domingo, 18 de octubre de 2015

¿Filosofía de la Lealtad?


Tiempo Argentino publica hoy una nota de Darío Sztajnszrajber acerca de la lealtad (click). Si bien la nota fue publicada al día siguiente del 17 de octubre, y está ilustrada con una foto que hace referencia obviamente a Perón y al peronismo (tal como se puede apreciar más arriba en esta entrada), sin embargo su contenido no hace referencia alguna a la política. Con lo cual, no habría que descartar que lo que le interesa tratar al autor es la lealtad privada o individual, por así decir, y no la política. Tampoco es simple determinar si se trata de un retrato favorable o desfavorable de la lealtad, i.e. si está a favor o en contra de la misma (lo cual, a decir verdad, se puede decir de muchos retratos). En realidad, se trata de un retrato que despierta varios interrogantes.

En primer lugar, según Sztajnszrajber, la lealtad es incompatible con acuerdo alguno (“No se es leal porque así lo pautamos”). Llama la atención semejante afirmación, ya que desconoce, v.g., el caso de las relaciones feudales que imponían precisamente un deber de lealtad como resultado de un pacto. Por supuesto, existen además deberes de lealtad que provienen de una promesa o juramento (fue precisamente por eso que von Stauffenberg por ejecutado por haber traicionado no solamente a Alemania sino a Hitler). Quizás lo que Sztajnszrajber quiso decir es que habiendo varias clases de lealtades, él aconseja la lealtad en la que incurrimos (casi o por así decir) involuntariamente.

Sin embargo, aunque concediéramos esta estipulación restrictiva de lealtad, el segundo ingrediente de la receta de lealtad, “La lealtad es siempre a pesar”, o sin "ganancia", es demasiado amplio, ya que corresponde a todo requerimiento que se refiera a otra persona. Si debemos ser leales, justos, generosos, etc., semejante deber es independiente de nuestro propio interés (aunque no solamente Platón y Aristóteles, sino que hasta los psicoanalistas creen que la virtud en última instancia es constitutiva del bienestar, particularmente si nuestra identidad a su vez tiene que ver con nuestro bienestar).

Un tercer ingrediente, “no hay ninguna comprobación fáctica que asegure que el otro se va a comportar como uno espera”, otra vez, es demasiado abarcador, ya que en lo que atañe a nuestras razones para actuar, jamás son empíricamente verificables por el sencillo hecho de que siempre podemos actuar de otro modo (en otra época habríamos hecho referencia a nuestro libre albedrío), al menos si estamos bajo condiciones psíquicas normales, i.e. si no nos afecta una adicción o algo por el estilo.

Un cuarto ingrediente, el “otro” a quien le somos leales, le corresponde también a las promesas, contratos, etc., i.e. a todo aquello que precisamente necesita de otro para poder existir: no podemos contratar con nosotros mismos, ni tampoco prometernos cosas. En otras palabras, a los últimos tres ingredientes se les aplica el viejo proverbio “Así es la Vida”, con Luis Sandrini y Susana Campos.

Un quinto ingrediente, la lealtad “tiene algo de ceguera, de locura, de arbitrariedad, de confianza”, quizás sea más apropiado conceptualmente hablando, pero no parece hacerla más atractiva a la lealtad. Volviendo al psicoanálisis, los analistas no suelen recomendar acciones que tengan que ver al menos con la ceguera, la locura y la arbitrariedad.

Un sexto ingrediente es un gran avance, ya que al menos no es redundante, y de hecho es bastante provocador. En efecto, según Sztajnszrajber se “es leal al otro”, pero no a cualquier otro, sino “al otro que molesta, que irrumpe, que amenaza, al otro que necesita”. Para el caso de que la lealtad en cuestión fuera política, nos preguntamos si Sztajnszrajber cree que un peronista debería entonces ser leal, v.g., con el almirante Rojas (si viviera), o con alguna otra figura rabiosamente anti-peronista semejante, con tal de que precisamente este otro anti-peronista necesitara algo. Por lo demás, nos preguntamos si la política es un hábitat apropiado para la lealtad en absoluto, teniendo en cuenta que esta última es de naturaleza eminentemente personal.

Por otro lado, quizás la tesis de Sztajnszrajber sea tan exigente que requiere que para poder ser leales con otro, este otro debe ser, de modo concurrente o simultáneo, “extraño, …carente, …indigente, …extranjero”. En otras palabras, sería suficiente que el otro no fuera alguna de estas cosas para que no tuviéramos que ser leales con él. Semejante exigencia nos hace acordar a un capítulo de Porky en el que Pato Lucas quiere venderle un contrato de seguro contra accidentes domésticos cuyas condiciones eran tales que solamente iba a ser pagado si el accidente tenía lugar un 29 de febrero, a las 17 horas, como resultado de una embestida de una manada de elefantes y si además un tren había pasado por la puerta de la casa. Aunque, pensándolo bien, en este capítulo el pato Lucas persuade finalmente a Porky, Porky se accidenta, habiéndose cumplido todas las condiciones, con lo cual se hizo acreedor al pago del seguro. Quizás la tesis sea más atractiva de lo que parece a primera vista.


lunes, 5 de octubre de 2015

Mempo Giardinelli y el Voto peroísta



Mempo Giardinelli no es ningún tonto. Se ha dado cuenta finalmente de que “es un hecho que prácticamente toda la dirigencia kirchnerista… pasó, con diferentes gradaciones, por el menemismo, y aplaudió y consintió aquel desastre neoliberal que nos condujo al horrible 2001” (Voto cantado, pero con protesta). Giardinelli sabe además que el candidato presidencial actual por el kirchnerismo, Daniel Scioli no es una excepción ciertamente (antes bien, fue el poster boy del menemismo), a pesar de que ha sido elegido por la líder indiscutible del kirchnerismo. Encima, no lo “convence el candidato porque no transmite confianza política; porque en la provincia no hizo un gobierno inolvidable; porque su estilo amiguero lo hace demasiado moderado y es de temer que clarines, naciones, la tele y el empresariado feroz se lo van comer crudo y rápido”. Tampoco le merece mayor confianza el gabinete que Scioli tiene en mente para su eventual gobierno. Es por eso que Giardinelli se siente “entrampado”, “forzado”, “en una posición incómoda, crítica y hasta desagradable”, porque debe votar a Scioli. Es comprensible. En una palabra, Giardinelli está atormentado por su conciencia debido a su voto. 

De ahí que Giardinelli se viera obligado a diseñar una nueva concepción del voto para poder salir de dicho tormento. En realidad, no es la primera vez que Giardinelli saca algo de su galera intelectual para contribuir al debate político actual. Por ejemplo, Giardinelli ya había hecho una contribución inestimable a la teoría política mediante su doctrina del “golpe blando” (Armando Golpe blando, Arturo Golpe duro). No conforme con su anterior hallazgo, hoy se dirige nuevamente a la opinión pública para proponer una revolucionaria teoría del voto, que entendemos podríamos bautizar como la doctrina del “voto cantado, pero de protesta, a favor de la persona contra la cual estamos protestando” o “voto con explicaciones” (como diría el grupo Les Luthiers), aunque quizás sea más conveniente, en aras de la economía espacial, denominarlo como “voto peroísta”, debido a que se trata de una variación del tema ya tratado acerca de la estructura de los juicios valorativos del tipo “X pero Y” (Libertad o Dependencia).

La tesis es fascinante. Por un lado, se encuentran los votos sin más, o por excelencia, que hasta ahora eran los únicos que conocía la ciencia política. Por el otro, según la nueva doctrina del voto peroísta, en las próximas elecciones no es suficiente con saber por quién vota un elector sino además hay que conocer la motivación o estado de ánimo del votante, sin descartar la intensidad de la preferencia que siente el votante por su voto. La gran pregunta es qué diferencia hace el requisito agregado por la doctrina peroísta. ¿Acaso la motivación, el estado de ánimo, la intensidad, etc., deberían hacer que el voto valga más o menos que uno, como valían los votos hasta ahora? De todos modos, la incalculable contribución que hace la doctrina del voto peroísta es que permite votar todo lo bueno de un candidato, o todo lo que nos apetezca, y no votar todo lo malo o todo lo que no nos apetezca del candidato.

Nuestros lectores saben que no es la primera vez que la filosofía ha tratado esta cuestión. En efecto, por ejemplo, las discusiones utilitaristas, o consecuencialistas como suelen ser llamadas merced a un atinado cambio de branding, habitualmente se hacen preguntas acerca de si las preferencias de las personas deben ser contabilizadas por igual, o si acaso la intensidad de las mismas debe ser parte del cálculo, lo cual no es exactamente fácil de lograr. También nos viene a la mente aquella festejada diferencia hecha por John Stuart Mill cuando decía que él que prefería a un Sócrates insatisfecho antes que a un cerdo satisfecho. ¿Será que Giardinelli quiere asegurarse de que la opinión pública lo ubique más cerca de Sócrates que del cerdo? Quizás en algún diálogo platónico haya pistas sobre cuál habría sido la actitud socrática frente al voto que atormenta a Giardinelli. Hasta donde recordamos, sin embargo, Sócrates se tragó de buen grado no tanto un sapo sino la mismísima copa de cicuta, sin decir ni mu, a pesar de los ruegos de sus acólitos que le pedían que se escapara, lo cual era la conducta esperada incluso por el propio régimen ateniense. ¿Quizás el voto peroísta es una especie de purgante que permite tragarse el sapo, o la cicuta, pero digerirlo inmediatamente y expulsarlo del cuerpo en tiempo récord? 

Por otro lado, la teoría del voto peroísta hunde sus raíces hasta la doctrina medieval del doble efecto o de los efectos colaterales. Giardinelli, en efecto, quiere votar a Cristina, suponemos (aunque la critica bastante en la nota), pero su voto a Scioli es un efecto colateral, previsto aunque no deseado, de la intención de votar a Cristina. También nos recuerda cómo Alsogaray caracterizaba su propio voto por los radicales en las elecciones presidenciales de 1983, reveladoramente “como tomar aceite de ricino con la nariz tapada”. Se trata esta de una doctrina empleada por quienes sobreestiman a las intenciones por sobre los resultados, y por ejemplo, usan la doctrina del efecto colateral, como los automovilistas y los bombarderos, para exonerarse de responsabilidad por casos de homicidio. De ahí que los consecuencialistas no se dejen influir por esta clase de teorías, a las que consideran que no son sino un apaciguador de conciencias para poder lidiar con sus inaceptables consecuencias.

Hay un camino fácil que podría haber tomado Giardinelli. En efecto, Giardinelli dice que “Los candidatos del kirchnerismo, ciertamente, ya están fuera de discusión. Están instalados, muchas encuestas los dan triunfadores en las urnas, y por el bien del país uno espera que sea efectivamente así”. En otras palabras, dado que el triunfo de Scioli es altamente probable que suceda Giardinelli podría evitarse el sapo de tener que votarlo, ya que se trata de un sapo que va a ser ingerido por millones de personas de todos modos. Sin embargo, Giardinelli no suele tomar atajos, él toma el toro por las astas.

No podemos esperar hasta el 25 de octubre para ver cómo incide en el resultado electoral la doctrina peroísta del voto. ¿Cuánta valdrá el voto peroísta? ¿Más, menos, igual que el otro voto? Mientras tanto, nos tomamos el atrevimiento de expresar nuestras dudas sobre un par de puntos que contiene esta nueva sublime entrega del pensamiento de Giardinelli. El primero se refiere a que Giardinelli escribe la nota “en base al siguiente razonamiento [el subrayado es nuestro]: nunca me consideré kirchnerista, pero acompañé y celebré la mayoría de las grandes decisiones nacionales y populares de los últimos doce años”. Mucho nos tememos que Giardinelli, sin embargo, debe reconocer su condición de kirchnerista y salir del clóset. En efecto, para poner a prueba el “razonamiento” de Giardinelli pensemos en alguien que dijera “nunca me consideré nazi/liberal/peronista, pero acompañé y celebré la mayoría de las grandes decisiones nazis/liberales/peronistas”. Es hora de que Giardinelli cambie la manera en que se considera a sí mismo.

El segundo punto es que si a Giardinelli realmente le preocupa la corrupción, no terminamos de comprender por qué le preocupa el “pecado” solamente cuando lo comete la oposición, pero no cuando se trata de un “pecado kirchnerista”. Si en verdad le molesta la “podredumbre moral”, su voto por el kirchnerismo solamente puede ser explicado por una grosera disonancia cognitiva, que entendemos puede ser tratada si es detectada a tiempo.

El último punto es: ¿podría alguno de los “manipulados por el aparto comunicacional más extraordinario que hayamos visto”, i.e. alguno de los que votan por algún demonio de la oposición, explicar su propio voto en términos de la doctrina peroísta?¿Podría alguien votar por Stolbizer, Del Caño, Massa o Macri, pero entrampado, con resistencia, retobado, etc., y mediante el voto peroísta atenuar todos los efectos no deseados o colaterales de semejante decisión, votando todo lo bueno pero no lo malo? ¿O será que solamente quienes votan al kirchnerismo tienen buenas intenciones o merezcan poder apaciguar su conciencia? En realidad, quizás Giardinelli podría replicar que los opositores deberían hacer un mea culpa y reconocer que la oposición no tiene nada bueno, es pura maldad, y por lo tanto no hay nada que salvar.

La conclusión es la de siempre. Como todas las intervenciones de Giardinelli, con una sola disciplina, v.g. la ciencia política, no alcanza. Quizás teólogos, juristas, filósofos e historiadores de las ideas, todos juntos, nos ayuden a hacerle justicia. Están todos invitados.   

viernes, 2 de octubre de 2015

El Satélite en Debate



El mundo asiste otra vez atónito a dos grandes nuevos fenómenos argentinos. En primer lugar, politólogos, sociólogos e incluso psicólogos de todas las latitudes están fascinados con el comportamiento electoral argentino. En efecto, han comprobado un fenómeno extraordinario. Mientras que las acusaciones de corrupción, por no decir nada de las condenas a tal efecto, logran que, v.g., el kirchnerismo no solamente mantenga su caudal electoral sino que además lo acreciente—si no es que incluso le permite reformar la Constitución—, al mismo tiempo hacen que otros partidos experimenten el efecto inverso, i.e., ven decrecer su rendimiento por las mismas razones. ¿A qué se debe que en un caso la corrupción sea directamente y en otro inversamente proporcional al incremento del voto?

Nótese que el punto no es que la corrupción merezca la mala prensa que suele tener. En efecto, quizás se trate solamente de un prejuicio burgués u "honestista", como bien solían decir algunos kirchneristas. Sin embargo, la pregunta sigue siendo por qué la corrupción, sea lo que fuera, afecta de modo tan diferente al electorado. 

En realidad, no hace falta ser un científico especializado en el lanzamiento de cohetes para darse cuenta de que la explicación, para variar, es el peronismo. Aunque muchos discuten acerca de si el kirchnerismo es o no verdaderamente peronista, es innegable que existe una relación bastante próxima entre ambos. Ahora bien, es un hecho que pasará un camello por el ojo de una aguja antes que la corrupción le haga perder votos al peronismo. Sin embargo, obviamente, esto no es una explicación, sino solamente una identificación del problema. Resta explicar por qué al peronismo la corrupción no lo afecta o en realidad lo fortalece, a diferencia de los demás partidos. Huelga decir que se trata de un secreto mejor guardado que la fórmula de la Coca Cola, porque si se hiciera público, el peronismo perdería esta innegable ventaja electoral. Nos vendría bien entonces un rocket scientist capaz de identificar la fórmula y explicar el misterio.

Hablando de científicos especializados en el lanzamiento de cohetes, nos sumamos al coro de quienes saludan este nuevo logro de nuestra comunidad científica, el lanzamiento del satélite ARSAT 2 al espacio. Somos uno de los pocos países en el mundo que han logrado algo semejante. Sin embargo, y sin querer desmerecer en absoluto este logro, no hay que perder de vista que una cosa es lanzar un satélite al espacio y otra muy distinta lograr que un candidato peronista que sabe que va ganando en las encuestas participe de un debate presidencial. Ni siquiera la institución de un Premio Nobel en la disciplina parece ser de ayuda, ya que es imposible siquiera intentarlo. Sin embargo, muchas veces la ciencia logró lo que en alguna época pareció imposible. Es cuestión de esperar.  

domingo, 27 de septiembre de 2015

Espíritu al Portador



No es la primera vez que constatamos que Hernán Brienza es lo que en otra época habría sido denominado como un verdadero hombre del Renacimiento. No sólo es un historiador de fuste y un escritor por derecho propio, sino que nos ha hecho sentir contritos por remordimientos de ingratitud ya que no nos merecemos a Cristina (lo que vos te merecés), ha revolucionado el pensamiento jurídico-político mediante una nueva teoría de la responsabilidad que explica por qué Milani no puede ser responsable de violación de derechos humanos alguna (Big Bang Brienza y La Ley de Brienza), y ahora continúa con su muy exitosa incursión en la teoría filosófica.

En efecto, hace poco había recurrido a la ontología para explicar por qué él mismo no es un adulador como muchos suponen sino un pensador integral (La ontología de Brienza), y ahora desembarca en el ámbito de la filosofía hegeliana de la historia para entender la figura precisamente histórica de Cristina como un portador del espíritu del pueblo, por no decir del espíritu universal (click).

Brienza, con razón, sostiene que “[e]n los últimos años, los argentinos hemos podido ser testigos de la significación que tienen las características personales de los líderes en la construcción de la acción política”. ¿Hace falta decir que el sustento de esta afirmación es “la emergencia de Néstor Kirchner, con elementos únicos, y luego, claro, Cristina Fernández de Kirchner”? Nobleza obliga, habría que aclarar que la novedad del planteo de Brienza no consiste precisamente en el énfasis en la agencia individual para poder comprender la historia (suponemos de hecho que otros historiadores han afirmado algo semejante, por ejemplo, en relación al papel que desempeñó Hitler en el nazismo), sino en que Néstor y Cristina cumplen en nuestra época el papel de lo que Hegel denominaba eran los “portadores del espíritu”, siguiendo los pasos de, v.g., Sócrates, Jesús, quizás Lutero, y Napoleón, ciertamente en sus épocas respectivas.

Naturalmente, un pensador como Brienza no podía dejar de plantearse la gran cuestión metafísica. Dado que “Cristina Fernández de Kirchner se ha plantado disputando sin descanso a los grupos corporativos y los poderes económicos”, y que “no es lo mismo” que “las decisiones las tome la actual presidenta o que las tome otro actor o dirigente político”, entonces: “¿Qué particularidades tiene la presidenta que le permiten enfrentarse a los poderes reales?”. Después de todo, no todos los días los súper-poderes de una súper-heroína de ultra-izquierda mantienen a raya al capitalismo global.

Aquí es donde irrumpe el misterio del pensamiento de Brienza. Si la respuesta fuera que los súper-poderes provienen del voto, semejante hipótesis colapsaría por su propio peso con tal solamente recordar que, v.g., Macri y Scioli también han ganado elecciones y han sido re-electos. Los lectores de Asterix podrían aventurar la hipótesis de una poción mágica administrada por un druida como Panoramix, quizás de conformidad con el propio Brienza cuando sostiene en relación no solamente a Néstor sino a Cristina, que “como ya se sabe”, “No fue Magia. Pero fue mágico”. Claro que semejante hipótesis solamente devalúa las virtudes del agente portador del espíritu universal, como si cualquiera que tomara la poción mágica podría hacer magia o historia para el caso.

En realidad, la idea misma de ser "portador del espíritu" también contradice la idea de una persona excepcional, ya que, precisamente, el portador o portadora no es sino un vehículo del espíritu, lo cual implica que el mérito es de la época y no del agente, lo cual, suponemos, contradice el propósito de Brienza de mostrar a Cristina como la súper-heroína que es. Quizás alguna Cadena Nacional, por ejemplo la cuadragésimo-primera, nos ayude a develar el misterio, siempre y cuando el Papa, otro portador del espíritu, no interrumpa con sus misas.

jueves, 17 de septiembre de 2015

Armando Golpe Blando, Arturo Golpe Duro (Otra Vez)



Lamentablemente, la democracia está en peligro otra vez debido a que nuestro país está atravesando nuevamente un Golpe de Estado blando o institucional a raíz de las elecciones en Tucumán. Antes de que Mempo Giardinelli comente el caso nuevamente, y para no aburrir a nuestros lectores, hacemos directamente referencia a nuestra última discusión sobre este tema fascinante: Armando Golpe Blando. ¿Arturo Golpe Duro? Por si hiciera falta, les recordamos a nuestros lectores nuestra posición acerca de la influencia de ciertos prejuicios burgueses en el debate axiológico entre el fraude y la violencia ocasionado precisamente por las elecciones en Tucumán: Si llega a ser Tucumana. Los mantendremos informados. Viva la Patria!  

domingo, 13 de septiembre de 2015

Milton, Satanás y el hiperkantismo

A esta altura, las siguientes palabras de Jorge Capitanich, cuyo revelador segundo nombre es Milton, terminaron siendo proféticas:



En efecto, no puede llamar la atención la calumnia cometida por Perfil contra ese gran pensador que es Mempo Giardinelli. Esta publicación satánica alega que dado que en 2007 Giardinelli había resaltado la miseria que había en el Chaco y la había comparado de hecho con campos de concentración, y que hoy cree que toda indicación de miseria alguna en el Chaco se debe a "los buitres de la comunicación", entonces Giardinelli habría incurrido en alguna contradicción o peor aún una falta moral, vaya uno a saber de qué tipo (click). 

A esta altura, nuestros lectores ya están prevenidos acerca de las argucias que emplean los medios de comunicación para debilitar a quienes apoyan la causa del pueblo, en este caso en particular, Capitanich y Giardinelli. Sin embargo, nos atrevemos de todos modos a explicar por qué no existe defecto alguno, ni intelectual ni moral, en la posición de Giardinelli.

En efecto, para atribuirle semejante defecto, habría que probar que Giardinelli hace referencia a dos hechos iguales aunque de modo diferente. Sin embargo, Giardinelli mismo se encarga de mostrar que el cambio de su posición acerca de la situación en el Chaco se debe simplemente a que la situación en el Chaco se ha modificado sustancialmente. Por si alguien todavía albergara dudas, solamente debería ingresar al sitio del INDEC y hacer click en "Chaco". Mientras tanto, no olvidemos que hoy en día nuestro país cuenta solamente con un 5 % de pobreza, 32,50 % de clase media, y el 62,50 suponemos es de clase alta (país generoso).

Asimismo es digno de ser destacado que Giardinelli no solamente se apoya en el cambio de los hechos sino además en lo que parece ser la adopción de una teoría moral diferente. En efecto, en una nota en Página 12 Giardinelli sostiene reveladoramente que "'Hay que ser muy canallas para fingir sentimientos que no se tienen, y que jamás han tenido estos carroñeros de la política que vienen a 'descubrir' lo que aquí cualquiera sabe: que decenas, centenares de niños qom, wichís y mocoiq murieron aquí, en iguales condiciones extremas, en los últimos 10, 20, 50 y 100 años" (click). Como se puede apreciar, mientas que en el pasado a Giardinelli le importaba la existencia misma de hambre, miseria, etc., ahora solamente considera moral una acción si es motivada por razones puramente morales. En efecto, los medios son satánicos o canallas no porque denuncian la miseria (Giardinelli mismo solía hacerlo) sino que la denuncia se debe a intereses políticos. Por lo cual, según Giardinelli, suponemos, solamente un kirchnerista puede denunciar la miseria del Chaco. Los demás debe callarse la boca.

La posición reciente de Giardinelli puede ser designada como "hiperkantismo". Todo acto moral que no se deba a un motivo moral es eo ipso inmoral. Para esta posición el hiperkantismo, v.g., no deberíamos salvar a un niño que se está ahogando si la única razón por la que lo haríamos es que hay cámaras de televisión cerca y queríamos salir en televisión. Quizás al niño que se ahoga no le importaría en absoluto y se conformaría con un mero consecuencialismo, pero al hiperkantiano sí: la acción debe ser realizada según la intención correcta, y si no, mejor no realizarla. EE.UU., v.g., entró en la segunda guerra no para impedir el Holocausto sino para proteger sus reservas de petróleo, todo lo cual nos hace dudar de la moralidad de su decisión. Nos preguntamos así y todo  si quienes estaban en un campo de concentración no se hubiesen conformado con un consecuencialismo menos pretencioso. Sea como fuere, no es casualidad que este mismo hiperkantismo es el que suscribe la prestigiosa Carta Abierta para denunciar a su vez a las denuncias por corrupción (justo lo que faltaba, apartado nro. 3: "La tesis de la motivación contraproducente").

Finalmente, el mismísimo gobernador Capitanich atribuye la muerte de niños qom a razones culturales (todo es cultura), i.e. a que son los padres quienes dejan morir a sus hijos. Mientras que en el resto del país mucha gente se queja por la limitación a la muy burguesa libertad de comprar divisas extranjeras, muy pocos reparan en que Capitanich reconoce el valor de la libertad multicultural a tal punto que defiende la libertad de ciertas familias de no atender a sus hijos menores de edad. Da la impresión de que así como un Testigo de Jehová no permite la transfusión de sangre ni siquiera a un menor de edad, parece que según Capitanich hay culturas en el Chaco que no atienden a sus hijos, y el Estado debe respetar dichas culturas. A veces, sin embargo, parece que Capitanich va demasiado lejos con su liberalismo.          


martes, 8 de septiembre de 2015

Si llega a ser Tucumana


El kirchnerismo en líneas generales se ha mostrado renuente a considerar como fraude los episodios ocurridos en la última elección en Tucumán, particularmente la quema pública de urnas, quizás inspirado en la filosofía del derecho hegeliana.

En efecto, para que tenga lugar un fraude es imprescindible percibir un ardid o engaño mediante el cual, como dice Hegel, “se le hace creer al perjudicado que la acción es justa” (Lineamientos de Filosofía del Derecho, § 87, agr.). Es por eso que Hegel cree que el fraude solamente viola el aspecto subjetivo del derecho, en la medida en que la víctima, merced al engaño, cree que sus derechos no están siendo conculcados. El aspecto objetivo del derecho, mientras tanto, permanece incólume.

Distinto es el caso de la violencia, que para Hegel representa la conducta delictiva por antonomasia. En el caso de una acción violenta no solamente se lesiona el aspecto subjetivo, sino también el objetivo del derecho, ya que la violencia infligida impide que la víctima crea, aunque falsamente, que sus derechos están siendo respetados (Lineamientos…, § 90, agr). Cuando alguien lleva a cabo una hoguera de urnas (o de herejes para el caso) públicamente, mal podemos considerar fraudulenta a semejante conducta. No hay engaño alguno. Es cierto que, lamentablemente, se ha popularizado, por parte de quien realiza acciones violentas, el uso de frases tales como “esto me va a doler más a mí que a vos”. Pero se trata de expresiones confusas y por lo tanto inútiles.

Ahora bien, habiendo distinguido conceptualmente entre el engaño y la violencia, resta, como siempre, el análisis normativo. En efecto, salvo el caso de quienes creen, no menos confusamente, que v.g., “violencia es mentir”, la distinción conceptual entre el engaño y la violencia deja abierta la cuestión de si el uno es mejor o peor que la otra.

Aquí es donde el kirchnerismo se aparta de Hegel, ya que este último, quizás debido a cierto prejuicio burgués, cree que el acto violento era peor que el engaño. Dante Alighieri, por el contrario, sostiene una posición más afín al kirchnerismo, ya que considera que el engaño es peor que la violencia, lo cual explica por qué en su célebre Infierno los traidores reciben un castigo mucho peor que el de los meros violentos.

En rigor de verdad, algún nietzscheano también podría preferir un agōn o combate extenuante aunque equitativo entre fuerzas iguales, antes que ser engañado sin violencia alguna. Después de todo, algunos creen que al menos el violento tiene coraje porque va de frente, mientras que el que engaña es un cobarde que actúa a nuestras espaldas (nos abstenemos de hacer referencia a la importancia de la lealtad en el discurso peronista, por obvias razones). No olvidemos además que a veces las heridas del alma causan más daño que las físicas (es difícil resistir la tentación de remitir al lector a la escena de “Perfume de Mujer” en la que el personaje de Al Pacino dice precisamente eso).

Que nuestros prejuicios burgueses entonces no nos impidan apreciar la concepción agonal que el kirchnerismo tiene de la democracia. El que esté insatisfecho con nuestro sistema electoral, como hemos leído por ahí, que arme un partido, queme las urnas que haga falta, y que gane las elecciones.

viernes, 21 de agosto de 2015

La Cadena Nacional y la Filosofía de las Ciencias Sociales




Si bien unos pocos han expresado su desagrado con las frecuentes alocuciones (si es que se trata de la palabra adecuada) presidenciales en ocasión de sendas Cadenas Nacionales, es innegable que las mismas son una fuente inagotable de verdaderos desafíos para quienes se dedican, por así decir, a la filosofía de las ciencias sociales.

En efecto, no hace mucho, en ocasión de una Cadena Nacional, la Presidenta de la Nación ensayó una explicación del advenimiento del nazismo en términos del Tratado de Versailles. Si bien es indudable que existió una relación de causalidad entre el Tratado de Versailles y el nazismo, la pregunta es cuál es el significado de la explicación presidencial. En efecto, hasta el mismísimo Leibniz habría estado en aprietos tratando de dar con la razón suficiente de la explicación presidencial. ¿Qué quiso decir la Presidenta?

Una primera hipótesis es puramente epistémica. En ocasión de una Cadena Nacional la Presidenta quiso expresar pura y exclusivamente su opinión sobre el surgimiento del nazismo. Nos da la impresión, sin embargo, de que la Presidenta adhiere a su vez a la tesis nietzscheana según la cual la historia es siempre historia del presente (por no decir producto de cierto interés), por lo cual la mención del nazismo en ocasión de una alocución presidencial no puede tener fines exclusivamente científicos, por así decir, sino que se trata de una referencia contemporánea, lo cual nos conduce a la siguiente hipótesis.

Una segunda hipótesis es la de la analogía. La Presidenta quiso comparar a las corporaciones, o a los enemigos del pueblo en general, con los poderes aliados que impusieron el Tratado de Versailles, y a Argentina con la Alemania de Weimar. Esta hipótesis tampoco parece ser viable, sobre todo si tenemos en cuenta que la Argentina de hoy está mejor que la Alemania de hoy (casi no hay indigencia, 5 % de pobreza, 32 % de clase media, 62 y pico % de clase alta: país generoso).

La tercera hipótesis es de naturaleza histórico-política con proyecciones jurídico-morales. Dado que es casi imposible mencionar siquiera al nazismo sin hacer referencia a la vez, v.g., al Holocausto, la explicación dada por la Presidenta no solamente pone en contexto el surgimiento del nazismo sino también al Holocausto, todo lo cual no hace sino multiplicar al infinito la curiosidad por la reflexión presidencial. ¿Quiso la Presidenta acaso entender al nazismo en términos de la famosa fórmula “X pero Y”? ¿Acaso el punto es que el nazismo fue atroz pero hay que entenderlo en contexto? ¿Podríamos decir otro tanto, v.g., con la última dictadura militar? Da la impresión de que semejante fórmula “X pero Y” corre el riesgo de ser redundante o peligrosamente contraproducente. Por suerte, no hace falta extenderse al respecto:  libertad o dependencia.

Finalmente, en su última alocución por Cadena Nacional, la Presidenta esgrimió una curiosa defensa ante la acusación de la oposición según la cual una agrupación kirchnerista es responsable de un homicidio de un joven jujeño de simpatías políticas opositoras. La respuesta presidencial fue la de argumentar que la ideología política del joven no es opositora sino oficialista. Aunque supusiéramos que semejante aclaración fuera verdadera (da la impresión, sin embargo, de que no lo es), sigue llamando poderosamente la atención.

En efecto, la respuesta “X es de los nuestros, no de Uds.”, niega la pertenencia de X pero no la acción; en todo caso la negación de responsabilidad ("nosotros no fuimos") depende de la negación de la pertenencia de X ("no es de los nuestros"). El punto presidencial, en resumen, es que “no tenemos nada que ver porque se trata del homicidio de uno de los nuestros, no de un opositor, y nosotros no matamos a los nuestros”. No parece ser una respuesta adecuada ante un homicidio, ya que en lugar de atacar la inmoralidad del acto (“prohibido matar”) se escuda en su irracionalidad (“¿qué sentido tendría matar a uno de los nuestros?”), como si la muerte deliberada de un miembro de la misma agrupación política fuera necesariamente irracional o directamente no fuera homicidio.

Ojalá que la Cadena Nacional continúe siendo una fuente inagotable de desafíos para el pensamiento.
   

domingo, 2 de agosto de 2015

Nouveaux riches

Los medios hegemónicos no cesan en sus ingentes esfuerzos por negar los innegables logros del modelo nacional y popular. Ahora, es el turno de La Nación que nos quiere hacer creer que en lugar de haber crecido la clase media, en realidad ha decrecido: "La clase media ya lleva tres años de retroceso" (click).

Por suerte, en este blog nos hemos adelantado a esta nueva patraña mostrando cómo creció no solamente la clase media sino inclusive la clase alta, la cual llega al 62,5 % (país generoso). Es innegable que Argentina está literalmente llena de nouveaux riches. Para no repetirnos, mostramos ahora una conversación entre cuatro argentinos que hasta ayer nomás pertenecían a clases desaventajadas, ahora forman parte de ese 62,5 %, y sin embargo están disconformes. A los argentinos no hay nada que les venga bien:


jueves, 23 de julio de 2015

País generoso



Gerald Cohen, otrora profesor Chichele de Teoría Política en la Universidad de Oxford, reconocido y brillante defensor de la causa socialista, solía sostener que el egoísmo capitalista no era una tendencia natural o inevitable para el ser humano, sino antes bien el producto de un círculo entre el capitalismo y las condiciones que este sistema económico genera. La tesis de Cohen sobre el egoísmo, por supuesto, era fundamental para defender la posibilidad del altruismo, un componente decisivo de todo proyecto socialista.

Hasta ahora, no pocos argumentaban que la evidencia empírica, por no decir histórica, le daba la espalda a Cohen y su altruismo socialista, con la muy honrosa excepción de países tales como Noruega o Suecia, cuyo excepcionalismo a su vez es tal que resulta demasiado exigente para el resto de los mortales.

Sin embargo, el kirchnerismo ha demostrado que el socialismo es viable incluso en países como el nuestro, que en teoría son muy diferentes a los nórdicos recién mencionados.

En efecto, a raíz del éxito del modelo las estadísticas muestran que la clase media argentina se duplicó y alcanza al 32,5 %  de la población (click). Si tenemos en cuenta que la pobreza es del 5 % (Cristina dixit) y suponemos que la así llamada clase “baja” se compone de quienes se encuentran precisamente en la pobreza, da la impresión de que se puede inferir que entonces el 62,5 % de la población argentina es de clase "alta". Pero la gran inferencia política que se puede extraer es que, a juzgar por ciertas encuestas, o incluso tomando el resultado de las últimas elecciones presidenciales, el kirchnerismo cuenta con el apoyo de la mitad de la población, lo cual demuestra que el argentino no solamente es un pueblo rico, sino además y fundamentalmente altruista: en lugar de votar en contra de gobiernos cuya presión tributaria es un récord histórico, votan a favor. La única explicación posible es el altruismo.

Ciertamente, hay una explicación del favor con el que cuenta el Gobierno entre los votantes de clase media y alta. Según las cifras mencionadas por el Ministro de Economía, el controvertido impuesto a las ganancias alcanza solamente al 10 % de la población (click), debido, suponemos, a que no hace falta extender el alcance del impuesto debido a que solamente un 5 % se encuentra en la pobreza. Pero entonces nos llama la atención que el Gobierno no obtenga todavía más votos que el 54 % obtenido en la última elección presidencial, ya que, de una potencial base tributaria del 95 % de la gente, el Gobierno solamente le cobra ganancias al 10 % de la población. Dicho sea de paso, si la AUH la recibe por lo menos el 10 % de la población y la pobreza es del 5 %, cabe inferir que hay un 5 % de clase media o alta que está defraudando al Estado.

Pensándolo bien, resultamos ser mucho más egoístas de lo que parecemos. Los medios tampoco ayudan.

jueves, 16 de julio de 2015

Más Oyarbides y menos Bonadíos


En otra decisión ejemplar, la Sala I de la Cámara Federal de la Capital decidió apartar del caso del juez Bonadío, quien demostrara en varias oportunidades su parcialidad, por no decir hostilidad, contra la familia presidencial. Para muestra, basta el botón de investigar al hijo de la Presidenta.

Nobleza obliga, a primera vista puede llamar la atención que una empresa de Lázaro Báez alquilara casi mil habitaciones en la cadena de alojamiento Hotesur, y de ahí la sensación de que se trataba de un caso de lavado de dinero.

Sin embargo, es una alegación que no resiste el menor análisis, toda vez que estemos dispuestos a ponernos "el sombrero de pensar", como dice Sheldon Cooper (no es lo que parece). Por suerte, tenemos a nuestra disposición lo que cuenta  Frederick Spotts en su libro Bayreuth: A History of the Wagner Festival, historia que ya utilizáramos en este blog.

En efecto, Hitler en 1940 instituyó los que fueron llamados “Festivales de Guerra”, en los que el Teatro de Bayreuth no estuvo abierto al público en general sino a los “huéspedes del Führer”: miembros del ejército y trabajadores en la industria militar, quienes como recompensa por sus esfuerzos eran llevados a Bayreuth con todos los gastos pagos.

A muy pocos de los huéspedes del Führer les gustaba la ópera y mucho menos Wagner, de tal forma que estos huéspedes conformaban una audiencia cautiva: no tenían elección, tenían que asistir o asistir: eran transportados en grupos a Bayreuth en un tren musical del Reich, llegaban a las seis de la noche y marchaban en columnas a las barracas en donde eran alojados. A la mañana siguiente se reunían en el teatro en donde recibían folletos sobre Wagner y lecciones sobre la ópera que iban a ver ese día. A la mañana siguiente volvían, y eran reemplazados por otro contingente de huéspedes del Führer. Muchos de los soldados muy probablemente habrían preferido seguir peleando antes que escuchar a Wagner.

¿Por qué no suponer entonces que la empresa de Lázaro Báez sigue los pasos de Hitler, i.e. le concede una recreación a sus empleados para recompensarlos por su diario esfuerzo en la empresa, y como justo la cadena Hotesur es la que brinda los mejores precios, con una ubicación inmejorable, y encima con la enorme diferencia de que mientras que a la gran mayoría de los soldados alemanes no les gustaba la ópera, particularmente Wagner, es muy probable que la gran mayoría de los empleados de Báez sí disfruten de sus días en Hotesur? ¿Vamos a perseguir penalmente a Báez y a los dueños de Hotesur, por algo que ni siquiera le objetaríamos a Hitler?

Todo esto muestra que necesitamos más jueces comprometidos con la democracia como Oyarbide, probos jurisconsultos que saben cuándo desestimar rápidamente una denuncia contra la familia presidencial (una denuncia tan infundada como la de su enriquecimiento ilícito, a pesar de que se trata de una familia que cuenta con insignes practicantes de la abogacía), y menos jueces corporativos. Ojalá que la democratización de la justicia no se detenga.

sábado, 11 de julio de 2015

Independencia y 9 de Julio

En otra oportunidad habíamos comentado una excelente iniciativa del Secretario de Estratégica para el Pensamiento Nacional. Se trataba de aprovechar el hecho de que Néstor Kirchner "desequilibró lo que permanecía equilibrado, removió lo que hacía resistencia, cuestionó lo que permanecía incuestionable", por no decir que Néstor además pensó lo impensable, dijo lo indecible, movió lo inamovible y, al menos en el caso de Lázaro Báez, tuvo una contabilidad incontable (no es lo que parece). En otras palabras, es innegable que Néstor pudo lo imposible, lo cual es una excelente idea para un musical (Néstor Kirchner, el Musical). Lamentablemente, resultó que a alguien ya se le había ocurrido la idea (si no hubiera tiempo, convendría empezar a partir de 2:45):





Como el pensamiento nacional, al igual que la imaginación popular, no descansa nunca, el Secretario de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional ahora propone la Declaración de una nueva Independencia. En efecto, todos los países cada tanto renuevan la fecha y el contenido de sus declaraciones de Independencia, y nosotros no podíamos ser menos. Después de todo, a nadie se le puede escapar que el kirchnerismo es mucho más que la ideología de un partido político, sino un verdadero régimen o cultura política. En realidad, se trata de una verdadera civilización, aunque en el buen sentido de la palabra, que trasciende la contingencia de un resultado electoral (vamos Scioli).

Huelga decir que apoyamos esta excelente iniciativa, aunque nos gustaría articularla con la transformación cultural ya iniciada a través de la designación de calles, avenidas del Libertador, plazas, centros culturales, represas, premios, cátedras, becas, llaveros, porta-documentos, postales, etc., que llevan el nombre "Néstor Kirchner". 

A tal efecto, nos hacemos eco de una propuesta que todavía no ha tomado estado público, según la cual es necesario cambiar el calendario gregoriano, que ya cumplió su ciclo, y empezar de cero en el 2003, de tal forma que Cristo habría nacido en el año 2003 a.K, hoy, por ejemplo, estaríamos en el año 12 d.K., y la anterior Declaración de Independencia habría tenido lugar entonces en el año 187 a.K. 

Nos atrevemos a sumar nuestro granito de arena proponiendo el cambio de al menos algunos de los nombres de los meses del año. Por ejemplo, "Julio", por obvias razones, debería convertirse en "Kirchner", y "Octubre" podría llamarse "Cristina". Dejamos los otros diez meses en manos de la imaginación de los lectores.

Finalmente, es una picardía que exista el "kirchnerismo" como un discurso político, al igual que "cesarismo", y que sin embargo el apellido "Kirchner" no se haya convertido aún en una institución, tal como sucediera, v.g., con el cognomen "César" (Caesar, Kaiser, etc.). En el futuro, en Marcos 12:17 rezará "Dad al Kirchner lo que es del Kirchner, y a Dios lo que es de Dios". Quizás, sea necesario cambiar asimismo la designación oficial del Estado, quizás algo así como "República Kirchnerista de Argentina" o directamente "Kirchnerlandia", para evitar confusiones. Claro que se trata de un proyecto a largo plazo. Esperemos que llegue a buen puerto.      

jueves, 2 de julio de 2015

Al Fin andar sin Pensamiento

Debido a que “algunos… miembros” del “proyecto nacional y popular” todavía parecen no aceptar del todo la polémica consagración de la fórmula presidencial del kirchnerismo gracias a la unción de la “líder indiscutida y máxima conductora del proyecto en curso”, Tiempo Argentino publicó una muy iluminadora nota de Demetrio Iramain (una pluma comprensiblemente eclipsada por la de Hernán Brienza) al respecto: Primero hay que saber sufrir.

Iramain, en efecto, sostiene tres argumentos que son otros tantos verdaderos golpes de knock out a la resistencia de quienes creen estar adentro del movimiento y sin embargo todavía objetan la fórmula presidencial kirchnerista.

Un primer argumento, de naturaleza psicológico-política y que depende ciertamente de la notable sofisticación del sistema electoral argentino, consiste en que, como señala Hebe de Bonafini, “hoy… hay que hablar de (Carlos) Zannini, que es un tipo extraordinario”. En otras palabras, respecto de Scioli, dice Hebe, “seguimos pensando lo mismo”, pero vamos a votar a Zannini. La razón es muy simple. Si Scioli llega a ganar por alguna razón, no va a ser por los votos de quienes apoyan a Zannini, ya que al momento de votar el sistema electoral vernáculo permite que el votante aclare si está votando por Scioli (como va a hacer la derecha golpista) o por Zannini (como lo hará la izquierda revolucionaria), o, por imposible que parezca, por los dos juntos (como van a hacer la derecha golpista y la izquierda revolucionaria a la vez).

Un segundo argumento, continúa Iramain, consiste en que “[¿Todas?] las luchadoras del pañuelo blanco… [no] se equivocan”. La estructura del silogismo al que pertenece este argumento es la siguiente:
(a) [Todas] las luchadoras del pañuelo blanco no se equivocan
(b) Hebe es una luchadora del pañuelo blanco
ergo,
(c) Hebe no se equivoca.

Sin embargo, a Iramain no se le escapa que el segundo argumento, por cartesiano que parezca, requiere de apoyo subsidiario, ya que ¿cómo sabemos que “las luchadoras del pañuelo blanco no se equivocan”? En efecto, hace falta una premisa de verdad inconcusa a su vez, algo que no pueda ser puesto en duda, el cogito o el “yo pienso” del pensamiento kirchnerista.

Y eso es exactamente lo que aporta el tercer argumento, el decisivo, de Iramain, que lo pone en boca de Hebe para no pecar de inmodestia: “Cristina nunca se equivoca y las Madres no queremos equivocarnos”. La estructura del silogismo que acompaña a este argumento es la siguiente:
(a) Todas las decisiones de Cristina son correctas.
(b) Es una decisión de Cristina que Scioli sea el candidato kirchnerista.
ergo,
(c) La decisión según la cual Scioli es el candidato kirchnerista, es correcta.
Quizás sea necesario agregar una premisa extra: (a’) las decisiones de Cristina son indiscutibles, probablemente debido a que (a).

En rigor de verdad, no hace falta ser kirchnerista para advertir que Iramain mismo tiene razón. ¿Para qué apelar a la fría ética consecuencialista que apuesta todo, v.g., a la utilidad, con sus dificultosas comparaciones interpersonales de bienestar, o para qué recurrir a la despiadada y sádica ética deontológica con sus abstractas y perversas reglas y deberes, cuando uno tiene a su disposición una ética de la virtud que gira alrededor de la agencia ideal de Cristina, la cual por definición es infalible, una verdadera émula del spoudaios aristotélico?

No queríamos terminar la entrada sin destacar el aforismo de Séneca que figura en la nota: “Tregua, las pelotas” (o como reza el original latino: indutiae, pilae) y la magnífica frase pythonesca “A veces hay que saber perder las discusiones para poder tener razón”. En efecto, a veces uno discute no porque tiene razón sino para pasar el tiempo. Aunque Monty Python lo cuenta mucho mejor:


domingo, 21 de junio de 2015

FAKQ (preguntas kirchneristas frecuentemente formuladas)



Debido a los sucesos ocurridos en los últimos días en ocasión de las últimas novedades acaecidas a raíz de las PASO, a no pocos les ha costado entender lo que a primera vista parece ser un mero giro oportunista por parte del kirchnerismo (aunque no exclusivamente). Es precisamente por eso que se nos ocurrió que esta entrada podría contribuir a esclarecer los últimos acontecimientos apelando a la dialéctica clásica, i.e. en la forma de unas pocas y simples preguntas y respuestas. Después de todo, no es casualidad que el sempiterno diálogo Politeia de Platón haya sido traducido en las lenguas que derivan del Latín como República.

- ¿Scioli es un topo menemista de Magnetto o “el continuador del proyecto”, como reveladoramente lo ha designado hace poco el recientemente designado candidato a la Vicepresidencia para acompañarlo?
Si bien en entradas anteriores habíamos sugerido que Scioli era el candidato del Diablo (el Partido del Diablo), i.e. el candidato de Magnetto, les debemos a nuestros lectores un mea culpa: la reciente decisión presidencial de consagrarlo como candidato del proyecto nacional y popular muestra que se trató de un grave error de nuestra parte. Scioli siempre fue el candidato del pueblo. Que haya habido gente, muy poca por lo demás, que haya creído otra cosa, francamente es inexplicable y/o una típica artimaña de Magnetto para desviar nuestra atención mientras Magnetto infiltraba a quien resultó ser su verdadero topo.

- ¿Entonces Randazzo...?
Quienes creen que Randazzo es un traidor ingrato, desleal a la Presidenta, se equivocan. Otro tanto sucede con los que se creen graciosos y comparan al kirchnerismo con 1984 de Orwell (mil novecientos ochenta y kuatro). En efecto, Randazzo jamás fue peronista y por eso no pudo haber sido desleal o traidor, sino que siempre fue la imagen especular de Scioli. Magnetto nos hizo creer que Scioli era su topo para confundir al pueblo, y por momentos a la mismísima Presidenta de todxs lxs argentinxs, y de esta forma lograr que Randazzo estuviera a punto de convertirse en el candidato del proyecto, de este modo ganar las PASO con holgura y finalmente arrasar en las elecciones nacionales. Aclaramos este último punto porque la derecha, típicamente, nos quiere hacer creer que la decisión presidencial de ungir a Scioli se debe a un cálculo electoral, como si Randazzo tuviera la culpa de no atraer votos, y no a motivos ideológicos, y/o nos quieren hacer creer que alguna vez hubo dudas acerca de si Scioli era kirchnerista. Indudablemente, Magnetto estuvo muy cerca de lograr su objetivo, pero finalmente subestimó a la capacidad de la Presidenta.
Por lo demás, incluso la mera posibilidad de considerar que Randazzo es o fue alguna vez siquiera peronista es un insulto a la inteligencia (y que, dicho sea de paso, no está a la altura de las otras jugarretas de Magnetto, como la de hacernos creer que alguna vez fue aliado del Gobierno). Ningún peronista verdadero antepondría un proyecto personal más allá de su líder. Scioli entiende esto perfectamente, y he ahí su decisión; Randazzo no, voilà. Además, Aníbal Fernández fue muy claro cuando adujo en público que la conducción tomó una decisión y el rebaño no discute más. Se terminó. ¿Es acaso concebible que alguien pueda ser peronista sin haber entendido que primero viene la Patria, segundo el Movimiento y tercero los hombres, y si hace falta las mujeres, llegado el caso?

- ¿Entonces para el peronismo la conducción siempre es infalible?
Se nota que el que formuló la pregunta no es peronista. Parafraseando a Duns Scoto, “por qué la voluntad de Cristina quiere esto, no tiene otra razón que la voluntad de Cristina es la voluntad de Cristina” (Opus Oxoniense I d. 8 qu. 5 a. 3 n. 24: "quare voluntas voluit hoc, nulla est causa, nisi quia voluntas est voluntas"). Es por eso que por encima de Cristina no existe estándar alguno, es su voluntad la que decide cuál es el estándar y, por supuesto, cómo se aplica dicho estándar. Todo lo que hace y dice Cristina es necesariamente correcto. Quienes creen otra cosa, como por ejemplo que la política consiste en la deliberación participativa basada en razones, en el fondo son partidarios del intelectualismo tomista, o, lo que es peor, creen que Cristina no es divina.

- ¿Es posible que la familia Kirchner no haya agotado su contribución a la política nacional, sino que siga produciendo vástagos que estén a la altura de sus progenitores?
La pregunta tiene un aire ligeramente impertinente, pero la ha respondido Aristóteles hace mucho tiempo, para quien un pueblo puede ser perfectamente capaz de producir “una familia que descuella por su aptitud para la dirección política” (Política, 1288ª8-9, traducción de Julián Marías, p. 106), y para semejante pueblo sería adecuado tener una monarquía. Nosotros, sin embargo, tenemos el mejor de los mundos: una democracia que elige a los mejores.

sábado, 6 de junio de 2015

El Partido del Diablo



Debemos comenzar invocando la benevolencia de los lectores, ya que hace tiempo que la redacción del blog no publica nada. De hecho, se puede apreciar a simple vista que el pasto del blog supera la altura de las paredes del baldío. Semejante estado de cosas es el resultado de una suma de factores, aunque la razón principal es que todo miembro del equipo de La Causa de Catón al ingresar toma un juramento que le exige no repetirse. Como el kirchnerismo, que domina la realidad política argentina, no hace sino repetirse constantemente, es casi imposible comentar dicha realidad manteniéndose fiel al juramento.

Ahora bien, hay un fenómeno que ha sido percibido por muchísima gente pero que no ha sido explicado por nadie, al menos hasta donde nosotros sabemos. Se trata de la muy curiosa situación de Daniel Scioli dentro del kirchnerismo. De ahí que Capitanich (¿qué se hizo de él?) en su momento, Julián Domínguez, Randazzo, etc., están convencidos de que Scioli es un arma del Diablo (a esta altura, suponemos, no hace falta aclarar qué, o quién, o cuál es el Diablo). La pregunta, sin embargo, es por qué algunos todavía creen, equivocadamente, que Scioli en realidad es kirchnerista, i.e. está con Dios (a esta altura, suponemos, no hace falta aclarar qué, o quién, o cuál es Dios).

Por increíble que parezca, no es la primera vez que semejante error tiene lugar. En efecto, como explica Stanley Fish, en un contexto en el que el héroe (o anti-héroe: como se puede apreciar, se trata sorprendentemente de la misma situación que nos ocupa ahora) de la obra convoca a los ángeles rebeldes a los que acaba de liderar hacia una derrota desastrosa, la voz épica o “en off” de John Milton en el Paraíso Perdido “se asombra ante la perversidad y la estupidez” de la adoración por parte de multitudes de mujeres y de hombres de “figuras sombrías”. Y dicho asombro está expresado “en una única y despectiva línea” del excelso poema de Milton: “Y Diablos para adorar como Deidades” (I.373). El mensaje es muy claro:


“por razones que la voz épica apenas puede desentrañar multitudes de hombres y mujeres serán incapaces de notar la diferencia entre diablos y deidades, y se inclinarán ante los primeros a expensas de las segundas. ‘¿Cómo pueden ser tan estúpidos?’ pregunta implícitamente la línea, pero al mismo tiempo, los aspectos formales de la línea proveen las respuestas a su propia pregunta implícita. Pues si lo asombroso es que la gente toma diablos por deidades, tanto los ritmos como el patrón aliterado de la línea imitan al y participan en el mismo error. No solamente son los diablos y las deidades equivalentes en sílabas; también son equivalentes en la posición de los sonidos de las vocales y en la posesión conjunta de la consonante inicial ‘D’ y además están vinculadas en la línea por una estructura especular de sonido—‘para adorar como’—que repite y profundiza las similitudes que llenan una línea cuyo sentido insiste en la diferencia. Aquí hay una cosa que hace la poesía: dice dos cosas opuestas en la misma línea. Dice ‘la diferencia entre diablos y deidades es enorme, y ¿cómo se les pudo haber escapado?’. Dice ‘La diferencia entre diablos y deidades es tremendamente difícil de discernir porque en la superficie… los dos se parecen mucho’. En resumen, la diferencia es obvia y fácilmente se nos escapa” (Versions of Anti-humanism, p. 24).  


Por otro lado, no hay que olvidar que hubo gente como William Blake que creyó que Milton también “era del partido del Diablo”, aunque, curiosamente, para Blake semejante afirmación estaba muy lejos de ser un reproche, sino que era precisamente un elogio. Para otra oportunidad quedará el análisis del muy revelador segundo nombre del ex Jefe de Gabinete.

La conclusión es que solamente un científico especializado en cohetes podría haberse dado cuenta de que a pesar de que Scioli no solamente está con el modelo desde su mismísimo comienzo (como vicepresidente y gobernador de Buenos Aires) y se ha convertido en su arma electoral más poderosa, en el fondo no está con el modelo. Y ni siquiera un científico especializado en cohetes, tampoco Néstor o Cristina, podrían haberse dado cuenta de que fue el mismísimo Diablo el que infiltró a Scioli en el modelo, tratándose quizás de la mejor de todas las artimañas que el Diablo haya puesto en práctica contra el gobierno del pueblo. Si este ángel se cae también, después no digan que no les habíamos avisado.