sábado, 14 de septiembre de 2013

Izquierda era la de antes

Sin duda, son muy buenas noticias que alguien como Iván Petrella, cuya distinción académica es innegable, haya decidido ingresar profesionalmente a la política, al menos como candidato a diputado de la Ciudad de Buenos Aires por el PRO (nadie es perfecto). No abunda en nuestra política gente tan preparada como él.

Ahora bien, nos llama la atención su afirmación según la cual "El PRO es la fuerza más progresista que existe hoy en Argentina. En EE.UU. sería la izquierda del Partido Demócrata" (click). Por un lado, Petrella tiene razón en que tanto el peronismo como (a grandes rasgos) el radicalismo han gobernado el país hace treinta años, y excepto la consolidación del sistema democrático, no ha habido transformaciones de peso. Hubo sí una época en la que el país, como se suele decir, estuvo a punto de desaparecer, a comienzos del nuevo siglo, pero los niveles de pobreza estructural, crisis económica, etc., básicamente son moneda corriente, si se nos permite la expresión, en nuestro país.

Petrella cree además que "Dar inglés en los colegios públicos es otorgarle al chico la misma herramienta que se necesita para desarrollarse en el Siglo XXI con la que cuentan los que van a uno privado; el metrobus es transporte público y al mismo tiempo ecológicamente sustentable; además, somos el primer gobierno en entregar títulos de propiedad en villas y buscar incorporarlas plenamente en la ciudad".

Ahora bien, a pesar de que es un verdadero tópico hablar de la crisis en la que ha entrado la distinción entre izquierda y derecha, inferir de aquí que el PRO es un partido de izquierda es extraño. En primer lugar, se enseña inglés en colegios públicos por lo menos hace cuarenta años. En todo caso, el PRO podría enorgullecerse de no haber suprimido el inglés, pero no de haberlo introducido en los planes de estudio. Un partido de izquierda tampoco hubiese designado al Fino Palacios, ni tampoco se opondría ciertamente al aborto (nos da muchísima curiosidad saber qué diría la izquierda del partido demócrata al respecto).

Por lo demás, sería más que curioso que un millonario, cuya fortuna proviene de una familia que ha hecho negocios irregulares, por así decir, con el Estado, hubiese fundado un partido político de izquierda. Quizás ésta sea la aspiración última y oculta de Macri, y quizás Macri algún día sea un Menem al revés: dé un giro inverso algún día al de Menem en el 89. Pero todavía no lo ha hecho, y parece estar bastante lejos de hacerlo.

Sin duda, la entrega de títulos de propiedad es un avance ciertamente, pero nadie que sea de izquierda pueda tolerar el estado actual de la educación y salud públicas (por supuesto no sólo en la ciudad). Hasta que la educación y la salud privadas dejen de ser un gran negocio, todo gobierno que crea ser de izquierda tiene mucho que explicar. Otro tanto se aplica al así llamado empleo doméstico: sólo podríamos hablar de gobiernos de izquierda cuando dicho empleo fuera accesible para personas de altísimos recursos económicos (asumiendo que el capitalismo es el sistema económico imperante).

En cuanto al metrobus, también es un avance, pero no necesariamente de izquierda. No nos extrañaría enterarnos de que durante el nazismo el sistema de transporte hubiese funcionado muy bien. Por las dudas: el PRO no es nazi como muchos creen, pero tampoco es de izquierda por el metrobus. En todo caso, el PRO es un partido de izquierda en un sentido tan anodino como lo podría ser el nazismo del kirchnerismo, tal como ya habíamos visto (nazis eran los de antes). De paso, jacobinos también eran los de antes.

Por alguna razón, nos vienen a la mente dos escenas de películas diferentes. Primero, una de "Nacido para matar" (Full Metal Jacket):

- "Hombro izquierdo".
- "Soldado Pyle, ¿qué está tratando de hacerle a mi amado Cuerpo?"
- "Sr., no lo sé, Sr.".
- "Ud. es un tonto soldado Pyle. ¿Ud. espera que yo crea que Ud. no puede distinguir la izquierda y la derecha?
- "Sr., no, Sr.".
- "Entonces Ud. lo hizo a propósito. Ud. quiere ser diferente".
- "Sr., no, Sr.".
- "¿Qué lado era ese, soldado Pyle?"
- "Sr., izquierdo, Sr."
- "¿Está Ud. seguro, soldado Pyle?"
- "Sr., sí, Sr."
- "¿Qué lado era ese, soldado Pyle"?
- "Sr., derecho, Sr.".
- "No jodas conmigo otra vez, Pyle".
- "Levanta tu puto gorro".

Después, la siguiente de "Annie Hall" (Dos Extraños Amantes), a partir de 5:25:


- "Es un estúpido, para empezar".
- "Se graduó en Harvard".
- "Él pudo... Escúchenme. Harvard comete errores también. Kissinger ensenó ahí".

No sólo Harvard, sino Yale u Oxford, obviamente, también cometen errores. Iván Petrella no es ningún estúpido o un tonto, ciertamente, pero las escenas eran muy tentadoras. Se trata sin duda alguna de un académico distinguido que ha decidido entrar en el juego político y que quiere llamar la atención y captar el voto del electorado, como todo político, e indudablemente él cree que decir que su partido es de izquierda le suma votos, al menos en Buenos Aires. Pero su maniobra política es por lo menos "polémica", como se suele decir en estos tiempos.

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