viernes, 21 de abril de 2017

¿Hobbes vs. Rousseau o Hobbes y Rousseau? El Debate sobre la Violación



Los repetidos hechos de violencia contra las mujeres, sea en la forma de femicidios o violaciones, han hecho que muchos se pregunten por cuál podría ser su explicación. No se trata de pura curiosidad científica, ciertamente, sino que lo que motiva la búsqueda de una explicación es una exigencia moral de reducir semejantes hechos al mínimo, y si fuera posible acabar con ellos. Los dos grandes contendientes en esta búsqueda explicativa son los que creen que la violación en el fondo es un producto cultural y los que creen que en realidad se trata de un fenómeno natural. Como se puede apreciar, la discusión está emparentada con la que solía tener lugar entre rousseanianos y hobbesianos acerca de la violencia en general.

Hablando de rousseanianos, hoy en La Nación aparece un reportaje a la antropóloga Rita Segato, en el cual se da cuenta de “qué pasa por la cabeza de un violador” (click). La posición de Segato, que quizás sea bastante representativa dentro de la antropología, es que la explicación de la violación es cultural. En realidad, la posición de Segato va todavía más lejos ya que cree que “el violador es un moralizador”, alguien que actúa por principio y por lo tanto cree que su acción está justificada. Por supuesto, la moral en cuestión es la de una cultura particular, ciertamente patriarcal, que castiga a las mujeres que desobedecen sus dictámenes. El violador, a su vez, no es efectivamente responsable sino el producto de una cultura, una especie de víctima de la cultura en juego—aunque, suponemos, quizás no tanto como la mujer objeto de la violación—. Para ser más precisos, para la tesis cultural el sexo es un medio para dominar, y la dominación es el fin.

Los argumentos ofrecidos por Segato en defensa de la tesis cultural básicamente son sus entrevistas en una cárcel brasileña con personas condenadas por violación y el hecho de que incluso mujeres de setenta u ochenta años han sido víctimas de violación. La auto-comprensión, en este caso principista, incluso de quienes cometen violaciones sin duda que es necesaria para explicar el hecho pero de ahí no se siga que la auto-comprensión sea suficiente. En general los seres humanos prefieren sentirse bien acerca de sí mismos y recurren incluso a la racionalización y al auto-engaño para lograrlo. Por otra parte, el comportamiento principista o idealista suele ser acompañado por justificaciones públicas. Sin embargo, no conocemos solicitadas firmadas por violadores o propuestas para despenalizar la violación (salvo la del abolicionismo extremo). Y los violadores suelen tratar de salirse con la suya en lugar de enfrentar el castigo en defensa de sus principios. En cuanto al hecho de que haya víctimas de cierta edad avanzada habría que ver qué porcentaje de los casos representan.

Por otro lado, se infiere de este planteo que con una cultura diferente (y apropiada) no habría violaciones y por lo tanto no tiene sentido castigar al violador, como proponen los punitivistas, sino que la responsabilidad le cabe a la cultura y por lo tanto el cambio tendrá lugar una vez que hayamos modificado nuestra cultural patriarcal. Habría que ver qué tan lejos estamos a dispuestos a ir una vez que emprendemos este camino cultural. Si toda moral es producto de la cultura es muy difícil evitar la conclusión de que las personas que se preocupan por las víctimas de violación lo hacen solamente porque han sido educadas de ese modo. Si hubieran sido educadas de otra manera ni siquiera se molestarían, si no es que directamente se dedicarían a practicar la violación en lugar de preguntarse por cómo evitarla. Y no debemos olvidar que hasta los abolicionistas están dispuestos a acercarse al punitivismo, como por ejemplo en el caso de delitos de lesa humanidad.

Además, si todas las personas pudieran ser reeducadas, el nazismo en el fondo debería ser explicado por una educación equivocada, y todos los nazis—quienes también invocaban principios para explicar sus actos—podrían entonces ser persuadidos de sus errores. Por otro lado, llama la atención el hecho de que si la violación es un mandato patriarcal no haya entonces incluso más violaciones. Las normas culturales suelen tener un grado mayor de acatamiento. En efecto, el hecho de que la violación sea moralista debería incrementar esta clase de acciones—a menos que la sociedad en cuestión sufriera de cierta anomia—.

En realidad, llama la atención que en esta época en la cual los derechos humanos se han convertido en moneda corriente del discurso moral y político exista una cultura que entienda y por lo tanto exija que las violaciones sean cometidas en términos de un castigo aplicado a las víctimas. Además, según esta tesis la violación es entendida como un castigo a las mujeres que desobedecen los mandatos patriarcales. Por lo tanto, las mujeres que obedecen los mandatos patriarcales—lo cual suponemos es el caso de, v.g., Arabia Saudita o asumimos el caso de todo el mundo antes del advenimiento del discurso sobre los derechos humanos—deberían estar menos expuestas a las violaciones. Si las mujeres fueran obedientes entonces la violación brillaría por su ausencia, salvo el caso de anomia (como vimos más arriba) o de violadores irracionales o con ciertos defectos psicológicos, o naturales, esto es, violadores que castigaran a quienes no lo merecieran.

Claro que si admitiéramos factores naturales en la explicación de la violación entonces le abriríamos la puerta a la explicación evolutiva que habíamos mencionado más arriba. Según la tesis evolutiva por supuesto que en la violación hay dominación o poder pero básicamente como un medio para alcanzar una meta sexual, es decir, exactamente al revés que la tesis cultural: mientras que para ésta última el sexo es un medio para la dominación, para la tesis evolutiva la dominación es un medio para alcanzar una meta sexual.

Dicho sea de paso, dado que hace tiempo que el concepto de sexo se ha librado por suerte de su antigua moralización debemos sin embargo tener en cuenta que la liberación sexual solamente cubre casos de sexo consensual. Y cabe recordar que cuando decimos que X es evolutivo no estamos emitiendo un juicio moral favorable sobre X sino solamente comprobamos que en última instancia X ha permitido que ciertos genes hayan tenido éxito en su lucha por mantenerse en circulación, lo cual, obviamente, puede arrojar resultados morales catastróficos.

En realidad, quienes defienden la tesis evolutiva no pueden darse el lujo de sostener una posición extrema como parecen hacer algunos cultores de la tesis cultural. En efecto, es obvio que no solamente la cultura sino asimismo la moralidad es un producto tan evolutivo como la persecución extrema del auto-interés, y la moralidad supone que somos agentes responsables de nuestros actos. Por lo tanto, de una explicación natural o evolutiva que pone al sexo como el fin y la dominación como un medio no se sigue que los violadores sean a su vez necesariamente víctimas o marionetas—aunque no de la cultura como suponen algunos sino de sus impulsos irresistibles—lo cual impediría que se puedan auto-determinar y por lo tanto sus víctimas deberían resignarse. Si la dominación de la víctima es un medio es mucho más que suficiente para reprochar la conducta o en todo caso para tratar de evitarla.

En efecto, dado que la moral también es evolutiva, incluso suponiendo que un violador carezca de auto-determinación—lo cual quizás sea el caso de los reincidentes—eso no implica que sus víctimas deban sufrir las consecuencias. En realidad, en tales casos los derechos de las mujeres tiene prioridad, del mismo modo que en los casos de las así llamadas “amenazas inocentes”. Solamente un pacifista extremo podría suponer que todo acto de violencia es moralmente injustificado. En otras palabras, si el único medio para proteger los derechos de las víctimas o las potenciales víctimas es impedir la circulación de los agresores, a menos que seamos pacifistas no tendremos otra alternativa que privilegiar el derecho de las víctimas.

El punto, entonces, no es que haya que reemplazar al exclusivismo explicativo cultural con otro evolutivo. Quizás el camino a tomar sea el mismo que se puede observar en el muy elogioso prefacio escrito por Steven Pinker, conocido defensor de la aplicación de la teoría evolutiva a las ciencias sociales y humanas, al reciente libro de Alan Page Fiske y Tage Shakti Rai, Virtuous Violence, Cambridge University Press, 2014, a pesar de que o en realidad debido a que según este libro la violencia humana suele ser fuertemente moralista. Esta articulación de la tesis evolutiva con la tesis cultural nos recuerda entonces que la agencia humana es el resultado de la interacción de factores naturales y culturales, que puede haber sociedades más violentas que otras, y que si realmente nos interesa defender los derechos de las mujeres no podemos darnos el lujo de ser reduccionistas.

8 comentarios:

Leandro dijo...

Acuerdo con la voluntad de evitar los reduccionismos.
Lo que no me queda claro es por qué de la tesis “cultural” se derivaría que no tiene sentido castigar al violador. Puede ser que lo piense Segato, aunque en un momento del reportaje expresa puntualmente que no está de acuerdo con las salidas transitorias que los jueces Rossi y López otorgaron a los violadores, con los resultados consabidos (de lo que se derivaría que Segato acuerda con la privación de la libertad transitoria, de estos delincuentes al menos): sin duda la antropóloga está oponiéndose a las medidas de incremento de la pena que se plantean como soluciones suficientes al problema que castigan, o, mejor, a la demagogia que reacciona frente a las violaciones y los femicidios exclusivamente a través de la intervención punitivista. Como sea, Segato manifiesta explícitamente su rechazo a la noción de “cambio cultural” (según interpreto, entendida como algo objetivado, espontáneo e impersonal), y la diferencia de la necesidad de un “trabajo en la sociedad”. Independientemente de lo que piense ella del valor de la pena, el punto es que sería coherente considerar el castigo al violador no sólo como una medida individual sino también como una intervención de carácter social/cultural, que tiene por objetivo limitar la violencia (en este caso, de género). La cultura supone la interiorización de normas que primero fueron externas. Si en un adulto la inhibición interna no funciona, el castigo es una medida pedagógica para él y también para los otros miembros de la cultura: además de un acto sobre el delincuente es un mensaje para la sociedad en su conjunto. Es decir, me parece imaginable una tesis cultural que admita la necesidad del castigo.
Por otro lado, y parafraseando a Nietzsche (que no era precisamente un feminista, pero sí un agudo crítico de la religión monoteísta –que es contemporánea del Patriarcado, e indesligable de él–), me parece que las leyes del Patriarcado son incumplibles: no están para ser cumplidas, sino para hacer sentir culpables –especial, aunque no exclusivamente– a las mujeres. Por eso, decir que el violador es un “moralizador” no necesariamente llevaría a pensar que si las mujeres cumplieran los mandatos patriarcales no habría violencia contra ellas. Cumplirlos es sinónimo de verse violentadas, y además es imposible cumplirlos acabadamente; no cumplirlos se castiga con violencia. El Patriarcado supone que la mujer es culpable; lo que ella haga o deje de hacer confirmará la sentencia. No se trata de una moral con fundamentos racionales, sino de una moral religiosa. Por eso mi comentario no apunta al caso por usted anticipado de “violadores que castigan a quienes no lo merecen” (entiendo que desde la perspectiva de una ley racional): coincidiremos en que desde el punto de vista de una moral racional, la totalidad de los casos de violación sexual, como los que desencadenaron la entrevista y las reflexiones posteriores, son "inmerecidos”. Inversamente, si damos crédito a la tesis de Segato, desde el punto de vista del violador, la víctima siempre lo merece. La ley más o menos tácita que el violador encarna y actualiza (por lo cual es responsable) dice que la mujer (o la niña) es culpable y merece el castigo por ser mujer: la "racionalización" posterior (en sentido psicoanalítico) se encargará de formular verbalmente un por qué puntual referido a una supuesta falta cometida que pretende explicar y justificar la violencia caso por caso. Si entiendo bien, el agresor sexual es un moralizador para Segato en el sentido en que lo es el sacerdote para Nietzsche.
Aprovecho para saludar y agradecer a la redacción de la Causa, solitaria en sus ímprobos esfuerzos orientados a destacar el valor de las meditaciones brienzanas, y a expresar con concisa e inteligible pluma lo medular de los espesos repliegues del complejo decir murmurante del (Ser del) cartabiertismo.

Andrés Rosler dijo...

Hola Leandro, muchas gracias por tu muy interesante comentario, para no decir nada de tu amabilidad para con La Causa de Catón. La tesis cultural, si es coherente, no puede abogar por el castigo ya que la responsabilidad por el delito en cuestión es de la cultura. Es como si el criminal castigara a la víctima. No tiene sentido, salvo la perversidad o el sadismo. Claro que alguien podría decir el castigo en realidad no es tal sino reeducación o educación (es muy tentador agregar que para muchos la educación es un castigo pero lo vamos a dejar ahí). Sin embargo, el castigo al que nos referimos es penal, i.e. la imposición de un daño debido a la omisión de un deber la cual se debe a la responsabilidad de un agente. En cambio, no tiene sentido hablar de la responsabilidad penal o la omisión de un deber por parte de quien es educado. En todo caso, la responsabilidad penal u omisión, otra vez, corre por parte de la cultura.
En cuanto al patriarcado, si la violación va a tener lugar pase lo que pase, sin que importe qué hace la víctima, entonces no queda claro qué propósito tiene decir que el violador está administrando un castigo (en sentido penal, no pedagógico, suponemos). El castigo en realidad apunta a retribuir un acto anterior o prevenir un acto futuro. Para sostener que la víctima siempre lo merece el violador debería creer que todas las mujeres, por el mero hecho de ser tales, merecen ser violadas. Quizás los violadores estén dispuestos a incluir hasta sus mujeres pero dudo que crean, v.g., que su madre y sus hijas también deban quedar incluidas. De hecho, quizás un estudio cultural del patriarcado muestre que en un patriarcado es posible que haya menos violaciones (aunque probablemente se cometan otras y más atrocidades) que en otras culturas lo cual debilitaría la tesis cultural, pero es una cuestión empírica que ignoro completamente.
Otra cosa es decir que por definición la mujer es “violentada” por vivir bajo un patriarcado. Pero en sentido estricto habría que decir que está dominada o que la relación es absolutamente injusta. Pero no toda dominación o injusticia implica violencia (y no toda violencia es por definición injusta, a menos que seamos pacifistas). Alguien puede estar expuesto al arbitrio de otro sin violencia y de hecho sin interferencia alguna siquiera.
Finalmente, todo intento de explicar la moralidad o la inmoralidad corre el riesgo de quitarle toda normatividad. Cuanto más inteligible sea una acción, más inevitable parece, lo cual hace que la idea de responsabilidad y por lo tanto de castigo se desvanezca en el aire. Habría que ver si estamos dispuestos a tomar ese camino.

Leandro dijo...

Andrés, los elogios a la Causa siempre serán insuficientes. Pretender que las ponderaciones le hagan justicia es otra Causa de Catón.
Vuelvo al intercambio. En primer lugar, entonces, tanto la tesis cultural como la tesis natural, tal como usted las plantea con el fin de objetarlas, serían reduccionistas porque ninguna de ellas postula la libertad, y por ende tampoco la responsabilidad individual. Dicho de otro modo: son tesis que no admiten la autonomía del sujeto, ni siquiera entendido éste como una condición más de las acciones y los actos de habla. Incluso serían tesis autopostuladas, ya sea por la propia cultura o por la evolución o naturaleza (“por el cerebro”, por ejemplo, diría, por intermedio del resto del cuerpo, el cerebro de un renombrado neurólogo).
En cuanto a lo que usted afirma del patriarcado, creo que Segato piensa en el castigo de un modo que excede (y antecede) el castigo penal moderno. Ella lo plantea como un acto propio de una pedagogía de la subordinación. Creo que la acción a la que se refiere Segato es aquella por la cual un individuo goza sometiendo, humillando, dominando. Si se lo piensa como un castigo/daño fundamentado en una moral religiosa, o motivado en alguna perversión, es esperable que no se ajuste a la lógica (ni al Derecho Penal Liberal, a la moral kantiana, etc.). El propósito del violador sería gozar en el sometimiento. Que su acto (o la máxima de su acto) no pueda universalizarse tampoco sorprende. (En este sentido, y para revelar la contraposición de perspectivas desde la que se parte, uno de los ejemplos que usted menciona para mostrar la inconsistencia lógica de la moral del violador, y del argumento de Segato, es interesante, porque el incesto paterno filial es mucho más frecuente de lo que suele creerse. El violador no sólo no deja afuera a sus hijos de su “castigo”, sino que éstos suelen ser un objeto preferencial para satisfacer el deseo de sometimiento. Hasta donde sé, la madre sí suele quedar afuera). A otra de sus preguntas: decir que el violador está administrando un castigo tiene por objetivo, según entiendo, desmontar la convicción de que el violador busca fundamentalmente el placer sexual, que, de no tratarse de un perverso/psicópata, obviamente podría procurarse de diferentes modos sin requerir a la violencia sobre otros.
Una pregunta más, ahora acerca del título de su artículo: ¿se debe a que Hobbes naturaliza la violencia y Rousseau niega la "pulsión tanática"?

Andrés Rosler dijo...

Perdón por la demora, estaba afuera del país sin un teclado cómodo a mano. El título se refiere a la antigua discusión sobre el pacifismo. Apenas pueda seguimos con esta muy interesante conversación.

Andrés Rosler dijo...

En realidad, la tesis naturalista o evolutiva lleva las de ganar ya que mientras que la tesis cultural cree que hace con la naturaleza humana lo que se le da la gana, la tesis evolutiva cree que la cultura y la moral son un producto evolutivo por lo cual tiene una ventaja considerable, ya que puede explicar la cultura pero la cultura no puede explicar la naturaleza.
Segato, a juzgar por lo que decís Leandro, entiende, en el fondo, al castigo igual que el derecho penal moderno: al castigar a alguien lo estamos reeducando.
Mi punto es que muy difícil de creer que la violación, a pesar de que se trata de una acción cometida mayoritariamente por hombres, generalmente jóvenes, contra mujeres, no es una cuestión sexual sino producto de un mandato cultural. De ahí no se sigue, por supuesto, que esté bien.

Leandro dijo...

Ahora el demorado fui yo. Retribuyo las disculpas del caso.
Me parece importante reivindicar la importancia de la tesis naturalista (la teoría evolutiva) actualmente. Suele confundirse biología con biologismo. Es curioso que en este punto, que podríamos denominar la “conjura” o la “demonización” de la naturaleza, coincidan religiosos y ciertas teorías inscriptas en el absolutismo cultural.
En cuanto a las dos “reeducaciones”: la diferencia está en que el derecho penal moderno es cumplible y reeduca teniendo por horizonte la segunda formulación del imperativo categórico, mientras que la “ley” del patriarcado es incumplible y tiene por fin la dominación y el castigo (no le cabe lo de Paideia precisamente): lo que hace es reproducir en sus actos el prejuicio de que la mujer es culpable. Habría que reconsiderar llamar a esto “educación”. Nos hemos tomado una licencia que ya no es sostenible.
En el último punto, yo diría que no es necesario negar que se trate de una cuestión sexual para subrayar la importancia del mandato cultural. Ahí me distancio de Segato, que se muestra más tajante, y creo que nosotros estaríamos más cerca de un acuerdo. Dicho de otro modo, que no es exactamente equivalente: sexo y agresividad/violencia no son del todo desligables (de ahí no se sigue una justificación de la violación, por supuesto). No por nada se dice que estamos “calientes” para referirnos al enojo y a la excitación sexual. “El lenguaje ordinario es fiel, hasta en sus caprichos, a alguna realidad”, señala Freud por allí.

Andrés Rosler dijo...

Hola Leandro, perdón ahora por mi demora. han sido días bastante agitados. Me alegra ver que somos todos peronistas ya que coincidimos en que no se pude dejar de lado ni al naturalismo ni a la influencia de la cultura. Lo que me llama la atención o me provoca curiosidad es la idea de un sistema normativo incumplible, sobre todo si, como en el caso del patriarcado, se ha mantenido tanto tiempo.

Leandro dijo...

Andrés, no abundemos en nuestra común toma de partido por la tercera posición. Yendo al punto de nuestro preperonismo: la ley es incumplible porque el objetivo es mantener al sometido en deuda/en falta. El castigo se cumple, con o sin cumplimiento de ley (que la ley ordene lo imposible es cruel), porque el objetivo es el castigo, la humillación, la subordinación, el sometimiento, lo cual incluye la satisfacción sexual no consentida ejercida por el pater.
Mantener la falsa esperanza del posible cumplimiento de esas “leyes” es una de las claves de su duración (el miedo hace lo suyo, y la pereza también).
¿Aclara mi posición? Quizá no estemos de acuerdo y debamos mantener zonas imperonizadas en este diálogo tan estimulante. No protestaría.