto a la vez del estado del arte de esa cuestión sino que además le anticipaba todos los caminos que podría tomar, cuáles le convenía y cuáles no, qué problemas tenía que evitar, etc. 

Nunca jamás había visto yo, ni volví a ver, un despliegue de semejante inteligencia, talento y precisión a la vez, y todo eso en tan poco tiempo, obviamente porque tenía que hacer lo mismo con la veintena de asistentes al seminario. Parfit jamás había hablado antes seguramente con esos estudiantes, pero estoy seguro de que en esos cinco minutos les había cambiado la vida para siempre. Era una mente que jugaba ella sola simultáneas filosóficas con las mentes de los demás, y que daba la impresión de que no podía perder una sola partida. 

También me acabo de acordar que hacia 1998-1999, cuando exponía en lecciones parte de lo que terminaría siendo su trabajo “Sobre lo que importa” (On What Matters), Joseph Raz mismo asistía para hacerle preguntas. Básicamente, se entendían solamente entre ellos dos.

Parfit debe haber sido uno de los últimos grandes "Mr" de Oxford, i.e. un don que no necesitaba un doctorado para trabajar ahí. 

Se fue quizás el más grande. Por suerte todavía nos quedan sus ideas'.

jueves, 5 de enero de 2017

El Tiempo pasa, pero seguimos sin usar mucho el Pensamiento



Ahora que estamos de vacaciones, al personal de La Causa de Catón nos gusta de vez en cuando visitar Facebook. Sí, es cierto, nos parecemos al cartero de ese cuento de Jorge Corona que en sus ratos libres salía a caminar por ahí. 

Y es en Facebook que encontramos esta imagen (click) muy sugestiva. Incluso suponiendo que las intenciones de quienes hayan montado este cuadro sean las mejores, sin embargo a veces hasta las mejores intenciones terminan pavimentando el camino del infierno (conceptual al menos). 

En efecto, nos da la impresión de que el propósito de las imágenes contrapuestas, la de la niña alemana nazi y la joven soldado (asumimos que "soldada" podría prestarse a confusión) israelí es la de mostrar una equiparación o equivalencia entre el nazismo e Israel. Semejante impresión de hecho es confirmada por la similitud entre los textos de las dos columnas que subyacen a dichas imágenes.

Sin embargo, esta imagen adolece de una seria falacia. En efecto, da la impresión de que el punto de la imagen es mostrar que dado que los nazis usaban en sus imágenes niñas o jóvenes con alcancías entonces todos los que usan niñas o jóvenes con alcancías en sus imágenes son nazis. ¿Se sigue entonces que dado que los nazis usaban trenes, cascos, tinta china o comían strudel, entonces quienes hacen otro tanto también son nazis?

Encima, cualquier persona con un mínimo conocimiento de alemán puede notar que la alcancía que sostiene la niña nazi es para "construir hosteles y hogares para jóvenes", mientras que la soldado israelí se propone juntar fondos para apoyar al ejército. Con lo cual, daría la impresión de quienes juntan dinero para "construir hosteles y hogares para jóvenes" son nazis. De hecho, los nazis también tuvieron una juventud partidaria. ¿Se sigue de ahí que quienes hacen otro tanto también son nazis?

Alguien podría de hecho sostener que un efecto imprevisto de la ignorancia del idioma alemán es que una comparación entre ambas alcancías muestra que en realidad los nazis al menos recaudaban dinero para los jóvenes mientras que los israelíes solamente juntan dinero para sus soldados, por lo cual en este aspecto al menos los nazis salen mejor parados que los israelíes. Quizás sea una ventaja para los diseñadores de esta imagen, pero, insistimos, absolutamente imprevista.

Quizás entonces convendría a veces no dejarse llevar por las emociones y mantener el ojo en la pelota como se suele decir en inglés, i.e. prestar más atención al pensamiento. Eso permitiría además entender y evaluar mejor la realidad, sea cual fuere. 

sábado, 31 de diciembre de 2016

Como todos los Fines de Año, Catón va al Cine



Como es nuestra costumbre, hemos decidido terminar el año con una selección de todas las entradas del blog, elegidas según las escenas de películas o programas de televisión que contienen, ordenadas a su vez según su género o programa. Creemos que se trata de una excelente oportunidad para entretenerse solo o en familia, reírse (a veces) un rato y, al releer las entradas, quién sabe, hasta pensar un poco (Dios quiera). Si contara con adeptos la iniciativa, podríamos incluso votar la mejor (o peor) película (o por qué no la entrada) del blog. Por obvias razones temporales, las entradas no reflejan de modo equidistante al gobierno anterior y al actual, lo cual esperemos se corrija asimismo con el tiempo.

Que disfruten de los videos, muchas felicidades para estas fiestas y feliz año nuevo!




Comedia
Mejor Imposible
La Vida de Brian I
La Vida de Brian II
La Máscara
El Dictador

Drama
La Reina
Cesare deve morire
John Gotti

Musicales
El Hombre de la Mancha
Todos te dicen te amo

Románticas
Hechizo de Luna

Teatro
Julio César

Televisión
Bing Bang Theory No es lo que parece
Bing Bang Theory French Toast
Little Britain

El Show de Dave Letterman

Mickey Mouse (Pluto)

Monty Python La Tienda de Quesos
Monty Python Four Yorkshiremen
Monty Python La Clínica de la Discusión
Monty Python Sketch del Restaurant
Monty Python El Ministerio de los Andares Tontos
Monty Python Libro de Frases Húngaras

sábado, 24 de diciembre de 2016

¿CONICET O SINICET?



La reducción del presupuesto para el CONICET ha provocado un debate sobre el valor de la investigación en humanidades y ciencias sociales, extendiéndose en algunos casos extremos hasta la investigación científica en general—al menos aquella financiada por el Estado. Dado que no nos dedicamos a ellas, vamos a dejar de lado las así llamadas ciencias “duras”.

Se trata de un debate genuino ya que se enfrentan dos posiciones con argumentos atendibles en ambos lados del mostrador, o in utramque partem, como suele decir la tradición republicana. Por un lado, desde el punto de vista de los contribuyentes es absolutamente natural que se pregunten por cuál es el destino de los fondos públicos. No hay que olvidar que quienes trabajan en el CONICET lo hacen gracias al dinero de los contribuyentes, lo cual los ubica en una situación de cierta asimetría respecto a estos últimos.

Por el otro lado, desde el punto de vista de quienes se dedican, por ejemplo, a las humanidades, la pregunta misma acerca del valor de las mismas, por no decir acerca de su utilidad, indica que hay algo que está saliendo mal, que hay algo que quien formula la pregunta no entiende cabalmente. Encima, no es fácil explicar para qué sirven las humanidades. Después de todo, se supone que las humanidades gozan de valor inherente. Las ciencias sociales, por el contrario, deberían estar en mejores condiciones de mostrar cuál es su utilidad. En todo caso, la asimetría que deriva del origen público de los fondos no implica ciertamente una relación de esclavitud entre los contribuyentes y los investigadores.

Yendo al fondo del asunto, y para decirlo con muy pocas palabras, la razón de ser del CONICET consiste en que financia investigaciones que no de ser por el Estado no serían llevadas a cabo. Es por eso que, precisamente, quienes se oponen a la existencia misma del CONICET sostienen que dado que al sector privado (y la gran mayoría de las universidades privadas en nuestro país, por no decir casi todas, y aunque lo hagan también hay investigadores del CONICET que trabajan en ellas), v.g., no gastaría dinero en egiptología o en humanidades, el Estado entonces no debería hacerlo. Otros solamente ponen en duda algunas de las investigaciones del CONICET, lo cual también es mucho más que comprensible. El CONICET es una institución sublunar, o lo que es lo mismo, expuesta al error.

La pregunta, de todos modos, sigue siendo la del valor de esas investigaciones, que si no fuera por el CONICET, no existirían. Ciertamente, uno podría hacer referencia al CNRS francés, institución de la cual deriva el CONICET, para defender a este último, pero una indicación de autoridad no es un argumento sino una postergación de la discusión.

Hay dos grandes clases de argumentos que se pueden usar en defensa de las humanidades y las ciencias sociales. En primer lugar, su valor intrínseco. La del valor intrínseco es una noción que atrae a los filósofos, quienes a su vez proponen alguna variación del tema del argumento de la función humana, alguna vez propuesto por Aristóteles: se supone que los seres humanos se distinguen de los demás animales por su capacidad de razonar. No debería sorprendernos que semejante argumento no sea tan popular entre quienes pagan impuestos. Después de todo, hay filósofos que, v.g., ponen en duda la existencia misma de los propios árboles bajo los cuales se protegen del verano, o incluso dudan de la existencia de los dólares con los que ahorran (si tienen suerte).

Además, hasta los filósofos podrían reconocer que no es fácil explicar en qué consiste dicho valor inherente. Peor todavía, la explicación del valor de X en términos de la utilidad Y podría ser contraproducente. Si el valor de X depende de Y parecería que no tiene sentido hablar de su valor inherente.

Encima, algunos de los más grandes humanistas no fueron inmunes al nazismo y tampoco al estalinismo. Sin embargo, del hecho que haya habido humanistas de esta clase no se sigue que las humanidades no tengan valor. En realidad, es el propio humanismo el que nos ayuda a entender y criticar, v.g., la atrocidad moral de los genocidios. Dada la conexión que las ciencias sociales deberían tener con el humanismo, otro tanto se podría decir de las primeras.

En segundo lugar, se encuentra el tema del consecuencialismo y sus variaciones.

En efecto, (a) la investigación en humanidades y ciencias sociales podría afectar positivamente las políticas públicas. Como ya vimos, este argumento es el ámbito en el que deberían lucirse las ciencias sociales. Por ejemplo, las investigaciones bien hechas sobre la violencia ayudan a que el Estado pueda mantenerla a raya, siempre y cuando el Estado estuviera dispuesto a aplicar el resultado de las investigaciones en cuestión.

(b) Las humanidades y ciencias sociales son útiles para comprender mejor nuestra cultura desde un punto de vista universal para de ese modo rescatarla de sus prejuicios nacionalistas sin forzarnos a creer que el pasto del vecino, o el de otras culturas, es siempre más verde que el nuestro. Al fin y al cabo, las neurociencias, a su modo, han salido al rescate del argumento aristotélico de la función humana al sostener que aquello que nos distingue de los demás animales y explica en el fondo por qué ellos están enjaulados y nosotros somos quienes los enjaularon (y no al revés), es precisamente la cultura. Nótese que no estamos abogando por enjaular a nadie (aunque en algunos casos dan ganas de dar un debate) sino que estamos mostrando qué puede aportar la investigación sobre la cultura.

(c) Las investigaciones en humanidades y ciencias sociales son verdaderamente útiles para llevar a cabo un control de daño de lo que se suele denominar como “divulgación”, la cual, tal como suele ser hecha en nuestro país, puede ser tentadora para leer en la playa sobre todo para los adultos pero a la vez puede ser bastante nociva para las mentes de los jóvenes si llega a las escuelas indiscriminadamente.

(d) Las ciencias sociales y las humanidades pueden ser muy útiles para promover el pensamiento crítico (pace Alejandro Rozitchner: click) y la innovación.

No sería de extrañar que estos argumentos no hayan convencido a todos (si es que convencieron a alguno). Como en todo debate genuino, es muy difícil encontrar un argumento parecido a un golpe de knock-out. Algunos suelen esgrimir en defensa del CONICET el hecho de que el Estado también destina recursos a la Iglesia Católica. Sin embargo, sea que tal decisión fuera deseable o indeseable, las humanidades y las ciencias sociales deberían ser capaces de dar batalla por sí mismas. De otro modo, mostrar que los recursos se destinan para otra cosa en el fondo no es sino una forma de desviar la atención, postergando el debate.

Finalmente, quizás la comparación con la discusión sobre la administración de justicia sea útil para quienes desean plebiscitar las investigaciones del CONICET. Una sociedad genuinamente democrática, por no decir republicana, quiere tener una administración de justicia separada de las mayorías circunstanciales precisamente porque supone que los jueces cuentan con cierto conocimiento especializado del que carecen las mayorías. Parafraseando a Horacio, cambiando los nombres, bien podríamos estar hablando también del CONICET. Nótese que esta argumentación no es elitista sino todo lo contrario, ya que son las mismas mayorías las que deciden auto-limitarse, por así decir, a raíz de los beneficios que semejante decisión les reporta.

Cabe desear entonces que la muy razonable preocupación por el gasto público (sobre todo después de más de una década de redistribución récord del ingreso que terminó con por lo menos un tercio de la población en la pobreza a pesar de que los ingresos durante dicha época alcanzaron un pico histórico) no se convierta en una obsesión a menudo contraproducente por la búsqueda inmediata de la ganancia. La última palabra, como siempre en democracia, la tiene la mayoría. Esperemos que se trate de una mayoría informada.

viernes, 23 de diciembre de 2016

La Despedida de un Grande de Verdad: Hernán Brienza




Esta es una entrada que jamás siquiera imaginamos que íbamos a tener que escribir: Hernán Brienza, debido a una burda conspiración de la ultra-izquierda, los medios corporativos y el macartismo neofascista, como tantos otros (Boudou, Barone, Sandra Russo, Mariana Moyano, etc.), se vio forzado a anunciar su despedida de la esfera pública (click).

Se trata de uno de esos acontecimientos, como el 11 de septiembre de 2011 o el gol de Maradona contra los ingleses (honestamente, cualquiera de los dos), que nadie puede olvidar dónde se encontraba cuando sucedieron. Es un día que vivirá en la infamia, como muy bien dijera Francis Delano Roosevelt respecto al bombardeo de Pearl Harbor.

Vae victis! ¡Ay de los países que permiten que un pensador como Hernán Brienza abandone la palestra y se conforme con la paleta (o algún otro corte de carne más barato)!

Las únicas buenas noticias son que nuestros lectores no necesitan que les recordemos la cantidad y la calidad de la publicística de Brienza. No por nada, la entrada más vista en toda la historia del blog es precisamente sobre este gigante (La Ley de Brienza). Pero, como suele decir sabiamente Mirtha Legrand, el público se renueva—o, como decía Heráclito, no nos bañamos dos veces en el mismo río, o, no nos bañamos dos veces, o, seamos sinceros, ¿a quién queremos engañar? algunos directamente no nos bañamos—vamos a tratar de recordar su obra.

En menudo brete nos hemos metido ya que al elegir algunas de las genialidades de Brienza nos vemos obligados a descuidar otras. Un mero repaso de su obra muestra lo titánico de nuestra tarea.
Se trata de un hombre que deja un espacio tan grande que es imposible de llenar. Probablemente haya que convocar a una licitación pública solamente para conseguir las grúas necesarias para comenzar con semejante tarea. Pero, “Así es la Vida”, con Luis Sandrini y Susana Campos, y no vamos a esquivar el bulto, si se nos permite la expresión.

Queremos recordar entonces esos verdaderos picos de rendimiento que habrían hecho sonrojar al mismísimo Sergei Bubka, si alguna vez ser obsecuente llegara a ser una disciplina olímpica.

Empecemos.

(1) su celebérrima contribución sobre la responsabilidad—que se disputan tanto la teoría moral como la del derecho—mediante la cual muestra la inocencia y la culpabilidad a la vez de Milani (click), y por qué no su Big Bang Brienza.

(2) Su no menos festejada ontología en la que explica qué significa ser kirchnerista (La ontología de Brienza).

(3) Cuando se vio lastimosamente obligado a defender por qué debía ser parte de delegación argentina en el Salón del Libro de París de 2014 (Tu querida presencia), como si hubiera hecho falta justificarlo.

(4) Cuando, como pitoniso que es, probó de forma clara y distinta que no nos merecimos a Cristina (¿Y si nada tuvo sentido?).

(5) Su paso por el INRHAIMD o Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego (La Querella de los Historiadores).

Y, last but not least, en ésta que no es, insistimos, sino una somera e injusta revisión de una obra tan profusa en calidad y cantidad como la de Brienza,
(6) el verdadero cenit de su pensamiento, su acusación formidable y terminante contra la idea misma de corrupción (Viva la Corrupción!), seguida de su consabida aclaratoria (Comprensión y Justificación en las Ciencias sociales).

No puede caber duda alguna a esta altura de que Hernán Brienza debería ser estudiado en las universidades. La única duda es cuál sería la disciplina más apropiada. ¿Ciencias Sociales (ciencia política, sociología, etc.)? ¿Psicología? ¿Neurociencias? ¿Derecho Penal? ¿Un enfoque multidisciplinario quizás? De hecho, Hernán Brienza merecería tener su propio verbo, probablemente “brienzar”, cuya definición dejamos en manos de nuestros lectores.

Nada nos haría más felices que el espacio que deja Brienza sea ocupado por Alejandro Rozitchner, pero no nos hacemos muchas ilusiones. Hacen falta varios Rozitchner para llenar semejante vacío. Somos realistas y por eso, al revés que el mayo del 68, no pedimos lo imposible.

Quedará para siempre, eso sí, nuestra etiqueta en este blog, Brienzana, que esperamos eternizará su figura. Que no sea un adiós sino hasta siempre.




martes, 20 de diciembre de 2016

Acerca del "Pensamiento crítico" (y otras Redundancias)



Las afirmaciones de Alejandro Rozitchner en contra del pensamiento crítico (click) han levantado bastante revuelo, sobre todo porque se supone que un filósofo jamás puede estar en contra del pensamiento crítico o en todo caso tratar de reducirlo o contenerlo.

Semejante suposición parece ser cierta, a tal punto que la idea misma de “pensamiento crítico” en el fondo es una redundancia. ¿Cómo sería un pensamiento que no fuera crítico? Todo pensamiento tiene aspiraciones normativas en relación a cierta realidad. De hecho, el propio Rozitchner está criticando a quienes prefieren el así llamado “pensamiento crítico”.

Además, muy poca gente, o al menos muy poca gente razonable, desearía quedarse con su pensamiento una vez que este último hubiera resultado ser falso o desacertado. La gente razonable no se queda con sus pensamientos porque guarda una relación afectuosa con ellos. Los pensamientos no son como las mascotas o incluso los seres humanos: si no superan el test, son descartados.

Por supuesto, el pensamiento, como diría Tu Sam, puede fallar, pero toda vez que nos hemos dado cuenta, hacemos algo al respecto. Habrá algunos que preferirán vivir engañados antes que conocer la realidad, pero asumimos que Rozitchner no quiere defender el engaño.

Tampoco es cierto que la creatividad, que con razón defiende Rozitchner, pueda darse el lujo de no ser crítica. En realidad, quienes son creativos suelen ser muy críticos sobre todo con ellos mismos y con la realidad.

Quizás Rozitchner por “pensamiento crítico”—aunque no en el buen sentido de la expresión—haga referencia a Carta Abierta. Pero el de Carta Abierta, en su época de apogeo, no era precisamente pensamiento crítico sino una racionalización en la cual, como Sergei Bubka, Carta Abierta alcanzaba cada vez un nivel más alto, digna del oro olímpico si semejante destreza alcanzara status deportivo. De ahí que si este último era el punto de Rozitchner, tampoco tendría sentido creer que él está en contra del pensamiento crítico.

Rozitchner, sin embargo, tiene un mérito que lo distingue claramente, v.g., del otrora Secretario de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional, con el cual se lo suele comparar. Parafraseando lo que H. L. A. Hart solía decir sobre John Austin (el jurista) y Oliver Wendell Holmes, y que Hart nos perdone por lo que estamos a punto de hacer, Rozitchner puede no convencernos y a menudo está claramente equivocado, pero al menos se equivoca claramente. Con Ricardo Forster uno a veces ni siquiera entiende lo que quiere decir y por eso puede sonar profundo, cuando ni siquiera podemos saber que se equivoca. En otras palabras, Rozitchner nos simplifica mucho las cosas, lo cual no es poca cosa.



miércoles, 14 de diciembre de 2016

Derecho Penal: una Consulta



Hay momentos en que no podemos evitar pensar que algunos portales de noticias no soportan el éxito del blog, a tal punto que quieren imitarnos, y es por eso que, v.g., informan que “Marcelo Nasif, del bloque Primero Jujuy, elevó el proyecto ante la Legislatura provincial, con el respaldo del diputado del Parlasur Alberto Asseff. El objetivo es que los ciudadanos ‘se pronuncien por el sí o el no respecto a la posibilidad de que Milagro Sala, libre, amenazará testigos, entorpecerá e impedirá que la Justicia la investigue por hechos de corrupción’” (click).

Sin embargo, hasta donde sabemos, da la impresión de que semejante noticia no tiene nada de ironía sino que refleja un hecho que ha ocurrido efectivamente, y como era de esperar, no pocos consideran semejante propuesta como “fascista”.

Ahora bien, a pesar de que se se ha vuelto moneda corriente denominar como “fascista” lo que está mal, el caso de la propuesta de la consulta popular sobre la libertad de Milagro Sala muestra claramente que semejante práctica adolece de serios defectos, siendo el primero la inexactitud, ya que ni siquiera al fascismo se le ocurrió hacer algo semejante. De hecho, ni el nazismo (algunos previsiblemente hacen un juego de palabras con el apellido “Nasif”) o el estalinismo convocaban a una consulta popular para decidir un caso judicial.

Pensándolo bien, se trata de una propuesta tan absurda desde todo punto de vista que solamente podría habérsele cruzado por la cabeza a Sacha Baron Cohen mientras redactaba el guión de “El Dictador”, pero si fue ese el caso, evidentemente la tuvo que desechar por su inverosimilitud.

Por otro lado, hace bastante tiempo tuvo lugar un muy conocido caso de consulta popular en el que el pueblo pudo elegir entre Cristo y Barrabás, pero no parece ser lo que tienen en mente los diputados mencionados más arriba. Se suele mencionar asimismo que La Inquisición Española no fue precisamente benevolente para con quienes eran sospechados de haber cometido graves pecados, pero hasta donde sabemos tampoco recurrió a una consulta popular, no al menos con estos fines.

Volviendo al fascismo, al nazismo y al estalinismo, ciertamente llevaron a cabo varios procesos judiciales que no eran sino una pantomima de justicia pero al menos rindieron un cierto homenaje a las formas. Por supuesto, el fascismo, el nazismo y el estalinismo, por no decir nada del maoísmo, tienen varios esqueletos en sus closets, sobre todo los tres últimos, a tal punto que cometieron verdaderos genocidios, a diferencia de lo que está aconteciendo en Jujuy. Sin embargo, rogamos a Dios que a nadie se le ocurra defender estas propuestas en relación a Milagro Sala indicando la diferencia, i.e. diciendo que en Jujuy todavía no se ha cometido genocidio alguno. Sería demasiado.

A esta altura, llama poderosamente la atención que no hubieran preferido solicitar un número 0800 para que toda la ciudadanía (y no solamente la jujeña) pudiera participar sin costo o incluso poner en el aire un programa de televisión para que luego la audiencia decidiera al respecto. Al menos, esta última propuesta sería mucho más digna en el sentido de que sería mucho más transparente o acorde a lo que parece estar pasando.


miércoles, 7 de diciembre de 2016

Cómo no argumentar en Materia penal o a Propósito de Milagro Sala otra Vez



Las siguientes declaraciones de Ernesto Sanz, según Clarín al menos (que esperamos, para variar, no mienta esta vez: click) no son muy reconfortantes que digamos para quienes se dedican al derecho penal (v. también: creeras en Milagro):

(1) “Frente a tanta hipocresía de gente a la que le cuesta reconocer y repudiar decenas de delitos, hay que poner una sola cosa: Justicia. No se trata de bibliotecas ni de teorías, menos de académicos; se trata de Justicia”.
(2) “Milagro Sala no puede estar libre porque obstaculizaría la investigación. Liberarla sería un canto a la injusticia y una derrota de la ley y la verdad”.
(3) “Hoy decían que Gerardo es un radical distinto porque se las aguanta”.

En primer lugar, la hipocresía de quienes defienden a Milagro Sala por mera conveniencia política es absolutamente irrelevante en lo que atañe a una cuestión penal. Hasta los hipócritas pueden tener razón si es que detectan un vicio de procedimiento. Lamentablemente, la descalificación personal no es monopolio del kirchnerismo.

En segundo lugar, Sanz se equivoca seriamente al decir que “No se trata de bibliotecas” y sobre todo “ni de teorías”. Los jueces penales en un Estado de Derecho basan sus investigaciones en lo que se suele denominar como una teoría del delito, que como tal no figura en el Código Penal (o en la Constitución para el caso), precisamente porque es una teoría. La justicia o la injusticia de un caso penal alejada de la teoría del delito es tan irrelevante como la hipocresía de los denunciantes o los defensores: lo único que importa es si los jueces penales actúan conforme a la teoría del delito, según la cual una persona puede estar detenida exclusivamente porque cometió un delito (siendo ese delito además la razón de su detención) y jamás al revés, i.e. cometió un delito porque está detenida, como parecen suponer algunos.

En tercer lugar, suponiendo que la mención a “Gerardo” haga referencia al gobernador de la provincia de Jujuy, no es exactamente tranquilizadora ya que se supone que el poder ejecutivo no puede intervenir en las decisiones de los otros poderes, particularmente el judicial y menos aún en casos penales.

En lo que sí Sanz tiene razón es que los jueces pueden decidir no concederle la libertad a Milagro Sala si consideran que eso constituiría “obstaculizar el descubrimiento de la verdad y la actuación de la Ley”, siempre y cuando la detención misma, que está precisamente en cuestión, responda a la imputación de un delito en primer lugar, tal como vimos más arriba.

Si abundara la racionalidad de nuestros funcionarios públicos podríamos suponer que la detención de Milagro Sala está bien fundada porque de otro modo sería muy estúpido convertirla en una mártir, aunque en lo que atañe a la política de su detención—la cual otra vez es irrelevante en materia penal—llama la atención que quienes se preocupan por la suerte de Sala no sean una amplia mayoría, sobre todo dentro del peronismo.

En resumen, la hipocresía de los defensores, la justicia de sus acusadores (independiente de la teoría del delito penal) o el aguante del gobernador son completamente irrelevantes o incluso contraproducentes para el Estado de Derecho. Lo único que importa es si existen evidencias que prueben los delitos de los que se la acusa a Milagro Sala y por los cuales está todavía detenida.

sábado, 3 de diciembre de 2016

Acerca de Rozitchner, Carta Abierta y Monty Python



Siendo las diez y cuarenta y dos del día sábado 3 de diciembre de 2016, una serie de eventos sucedidos a último momento han provocado una reunión de emergencia del Consejo Editorial de La Causa de Catón para evaluar qué medidas tomar en épocas tan turbulentas como las que estamos atravesando.

En efecto, a juzgar por la entrevista a Alejandro Rozitchner realizada por Diego Sehinkman y publicada hoy en La Nación (click) el plagio cometido contra Ricky Sarkany por la carnicería cordobesa “Sankarny” (click) no es un rayo en un cielo estrellado sino que se trata de una verdadera plaga que está azotando nuestro país y que no solamente es un ataque deliberado contra el ingenio popular que nunca descansa sino que además constituye un gravísimo atentado contra la seguridad jurídica.

En verdad, en dicha entrevista Rozitchner sostiene que “Carta Abierta es un fenómeno mal comprendido. Es un fenómeno humorístico como el grupo Monty Python. Es una especie de producción humorístico intelectual”. A esta altura nuestros lectores habituales no necesitan evidencia alguna para corroborar nuestra acusación (o al menos eso esperamos). Pero, tal como dice Mirtha Legrand, dado que “el público se renueva” (o al menos eso esperamos), precisamente por eso invitamos a los lectores a que echen un vistazo a las etiquetas del blog que prueban el descarado plagio cometido por el Sr. Rozitchner: Carta Abierta, Forsteriana, Horatiana, para no decir nada de verdaderos fenómenos intelectuales off-Carta Abierta como Hernán Brienza (Brienzana) y Mempo Giardinelli (Giardinelliana).

Es por estas razones que La Causa de Catón le ha encomendado a su Departamento de Legales que inicie las acciones precisamente legales correspondientes que pongan al impenitente Rozitchner en su lugar, sin perjuicio de la intervención de los fueros civil, penal y contencioso-administrativo, haciendo plena reserva del caso federal y del recurso por ante los tribunales internacionales pertinentes si por ventura la Justicia Nacional irónicamente no hiciera Justicia a nuestra querida Causa.

Hablando de acciones legales, dado que el Sr. Rozitchner confiesa tener “una visión hippie”, venir del “del rock [y de la] la marihuana” y alega tener una [sic] “formación… filosófica”, anticipando que el aludido pretenda escudarse en dichas desventuras, hacemos asimismo plena reserva del inicio de acciones legales contra el movimiento hippie internacional y en particular los hippies de Plaza Francia, el rock en general (cuyos efectos nocivos quedan confirmados por las afirmaciones en juego), la familia Escobar y los carteles mexicanos de la droga y finalmente contra la Universidad Central de Venezuela, institución que por inferencia asumimos es la responsable de las acciones del Sr. Rozitchner. Dejamos en manos del Departamento de Legales si la conducta del Sr. Sehinkman puede ser subsumida o no bajo el tipo penal de la complicidad e incluso eventualmente encubrimiento.

Quedan Uds. debidamente notificados. Se hará Justicia (o al menos eso esperamos).



miércoles, 30 de noviembre de 2016

¿La Culpa es de Fidel?



El fallecimiento de Fidel Castro provocó varias reacciones muy curiosas. Por razones de espacio nos vamos a concentrar solamente en dos.

En primer lugar, hay una nota del filósofo Darío Sztajnszrajber en Página 12 (click) que al propio Fidel, suponemos, le habría llamado la atención. El título de la nota es: "¿Por qué Fidel? ¿Por qué Cuba?". La respuesta a dichas preguntas es francamente extraordinaria: "ser de izquierda es estar abierto a lo inédito, a lo imprevisible, a lo imposible". En efecto, alguien podría decir que lo mismo se aplica, por ejemplo, al nazismo, particularmente antes de que llegara Hitler al poder. En verdad, mucha gente no pudo siquiera imaginar semejante fenómeno (y pagó con su vida por eso) debido a que fue precisamente "inédito", "imprevisible", "imposible".

En cuanto a que "lo imposible siempre es una caricia que no consuma ni violenta, sino que reguarda la distancia justa" y por lo tanto la creencia en que la Revolución cubana fue una revolución pacífica o una "revolución de las caricias", sin duda aleja considerablemente la Revolución cubana del nazismo pero tiene sus propios problemas. En efecto, o bien es una gran broma pythonesca o en realidad sugiere que el autor no entiende qué es una revolución y menos la cubana.

En segundo lugar nos llamó poderosamente la atención la opinión del Prof. Pablo Vommaro acerca del sistema político cubano, al menos a juzgar por el siguiente video (recomendamos ver a partir del minuto 30 hasta el 32):




Vommaro, con razón, sostiene que la noción de democracia ha variado con el tiempo, pero con ese criterio, también ha variado la idea de libertad, que antes no era sino la otra cara de una defensa de la esclavitud, pero no por eso hoy vamos a defender una concepción semejante. En realidad, hoy en día el uso actual de "democracia" en su sentido bastante minimalista hace referencia a una competencia entre diferentes partidos políticos en elecciones libres (en el sentido mínimo de que el resultado electoral es incierto). De ahí que la aclaración de Vommaro, "simplemente no hay un sistema de partidos", es demoledora para poder decir con un mínimo de sentido que en Cuba hay algo así como una democracia (en realidad el marxismo clásico entendía al sistema político anterior al advenimiento final del comunismo como una dictadura del proletariado).

El Prof. Vommaro además cree que "no hay partido único" en Cuba a pesar de que "el único partido habilitado es el comunista cubano". La mejor explicación caritativa de semejante frase quizás sea que (a) Vommaro comparte nuestra debilidad por Monty Python (véase infra el video de la quesería sin quesos) o (b) como rezaba una vieja historia anterior a la caída del muro de Berlín, en Cuba se puede votar por sí o por no, por sí que se queden, o por no, que no se vayan.




En cuanto a que, como bien dice el Prof. Vommaro, en Cuba hay un sistema electoral regulado por ley, la mera existencia de reglas no tiene por qué atraer nuestra aprobación con independencia de cuáles sean dichas reglas. Después de todo, hasta la mafia tiene reglas, tal como lo dice Neil Dellacroce (subjefe de la familia Gambino), interpretado por Anthony Quinn, al recordarle amenazadoramente a John Gotti, interpretado por Armand Assante, precisamente en el telefilm “John Gotti” (1996), dirigido por Robert Harmon: “tú rompes las reglas y toda esta maldita Cosa Nostra se resquebraja y se derrumba. Tú no rompes jamás las reglas. ¿Capisce?”.



Es más, tanto Hans Kelsen cuanto Carl Schmitt estaban de acuerdo en que todo Estado (capitalista, comunista, etc.) es un Estado de Derecho, i.e. no puede funcionar sin normas jurídicas. La cuestión en todo caso es cuáles son dichas normas. Por otro lado, la filosofía marxista del derecho (pensemos, por ejemplo, en Eugeny Pashukanis) suele desconfiar de las normas jurídicas (y de los derechos en general) precisamente por su conexión con los Estados.

Quizás convenga dar la batalla por Cuba en el terreno de la distribución del ingreso y otros derechos sociales, pero no precisamente en el de la democracia.