martes, 27 de enero de 2015

Servicio Internacional



Hace poco nos contaron que hay gente en el extranjero que lee este blog. No solamente todavía no salimos del asombro que nos provoca saber que hay alguien que nos lee en absoluto, sino que además no podemos darnos siquiera una idea del esfuerzo intelectual que representa poder entender a este país para alguien que no es argentino o que no ha vivido en Argentina.

Es por esto que con esta entrada inauguramos lo que podríamos llamar La Causa de Catón Servicio Internacional, en aras de ayudar a quienes se embarcan en semejante ordalía intelectual. Después de todo, los nativos (y residentes ciertamente) tienen una enorme ventaja ya que la sabiduría de la naturaleza les permite acomodarse a su medio ambiente y por eso les resulta más fácil entenderlo. En realidad, es la única hipótesis que puede explicar la supervivencia en un medio ambiente semejante, aunque estamos abiertos a otras sugerencias. Dicho sea de paso, en breve contrataremos a James Earl Jones para que grabe el identificador de nuestra señal internacional. 

En esta oportunidad vamos a tratar de explicar desde un punto de vista internacional el último suceso que ha cobrado estado público a nivel mundial, un suceso del cual ya nos habíamos ocupado brevemente (No es lo que parece). A tal efecto, vamos a usar una analogía televisivo-cinematográfica.

Supongamos que en televisión dan una película en la cual un fiscal que investiga a la Presidencia de la República aparece muerto en su domicilio el día anterior a hacer su primera presentación oficial en el Congreso Nacional acerca de precisamente dicha causa. Supongamos también que dicho fiscal contaba con una numerosa y celosa escolta de la Policía Federal, la cual había perdido todo contacto con él por lo menos durante las últimas once horas que condujeron a su muerte.

Luego, la Presidenta de dicha República escribe una epístola en Facebook (1 Cristina ad Facebookenses) comentando el acontecimiento como si fuera un usuario más de dicha red social con un puesto de sandías a la vera de una ruta provincial, y no la Presidenta de la República, e indicando ciertamente que para ella se trató de un suicidio. El suicidio, obviamente, está conectado con un grupo monopólico que busca desestabilizarla.

Evidentemente insatisfecha con esta primera carta, la Presidenta escribe una segunda en la misma red social, pero en la que cambia de opinión, ya que en lugar de inclinarse por el suicidio afirma que se trató de un asesinato obviamente orquestado por el mismo grupo monopólico que según la hipótesis anterior buscaba desestabilizar su Gobierno mediante un suicidio. Nobleza obliga, la Presidenta aclara en esta segunda epístola que “no tengo pruebas, pero tampoco tengo dudas” [de que se trata de un asesinato] (2 Cristina ad Facebookenses 12), quizás inspirada por el credo quia absurdum (“creo porque es absurdo”) de la patrística cristiana. Paralelamente, las encuestas muestran que la enorme mayoría del país en cuestión cree que se trató de un asesinato y las malas lenguas rumorean que eso fue precisamente lo que explica el cambio de opinión presidencial.

Continuando con la alegoría de esta trama, agreguemos ahora que el periodista que había dado la primicia sobre la muerte del fiscal se va del país alegando que está siendo perseguido precisamente por ese motivo. La trama se hace más espesa ya que mientras el periodista huye del país, la agencia oficial de noticias (Télam), la aerolínea de bandera (Aerolíneas Argentinas) y la cuenta oficial de la Casa de Gobierno en twitter (dirigida por una verdadera artista de la sutileza y el protocolo) difunden los datos del itinerario y del pasaje de dicho periodista, como si fuera un servicio prestado por la aerolínea a quienes viajan en business o en primera para asegurarse de que alguien vaya a buscar al pasajero en el destino final.

Mientras que algunos simpatizantes del Gobierno alegaban que este periodista descaradamente mentía enmascarando unas vacaciones en Uruguay como una persecución en la que su vida corría peligro, el Jefe de Gabinete, una vez preguntado al respecto, sostuvo que “Es un periodista que se sentía amenazado y fue importante publicar su paradero”. Como se puede notar, se trata de un Gobierno que cree que la mejor manera de calmar el miedo a la persecución es mediante una terapia de shock, algo así como encerrar a un claustrofóbico en un ascensor o tratar el miedo al agua y el vértigo con un clavado en Acapulco. Monty Python se habría muerto de hambre si hubiese tenido que trabajar en un país semejante. En todo caso, sus representaciones habrían sido cuadros puramente costumbristas.

Finalmente, y todo siempre en la misma película, la Presidenta más de una semana después del hecho decide salir en Cadena Nacional para completar su cuadro de situación. En dicha alocución sostiene que fue la Ministra de Seguridad quien la anotició a las 0:30 sobre "un incidente" que involucraba un fiscal tirado sobre un charco de sangre. La Presidenta, incrédula, le preguntó si se trataba de una broma, ya que sus ministros son muy de hacerle bromas a la madrugada sobre incidentes con fiscales federales tirados arriba de un charco de sangre (nota para quienes vieron el Mundial: la relación entre esta Presidenta y sus ministros es muy parecida a la que tenía Sabella con Lavezzi en el partido con Nigeria). Aquellos fanáticos que se interesan en la búsqueda de perlas cinematográficas, aquí tienen una: el Secretario de Seguridad había dicho públicamente en esta película que fue él quien le había dado la noticia por primera vez a la Presidenta (encima, el Secretario se mostró por televisión en el domicilio del fiscal antes de que llegara el poder judicial). Quizás en la secuela el guión desarrolle este desacuerdo entre la Presidenta, la Ministra y el Secretario (de hecho, le acabamos de dar el título a la segunda parte).

La Presidenta con la sana intención de colaborar con la investigación judicial, aunque respetando escrupulosamente la separación de los poderes, indica en la misma Cadena que el hermano de un empleado del grupo monopólico es responsable del homicidio. El implicado por la Presidenta es a la sazón un espía del Servicio de Inteligencia, cuyo excelente plan para llevar a cabo semejante maniobra de desestabilización incluía aparentemente una fuga al exterior, aunque según la Presidenta se había dejado estar, ya que había iniciado los trámites del pasaporte cuatro días antes del crimen. Además, esta misma persona que entendemos es un espía profesional, antes de su asesinato no tuvo mejor idea que escribir media docena de tweets en los que insulta a la Presidenta de la República, suponemos para asegurarse de que su crimen no pudiera ser rastreado hasta él.

Es difícil entonces resistir la inferencia de que el grupo monopólico de marras tiene, para decir lo menos, serias dificultades en el rubro de contratación de recursos humanos, particularmente en lo que atañe a su Departamento de Desestabilización. Si pudiéramos le recomendaríamos a este grupo monopólico que la próxima vez antes de contratar una consultora de recursos humanos vean al menos la primera temporada de “Los Soprano”. Quizás esto también quede para la secuela.

Hasta acá la analogía (nos faltó mencionar que también se roban un misil de una base militar, pero no vamos a entrar en detalles, ya que se trata de un hecho menor no conectado con la historia principal, cuya tarea es darle más color a una trama bastante anodina).

Ahora nos vemos forzados a pedirles a nuestros lectores extranjeros que hagan el enorme esfuerzo de lograr una “suspensión voluntaria de la incredulidad” y acepten que lo que acabamos de describir no es el guión trillado de una película de clase B cuya trama sería inconcebible hasta—o sobre todo—en África subsahariana (de hecho hoy en día en África subsahariana cuando sucede algo inaudito dicen: “esto no pasa ni en Argentina”), sino que ha sucedido, ya que corresponde exactamente a la realidad política argentina.

En efecto, la realidad política argentina actual parece ser una película tragicómica policial y de espionaje de clase B dirigida por Luis Buñuel, en la que, como se suele decir en inglés, “La Vida de Brian” se encuentra con “Austin Powers” y “Frankenstein”. Por lo menos da un poco de gracia. Aunque a qué precio.

9 comentarios:

Andrés Rosler dijo...

Muchísimas gracias a Agustín Vallejo por habernos señalado un grave error en la entrada. Donde dice "Jefe de Gobierno" decía "Jefe de Gabinete".

Anónimo dijo...

CFK: "Pense que era un chiste..."

Es para llorar!

Andrés Rosler dijo...

La culpa la tienen los ministros y las bromas que le hacen a Cristina. Es que la relación que tiene Cristina con sus ministros es muy parecida a la que tenía Sabella con Lavezzi durante el Mundial.

Anónimo dijo...

Claro!! El chiste fue para "descomprimir"!

Lastima que la ministra no aparece mas seguido, asi nos divertimos todos con su humor...

Consternada dijo...

Y esto es sólo ateniéndose a la información de los medios, vaya a saber todos los otros "sub-plots" editados que quizás jamás conozcamos.

Va sin decir que la saga recién empieza, y ya tiene "spin-offs" y precuelas.

Anónimo dijo...

Si la noticia se la hubiera dado Timerman... que hubiera pensado Cristina?

Eduardo Reviriego dijo...

El relato de Cristina es totalmente coherente. Como ha dicho -o lo dirá en cualquier momento- Capitanich, cualquier aparente contradicción en sus dichos, se debe pura y exclusivamente a que la Gran Hermana aún no maneja bien la neolengua.

Alineación y balanceo dijo...

Tremenda trama. El punto sería que el narrador no sé si podría decir como Borges en Emma Zunz que "no todo era falso: cambiaban dos o tres nombres propios".

Anónimo dijo...

Tremenda trama. El punto es que no sé si se podría decir como el narrador de Emma Zunz que "no todo era falso, cambiaban dos o tres nombres propios".