jueves, 26 de septiembre de 2013

Tomo y obligo, pero no me responsabilizo




La trama de la toma del Buenos Aires (sobre la cual habíamos opinado ayer: tomo y obligo), como se suele decir en inglés, se hizo más densa. No son buenas noticias para la toma los destrozos "anarquistas" en San Ignacio. En primer lugar, obviamente, por razones de relaciones públicas o mediáticas. Pero además, y fundamentalmente, porque los destrozos ponen en una situación muy complicada políticamente a los "tomistas", como muy bien los llamara Silvia Gabriel.

Quienes apoyan la toma naturalmente atribuyen los destrozos a una provocación de estudiantes que a pesar de no apoyar la toma pertenecen al colectivo autónomo a cargo del Buenos Aires en estos días (anatomía de una provocación). Sin embargo, si los "tomistas" exigen que se les reconozca status político y por lo tanto la posibilidad de tomar decisiones sobre el edificio que han tomado (v.g., quién entra y quién sale, qué actividades pueden tener lugar dentro del edifico, etc.), entonces deben asumir la otra cara de la exigencia, la cual consiste en asumir la responsabilidad precisamente de lo político.

Los "tomistas" no pueden seriamente alegar que las comisiones reveladoramente llamadas "de seguridad y vigilancia" en lugar de haber cumplido con su tarea hicieron exactamente lo contrario. Es como si el ex-director del Servicio Penitenciario Federal en lugar de haber renunciado por los hechos ocurridos en Ezeiza bajo su autoridad hubiese alegado exclusivamente que todo se debió a complicidades internas. Sin duda que hubo complicidades internas, y por eso mismo la responsabilidad fue de Hortel. Ojalá otros funcionarios kirchneristas tuvieran el mismo sentido de la responsabilidad que Hortel.

Tampoco tiene sentido alegar que la culpa es de los que se oponen, ya que en política siempre hay alguien que se opone. Querer hacer política sin oposición es una contradicción en sus términos. Antes de jugar hay que conocer bien las reglas de juego. Otro tanto sucedía en la época en que Macri quería gobernar la ciudad pero sin hacerse cargo de los subtes por sus costos o por la falta de cooperación kirchnerista. Montaigne solía invocar a Lucano para ilustrar el doble filo de la política: "que salga de palacio el que quiera mantenerse pío" (Les essais iii, 9).

Además, la política no sólo es un debate en el que se ocupa el espacio público y/o hay que ocupar espacios en sentido metafórico en defensa de una idea, sino que además la política en última instancia exige la ocupación literal de un espacio (tal como han hecho los "tomistas"), con la responsabilidad que eso conlleva. No hay un término medio; si lo hubiera, sería como pasarle la cuenta de nuestros gastos a otra persona. Pero entonces nunca fueron nuestros gastos en sentido estricto. Está muy bien leer a Arendt, pero no hay que olvidarse de Schmitt.

Por otro lado, si quisieran desligarse de la responsabilidad por los destrozos y pedirle a las autoridades "oficiales" que se encarguen de castigar a los involucrados invocando normas jurídicas, eso implicaría reconocer que los "tomistas" ni siquiera deberían estar allí. Y si tiráramos de la cuerda legal, llegaríamos a la conclusión de que los "tomistas" no tenían derecho alguno de tomar el Buenos Aires, para empezar a hablar. Dicho sea de paso, la invocación del hecho de que son menores de edad para quitarles responsabilidad haría aún más difícil justificar la toma.

En otras palabras, los "tomistas" deben elegir. O bien toman un camino político, con las graves responsabilidades que ello conlleva (suponiendo que unos 120 padres/alumnos representan a unos 2000 alumnos o 4000 padres) y entre las cuales se encuentra no sólo la aplicación de un serio castigo a quienes provocaron los destrozos (posiblemente la expulsión del colectivo autónomo) sino además hacerse responsables de los destrozos, o bien toman el camino legal, el cual les quitaría responsabilidad por lo ocurrido pero también al considerarlos solamente alumnos entonces les quitaría asidero alguno para la toma. En el medio no hay nada.

7 comentarios:

PAC dijo...

La Causa no se hace cargo de que la responsabilidad depende de que exista un nexo o relación de causalidad entre los destrozos en la iglesia y la toma del Colegio. De modo tal que, en la medida en que no se explique de qué manera se acredita la relación de causalidad en el caso, entonces no tenemos por qué pensar que el Centro de Estudiantes tiene responsabilidad concreta por lo sucedido.

Andrés Rosler dijo...

Supongamos que nunca hubo una toma y que los "anarquistas" hacen exactamente lo mismo que hicieron bajo la toma. ¿Las autoridades "oficiales" no serían responsables por definición, o esperaríamos también una explicación causal para considerarlos tales? Los "tomistas" al tomar el edificio asumen la responsabilidad de la autoridad y tienen que hacerse cargo de las buenas y de las malas noticias. Como diría Wittgenstein, si les gusta el durazno, se tienen que bancar la pelusa.

Eduardo Reviriego dijo...

Pienso que los padres que apoyaron a los "tomistas" (*), no tendrán ningún problema en aceptar toda la responsabilidad que le corresponde -arts. 1114 y concs. del Código Civil- por los daños provocados.
(*)Utilizo ese término aunque no me conforma, debido a que puede pensarse que son seguidores de Santo Tomás.

ADC dijo...

Pedro, no toda responsabilidad se basa en un nexo causal. Hay variantes de responsabilidad que no tienen nada que ver con nexos causales y que se establecen directamente mediante una norma y se vuelve ineludible independientemente de que haya nexo causal o no.

Sobre eso: Punishment and Responsability de Hart y On Guilt, Responsability and Punishmint de Ross.

Andrés Rosler dijo...

Precisamente, en eso consiste la responsabilidad política. La responsabilidad moral es puramente causal. Claro que por eso algunos negarán que exista la responsabilidad política, pero es un lujo que pueden darse sólo quienes creen que el anarquismo es una opción viable y deseable.

PAC dijo...

Perdón, recién ahora volví a la vida. El post dice:
"la política no sólo es un debate en el que se ocupa el espacio público y/o hay que ocupar espacios en sentido metafórico en defensa de una idea, sino que además la política en última instancia exige la ocupación literal de un espacio (tal como han hecho los "tomistas"), con la responsabilidad que eso conlleva. No hay un término medio; si lo hubiera, sería como pasarle la cuenta de nuestros gastos a otra persona. Pero entonces nunca fueron nuestros gastos en sentido estricto".
Entonces, parecería, según dicen, que el mero hecho de que haya una "ocupación" de un lugar genera responsabilidad por todo lo que ocurra allí, con independencia de la causalidad.
Esta noción de responsabilidad se me hace oscura. Si bien no conozco los trabajos de Hart y Toni Honoré sobre responsabilidad, asumo que la posibilidad de que exista responsabilidad sin causalidad depende, de todos modos, de la existencia de normas que atribuyan esa responsabilidad a un agente, aun cuando ese agente no haya participado de ningún modo en la cadena de eventos que desembocó en un determinado hecho.
Pues bien, asumiendo que, en la hipótesis que estamos discutiendo, existan tales normas, entonces deberíamos aceptar que esa norma tendría esta forma: "Por el mero hecho de 'ocupar' el Colegio, los estudiantes (o el Centro, o la asamblea, etc) deben asumir la responsabilidad por lo que ocurrió en la iglesia".
Ahora bien, mal que les pese, si ustedes quieren insistir con que existe una regla tal, para ello tendrían que aceptar que dicha norma se deriva de algún principio más general (creo que La Causa propone el "protego ergo obligo") en virtud del cual la ocupación otorga derechos, pero también deberes.
El problema está en que, precisamente, la toma de un colegio secundario no es una instancia de ese principio. A diferencia de lo que ocurre con una potencia extranjera que ocupa a su enemigo vencido, las tomas no tienen, ni pretenden tener, el tipo de autoridad que La Causa entiende que tiene/debería tener.
Históricamente, en las tomas no se impide la entrada o salida de las personas del establecimiento, y la toma en sí no obstaculiza de ningún modo el ejercicio de los poderes disciplinarios de las autoridades formales del Colegio.

Andrés Rosler dijo...

Evidentemente se nos había escapado este último comentario, probablemente porque estábamos en otro lado. No importa Hart ni Honoré ni nadie. En realidad es sentido común. Si me apodero de algo, en contra de la voluntad del responsable, me hago responsable de ese algo, en particular un edificio. La existencia misma de comisiones como la de vigilancia indica que los alumnos quieren gobernar el colegio, y se precian de participar en el gobierno. Pues bien, la idea misma de gobierno indica la responsabilidad. Y si los alumnos quieren gobernar, pero sin responsabilidad, es todavía más grave porque significa que ni siquiera saben lo que hacen. Otra vez, una toma que no impide la entrada o salida del colegio no es una toma. Y toda toma, incluso las imaginarias de las que parece estamos hablando, están prohibidas según el reglamento del colegio.