miércoles, 23 de abril de 2014

Es Hora de Auto-crítica

Según Página 12 de ayer la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner invitó al sector político, junto al empresario y al económico, a “hacer una autocrítica de lo que hicieron en los años ’90” (click). La idea era que los menemistas hicieran su autocrítica.

No faltarán los que se apresurarán a señalar que los mismos padres fundadores del kirchnerismo deben encabezar la fila de quienes deben llevar a cabo semejante autocrítica entonces. En su defensa, estos críticos podrían invocar pruebas como la siguiente:




Ahora bien, nótese que Néstor Kirchner en ningún momento dice ser menemista. Sólo sostiene que Menem había sido el mejor presidente desde Perón (sobre todo por su apoyo financiero a las provincias patagónicas, lo cual implicaría que Cristina se equivoca al decir que Santa Cruz no recibió tal apoyo). Por lo demás, hasta el momento en que Kirchner hizo esa afirmación, ni Néstor ni Cristina habían sido presidentes: hoy seguramente habría dicho algo completamente diferente.

Finalmente, ¿qué significa ser menemista? ¿Elogiar a Menem, por razones de principio o de oportunismo político? ¿Qué es mejor, o peor? Hernán Brienza, una vez más, tiene razón: no nos merecemos a Cristina.

8 comentarios:

Rodrigo Manuel Herrero Rosas dijo...

Para analizar la política, me parece medio pavo ese recurso tipo "TVR antikirchnerista" mostrando cómo Kirchner elogiaba a Menem. ¿Qué esperabas que hiciera si necesitaba los fondos para su provincia? ¿Se puede gobernar sin fondos, y en malos términos con el presidente de la nación, que es el de tu propio partido? Lo relevante es si aplicó políticas similares, y en ese sentido hay algunas continuidades y algunas rupturas. No es casualidad que muchos menemistas odien al kirchnerismo.

Andrés Rosler dijo...

Es una suerte que hayas aclarado el punto. La retórica kirchnerista confunde porque suele moralizar la política al sostener que el menemismo es inherentemente malo y no hay causa o meta alguna que pudiera redimirlo. En efecto, la otra cara de sostener que Kirchner usó a Menem es que Menem no hizo todo mal después de todo, o que fue usado para un noble fin, o que puede haber un menemismo deontológico por así decir y otro instrumental o consecuencialista (los menemistas podrían usar esta reivindicación parcial al menos; parece ser entonces que existe algo así como menemismo en el buen sentido de la palabra). Así y todo, si el menemismo de Kirchner era de tipo instrumental, con un “muchas gracias” habría sido suficiente, y si no quedaba alternativa, quizás podría haberse estirado hasta "buen presidente". Decir que era el mejor presidente desde Perón (lo cual para un peronista implica ser el mejor presidente de la historia) parece ser exagerado.

Rodrigo Manuel Herrero Rosas dijo...

Coincido bastante con tu respuesta. Interesante tu espacio. Con un poco más de tiempo pasaré así intercambiamos pareceres, desde la disidencia pero con respeto.
Un tema que me atrae bastante es el de "populismo" vs "liberalismo argentino". Quiero decir: los liberales argentinos, lamentablemente, suelen ser "conservadores derechosos", para decirlo de un modo muy brutal. Quiero decir: a mí me gusta Raymond Aron, Isaiah Berlin, Todorov, cierto "liberalismo de izquierda" anglosajón... pero acá la cosa es bastante distinta, en buena medida por culpa del peronismo/populismo/kirchnerismo.
¿Coincidís?
Saludos!!

Andrés Rosler dijo...

Muchas gracias. Lamentablemente no tenemos ni a Aron, ni a Berlin. Y no sólo nuestros liberales dejan algo que desear. Encima, los mejores intelectuales en general prefieren no meterse en política, con la muy honrosa excepción de gente como Beatriz Sarlo.

Rodrigo Manuel Herrero Rosas dijo...

Yo creo también que hay cierto "gorilismo" que me desagrada en los liberales argentinos. Defino "gorilismo" de la siguiente manera. Corto y pego algo que puse en un blog anterior que tenía, y ahora estoy aggiornando:
“Con Borges decimos que no se puede ser peronista sin ser canalla o idiota o las dos cosas. Desde luego no basta con ser antiperonista para ser buena persona, pero basta ser peronista para ser una mala persona” (Adolfo Bioy Casares)
Muchos creen que el término "gorila" no sirve para pensar, sino para descalificar al que piensa distinto y para clausurar el debate. Pese a que hay algo de cierto en esa queja, no coincido plenamente. Para mí, el término sigue teniendo vigencia, aunque ahora los cañones "gorilas" estén dirigidos a "la Yegua". Al respecto, traigo a colación una definición de Ticruz, dicha en otro contexto, con la que mayormente coincido:
“Existe un viejo reclamo en torno a la palabra “gorila”, principalmente de parte de las izquierdas tradicionales. ¿Es posible no ser peronista y tampoco gorila? ¿Es sencillamente “gorila” un sinónimo de “opositor”? Se ha usado así, y coincido en que no tiene sentido el término de esa manera. El gorilismo, si es de alguna manera una palabra que representa algo, no es la oposición al peronismo, sino la reducción del peronismo a eso: a un fenómeno primitivo, infernal, visceral. No hay desacuerdo, no hay discusión, sólo odio y desprecio. El otro no piensa diferente, o es cómplice del mal, o es víctima de su estupidez”.

Y un poco más adelante:

“Tampoco nadie pensaba que Perón era un orangután irracional, todo lo contrario. El gorililismo piensa que el líder es, de hecho, un estratega maquiavélico, con una capacidad especulativa brillante, que manipula a una masa irracional. El primitivo no es el líder para el gorilismo -véase el Rosas de “El matadero” y el “Facundo”- , sino sus seguidores. Sólo puede haber dos razones para seguir a ese líder: la idiotez y la maldad. Y el corolario necesario de eso es que el otro, el seguidor de ese líder, deja de ser sujeto válido de diálogo, no es atendible en tanto sujeto pensante. Hacia él sólo queda el odio y el desprecio, la lástima si se es generoso. Eso implica poner al otro en el lugar del salvaje o del bárbaro, en categorías de Lévi Strauss. Esa reducción del otro a la oposición entre civilización y barbarie, es, propongo yo, el gorilismo. E insisto: veo eso en Sarlo”.

Te paso un posteo muy interesante que alguna vez leí en Artepolítica: http://artepolitica.com/articulos/seis-omisiones-de-sarlo/

Rodrigo Manuel Herrero Rosas dijo...

Yo leo cierto "gorilismo" en el blog de Roberto Gargarella. Lo pongo de ejemplo pero tampoco quiero que la discusión se transforme en un "ad hominem". Quiero decir: sus cañones (y veo que los tuyos también), se dirigen principalmente al kirchnerismo, como si fuera ÉL PODER. Francamente, no veo que la oposición o el "antikirchnerismo emocional" sean mucho mejores que el kirchnerismo... incluso creo que son peores, al menos en general.

Rodrigo Manuel Herrero Rosas dijo...

Un texto típicamene "gorila" de parte de Borges fue "La fiesta del monstruo". Al decir de Piglia:

“La fiesta del monstruo” combina la paranoia con la parodia. La paranoia frente a la presencia amenazante del otro que viene a destruir el orden. Y la parodia de la diferencia, la torpeza lingüística del tipo que no maneja los códigos. (…) es un relato totalmente persecutorio sobre el aluvión zoológico y el avance de los grasas que al final matan a un intelectual judío (…) No diría que increíble, es un texto límite… Difícil de encontrar algo así en la literatura argentina”.

En fin... pongo este comentario bastante provocador, como para estimular el intercambio.

Saludos!

Andrés Rosler dijo...

Debo admitir que en un comienzo me parecía que la crítica de Roberto era sólo antiperonista, y hasta exagerada. Con el tiempo, me di cuenta de que Roberto fue un precursor en realidad al haber detectado hace tiempo que el kirchnerismo es un discurso con muchas fisuras, y cuyo argumento básico fue el 54 % en su época de apogeo. En cuanto al antiperonismo en sí, por supuesto que algunos son antiperonistas por definición. El peronismo tiene varios logros en su haber; pero también tiene un lastre muy particular: ha gobernado casi tres décadas este país, y los problemas que tenemos son recurrentes, particularmente los económicos. Por suerte, he perdido todas las elecciones en las que he votado, y no sé si no deseo seguir haciéndolo. No me interesa criticar por criticar; cada crítica tiene un argumento detrás.