lunes, 31 de marzo de 2014

Delito y Teología



A los no pocos problemas que tenemos en este país, se han sumado ahora los linchamientos callejeros de personas sospechadas de haber cometido un delito al parecer—al menos hasta ahora—contra la propiedad.

La primera reacción ante episodios de esta naturaleza es la de dar rienda suelta al impulso de hablar de tales episodios en términos de un estado de naturaleza hobbesiano, a pesar de que semejante comparación no es del todo apropiada, tal como lo habíamos discutido alguna vez (Hobbes no era hobbesiano).

Ahora bien, la explicación de esta clase de fenómenos no es fácil de reconciliar con el relato del que se enorgullece el Gobierno Nacional. En efecto, si la explicación del delito es fundamentalmente socio-económica (y hasta ahora las ciencias sociales han mostrado que lo es) y si este país ha crecido de modo vertiginoso durante los últimos diez años y por ende redistribuido su ingreso equitativamente de forma inaudita merced a las políticas públicas del Gobierno, ¿por qué semejantes linchamientos? Es más, ¿por qué el Gobierno mismo se ha visto en la necesidad de poner en movimiento cada vez más fuerzas represivas para combatir la “inseguridad”, al punto de que la Presidenta misma se vio obligada a reprocharle por cadena nacional a los jueces penales su desidia ante el crecimiento del delito?

Ya habíamos visto que este Gobierno tiene una explicación a su disposición alternativa a la socio-económica, según la cual la raíz del delito es lisa y llanamente teológica (v.g. De Maistre ataca de nuevo). Quizás en otros países la redistribución del ingreso haya hecho disminuir las tasas de criminalidad (al menos las relativas a los delitos contra la propiedad). En Argentina, sin embargo, la redistribución récord en lugar de haber atenuado los índices de criminalidad parece haber ha despertado aún más la codicia humana, a tal punto que por momentos es difícil resistir la conclusión de que en este país hay una desmedida concentración de pecado y desolación, como si Dios se hubiese ensañado con este país, debido probablemente a que la caída aquí hubiese sido mucho mayor que en el resto de la creación, todo esto en un país que solía enorgullecerse de creer que Dios era argentino.

Las ventajas de la explicación teológica no sólo consisten en que esta última explica el comportamiento delictivo de quienes atentan contra la propiedad privada, sino que además explica el comportamiento criminal de quienes participan de su linchamiento.

Una de las desventajas, sin embargo, de la explicación teológica del pecado y de la autoridad que se supone debería ponerlo a raya, es que a esta tesis no le resulta fácil explicar por qué o cómo quienes nos gobiernan han escapado de las consecuencias pecaminosas de la caída que explican el comportamiento delictivo de sus súbditos. ¿Por qué en lugar de, v.g., hacer cumplir el derecho, los funcionarios del Gobierno no se dedican a actividades ilegales? En otras palabras, la caída debió haber arrastrado a todos los seres humanos, tanto a los probables sospechosos como a los eventuales gobernantes.

Pensándolo bien, quizás el Gobierno tenga razón y esta tesis tenga mucho mayor poder explicativo del que parece tener a primera vista.  

2 comentarios:

Andrés Rosler dijo...

Como la Presidenta acaba de anunciar un plan de inserción social para combatir la violencia provocada por una distribución del ingreso inequitativa, no queda otra alternativa que descartar la tesis teológica, a pesar de sus atractivos.

Eduardo Reviriego dijo...

Si quienes nos gobiernan han escapado de las consecuencias pecaminosas de la caída, lo ha sido debido a han sido absueltos por el juez terrenal -o todo terreno- que todos conocemos. No descartemos la tesis teológica, aunque en este caso sería teología política, según nos enseña Johann Baptist Metz.