martes, 24 de diciembre de 2013

Big Bang Brienza

La Ley de Brienza es tan enjundiosa que con la sola entrada que le dedicamos hace poco ni siquiera empezamos a hacerle justicia (La Ley de Brienza).

Por ejemplo, nos olvidamos de señalar que mientras que en el pasado Diana Conti había ensayado una justificación para delitos comunes como el de corrupción cometidos por la causa (derecho penal para todxs) y Carta Abierta trataba de atenuar los efectos que tales delitos comunes podían tener sobre la imagen del Gobierno (Carta Abierta), Brienza va todavía mucho más lejos y propone su ley para esta vez acometer la ciclópea meta de mostrar cómo ni siquiera los delitos de lesa humanidad pueden hacer mella en el Gobierno.

Además, fieles al proverbio "dime cuál crees que es el descubrimiento más importante de la civilización occidental y te diré quién eres", creemos que mientras que para pensadores como Carl Schmitt el descubrimiento es el Estado y para Carlos Nino los derechos humanos, para Brienza, a juzgar por su subordinación de los DD.HH. al cristinismo, se trata de este último.

También habíamos pasado por alto la honestidad intelectual de Brienza de referirse a las "dudas que, por primera vez, generaba un acto de gobierno en aquellos que simpatizaban, militaban, apoyaban la administración kirchnerista". El hecho de que el caso Milani fuera el primero en generar tales dudas nos dice muchísimo no sólo sobre estos simpatizantes kirchneristas sino además sobre la entidad del caso.

Pero el hallazgo más extraordinario de la Ley de Brienza que pasamos por alto reside en las preguntas siguientes que Brienza se hace en la nota: "¿Mario Firmenich, Fernando Abal Medina y Norma Arrostito hubieran secuestrado a Pedro Eugenio Aramburu, por ejemplo, el día 16 de abril de 1996? ¿Von Wernich habría dejado de ser el Queque si se hubiera quedado en Concordia?". Brienza mismo tiene parte de responsabilidad en que hayamos omitido este hallazgo ya que debido quizás a su modestia él sostiene en la nota que "así formuladas las preguntas son... estúpidas". Sin duda, la modestia de un pensador insigne no es excusa para una pobre lectura de su obra, pero nuestros lectores estarán de acuerdo en que lectores como nosotros bien pudimos habernos confundido por la exagerada autocrítica de Brienza.

El punto es que escondida tras estas preguntas Brienza anuncia al mundo la defensa no sólo de la culpabilidad circunstancial, tal como habíamos visto, sino además la tesis pionera de lo que podríamos llamar culpabilidad contrafáctica. Con lo cual, para que un sujeto X fuera culpable de un acto Y según Brienza no es suficiente que X haga Y en un tiempo T (y por T entendemos el tiempo histórico por así decir de la acción) sino que además X tendría que haber hecho Y en T + 1 (es decir en un tiempo T posterior), tal como lo sugiere el ejemplo de Aramburu, y si nos apuran nos animamos a sugerir que la tesis sería aún más fascinante si agregara que la acción debería haber sido realizada en el pasado, i.e. X tendría que haber realizado la acción en T - 1.

En otras palabras, y para ilustrar la teoría de la culpabilidad de Brienza, para poder creer que Milani es culpable de haber cometido delitos de lesa humanidad, digamos en 1976, tendría que haber sido capaz de cometerlos contrafácticamente después de 1976, digamos en 1996 (o ahora para el caso), pero antes también, digamos en 1975, por no decir en todos los mundos posibles, tanto en términos temporales y nos animamos a agregar espaciales. Para dar otro ejemplo, para poder reprocharle a Hitler el Holocausto, no sólo tendría que haberlo cometido entre 1941 y 1945, como lo hizo, sino además, digamos, entre 1932 y 1939, y entre 1955 y 1960 (nos preguntamos si la conveniente muerte de Hitler en 1945 lo exonera entonces de la culpabilidad que Brienza llama "absoluta" y sólo permite que le imputemos entonces una culpabilidad circunstancial). Sea como fuere, notará el lector la influencia quizás de la física cuántica o de la teoría de cuerdas, probablemente el guiño implícito a la repercusión del personaje de Sheldon Cooper en "Big Bang Theory" (quienes tengan tiempo querrán ver al menos el primer minuto del clip siguiente).




Sin duda, la tesis brienzana de la culpabilidad, si bien es fascinante, parece ser algo laxa. Y no faltarán quienes como resultado de la Ley de Brienza propongan una tesis contrafáctica pero de la inocencia antes que de la culpabilidad, de tal forma que sólo podríamos estar seguros de que alguien es inocente no sólo si no cometió el acto en el tiempo real, sino que sólo lo estaremos si además jamás podría haber cometido el acto en el pasado (i.e. antes de su comisión efectiva) y en el futuro. Sin embargo, quienes se dedican al mundo de la teoría en todas sus manifestaciones estarán de acuerdo en que no podemos juzgar a una teoría por sus consecuencias, sino sólo por sus méritos. Ahora es el turno de nuestros lectores para que saquen sus propias conclusiones.


5 comentarios:

Erik Lönnrot dijo...

Con el agregado de algunos adornos se convierte en una idea efectiva para hacer un cuento borgeano.

Andrés Rosler dijo...

Totalmente de acuerdo.

Eduardo Reviriego dijo...

Me parece que Brienza es demasiado inteligente para nosotros. No es fácil su lectura, pero si uno se toma un poco de tiempo, podemos desentrañar su profundo significado. Así por ejemplo, cuando dice que el caso Milani fue el primero que le originó dudas, lo que realmente quiere decirnos es que los otros actos cuestionados del gobierno no le plantearon ninguna duda: eran verdaderos actos de corrupción. No lo puede decir abiertamente debido a que, a pesar de toda su sabiduría y bagaje cultural, necesita del cheque que solo se puede cobrar en la ventanilla oficial.
Estamos seguro que cuando llegue el fin del kirchnerismo, Brienza revelará la clave para entenderlo, y la sociedad toda sabrá que nunca fue menenista, perdón, kirchnerista, que fue un gran republicano.

Torito Pampa dijo...

Leo hace rato, y con prudente silencio, las entradas de este blog, pero esto de la ley de Brienza me supera: sos un HijoDePú!

Te aplaudo de pie en tu cruzada en contra del pensamiento "progre de cartón", variante local del antes denominado "estalinismo".

El candor (forma maquillada del hijoputismo) de esta fauna para exponer sus "ideas" da risa pero producto de la pena. Y en cuanto a esas "ideas" adornadas con léxico adquirido en alguna facultad de ciencias sociales extremas, no son más que una especie de pensamiento mágico propio de gente con problemas de identificación de figura paterna que se abraza a la imagen de Néstor sonriéndole desde el ARSAT.

Bueno, me estoy yendo por las ramas.

Ud siga así y me voy a dedicar a recomendar este blog como un oráculo de verdadero pensamiento.

Andrés Rosler dijo...

Estimado Sr. Pampa: muchas gracias por el comentario. Asumo que "HijoDePú!" es un cumplido y lo tomo como tal. El futuro del blog está en cuestión, ciertamente, ya que a partir de ahora no va a ser tan fácil la ironía. Veremos. Quizás Marcos Aguinis nos dé una mano.